Mundo Agrario. Revista de estudios rurales - Vol 1, No 2 (2001) - Flammini
Mundo Agrario, vol. 1, nº 2, primer semestre de 2001. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios Histórico Rurales

Comunicación/Communication

Algunas reflexiones sobre los cambios económico-sociales del agro pampeano en el siglo XX

María Alejandra Flammini

Universidad Nacional de La Plata
alejandrafla@hotmail.com


1. Introducción

Los cambios que se produjeron en el agro pampeano en los últimos años han sido objeto de muchas investigaciones, en ellas se postulan opiniones muy diversas con respecto a la propiedad y a la estructura productiva. La discusión se basa, fundamentalmente, en el problema de la concentración y en las consecuencias que ésta podría producir tanto en el rol del sector en el conjunto de la economía, como en la redefinición de la estructura social. Nos preguntamos si es posible en una economía regida por el capital, la preservación de formas alternativas que mantengan una cierta equidad en cuanto a la redistribución del ingreso.

Marx sostiene que la expansión de capitalismo conduce a las fuerzas productivas por dos caminos paralelos y complementarios: convierte a la fuerza de trabajo en mercancía y a los medios de producción en capital. Todas las formas de producción que no se encuadren en estas dos categorías, serán por lo tanto, disueltas, adecuadas, o subordinadas a su estrategia particular de acumulación (Pucciarelli, 1986). Por lo tanto, la expansión del sistema, debería marcar una tendencia a la polarización y homogeneización de los sectores sociales que le sirven de fundamento. Esto implicaría una serie de cambios congruentes entre sí: aumento en el número de asalariados, concentración empresarial, especialización productiva, aumento relativo del capital frente a la tierra en la composición del valor del producto y cambio del tamaño óptimo de las unidades para la utilización de la tecnología disponible. Todas estas transformaciones generarían una estructura más homogénea en las explotaciones agropecuarias (Murmis, 1988). O bien que la heterogeneidad se exprese a partir de un piso mínimo requerido para la reproducción de las mismas, considerablemente más elevado (Lattuada, 1996).

Si bien es cierto, como señala Kaustky, que dentro de la sociedad capitalista persisten formas precapitalistas que deben ser analizadas, es importante recordar que la coexistencia de varios modos de producción dentro de una misma formación social, no inhibe el hecho de que la lógica de funcionamiento del sistema esté dada por el modo de producción dominante. Por otra parte se nos plantea el siguiente interrogante, ¿Fue esta preservación, una funcionalización de formas anteriores para la propia reproducción del sistema?. Esta duda se nos presenta al observar que la capacidad de resistencia de la producción familiar frente a las empresas capitalistas, basada en la propiedad de la tierra, el máximo obstáculo para la concentración de la producción (Kaustky, 1899), ha ido perdiendo eficacia. El desarrollo de los "pools de siembra" y la cesión por arriendos anuales, parecen ser el ajuste contractual a este desfasaje entre estructura productiva y estructura de la propiedad (Balsa, 2000).

La dinámica del desarrollo capitalista conduciría entonces, a la desaparición o subordinación de las relaciones de producción que no se adecuen al proceso de polarización. El terrateniente percibiría sus ingresos de la ganancia extraordinaria transformada en renta del suelo, el capitalista recibiría el beneficio medio correspondiente al capital invertido en la producción y el asalariado percibiría la parte del producto destinada a reponer su fuerza de trabajo (Marx, 1867/1894). Puede resultar interesante, repensar el problema desde estas categorías teóricas, lo cual no significa prestar atención sólo a aquello que se aproxima a este modelo. Debería analizarse la estructura agraria pampeana - basándose en datos empíricos - en forma positiva, es decir, en toda su complejidad y heterogeneidad y no sólo en los aspectos que se acercan a este tipo ideal. Analicemos brevemente las transformaciones que se han producido en el agro durante el último siglo y lo que se ha dicho sobre ellas.

