Mundo Agrario , vol. 14, nº 27, diciembre 2013. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Historia Argentina y Americana

ARTICULOS / ARTICLES

Perfil de los extensionistas rurales argentinos del sistema público

Profile of the Argentine rural extensionists working in the public system

Fernando Landini

Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires y Universidad de la Cuenca del Plata.
Becario posdoctoral del CONICET. (Argentina)
landini_fer@hotmail.com

Resumen
Pese la importancia de la extensión rural en toda estrategia orientada el desarrollo de los sectores de productores rurales pequeños y medianos, no existen en la Argentina trabajos académicos que reconstruyan de manera completa y sistemática el perfil de quienes trabajan en el país en extensión rural. Por esta razón, se realizó una investigación cuantitativa descriptiva de carácter transversal que permitió reconstruir el perfil de los extensionistas rurales que trabajan en el sistema de extensión público argentino. Para este fin se realizó una encuesta (enviada vía email) a extensionistas del INTA, ProHuerta y de la Subsecretaría de Agricultura Familiar. Los resultados de esta investigación permitieron aportar, a partir del uso de herramientas estadísticas, a la descripción del perfil de los extensionistas rurales que trabajan en la Argentina, así como a la del perfil diferencial de hombres y mujeres y de quienes trabajan en las diferentes instituciones.

Palabras clave: Perfil; Extensión rural; Argentina.

Abstract
Despite the importance of rural extension in every strategy of rural development aimed at small and medium farmers, in Argentina there are no academic papers that reconstruct in a complete and systematic way the profile of those who do rural extension work. For this reason, I conducted a quantitative, descriptive investigation of cross-sectional nature that allowed me to describe the profile of Argentine rural extensionists working in the public extension system. To this end I surveyed via email rural extensionists of INTA, ProHuerta and the Subsecretariat of Family Agriculture.The results of this investigation allowed us to contribute, using statistical tools, to the description of the profile of Argentine rural extensionists, as well as differential profiles based on gender and the institutions in which rural extensionists work.

Key words: Profile; Rural extension; Argentine.

1. Introducción

La extensión rural y la implementación de proyectos de desarrollo que implican a pequeños productores constituyen una vía privilegiada para el desarrollo y la mejora de la calidad de vida de las poblaciones rurales, particularmente de aquellas más vulnerables (McLeod Rivera y Qamar, 2003). Si bien es cierto que diversos autores han sugerido abandonar el concepto de extensión rural por considerarlo poco descriptivo de la diversidad de dinámicas implicadas a la vez que excesivamente centrado en una concepción transferencista del proceso (Leeuwis, 2004), en esta trabajo optamos por mantener esta terminología, ampliamente extendida en Argentina, aunque nos hacemos eco de estas críticas. Ahora bien, respecto de la concepción de extensión rural que se sostiene en este trabajo debe realizarse una diferenciación entre una concepción de nivel operativo y otra de nivel conceptual. En un nivel operativo, se asume como extensionistas rurales a quienes, trabajando como parte de instituciones, organizaciones o empresas, trabajan de manera directa con productores agropecuarios para inducir cambios en prácticas productivas o comerciales, en un sentido amplio, a través de procesos educativos. Es decir, en un nivel operativo se adopta una concepción descriptiva del concepto, lo que guiará la selección de encuestados. No obstante, a nivel teórico, el autor de este trabajo tiene una concepción dialógica de la extensión rural, la cual hace énfasis en la construcción de un vínculo horizontal entre extensionistas y productores (Freire, 1973; Landini, Murtagh y Lacanna, 2009; Schaller, 2006) orientado al fortalecimiento de las capacidades de los beneficiarios (Machado, de Hegedüs y Silveira, 2006) y a la construcción conjunta de saberes (Landini y Murtagh, 2011).

