Mundo Agrario , vol. 15, nº 28, abril 2014. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Historia Argentina y Americana


COMUNICACIONES / ARTICLES

 

El desarrollo rural y las contribuciones de la Psicología: un estado de la cuestión

 

Rural Development and the Contribution of Psychology: A Review of the State of the Art

 

Javier Roberti

Universidad Nacional de Entre Ríos
Argemtina
javierroberti@gmail.com

Giannina Mussi

Universidad Nacional de Entre Ríos
Argentina
gianninamussi@gmail.com

 

Resumen
En todo el mundo, el 70% de la población pobre vive en áreas rurales. A pesar de los programas para revertir la pobreza, los resultados han sido limitados. El desarrollo rural busca reducir la desigualdad. Varios obstáculos que se les presentan a estos programas son psicosociales. El objetivo de este trabajo es explorar y describir las vinculaciones entre la Psicología y los procesos de desarrollo rural territorial en 111 publicaciones aparecidas entre 1985 y 2012. En la revisión, se encontró que los constructos utilizados fueron, entre otros, percepción, creencias, decisión, actitudes, participación y fortalecimiento. La Psicología puede realizar contribuciones al desarrollo rural territorial.

Palabras clave: Desarrollo rural, territorio, psicología, ruralidad

Abstract
Seventy per cent of the world poor population lives in rural areas. Despite efforts to eradicate poverty, results are limited. Rural development is a process to transform production and change institutions; but psychosocial obstacles exist. Our aim was to explore and describe the synergy of rural development and Psychology as presented in 111 papers published between 1985 and 2012. Selected papers on rural issues used psychological concepts such as perception, beliefs, decision, attitudes, and empowerment. Psychology may make useful contributions to territorial rural development.

Key words: Rural development, territory, psychology, rurality

 

Introducción

En el mundo hay 1.400 millones de personas en situación de pobreza y al menos el 70% de la población más pobre vive en el ámbito rural (FIDA, 2010). A pesar de los esfuerzos y los recursos para revertir la pobreza rural, los resultados han sido poco satisfactorios (Manzanal, 2007; Sepúlveda, 2002; Rangel, 2011).

Desde la década de 1950 prevalecieron dos enfoques respecto del desarrollo y la lucha contra la pobreza: la división en sectores según las estrategias diseñadas por la administración pública en un nivel central y, a partir de 1970, un enfoque con una visión integral y con la participación de los beneficiarios (CEPAL, 2003). Desde este enfoque amplio de desarrollo a nivel general surge el desarrollo rural, orientado a las necesidades de la población más desfavorecida, con objetivos como la creación de empleo, el aumento de la productividad de pequeños agricultores y el fomento de la participación y la equidad (Coombs, en CEPAL, 2003). A partir de 1970, se diseñaron programas de desarrollo específicos para áreas rurales (Cárcamo Vázquez, 2009; INTA, 2010). Los antecedentes del enfoque territorial pueden encontrarse en los desarrollos teóricos de la localización de actividades económicas en Alemania en las primeras décadas del siglo XX, con Von Thunen, Weber, Christaler y Lösh; y, por otro lado, en la corriente que deriva de Marshall, a partir de 1920, con su teoría sobre procesos de aglomeración industrial. Esta segunda corriente fue la que más influyó en los trabajos latinoamericanos de desarrollo económico local (Schejtman y Berdegué, 2004).

A partir de 1990, con los avances de la tecnología y la aplicación de determinadas políticas económicas, se dio un aumento del intercambio de personas, bienes y servicios entre las áreas rurales y urbanas, se integró la gestión sostenible del ambiente y de recursos naturales, cambió la institucionalidad rural, aparecieron nuevos actores sociales y cambiaron las expectativas del mercado (INTA, 2010). La capacidad competitiva en el mercado mundial constituyó una condición de viabilidad de la economía rural, acompañada por procesos de concentración de la industria agroalimentaria, su transnacionalización, concentración de la propiedad y desigualdad de acceso a la educación (Schejtman y Berdegué, 2004). Los enfoques tradicionales de desarrollo rural resultaron limitados en el nuevo contexto rural, ya que fallaban en el reconocimiento de la heterogeneidad de las sociedades rurales, de la multidimensionalidad de la pobreza, y no lograban articular las políticas y acciones específicas con las de carácter macro, entre otros defectos (INTA, 2010; Manzanal, 2007; Schetjman y Berdegué, 2004). Surgieron nuevos modelos de desarrollo rural para enfrentar la pobreza, con la diferencia de que ya no tenían un enfoque en los sectores económicos sino que presentaban un enfoque en el territorio, con un modelo más amplio de sustentabilidad (Manzanal, 2007; Ringuelet, 2010). Las estrategias para superar la pobreza rural se centraron en el intento de que los pobres de zonas rurales fueran más productivos, para aumentar así sus ingresos y satisfacer sus necesidades básicas; en la transferencia de recursos y en el fortalecimiento de la participación de los actores sociales en procesos de toma de decisiones (Rangel, 2011).

El objetivo de todo programa de desarrollo rural es reducir la pobreza de los habitantes del territorio donde se aplica. Para definir “pobreza”, el Banco Mundial identificó cinco dimensiones: bienestar material, bienestar físico, seguridad, libertad de elección y acción y buenas relaciones sociales (World Bank, 1999). Generalmente aparecen en la bibliografía dos definiciones de pobreza: una basada en los ingresos o gastos y otra basada en las necesidades básicas insatisfechas (CEPAL, 2003). Si la pobreza es no poder satisfacer las necesidades básicas, se amplía el campo de acción para los programas de desarrollo, ya que entre las necesidades básicas están la educación, la salud y la vivienda (CEPAL, 2003). Otra medida relacionada con la pobreza es la exclusión de una persona del proceso de toma de decisiones que afectan su bienestar (CEPAL, 2003).