2. La primera expansión agrícola (1880-1930)

¿Quiénes son los actores de esta expansión?. Murmis ha señalado que la forma de realizarse la renta en el agro tiene que ver con el tipo de sujeto social en que se corporiza. Por ello analizó la problemática de la renta del suelo a través de la redefinición de sujetos sociales más complejos, desarrollando la figura del terrateniente - capitalista como una figura mixta, siendo este aspecto el que constituye la base de su conducta y actúa como factor que limita la inversión (Murmis, 1979). Flichman ha propuesto para acercarse a la explicación del fenómeno, un modelo que liga la conducta terrateniente capitalista a una maximización de beneficios globales en un contexto de valorización de la tierra. Este terrateniente, efectivamente invierte en producción, es decir que no se trata de improductividad en términos absolutos, sin embargo, la inversión de capital destinada a la producción es relativamente menor que la inversión en tierra, de lo que ocurriría si la tierra no sufriera un proceso de valorización (Flichman, 1970/1971). Este esquema se acerca al denominado "camino prusiano", en donde la función de los arrendatarios es llevada a cabo por los mismos terratenientes mediante la contratación de asalariados. El caso pampeano sin embargo, presenta una diferencia, en la medida en que no encontramos aquí gran cantidad de mano de obra asalariada. La explotación estaría basada en la apropiación de excedentes generados por el trabajo familiar, mediante formas de arrendamiento precapitalistas, con la consiguiente imposibilidad de acumulación y por lo tanto de acceso a la propiedad por parte de los chacareros arrendatarios (Coni, 1928; Tenembaum, 1946; Giberti, 1954; Scobie, 1968).

Diversos historiadores intentaron señalar la presencia de otros sujetos ubicados entre estas dos figuras clásicas, considerando que hasta las primeras décadas del siglo XX, fue posible, combinando fuerte trabajo familiar y gran austeridad, cierta acumulación de capital que posibilitó un proceso de movilidad social ascendente, dando origen a una burguesía rural media (Balsa, 1993; Maluendres, 1995). No obstante, si bien es destacable el esfuerzo por demostrar que la visión de una sociedad con una estructura social compleja, formada sólo por dos grupos que se excluyen mutuamente es generalmente incorrecta, coincidimos con Kaplan, cuando señala que "la diversidad y movilidad de clases, estratos, capas y grupos diferentes o antagónicos, no excluye - al contrario, suponen - en cada sociedad y etapa histórica, una división entre hombres que mandan y hombres que obedecen y un tipo de polarización que debe ser el eje del análisis" (Kaplan, 1983).

3. El proceso de "farmerización"

Más allá de que existen diversas interpretaciones para explicar el proceso por el cuál a mediados de la década del cuarenta se pasó del predominio de las unidades productivas en arriendo o en aparcería, al de las explotaciones en propiedad, parece haber un cierto acuerdo en que el proceso más significativo para explicar la magnitud del cambio en la forma de tenencia, ha sido el acceso a la propiedad por parte de los medianos chacareros arrendatarios (Barsky y Pucciarelli, 1991; Forni y Tort, 1992; Balsa, 1999). Esta transformación, que algunos autores denominan "medianización" habría estado ligada fundamentalmente a la combinación de tres factores, la intervención estatal en el mercado de tierras, la política crediticia implementada y el clima de inseguridad reinante en torno a la gran propiedad generado por la campaña electoral del General Perón (Balsa, 1999). Como vemos, el cambio respondió más a decisiones políticas coyunturales, que a una verdadera transformación estructural en el agro. Tenemos aquí un panorama en el que gran parte de los antiguos arrendatarios han alcanzado la propiedad de la tierra y utilizan para su explotación mano de obra familiar, sin embargo, ¿Son estos chacareros pampeanos verdaderos "farmers"?. En el denominado modelo farmer, la empresa familiar acumula casi todo el excedente generado en sus explotaciones transformándolo en capital fijo, lo cual permite el desarrollo de las fuerzas productivas (Pucciarelli, 1986). ¿Es esto lo que sucede en el agro pampeano? o, por el contrario, el excedente generado por las unidades familiares es absorbido por otras formas de capital con la intermediación del Estado.

No se trata aquí de atribuir sin más a la estructura agraria pampeana, una serie de "imperfecciones" en relación a supuestas "perfecciones" encuadrables dentro de un modelo teórico, sino de reflexionar sobre el aspecto más significativo en el análisis de cualquier modo de producción, que no estriba tanto en cómo se realiza el grueso del trabajo de producción, sino en saber quién se queda con el excedente (de Ste. Croix, 1988).