Ahora bien, teniendo en cuenta la importancia de la extensión rural y el aumento de presupuesto que la actividad ha recibido de parte del gobierno en los últimos años, resulta llamativa la escasez de trabajos científicos que abordan la temática de la extensión rural en la Argentina, si se compara con la producción académica en relación al ámbito de la agricultura familiar. Un indicador de ello es la creación, por parte del INTA y en el año 2005, del Centro de Investigación para la Pequeña Agricultura Familiar (CIPAF), que hoy cuenta con cinco institutos de investigación de nivel regional (IPAFs) y decenas de investigadores, frente a la inexistencia de un proyecto de nivel nacional en la institución que investigue los procesos de extensión rural. Con esto no se argumenta la inexistencia de trabajos de investigación en el área de extensión. De hecho, en el INTA existía un proyecto a nivel nacional de Investigación en Extensión (PE 1313), dirigido por María Isabel Tort, que hoy se quiere reflotar, a la vez que existen diferentes publicaciones científicas con soporte empírico sobre extensión rural y su vinculación con procesos de innovación en el ámbito rural en Argentina (v.g. Carballo, 2002, Cáceres, 2006, Landini y Murtagh, 2011, Tort et al., 2009, Tort et al., 2010, Valtriani, 1994). Pero sí están claramente ausentes los trabajos científicos orientados al estudio descriptivo del perfil de los extensionistas rurales de nuestro país. Por el contrario, en el ámbito de la agricultura familiar la descripción y caracterización de la diversidad de pequeños productores o campesinos a nivel nacional o regional resulta algo relativamente usual (véanse por ejemplo los trabajos de Scheinkerman, Foti y Román, 2007; Tsakoumagkos, González y Román, 2009; Tsakoumagkos, Soverna y Craviotti, 2000, entre otros). En cierto sentido, puede argumentarse que resulta menos conflictivo mantener la mirada en los productores en lugar de poner el foco en el trabajo de extensión en sí mismo, ya que esto podría poner en cuestión el rol de las instituciones y de los profesionales que llevan adelante esta tarea (véase por ejemplo, respecto de este punto, un estudio reciente realizado en Paraguay: Landini, Bianqui y Crespi, 2013).

Así, procurando contribuir con conocimientos útiles al trabajo de extensión rural, particularmente al diseño y a la toma de decisiones en torno a estrategias y políticas institucionales, se presentan los resultados de una investigación que permitió contribuir a la descripción del perfil de los extensionistas rurales que trabajan en el sistema de extensión público argentino, diferenciando entre el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuario (INTA), el ProHuerta y la Subsecretaría de Agricultura Familiar (SAF). Se opta por considerar de manera independiente a INTA y a ProHuerta teniendo en cuenta la existencia de un perfil diferenciado, pese a que ProHuerta se implementa de manera articulada entre el INTA y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. En términos operativos, respecto de los extensionistas que asignan su tiempo tanto a ProHuerta como a otros proyectos y actividades de INTA, se optó por considerarlos como extensionistas de ProHuerta si dedicaban al programa al menos el 50% de su tiempo laboral con la institución. Caso contrario, se los asignó a INTA.