Diversas agencias internacionales comenzaron a promover y a adoptar un enfoque territorial o local en los programas de desarrollo (Schejtman y Berdegué, 2004) con la intención de superar las relaciones de poder que mantenían la marginación de los pobres rurales y posicionar a los productores en mercados dinámicos a través de los actores y la superación de dificultades. Desde la institucionalidad, se pretendía estimular la concertación de los actores sociales locales entre ellos y respecto de actores externos (Manzanal, 2007; Schejtman y Berdegué, 2004). Desde este nuevo enfoque, el desarrollo rural se define como el proceso de transformación de la producción y del cambio institucional de modo simultáneo en los territorios rurales con el objetivo de reducir la pobreza y la desigualdad (Schejtman y Berdegué, 2004), a través de la cohesión e inclusión social y el bienestar, la transformación productiva e institucional en la que estén incluidos los pobres, los pequeños productores y los empresarios rurales (Schejtman y Barski, 2008). Esta definición, que incorpora un enfoque sobre el territorio, supone derivaciones que permitirían superar las desventajas y obstáculos de los enfoques tradicionales para el desarrollo rural: la integración de sectores económicos y los ejes de desarrollo, un trabajo interdisciplinario y la inclusión de la cultura local (Sepúlveda, 2002; Winchester y Galicchio, en INTA, 2010).

Sin embargo, los resultados de los programas de desarrollo rural han sido limitados. Los problemas señalados son: los obstáculos en la comunicación, capacitación, asistencia y acceso a la información; una baja integración sectorial; una escala de producción reducida por poca capacidad de negociación de los actores; la falta de autogestión para la distribución de factores de producción; la falta de capacitación de los equipos interdisciplinarios en temas de participación o de género; la falta de conceptualización del sujeto prioritario y una insuficiente conciencia ecológica (Biaggi, Canevari y Tasso, 2007; INTA, 2010; Manzanal, 2007; Ringuelet, 2010). Las razones pueden ser técnicas, biofísicas, sociales y económicas; también aparecen motivos o factores psicosociales, como las actitudes, las percepciones, las creencias, las representaciones de los agricultores acerca de las prácticas agrícolas, de los programas, del cuidado del medio ambiente y de los técnicos extensionistas, que pueden entran en conflicto con los objetivos planteados por los programas, con los intereses y con la representación de los técnicos acerca de los agricultores (Herzon y Mikk, 2007; Sood y Mitchell, 2004; Schmitzberger et al., 2005); Schenk, Hunziker y Kienast, 2007).

La adopción de un abordaje interdisciplinario se propone como una solución posible para superar estos obstáculos (Manzanal, 2007; OCDE/CEPAL, 2011). En este marco, si se analizan dichos obstáculos, la Psicología, junto con otras disciplinas, podría realizar un importante aporte en la planificación, definición, aplicación y evaluación de programas. El objetivo de este trabajo es explorar las vinculaciones entre Psicología y los procesos de desarrollo rural territorial presentadas en producciones académicas publicadas entre 1985 y 2012.

Método

Este trabajo es una revisión de la literatura sobre las vinculaciones entre conceptos y herramientas psicológicos y los procesos o fenómenos que forman parte de los programas de desarrollo rural. Se realizó una búsqueda bibliográfica en los sistemas de archivo en línea PsycINFO, Ebsco, Jstor, PubMed, SciElo, Springer, Wiley, ScienceDirect y Google Scholar con las palabras clave “desarrollo rural”, “extensión”, “extensionismo rural”, “desarrollo territorial”, “desarrollo rural territorial” y “desarrollo de territorio rural”, cada una de ellas combinadas con la palabra “psicología”, “psicolo*” y sus traducciones al inglés y al portugués. De los más de 3.000 resultados, se seleccionaron 470 publicaciones a partir de los títulos. En esta instancia, los trabajos fueron descartados cuando ya en el título se observaba que los mismos no respondían al objetivo del estudio o cuando la fuente no era una publicación científica. Se buscaron los trabajos completos y fueron ingresados en el programa Mendeley (Mendeley Ltd, Londres, Reino Unido). A partir de la lectura de las publicaciones, se seleccionaron nuevos trabajos mencionados en las referencias bibliográficas de los ya incorporados y que podían aportar a la investigación. En esta instancia se utilizaron los siguientes criterios para evaluar los trabajos: relación del trabajo con aportes de constructos o conceptos de la Psicología al desarrollo rural, credibilidad de los resultados presentados, aporte de la investigación al área de estudio, coherencia entre resultados y objetivos, explicación de las inferencias que realizan los autores, calidad del diseño metodológico, explicación que dan los autores sobre la muestra, calidad de la recolección de datos y su análisis, claridad de las relaciones establecidas entre los resultados y las conclusiones, y atención a cuestiones éticas (Spencer, Ritchie, Lewis y Dillon, 2003). Se descartaron aquellos trabajos que no cumplían con la mayoría de estos criterios de un modo satisfactorio.

El período seleccionado fue a partir de 1985 ya que entonces, según diversos autores, se vio un cambio en los programas de desarrollo rural (Manzanal, 2009; Schneider, 2010). En esta instancia, a partir de los criterios mencionados, el corpus se redujo a 138 trabajos y, tras una nueva revisión, a 111. Se prepararon cuadros para sintetizar las características de los trabajos. Luego, se categorizaron los resultados según las dimensiones fundamentales de los programas de desarrollo rural; en particular, se tomó un documento del INTA al respecto (2007): participación y cooperación social, dimensión económica y productiva, dimensión socio-cultural, multisectorialidad, sustentabilidad e innovación y extensión. Existe cierta superposición en las categorías, por lo que algunos trabajos podrían estar incluidos en una u otra. Además, algunos de los trabajos no provienen de publicaciones de Psicología o de autores que se desempeñen como psicólogos aunque utilizaron conceptos, constructos o herramientas tomados de la Psicología.

Resultados

En el primer apartado se presentan los trabajos de revisión generales sobre los aportes posibles de la Psicología al Desarrollo Rural y, a continuación, los trabajos seleccionados se presentan agrupados en categorías correspondientes a elementos fundamentales de los programas de desarrollo rural mencionados en la sección anterior en los que los conceptos y las herramientas de la Psicología pueden realizar aportes.