4. La crisis de las explotaciones familiares

El porqué de estos interrogantes es que a pesar de las transformaciones arriba mencionadas, que han producido la modificación del patrón de distribución de la superficie y de la forma de tenencia, hacia un predominio de los sectores medios en propiedad, estos no parecen establecerse en el agro pampeano, en el sentido de marcar la orientación del sector. Por el contrario, las explotaciones familiares medianas aparecen comprometidas en cuanto a su continuidad, la mayoría de los pequeños y medianos productores, aún conservando la propiedad de su tierra, han perdido las características familiares, produciéndose una separación neta entre la esfera doméstica y la productiva y acentuándose el proceso de migración rural - urbana (Forni y Tort, 1992). También parece haberse extendido la terciarización de las actividades a través de la utilización de servicios de maquinaria y del contratismo de producción, convirtiendo al propietario en un pequeño rentista, en un proceso de concentración de la producción, que Murmis denomina "subordinación de la producción agraria a la dinámica del capital", a través de un aumento de la especialización productiva. Observando en las modificaciones de las características y el peso relativo de los distintos tipos de unidades de producción y en la forma en que esas unidades se insertan en el circuito del capital, un proceso de profundización del capitalismo agrario (Murmis, 1988).

5. Capitalismo: ¿Un mundo a su imagen y semejanza?

Un indicio de un probable proceso de concentración, se estaría registrando en las ventas de tractores y cosechadoras, la mayoría de las cuales correspondieron a unidades de mayor potencia y precio, realizadas por grandes productores. Como asimismo, la extensión de cultivos no tradicionales, que requieren grandes inversiones de capital y tecnología y la desaparición de eslabones intermedios en la cadena comercial, como acopiadores, distribuidoras de insumos, corredores, etc. (Lattuada, 1996). "La simultaneidad del aumento de la productividad por hombre y la productividad por hectárea, está expresando tanto una acumulación y reestructuración del capital como un cambio en la composición social de los agentes de la producción pampeana" (CEPA, 1990). El nuevo actor dinámico de la producción agrícola, parece ser el capital financiero extraagrario, bajo la forma de pools de siembra. El origen de los capitales que los componen es diverso, desde empresas productoras de insumos, administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones, compañías financieras, bancos e inversionistas aislados que van desde 50.000 a 500.000 dólares. Producir en tierras de terceros parece ser más rentable, ya que no es necesario inmovilizar capital en inversiones fijas, sino que se puede invertir indirectamente a través del pool (Posada, 1998). ¿Cómo es el funcionamiento?, la mayoría de los fondos más importantes, diversifican el riesgo mediante la dispersión geográfica y de cultivos. Coinciden además en la contratación descentralizada de ingenieros agrónomos y contratistas locales, que son dirigidos y coordinados por cabeceras zonales. Otra de las grandes ventajas de los pools es su capacidad de negociación tanto en la compra de insumos como en la comercialización. Lejos de aquellos chacareros que entregaban los granos apurados por necesidades del bolsillo, los fondos minimizan la incertidumbre de las cotizaciones realizando ventas a futuro en el mercado local e internacional (Iglesias, 1996). En cuanto a la relación con los dueños de los campos, realizan una amplia mayoría de contratos de arrendamiento frente a unos pocos de aparcería. Las consecuencias de esta situación permiten inferir un importante proceso de reestructuración económica y social (Posada, 1998). El eje de la cuestión gira en torno a la dificultad que encontrarían los productores que desearan volver a la producción directa. El pool implementa un sistema de manejo en función de obtener el máximo beneficio, sin considerar el impacto que esto podría producir en los suelos, ya que cuenta con la posibilidad de arrendar otros. Este deterioro, redundará en menores rindes y por lo tanto menores rentas en el caso de continuar con la cesión y en la necesidad de contar con mayor capital circulante para recuperar los niveles de fertilidad, en el caso de volver a producir por sí (Posada, 1998). El resultado de este proceso es impredecible, pero de acentuarse esta tendencia, podríamos esperar que esto incidiera directamente sobre la propiedad territorial. Para determinarlo, sería necesario contar con estudios que analizaran las características de la oferta y la demanda. Lattuada señala por ejemplo, que en 1994 las principales transacciones de compra de tierras, las han realizado importantes inversores (extranjeros y nacionales) en campos de alta producción. En cambio en el sector de la oferta, predominan las fracciones pequeñas que no alcanzan el nivel óptimo de rentabilidad, o cuyos propietarios están endeudados (Lattuada, 1996).