2. Materiales y método

Se realizó un estudio cuantitativo descriptivo de carácter transversal (Montero y León, 2007) organizado a partir de la realización de una encuesta a extensionistas rurales de las instituciones mencionadas. En total se obtuvieron 219 encuestas: 106 de INTA, 72 de ProHuerta y 41 de la SAF. Las mismas fueron recibidas entre julio de 2010 y marzo de 2011. Las encuestas fueron enviadas y recibidas por email, con la autorización de las autoridades institucionales correspondientes. En INTA se entró en contacto con las autoridades de Extensión Rural de las Estaciones Experimentales Agropecuarias; y en los casos de ProHuerta y de la SAF, con las coordinaciones de todas las provincias. En estos contactos, se solicitó ayuda para obtener las repuestas a nuestra encuesta. El procedimiento utilizado en cada caso varió según las recomendaciones de las autoridades consultadas. En la mayoría de las oportunidades, éstas reenviaron el email de pedido de colaboración a los extensionistas bajo su dirección para que contestaran la encuesta a nuestra cuenta de correo, aunque en otras oportunidades fueron las mismas autoridades las que gestionaron el envío y la recepción de los formularios, los que nos entregaron posteriormente. Es importante aclarar que, si bien con nuestra encuesta se buscó alcanzar diferentes objetivos, en este caso se focaliza en los resultados que permiten contribuir a la descripción del perfil de los extensionistas rurales argentinos. Cabe señalar que el procedimiento utilizado para la obtención de nuestra muestra no garantiza su representatividad, ya que sólo respondieron a nuestro pedido aquellos extensionistas que quisieron hacerlo. De cualquier manera, se trata de un porcentaje de extensionistas relevante respecto del total nacional: se ubica en torno al 9%, al ser 1.567 los extensionistas que trabajan en INTA y ProHuerta, y aproximadamente 850 los técnicos de terreno de la SAF, según información provista vía email por referentes nacionales de dichas instituciones. Así, si bien hay que considerar que se trata de una muestra no necesariamente representativa, su amplitud, sumada a que no se introdujeron sesgos en el momento de requerir los formularios (ya que se envió el pedido a las autoridades de todos los extensionistas que trabajan en dichas instituciones), nos llevan a considerar que se trata de una muestra convincente con capacidad para proveer resultados orientativos valiosos sobre el perfil de los extensionistas rurales argentinos que trabajan en dichas instituciones. En cualquier caso, debe tenerse presente que, en un sentido estricto, los resultados obtenidos sólo se aplican a la muestra utilizada y no al total nacional.

Para el análisis de los datos se utilizó el software SPSS 17.0. Las variables consideradas en la encuesta incluyeron: institución en la que trabajan los extensionistas, sexo, edad, máximo nivel educativo alcanzado, título universitario obtenido (si es que alguno), maestría obtenida (si es que alguna), años de experiencia en el trabajo en extensión, áreas en las que desempeña estas actividades (agrícola, pecuaria, forestal u otras) y provincia en la que trabaja. Esta última variable fue recategorizada en regiones geográficas para facilitar el análisis.

Utilizando las funcionalidades provistas por el software, a continuación se realiza primero un análisis descriptivo de las variables de interés y luego se analiza la relación entre ellas, utilizando los estadísticos correspondientes según el nivel de medición de cada variable. Para el análisis de la relación entre variables nominales y nominales, y nominales y ordinales, se utiliza Chi Cuadrado, el cual será reemplazado por el coeficiente de contingencia en el caso de que los casilleros con valores esperados menores a 5 superen el 20% del total. Para relacionar variables ordinales con ordinales se utilizará Rho de Spearman. Por su parte, dado que no puede asumirse el criterio de normalidad de las variables numéricas edad y años de experiencia en el trabajo de extensión (estadístico de Kolmogorov-Smirnov significativo al .001 en ambos casos), en el caso de relacionar estas variables, así como otras de tipo ordinal, con nominales de dos valores, se utilizará la Prueba U de Mann-Whitney, y con nominales u ordinales de tres valores o más, la prueba de Kruskall-Wallis. Igualmente, para relacionar estas dos variables con ordinales o entre sí, se las convertirá en ordinales utilizando rangos de 5 años y se utilizará Rho de Spearman.

3. Resultados y discusión
3.1. Análisis descriptivo de variables

A continuación se presenta una serie de tablas y figuras para describir los resultados de las variables mencionadas de mayor interés. En los casos en los cuales se observe información relevante al diferenciar los datos para las tres instituciones abordadas, se presentará información complementaria. En la siguiente tabla se describe el sexo de los extensionistas de INTA, ProHuerta y SAF en términos porcentuales.