Aportes de la Psicología al Desarrollo Rural

Lassey y Lovrich (1985) incluyeron el aporte de la Psicología al trabajo con grupos y a la recolección de datos, más allá de la aplicación clínica de la disciplina en el ámbito rural para solucionar problemas específicos o llevar a la práctica las soluciones encontradas. En 1989, Omprakash destacó el crecimiento paralelo de la Psicología Comunitaria y el Desarrollo Rural en la India; su trabajo hacía referencia a dos casos de desarrollo en áreas rurales de India y concluyó que el psicólogo comunitario debía comprender que no siempre las comunidades rurales pobres se sentían atraídas por los objetivos impuestos desde las estructuras de poder. En Estados Unidos, Murray y Keller (1991) y Hargrove y Breazeale (1993) señalaron que se estaban descuidando las necesidades de la población rural y que los psicólogos podrían responder a dichas necesidades a través de la investigación en problemáticas como estrés, psicopatología y bienestar comunitario, y destacó la contribución que podría hacer la Psicología al desarrollo de políticas públicas. Barbopoulos y Clark (2003) realizaron una síntesis de los desafíos que para el psicólogo presentaba el trabajo en el ámbito rural en Canadá, con énfasis en la falta de servicios en el campo, y la necesidad del psicólogo de trabajar con profesionales con otros enfoques y creencias. José Albuquerque (2001, 2002) señaló que la Psicología se ocupaba de lo rural desde una perspectiva urbana y que debía contribuir al desarrollo sostenible del país.

Con respecto a propuestas generales para el desarrollo rural, en el Reino Unido Kostov y Lingard (2003) propusieron un nuevo concepto de desarrollo rural desde la gestión de riesgo como categoría psicológica del comportamiento social y económico para evaluar los programas. La dependencia y la autoconfianza (Grudens-Schuck, Allen, Hargrove y Kilvington, 2003) se utilizaron para construir el concepto de interdependencia situada en la evaluación de los resultados de desarrollo sostenible participativo. Desde la experiencia en proyectos de desarrollo rural en comunidades andinas en Ecuador, Craps, Dewulf, Mancero, Santos y Bouwen (2004) aseguraron que, para superar los obstáculos en el trabajo con pueblos originarios, se podía utilizar el enfoque socio-construccionista con atención especial a la naturaleza construida de las percepciones y las relaciones de los actores. En México se publicó en 2010 una recopilación titulada Aportes desde la Psicología y la Sociología a la ruralidad (Rojo Martínez, Vera Noriega y Martínez Ruiz, 2010), que ofrece un panorama de percepciones subjetivas de calidad de vida y bienestar en poblaciones agrícolas de México y Brasil y en la que se incluyen trabajos sobre el fenómeno educativo, prácticas docentes, inclusión / exclusión escolar, cuestiones de género en la educación rural y capital social. También en México, Muro-Bowling (2007) hizo un llamado de atención sobre la investigación en desarrollo rural al decir que debía abrirse a nuevas corrientes teórico-metodológicas desde el pensamiento complejo.

En la Argentina, Landini (2011) reseñó algunos de los factores que afectaban al desarrollo rural y sobre los cuales la Psicología podría contribuir: impacto del clientelismo político en la subjetividad, la relación entre agricultores y extensionistas, racionalidad económica, identidad, prácticas asociativas y posicionamiento del sujeto rural.

Participación y cooperación

Shortall (2008) planteó que en el desarrollo rural se daba una interpretación errónea de determinados procesos de participación, por lo que algunos grupos sociales eran tomados como excluidos cuando no lo eran. Un estudio centrado en jóvenes (Wells, Ward, Feinberg y Alexander, 2008) asoció la participación individual en programas de desarrollo rural con las oportunidades que dichos programas ofrecían a los jóvenes de ejercer algún tipo de influencia. El fortalecimiento (empowerment) es una herramienta para promover la participación activa de los actores de una comunidad y la Psicología Comunitaria lo utiliza frecuentemente. Maritza Montero (2009) lo definió como el proceso por el que los miembros de una comunidad desarrollan capacidades y recursos de modo conjunto para lograr el control de su propia situación de vida, de modo comprometido, consciente y crítico, con el objetivo de transformar el entorno según sus necesidades y aspiraciones, mientras se transforman ellos mismos. En Estados Unidos, Hughes (1987) proponía una estrategia de fortalecimiento para revitalizar el desarrollo del sector rural. Una de las fallas encontradas en los programas que el autor evaluó fue la de considerar a las familias rurales como un todo homogéneo y no tomar en cuenta sus fortalezas. Se encontraron trabajos en los que se relacionó el constructo de capital social, que integra conceptos psicológicos y erradicación de la pobreza (Allahdadi 2011a), con formas de asociación (Jara Martínez, 2007) como determinante de la participación escolar en comunidades rurales de India (Iyengar, 2011) y como herramienta conceptual para el estudio de relaciones dentro de la comunidades rurales en Grecia (Zissi, Tseloni, Skapinakis, Savvidou y Chiou, 2010). Curry (2010) relacionó la participación social y el proceso de decisión con el concepto de confianza e identificó tres tipos: personal, sistémica e instrumental. Con énfasis en las relaciones interpersonales de los tamberos de Nueva Zelanda, Sligo y Massey (2007) estudiaron el lugar que ocupan las redes sociales en los procesos de aprendizaje de los productores en contextos familiares y de trabajo para comprender cómo los tamberos obtenían y utilizaban información, y cómo creaban conocimientos.

El compromiso con la comunidad rural fue estudiado por Munasib y Jordan (2011) como una forma de capital social en relación con el efecto en los procesos de decisión y elección que los agricultores hacen de prácticas sostenibles. Albuquerque (1994) trabajó sobre el cooperativismo agrario español desde la Psicología Social y estudió la integración de pequeños productores, vecinos y asentados por medio de la comparación de creencias y expectativas en el marco de conflictos en una comunidad rural de Brasil, lo que llevaría a la búsqueda de políticas integradoras sociales (Albuquerque, Vasconcelos y Coelho, 2004; Albuquerque, Pecanha de Miranda Coelho, Figueiredo da Nobrea, de Souza Lacerda y Ferreira Maribondo, 2005). En una investigación interdisciplinaria se sintetizó la voluntad y la capacidad de cooperación de los agricultores con respecto a políticas de biodiversidad desde la Psicología y la Sociología (Siebert, Toogood y Knierim, 2006). De Marco y de Marco (2010) realizaron una revisión sobre el concepto de “vecino” en ámbitos rurales y, al no hallar un método adecuado para abordar la temática, sugirieron tomar en cuenta cómo los sujetos lo definen para futuras investigaciones sobre el tema en el ámbito rural.