Otra arista realmente interesante del problema, que no está del todo presente cuando se analiza el desarrollo del sector agrario y su papel dentro de la economía nacional, es distinguir entre cuestiones que tienen que ver con la capacidad y la eficiencia al nivel de la producción y aquellas que están relacionadas con la estructura social deseada. No estaría de más preguntarse, quiénes son los beneficiarios de esta búsqueda de eficacia a cualquier precio. A fin de cuentas, como señala Marx en El Capital, "sea bueno el año o sea malo, el capital produce beneficio al capitalista, la tierra renta al terrateniente y la fuerza de trabajo, salario al obrero" (Marx, 1867/1894). No resulta un dato menor para analizar las políticas agrarias implementadas por el Estado, definir cuales son los intereses que están detrás de tales propuestas. Azcuy Ameghino enumera algunas de las medidas - o consecuencias directas de ellas - aplicadas entre 1991 y 1999, que resultaron de suma importancia para la evolución del agro. Mencionaremos las que resultan más relevantes para explicar el proceso de concentración: desregulación del comercio de granos y liquidación de las Juntas Nacionales de Carnes y Granos; eliminación de instrumentos de intervención estatal como los "precios sostén" y otros subsidios; incrementos en los fletes por incidencia de los peajes en las rutas; altas tasas de interés que tornan el crédito caro y escaso; privatización de los puertos; libertad total en los plazos y condiciones de los contratos de arrendamiento, aparcería y contratos accidentales; precarización del empleo de los trabajadores rurales. Se observa en esta enumeración, una política estatal que contribuye sustancialmente a la caída de la rentabilidad en las explotaciones que no logran alcanzar la escala óptima para mantenerse en el mercado (Azcuy Ameghino, 2000). Lejos de una regulación automática de las variables económicas, vemos aquí una acción voluntaria a favor de determinados intereses, o dicho de otro modo, esta mínima regulación sobre el mercado que aparece como una forma de no-intervención, representa por el contrario, una intervención solapada.

6. Conclusión

La transformación capitalista agraria operada en nuestro país desde fines del siglo XIX, ha sido interpretada como semejante al modelo denominado "vía junker" o "camino prusiano", en donde el propio terrateniente se va convirtiendo en empresario capitalista. La renta y la ganancia son absorbidas por el mismo sujeto, teniendo la primera de ellas, mucho más peso que en el modelo clásico. En este sujeto su capacidad de apropiarse de renta actúa en forma tal que hace que su carácter terrateniente resulte fundamental para definir su identidad como capitalista, es decir, que su parte terrateniente actúe como limitante de la inversión capitalista (Murmis, 1979).

Debido a circunstancias históricas particulares, a mediados de la década del cuarenta, se abrió camino un proceso que presentó algunos rasgos similares al llamado "modelo farmer", y se caracterizó por una clase de pequeños y medianos productores que lograron obtener la propiedad de la tierra, pero no siempre consiguieron acumular el excedente generado por sus explotaciones. Esta configuración, no logró estabilizarse y desde 1970 en adelante comenzó a modificarse nuevamente la estructura agraria, en una tendencia que se acerca al modelo clásico de Marx, en su forma tripartita de capitalistas, dueños de la tierra y asalariados rurales y se aleja de él, en la medida que no encontramos aquí grandes terratenientes, sino una diversidad de tipos de propietarios (desde pequeños a grandes) que ceden sus campos a los "pools" y a contratistas tanteros.

Es una verdad de perogrullo decir que no hay sólo una vía de desarrollo capitalista en el agro, el problema radica entonces, me parece, en tratar de descubrir hacia donde nos conducen, cuáles son determinadas por la coyuntura y cuáles forman parte de tendencias estructurales, regidas por la lógica del capital. Por otra parte, sucede a menudo que cuando se analizan procesos históricos en relación con modelos teóricos, no se tienen suficientemente en cuenta las diferencias - muchas veces centrales - de los primeros respecto de los segundos. Y son precisamente esas diferencias las que permiten ser utilizadas en forma heurística, para impedir un cierre anticipado de la imaginación del investigador (Saltalamacchia, 1997). Resultaría sumamente interesante entonces, volver a reflexionar sobre el desarrollo capitalista en el agro, a partir de la teoría marxista, a condición de que se tome a Marx como punto de partida y no como punto de llegada (Hobsbawm, 1983).

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