Tabla 1: Sexo de los extensionistas según institución


Frecuencia (total de casos) Porcentaje (casos válidos)
Total de casos INTA ProHuerta SAF
Masculino 147 65,30 % 70,75 % 62,50 % 56,10 %
Femenino 76 34,70 % 29,25 % 37,50 % 43,90 %
Perdidos 0 -- -- -- --
TOTAL 219 100 % 100 % 100 % 100

Se observa que casi dos tercios de los extensionistas encuestados son hombres, lo que sugiere un predominio masculino en la labor de extensionista a nivel nacional. También se perciben diferencias entre las instituciones en estudio. En efecto, la SAF, si bien sigue teniendo mayor cantidad de hombres, posee un porcentaje de mujeres claramente mayor que el caso del INTA e, incluso, que ProHuerta. De todas maneras, estas diferencias no llegan a ser estadísticamente significativas (χ²=3,17(2); sig.=.20), ni aun en el caso de comparar exclusivamente entre INTA y SAF (χ²=2,59(1); sig.=.09).

FIGURA 1. Sexo de los extensionistas según institución

En las Tablas 2 y 3 se observa la distribución de edad de los extensionistas encuestados, tanto a nivel general como por institución, incluyéndose indicadores de media y desvío.

TABLA 2. Edad de los extensionistas según institución


Frecuencia (total de casos) Porcentaje (casos validos)
Total de casos INTA ProHuerta SAF
24 o menos 0 0 % 0 % 0 % 0 %
25 a 29 9 4,11 % 1,89 % 8,33 % 2,44 %
30 a 34 57 26,03 % 24,53 % 26,39 % 29,27 %
35 a 39 40 18,26 % 13,21 % 19,44 % 29,27 %
40 a 44 30 13,70 % 16,98 % 12,50 % 7,32 %
45 a 49 32 14,61 % 13,21 % 15,28 % 17,07 %
50 a 54 17 7,76 % 9,43 % 6,94 % 4,88 %
55 a 59 21 9,59 % 11,32 % 8,33 % 7,32 %
60 a 64 12 5,48 % 8,49 % 2,78 % 2,44 %
65 o más 1 0,46 % 0,94 % 0 % 0 %
Perdidos 0 -- -- -- --
TOTAL 219 100 % 100 % 100 % 100 %

TABLA 3. Media y desvío en la edad de los extensionistas según institución


Total de casos INTA ProHuerta SAF
Media 42,15 44 40,51 40,24
Desvío estándar 9,928 10,44 9,38 8,79

De una primera lectura de los datos se observa que los encuestados se encuentran fundamentalmente en el rango de edades que va de 30 a 64 años (se concentra allí el 89,95% de los casos). Es interesante mencionar, entonces, que existen pocos extensionistas de 29 años o menos (sólo el 4,11% de la muestra), lo que contrasta con la situación de un país vecino como Paraguay, donde constituyen algo más del 20% de los casos (Landini y Bianqui, 2013). Adicionalmente, se observa que el promedio de edad de los encuestados de INTA es algo mayor que en los casos de ProHuerta y SAF, posiblemente porque se trata de una institución con más historia, lo que le facilita tener personal trabajando desde hace más tiempo (el INTA fue creado en 1956 mientras que ProHuerta lo fue en 1990 y el Programa Social Agropecuario, hoy SAF, en 1993 [Ministerio de Economía y Producción, 2003]). A esta situación, se suman las escasas contrataciones en el INTA durante la década del 90’ y los inicios de la década siguiente, período caracterizado por políticas de ajuste estructural que apoyaban la privatización de la extensión (Alemany, 2003; Tort, 2008), lo que indudablemente favoreció un aumento del promedio de edad del plantel de extensionistas de la institución. De cualquier manera, en este caso las diferencias en las edades de quienes participan en las distintas instituciones no llegan a ser estadísticamente significativas, pese a que se encuentran cerca (prueba de Kruskall-Wallis: χ²=5,63(2); sig.=.06).

A continuación, en la Tabla 4, se analiza el nivel educativo de los encuestados. .