Dimensión económico-productiva

Varios estudios se centraron en el desarrollo rural de comunidades en África, en la dimensión económica y productiva, con el aporte de constructos psicológicos. Briggs (1985) realizó un estudio en una comunidad rural en Sudán para identificar los factores en la elección de cultivos y notó la importancia de factores no económicos. Un estudio en el ámbito rural de Nigeria (Odeleye, 2011) evaluó la satisfacción laboral y la calidad de vida, reunidos bajo el concepto de felicidad, y su asociación con el crecimiento económico. En Nigeria, se investigaron las actitudes de jóvenes rurales hacia la actividad económica familiar, con énfasis en el diseño de estrategias de fortalecimiento para atraerlos hacia la actividad agropecuaria (Abdullahi, Gidado y Jibril, 2010). También en África, Bernard, Dercon y Tafeesse (2011) estudiaron el fatalismo, sus efectos en las actitudes y la conducta de los pobres rurales desde el locus de control y la autoeficacia, en el proceso de toma de créditos para inversiones a futuro.

Con problemáticas diferentes, también en Europa se realizaron investigaciones sobre desarrollo rural utilizando conceptos psicológicos. En Suiza, a partir de cambios en la ruralidad y el uso de las tierras, Soliva (2007) analizó la narrativa de los agricultores para estudiar sus creencias y sus valores, y cómo se ven afectados por los cambios en el sector. Burton (2004) señaló en Gran Bretaña la importancia del valor simbólico que los agricultores asignaban a los enfoques “productivistas” y “post-productivistas”, en particular su relación con el sentido de historia personal y de pertenencia a un lugar. Con respecto a la transformación de la actividad de los establecimientos, Brandth y Haugen (2011) estudiaron la identidad social de los agricultores y cómo se veía afectada por los cambios de actividad hacia el turismo rural. En Escocia, Zografos (2007) estudió fondos de desarrollo para la regeneración comunitaria rural y utilizó conceptos psicológicos para analizar los discursos de los agricultores e identificar creencias acerca del funcionamiento y la contribución de dichos fondos al desarrollo rural. En Gran Bretaña, Curry (2010) estudió el concepto de “confianza” y su papel en las decisiones de los agricultores en el contexto de problemas económicos como los que implica un brote de aftosa. En una investigación en Austria sobre la relación entre biodiversidad y prácticas agrícolas (Schmitzberger, et al., 2005), se utilizó el constructo de “estilo agrícola”, en el que se integraban actitudes y objetivos, y se observó una asociación entre la mentalidad del agricultor y el uso de la tierra.

En Asia, Soroushmehr, Kalantari, Shabanali Fami y Sarani (2011) estudiaron el proceso de fortalecimiento de mujeres rurales en iraníes y los efectos económicos en grupos de autoayuda, y concluyeron que la falta de información las marginaba y que era necesario trabajar en el fortalecimiento de recursos psicológicos de las mujeres rurales. En Pakistán, Zubair, (2011) utilizó la teoría de la acción planificada para explicar la intención de los agricultores con respecto a la plantación de árboles en el marco de programas agroforestales.

En América latina, Carenzo (2007) presentó un análisis de las identidades territoriales como aporte al desarrollo rural territorial y a los procesos de producción y comercialización de artesanías indígenas. En Nicaragua, Almekinders, Molina-Centeno, Herrera-Torrez y Merlo-Olivera (2006) presentaron un trabajo sobre fitomejoramiento participativo, destacando el papel de la participación, el aprendizaje, la motivación y las expectativas de los agricultores en el proceso de desarrollo de una variedad de poroto dentro de una comunidad rural. Zamora (2009) estudió el proceso de cambio económico, social y cultural de una localidad rural en México y su impacto en la estructura social, en los sentimientos y los valores de las nuevas generaciones, con énfasis en el sufrimiento. En la Argentina, Landini (2011) estudió las representaciones del uso del dinero en pequeños agricultores formoseños y concluyó que éstos, a partir de la experiencia, cuentan con recursos y habilidades para actuar en un contexto de restricciones económicas más que en uno con relativa abundancia.

Dimensión socio-cultural

El concepto de capital social hace referencia a las normas, las instituciones y las organizaciones que originan la confianza, la ayuda mutua y la colaboración para reducir los costos de transacción, producir bienes públicos y facilitar la constitución de organizaciones de base efectivas, de actores sociales y de sociedades civiles fuertes (Durston, 2000, 2002). En Australia (Sobels, Curtis y Lockie, 2001), se estudiaron dos redes de productores agropecuarios en cuanto a su origen, modus operandi y los resultados obtenidos por medio de los elementos principales del capital social, como confianza, normas, expectativas de reciprocidad y relaciones para crear oportunidades de participación y aprendizaje compartido, atraer fondos, mejorar la comunicación y adoptar prácticas de gestión; asimismo, el fortalecimiento de la red actuó de puente entre el capital social y otros factores. Liu y Besser (2003) trabajaron con los conceptos de capital social y sentido de comunidad como predictores de la participación de adultos mayores en actividades de mejoramiento de la comunidad. Allahdadi (2011a, b) planteó que el capital social contribuía a la generación de influencias positivas para la reducción de la pobreza en comunidades rurales en Irán pero que, sin embargo, dichas comunidades debían enfrentarse con obstáculos y desafíos importantes. El capital social y su relación con la identidad de los agricultores fue estudiado por un grupo europeo (Lee, Árnason, Nightingale y Shucksmith, 2005) que encontró que el sentido de identidad constituiría un aspecto del capital social y que ambos serían el resultado de las relaciones sociales concretas. Vieron también que los beneficios que traía el capital social estaban asociados con una pluralidad de identidades culturales, diversidad de redes, diferentes escalas espaciales y nexos fuertes con temas históricos característicos de las áreas rurales europeas. Xu, Perkins y Chow (2010) estudiaron el capital social en comunidades rurales en China y marcaron la diferencia entre las definiciones occidentales del concepto y cómo debería entenderse en China, cuya sociedad es colectivista y agraria.

Grabe (2010) estudió la ideología, el poder, el control y la propiedad de la tierra en ámbitos rurales y sus relaciones con la violencia en Nicaragua para plantear la necesidad de que la Psicología se reformule las preguntas de investigación para poder examinar cómo las inequidades estructurales llevan a desequilibrios de poder y a normas basadas en el género que perpetúan las amenazas a la salud y a la seguridad de la mujer. En Rusia, Boiak (2010) realizó un estudio que mostró que la profunda crisis social y económica del campo tenía un efecto negativo en la formación de los valores sociales de los jóvenes rurales, con cambios como menor cantidad de hijos, el deterioro de la salud y del bienestar psicológico, la falta de confianza en el futuro, ansiedad, desempleo y alcoholismo.

La identidad del agricultor o de la familia rural es un tema que aparece en varios estudios. Villa (1999), en el marco de estructuras de familias rurales en Noruega, estudió con entrevistas en profundidad las expectativas familiares acerca del modo de actuar y pensar de sus miembros para ver los procesos de individualización en la cultura de las familias rurales. Johnsen (2004), en un estudio en Nueva Zelanda, se centró en la adaptación de la familia rural a las dificultades en el sector y cómo se alteraban la estructura familiar, el trabajo y las normas. Burton y Wilson (2006) introdujeron el concepto de “self-identity”, identidad propia, de los agricultores para el estudio de la actividad del agente en la agricultura. Sus resultados fueron importantes para el diseño de programas de promoción de la transición hacia un modelo de postproductividad o multifuncionalidad. Price y Evans (2009) propusieron un marco conceptual para cambiar el tipo de investigación acerca del estrés en sujetos rurales hacia la investigación del modo de vida y la identidad de la familia rural británica, que definieron como patriarcal. Se subrayó la necesidad de incluir en la agenda de investigación a aquellos sujetos que rechazaban este tipo de estructura familiar y vivían fuera del establecimiento agropecuario. Dessein y Nevens (2007) utilizaron las narrativas de los agricultores en Bélgica para analizar el orgullo de ser agricultor y su relación con la identidad para investigar la relación del agricultor con el medio rural. Madsen y Adriansen (2004) plantearon la necesidad de utilizar métodos cualitativos para investigación en ruralidad ya que solamente así se lograba descubrir y comprender el efecto de las tradiciones, los pensamientos y las creencias de los sujetos en las prácticas agrícolas.

Smith (1987) enfatizó la necesidad de formar extensionistas desde la multidisciplina, ya que la adaptación cultural constituía un factor limitante en el trabajo de los profesionales y examinó los problemas culturales, entendiendo la cultura como patrón de ideas y cognición, desde la aplicación de proyectos de desarrollo y estrategias de resolución de conflictos.

Multisectorialidad: salud, educación y empleo

La oferta de servicios de salud es, en general, escasa en el ámbito rural en cualquier país y la idea de que quienes viven en el campo tienen una calidad de vida superior en comparación con los habitantes de la ciudad es un estereotipo que no responde a la realidad (Almekinders, Hardon, Christinck y Humphries, 2006; Barbopoulos y Clark, 2003; Ginexi, Weihs, Simmens y Hoyt, 2000; Hargrove y Breazeale, 1993; Hughes, 1987; Price y Evans, 2009; Reich, 2007; St Lawrence y Ndiaye, 1997). Muchos de los trabajos en esta categoría se centran en la calidad de vida, las oportunidades de empleo, particularmente para los jóvenes rurales, y los proyectos de vida. En un trabajo con la metodología de historias de vidas se investigaron los aspectos afectivos y sociales de jóvenes rurales escoceses y su relación con el bienestar y las preocupaciones acerca del futuro (Glendinning, Nuttall, Hendry, Kloep y Wood, 2003). Otro estudio sobre la misma temática se centró en el concepto psicológico del apego (Brehm, Eisenhauer y Krannich, 2004) en relación con dos dimensiones del bienestar: la acción colectiva y la percepción de comunicación abierta. En una investigación sobre calidad de vida en el ámbito rural, se hizo una revisión del concepto para la instrumentación de modelos de gobernanza e identificar, evaluar e incorporar aquellos puntos que resultaban importantes para la calidad de vida (Kazana y Kazaklis, 2009). Stark, Riordan y O´Connor (2011) desarrollaron un modelo conceptual de riesgo de suicidio en áreas rurales y afirmaron que existirían factores que tienen particular importancia en el ámbito rural. Davies (2008) investigó en Australia cómo los jóvenes urbanos percibían la vida rural y las oportunidades de empleo en el campo, y cómo esto se relacionaba con la voluntad de vivir en áreas rurales; los jóvenes relacionaban valores estéticos negativos con las comunidades rurales, vistas como aisladas y con pocas oportunidades laborales. Pérez Rubio (2007) realizó un estudio sobre una contribución al conocimiento de la mentalidad de los que habitan en el medio rural a través de las percepciones y orientaciones de los jóvenes estudiantes rurales de Extremadura, España. Stock (2007) examinó la percepción de la pobreza entre pastores de Kenia y vio que se percibía como un proceso y no como un estado permanente, lo cual permitió una mejor planificación de proyectos de desarrollo y ayuda. Un grupo de investigadores de Estados Unidos (Puskar et al., 2010) evaluó los constructos de autoestima y optimismo en jóvenes rurales, y encontró que las dos características estaban significativamente disminuidas en las mujeres respecto de los hombres, lo cual tiene importancia para el diseño de políticas de desarrollo dirigidas a jóvenes.

En Brasil, desde la Psicología, se estudiaron la realidad laboral y las estrategias de afrontamiento de docentes rurales: se halló que sufren la sobrecarga de trabajo y otras dificultades, que sobrellevan gracias al reconocimiento por parte de la comunidad (Hashizume y Lopes, 2006). También en Brasil, se investigó la incidencia de trastornos del sueño y la calidad de vida en relación con el tipo de trabajo rural y los autores concluyeron que los trabajadores con puestos fijos sufrían menos trastornos que aquellos trabajadores rurales que se desplazaban según las necesidades de siembra y cosecha (Lima, Rossini y Reimão, 2010). En el mismo país, un trabajo sobre salud de los habitantes de zonas rurales abordó, desde la metodología de la narrativa de sujetos rurales, el efecto que tiene el saber local cuando se encuentra con el saber científico y la importancia de la actitud de los profesionales de la salud en la valorización de la experiencia empírica de los habitantes rurales (Rozemberg, 2007).