TABLA 4. Máximo nivel educativo de los extensionistas según institución


Frecuencia (total de casos) Porcentaje (casos válidos)
Total de casos INTA ProHuerta SAF
1. Primario 1 0,48 % 0 % 1,43 % 0 %
2. Secundario 5 2,38 % 0,98 % 2,86 % 5,26 %
3. Estudios terciarios (no universitarios) 24 11,43 % 2,94 % 21,43 % 15,79 %
4. Universitario 94 44,76 % 41,18 % 44,29 % 55,26 %
5. Cursos de postgrado 45 21,43 % 25,49 % 21,43 % 10,53 %
6. Especialización 19 9,05 % 12,75 % 4,29 % 7,89 %
7. Maestría 22 10,48 % 16,67 % 4,29 % 5,26 %
Perdidos 9 -- -- -- --
TOTAL 219 100 % 100 % 100 % 100 %

Observando los porcentajes correspondientes al total de casos, sin discriminar todavía por institución, se concluye que la mayor parte de los extensionistas encuestados cuentan con título universitario (más del 85%). Incluso, un porcentaje importante de ellos, casi el 20% del total de la muestra, cuenta con estudios de nivel de especialización o maestría. Comparando ahora entre instituciones, se observa que el porcentaje de extensionistas sin título universitario es mucho más alto en los encuestados de ProHuerta y la SAF que en los de INTA. En efecto, el porcentaje de extensionistas de la muestra sin título universitario es del 3,92% en INTA, 25,72% en ProHuerta y 21,05% en la SAF. En contrapartida, el porcentaje de extensionistas encuestados con título de especialización o maestría es claramente mayor en el caso de INTA (29,46% en INTA, 8,58% en ProHuerta y 13,15% en la SAF). En este caso, las diferencias observadas sí son estadísticamente significativas (prueba de Kruskall-Wallis: χ²=25,23(2); sig. <.001)

TABLA 5. Título universitario obtenido por los extensionistas según institución


Frecuencia (total de casos) Porcentaje (casos válidos)
Total de casos INTA ProHuerta SAF
Ninguno 31 15,20 % 4,21 % 25,71 % 23,08 %
Ing. Agrónomo 123 60,29 % 76,84 % 52,86 % 33,33 %
Veterinario 16 7,84 % 8,42 % 4,29 % 12,82 %
Ing. Zootecnista 2 0,98 % 1,05 % 0 % 2,56 %
Ing. Forestal 3 1,47 % 3,16 % 0 % 0 %
Área Ciencias sociales 16 7,84 % 2,11 % 7,14 % 23,08 %
Área Administración 5 2,45 % 2,11 % 4,29 % 0 %
Área Ciencias Ambientales o Recursos Naturales 4 1,96 % 1,05 % 2,86 % 2,56 %
Otros 4 1,96 % 1,05 % 2,86 % 2,56 %
Perdidos 15 -- -- -- --
TOTAL 219 100 % 100 % 100 %
100 %