La resiliencia aparece relacionada con catástrofes naturales propias del medio rural. Cox y Perry (2011) utilizaron este concepto para estudiar un proceso socio-psicológico que denominaron “reorientación” frente a desastres naturales en el campo, específicamente incendios forestales en Canadá, por el que los individuos afectados darían respuestas psicológicas, sociales y emocionales a los cambios simbólicos y materiales. En una investigación del tipo de acción participativa, Buikstra Ross, King, Baker y Mclachlan (2010) exploraron los componentes de la resiliencia individual y comunitaria en una comunidad rural en Australia y encontraron que eran: las redes sociales, la mirada positiva, el aprendizaje, las experiencias tempranas, el ambiente y estilo de vida, los servicios de infraestructura, el sentido de propósito, la economía innovadora, la aceptación de las diferencias, las creencias y el liderazgo. Pick Steiner, García Rodríguez y Leenen (2010) propusieron, para superar la pobreza en comunidades rurales de México, un modelo de desarrollo de conocimientos y habilidades psicosociales con el objetivo específico de promover la agencia personal y el fortalecimiento intrínseco.

Sustentabilidad

La sustentabilidad es la mejora continua de las condiciones de vida de una persona sin perjudicar la base de los recursos naturales de los que dependerán las futuras generaciones (Petrick y Buchenrieder, 2007). Van Mansvelt (1997) buscó criterios y parámetros que ayuden a los agricultores, a las autoridades y a los políticos a gestionar la sustentabilidad en el medio rural y la valoración socio-cultural a través de la inclusión de necesidades psicológicas en los programas de gestión ambiental. Es esta dimensión una de las más abordadas en los programas de desarrollo rural en Europa, ya que la política agrícola de la Unión Europea sostiene que la biodiversidad es un recurso y realiza pagos a los productores según diferentes esquemas de apoyo agroambientalistas. Sin embargo, en la práctica esto no es sencillo ya que a menudo los agricultores no apoyan los programas o éstos no cumplen con los objetivos (Kleijn y Sutherland, en Herzon y Mikk, 2007). Es aquí donde los valores, las actitudes, las percepciones y las representaciones de los agricultores ejercen influencia en el modo en que administran sus establecimientos y en que participan en los programas de protección del ambiente (Herzon y Mikk, 2007). Kaljonen (2006) investigó la teoría de las redes sociales y su contribución al análisis de políticas agroambientales y a la construcción de agencia en establecimientos agrícolas en Finlandia. Herzon y Mikk (2007) exploraron, por medio de entrevistas, los intereses y el conocimiento de agricultores acerca de la vida silvestre en tierras agropecuarias en Finlandia y Estonia para un estudio comparativo de biodiversidad y conciencia ambiental. Asimismo, evaluaron y compararon la voluntad de adopción de prácticas ambientalistas. Burton, Kuczera y Schwarz (2008) analizaron la resistencia de agricultores alemanes y escoceses a los programas de protección ambiental, para lo que construyeron un marco teórico sobre la base del concepto de capital simbólico de Bourdieu y encontraron que el trabajo agroambiental voluntario producía muy poco capital simbólico y los agricultores no podían demostrar su rendimiento, por lo que los programas voluntarios eran rechazados y no se daban cambios duraderos. En un trabajo sobre agricultores en Suecia (Boonstra, Ahnstrӧm y Hallgren, 2011) se estudió la “auto-identificación” (self-identification) a través de las narrativas de 16 agricultores sobre la naturaleza en el campo y las prácticas de protección ambiental. En un estudio similar en Gran Bretaña, Kings e Ilbery (2010) analizaron el modo en que las actitudes y creencias de los agricultores sobre el ambiente influían en su comportamiento. Dos trabajos sobre agricultores suizos exploraron los significados que éstos atribuían a las medidas propuestas para la conservación del suelo (Schneider, Ledermann, Fry y Rist, 2010).

Un estudio con pueblos originarios en Vietnam y Australia (Petheram, High, Campbell y Stacey, 2011) exploró la utilización de técnicas visuales como facilitadoras del proceso de aprendizaje para la ampliación de la percepción que las comunidades nativas tenían sobre su propia tierra y sus recursos naturales. Selfa, Jussaume y Winter (2008) señalaron la necesidad de estudiar las actitudes de productores y consumidores con respecto al medio ambiente y a las prácticas en favor de sistemas de agroalimentos.

Debido al gran crecimiento económico de China y su consecuente impacto ambiental, un objetivo del gobierno de ese país es llegar a una producción más sostenible. Según un estudio hecho por Weber (2011), el desafío residiría en una educación agrícola efectiva por medio del incentivo a los agricultores para que adopten prácticas óptimas; esto puede hacerse solamente si se toman en cuenta las teorías psicológicas de toma de decisión. Las mujeres en el medio rural pueden ser agentes de promoción de sustentabilidad ambiental, como se demostró en un reciente estudio en India (Khatibi y Indira, 2011).

Con el aporte de la teoría psicológica de la acción razonada de Fishbein y Ajzen (1975), se estudiaron las actitudes de los pescadores chilenos de diferentes gremios hacia los recursos marinos y hacia la adopción de políticas de conservación de recursos (Gelcich, Edwards-Jones y Kaiser, 2005). En Brasil, se estudiaron los objetivos de los productores de carne y su relación con la práctica para comprender el proceso de toma de decisiones sobre el pastoreo desde la Psicología como marco teórico para escalas de valores de los productores (Costa y Rehman, 1999).

Innovación y extensión

Röling (1985) planteó que el hecho de que la extensión rural aborde los sistemas de conocimiento posibilitaba la unión de esta área con otras ciencias, como la psicología cognitiva. Seabrook y Higgins (1988), en el Reino Unido, propusieron un marco teórico sobre los autoconceptos del agricultor; presentaron cómo pueden estudiarse y su importancia para la extensión y el entrenamiento.

En Bolivia (Sturm y Smith, 1993), se evaluaron los programas de promoción de cultivos sustitutos de la coca y se observó que el obstáculo para la adopción de esta modalidad de cultivos era de índole psicológico: la percepción de riesgo por parte de los agricultores. En Brasil, una investigación mostró que las actividades de extensión debían negociarse con la comunidad, ya que sus miembros son los que tienen poder de decisión y autonomía para evaluar lo más relevante para sus vidas (Albuquerque et al., 2010). También en Brasil, Machado, de Hegedüs y da Silveira (2006) realizaron un estudio sobre los estilos de relacionamiento entre extensionistas y productores, y presentaron la noción de fortalecimiento para promover el desarrollo rural sostenible; Favero y Sarriera (2009) destacaron que la preocupación del extensionista por la técnica podría no ser suficiente para atender las necesidades del contexto y, en este punto, el rol de la Psicología sería muy valioso. En Chile, se investigaron los predictores psicológicos de eficacia de la respuesta y los obstáculos percibidos, para evaluar los niveles de adopción de medidas de conservación del suelo; se encontró que el gasto en dichas medidas estaba influido por la percepción de la severidad del problema, la eficacia de las medidas, los problemas de los agricultores y los obstáculos (Huenchuleo, Barkmann y Villalobos, 2011). En la Argentina, Landini (2010a, b) estudió las representaciones sociales de agricultores acerca de los extensionistas rurales con el objetivo de aportar elementos para generar estrategias de extensión de mayor impacto.

Beedell y Rehman (2000) desarrollaron un estudio con 100 agricultores en Bedforshire para identificar los determinantes de la conducta y las actitudes con respecto a la conservación del ambiente. En una comunicación, se informó sobre los efectos de un factor antes desestimado, la salud mental del agricultor, y su efecto sobre el proceso de adopción de tecnología rural (Hounsome, Edwards y Edwards-Jones, 2006).

Herbert-Cheshire y Higgins (2004) plantearon que el concepto de riesgo proporcionaría un punto crucial para explorar el conocimiento de expertos y las categorías y técnicas a través de las cuales las comunidades pueden ser alentadas a pensar y gestionarse como autogobernadas, fortalecidas y responsables. La integración de conocimiento local, de las comunidades rurales, y el conocimiento científico que tienen los técnicos, fue abordada al evaluar el mejoramiento de los programas de gestión ambiental. Se compararon tres proyectos en sendos países para concluir en la necesidad de desarrollo de procesos sistemáticos y reflexivos de integración de conocimientos (Raymond et al., 2010).

En Australia, un grupo de investigación (Pannell et al., 2006) señaló que los índices de adopción en los programas de desarrollo eran bajos y destacó, con respecto al aporte de la Psicología, que se da una mayor adopción de tecnología cuando el agricultor percibe que la innovación en cuestión aumentará la posibilidad de obtener resultados personales. Los autores incluyeron también una guía para la investigación, la extensión y la planificación de programas desde la interdisciplina en la que interviene la Psicología, junto con la economía, la agricultura y la sociología. Thompson y Scoones (1994) cuestionaron el programa de desarrollo rural europeo Farmers First de la década de 1990 ya que, en contextos diversos, los agricultores comprenderían y se relacionarían con la extensión rural de modo diferente. Un estudio en Taiwán (Wang, Huang y Knerr, 2010) investigó el conocimiento sobre la agricultura como determinante de las actitudes y prácticas de los participantes en programas de desarrollo rural.

Al estudiar la percepción de la pobreza entre pastores de Kenia, Misturelly y Heffernan (2001) plantearon que el método de análisis del discurso que se utilizó para explorar la asignación de valor que la comunidad daba a la pobreza, que era vista como un proceso y no como un estado, permitió ver los sesgos de las evaluaciones hechas para los programas de ayuda. En el contexto de la adopción de manejo de cultivos y tierras del pueblo Maroon de Surinam, Fleskens y Jorritsma (2010) combinaron los métodos de la Ecología Cultural y la Psicología Medioambiental para estudiar dos grupos con intenciones divergentes y comprender la conducta de cada grupo sin agravar los procesos de marginalización. Ibitayo (2006) estudió en Egipto el uso inseguro de pesticidas por parte de los agricultores. En particular, el autor estudió el conocimiento de los agricultores acerca de los pesticidas y la elección de las fuentes de información que los agricultores utilizaban y en las que confiaban para obtener datos sobre los riesgos de dichos productos.

Conclusiones

El presente trabajo realizó un estado de la cuestión acerca de las vinculaciones entre conceptos y herramientas de la Psicología y el Desarrollo Rural en general. No se encontró ninguna revisión sistemática de aportes de la Psicología al Desarrollo Rural. En cambio, se encontraron diversos trabajos de aplicaciones de herramientas o conceptos provenientes de la Psicología en contextos de programas de desarrollo rural. La superposición de conceptos desde la Psicología, la Sociología y la Antropología, entre otras disciplinas, dificulta la sistematización de aportes desde la Psicología. Pero, al mismo tiempo, este fenómeno enfatiza la importancia del trabajo interdisciplinario en el desarrollo rural.

En la década de 1980, la propuesta de la Psicología era un llamado a una mejora de los servicios de atención de la salud mental adaptados al sujeto rural. En la década siguiente, se incluyó el bienestar comunitario y se destacó el descuido de la población rural por parte de la Psicología (Murray y Keller, 1991; Hargrove y Breazeale, 1993). Recién en la década de 2000 aparecen propuestas concretas de posibles aportes de la Psicología al Desarrollo Rural, posiblemente a partir de la aparición de enfoques nuevos que suplían las falencias de los enfoques tradicionales. Landini (2011) mencionó brevemente factores que afectaban el desarrollo rural sobre los que podría contribuir la Psicología, pero no fueron desarrollados.

Uno de los elementos fundamentales que debe estar presente en todo programa de desarrollo rural es la promoción de la participación y la cooperación. Para ello, la Psicología puede contribuir con intervenciones sobre las fortalezas y el control personal de los sujetos; es decir, desde el concepto de fortalecimiento mismo (empowerment) (Grabe, 2010), a través de la evaluación del nivel de compromiso y cooperación de la comunidad y su promoción, el estudio de creencias sobre la participación social y de las redes e intervenciones para reforzarlas. La Psicología también cuenta con herramientas para la búsqueda de consenso y resolución de tensiones o conflictos en los grupos, lo cual ayudaría en la dimensión de participación en comunidades, entre agricultores o entre agricultores y técnicos extensionistas o autoridades. En este contexto, el concepto de “confianza” se repite, tanto en estudios que la exploran como en otros que intervienen para promoverla. La Psicología Comunitaria se presenta en varios de los trabajos como una rama de la disciplina que comparte con el desarrollo rural territorial presupuestos y objetivos; estudia y promueve procesos psicosociales generados dentro de la propia comunidad, tomando en cuenta su contexto histórico, cultural y social, sus recursos, sus fortalezas, sus necesidades, y orientada al cambio social para el desarrollo comunitario (Montero, 1994, 2004, 2009). Desde esta perspectiva, el psicólogo podría ser un facilitador para resolución de conflictos en la misma comunidad; en particular, aquellos que resultarían de un encuentro de culturas en el marco de la oferta de programas de desarrollo. Desde la Psicología Comunitaria, el fortalecimiento de la comunidad puede alcanzarse por medio de la promoción, ampliación y replicación de los espacios que lo favorecen (Maton, 2008).

En el área económico-productiva, uno de los constructos de la Psicología que se repiten es el de teorías que explican los procesos de toma de decisiones de agricultores sobre la adopción de prácticas productivas. También la Psicología cuenta con herramientas para estudiar las actitudes y la atribución de sentido por parte de los agricultores sobre aquello que les es propuesto desde los programas de desarrollo. El extensionismo, la innovación y la adopción involucran el encuentro del agricultor con técnicos extensionistas que traen consigo otra cultura. Este encuentro puede facilitarse a través de herramientas de la Psicología. Varios trabajos estudiaron la percepción que los campesinos tenían sobre el riesgo que involucraba la adopción de aquello que era propuesto por el extensionista y por el programa de desarrollo en general. Más allá de la percepción que pueda tener el campesino, en uno de los trabajos más originales en este sentido se encontró una asociación entre la salud mental del agricultor y el nivel de adopción de tecnología y sistemas de conocimiento (Hounsome, Edwards y Edwards-Jones, 2006). A partir de los resultados, resulta claro que, tal como lo señalan diversos autores, la formación de los técnicos extensionistas debería incluir herramientas provenientes de la Psicología para una mejor comprensión de la cultura en la que van a trabajar. Otro trabajo que merece destacarse por su relevancia y originalidad es el de Rozemberg (2007) acerca del saber local sobre la salud asociado con la validación y aplicabilidad del conocimiento científico en áreas rurales de Brasil. La perspectiva de Rozemberg y la utilización de la narrativa pueden servir para explorar el encuentro del conocimiento local con el que aportan los programas de desarrollo, por ejemplo desde la extensión, pero también en sentido más amplio abarcando áreas que forman parte de un programa de desarrollo rural. Otro concepto psicológico que se repite en relación con el área productiva es el de identidad. Los trabajos encontrados incluyen estudios de identidad individual, identidad comunitaria e identidad territorial para evaluar las posibilidades de aceptación de programas de desarrollo y el impacto de los cambios por ellos producidos.

El capital social es un concepto utilizado principalmente en la Sociología pero el mismo concepto remite a constructos psicológicos como la percepción de la colaboración mutua y la predisposición a la misma. Aquí, en los trabajos encontrados, se vio la utilización de constructos psicológicos para el estudio de percepción en este sentido y el fortalecimiento de la cooperación comunitaria. En el caso de los jóvenes, varios de los trabajos utilizaron herramientas de la Psicología en relación con las oportunidades laborales en el medio rural y la retención del joven en el campo. Los conceptos de fortalecimiento y resiliencia se encontraron aplicados, en particular, a subgrupos como mujeres, jóvenes o agricultores en situación desfavorable, como desastres naturales propios del medio rural, cuando cobra especial importancia el capital social.

La sustentabilidad cobra cada vez más importancia en el diseño de programas de desarrollo rural con enfoque territorial y las intervenciones de la Psicología estarían relacionadas con el estudio de las actitudes, las creencias, la percepción, los valores y las representaciones sociales de los agricultores y productores acerca de la naturaleza, de las políticas medioambientales y del impacto de sus propias prácticas agrícolas sobre el medioambiente. De este modo, tanto los estudios sobre qué es lo que piensan las partes sobre el medioambiente o las políticas propuestas desde los programas de desarrollo, como así también el diseño de intervenciones individuales, grupales o comunitarias, pueden favorecer la adopción de dichas políticas.

El presente trabajo conlleva las limitaciones importantes derivadas de las elecciones necesarias a la composición de una muestra que, per se, no está exenta de sesgo. Otra importante limitación está dada por la superposición de conceptos provenientes de la Psicología, la Sociología y la Antropología, que dificulta cualquier revisión que intente abarcar los aportes posibles desde una de estas disciplinas.

En conclusión, no se encontró ningún trabajo que desarrollara sistemáticamente los posibles aportes que podría realizar la Psicología al desarrollo rural pero sí se encontraron numerosas investigaciones desde las ciencias sociales en las que se estudiaron o se intervino en fenómenos y procesos que forman parte del desarrollo rural a partir de conceptos o teorías provenientes de la Psicología. Diversos autores coinciden en que la Psicología descuidó al sujeto rural y en que la disciplina cuenta con herramientas para un valioso aporte a los programas de desarrollo que permitirían mejorar las condiciones de vida de las comunidades rurales. Los obstáculos que impiden que muchos de los programas de desarrollo rural alcancen mejores resultados pueden ser psicosociales y allí la Psicología, en un marco interdisciplinario, podría brindar conocimiento para su superación. La realidad social plantea un desafío a la Psicología en cuanto a los aportes posibles de la disciplina a la resolución de los problemas concretos (Martín-Baró, 1998). El marco último en el que cobra sentido la disciplina debería ser el desarrollo de los pueblos.

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Fecha de recibido: 15 de noviembre de 2012
Fecha de aceptado: 17 de octubre de 2013
Fecha de publicado:15 de abril de 2014

 

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