En la Tabla 5 podemos ver el título universitario de los extensionistas encuestados. Los porcentajes de quienes no poseen ninguno varían ligeramente respecto del cuadro previo dado que en la Tabla 5 hay más casos perdidos que en la anterior. Por tanto, a los efectos del análisis del nivel educativo debe utilizarse la tabla anterior, mientras que para análisis del título universitario de los encuestados corresponde usar esta.De la lectura de la tabla se observa, en primer lugar, que la gran mayoría de los extensionistas encuestados que cuentan con título universitario lo hacen en áreas técnicas, particularmente tradicionales, como ingeniería agronómica y veterinaria. En contrapartida, son particularmente escasos los profesionales provenientes de las ciencias sociales. Y esto, pese al hecho de que las tareas y acciones de extensión no sólo requieren conocimientos técnicos (Barilari, Landini, Logiovine y Rotman, 2011; Landini, Murtagh y Lacanna, 2009), razón por la cual son fundamentales los abordajes interdisciplinarios, que deben incorporar contribuciones de las ciencias sociales (Carballo, 2002; Tsakoumagkos, González y Román, 2009). Por otra parte, también llama la atención la escasez de egresados de carreras ambientales, lo que puede relacionarse con una concepción del desarrollo rural tradicionalmente asociada al productivismo y alejada de preocupaciones ambientales, como se sigue de la reconstrucción histórica de las concepciones de desarrollo que guiaron las prácticas de extensión en la Argentina durante el siglo pasado y los primeros años de la primera década del presente siglo (Alemany, 2003; Tort, 2008)Analizando ahora las diferencias entre INTA, ProHuerta y SAF, en primer lugar debe destacarse el fuerte predominio de profesionales provenientes de ingeniería agronómica en la muestra del INTA (más de 3 de cada 4 extensionistas son ingenieros agrónomos), mientras que esto se reduce a casi el 53% en el caso de ProHuerta y al 33% en la SAF. Por su parte, en el caso de los veterinarios, si bien con un porcentaje mucho menor, tienden a ser más (comparativamente) en la muestra de la SAF e intermedios en INTA, encontrándose los porcentajes más bajos en el caso de ProHuerta, lo que se explica fácilmente por la referencia fundamentalmente hortícola de este último. Finalmente, cabe destacar también las fuertes diferencias existentes en lo que hace a la distribución de profesionales provenientes de las ciencias sociales. En efecto, el porcentaje mayor lo encontramos en la muestra de la SAF, con un 23%, mientras que este guarismo baja al 7% en ProHuerta y a un muy bajo 2% en INTA, siendo estas diferencias estadísticamente significativas (Coeficiente de Contingencia=.445; sig.<.001). Indudablemente, esto sugiere la existencia de enfoques de extensión y de aproximación al desarrollo rural diferentes en las tres instituciones consideradas. Así, pareciera existir en la SAF una clara orientación interdisciplinaria, lo que contrastaría con el caso del INTA.Para apreciar mejor estos resultados, a continuación se presenta la Figura 2, que indica el porcentaje de ingenieros agrónomos, veterinarios, cientistas sociales y otras profesiones sobre el total de profesionales universitarios encuestados que forman parte de las distintas instituciones.

FIGURA 2.
Extensionistas con título universitario según área de formación e institución

Por otra parte, también resulta interesante analizar la formación de postgrado de los extensionistas encuestados, particularmente aquella de nivel de maestría.

TABLA 6
Título de maestría obtenido por los extensionistas según institución


Frecuencia (total de casos) Porcentaje (casos válidos)
Total de casos INTA ProHuerta SAF
Ninguna 196 89,91 % 83,81 % 95,83 % 95,12 %
Extensión o desarrollo rural 15 6,88 % 12,38 % 1,39 % 2,44 %
Área Ciencias Sociales 2 0,92 % 0,95 % 0 % 2,44 %
Área Administración 1 0,46 % 0,95 % 0 % 0 %
Agronegocios y comercialización 3 1,38 % 1,90 % 1,39 % 0 %
Otras 1 0,46 % 0 % 1,39 % 0 %
Perdidos 1 -- -- -- --
TOTAL 219 100 % 100 % 100 % 100 %

De la lectura de la Tabla 6 se observa claramente que la mayor parte de las maestrías obtenidas por los encuestados se encuentra en el área de extensión o desarrollo rural, lo que resulta particularmente apropiado para las funciones que realizan los extensionistas. Por otra parte, llama la atención la ausencia de maestrías en áreas técnicas (como producción animal o vegetal, por ejemplo). Adicionalmente, también cabe mencionar que la mayor parte de las maestrías identificadas en la muestra se concentra en el INTA y se orienta hacia contenidos que incorporan consideraciones sociales (como extensión y desarrollo rural), lo que ayuda, al menos en parte, a complementar el alto porcentaje de profesionales técnicos que se encontraron en su plantel.Seguidamente, en las Tablas 7 y 8 puede apreciarse los años de experiencia con los que cuentan los extensionistas encuestados de cada institución

TABLA 7
Experiencia en el trabajo de extensión según institución


Frecuencia (total de casos) Porcentaje (casos válidos)
Total de casos INTA ProHuerta SAF
1 a 5 64 29,77 % 24,53 % 33,33 % 37,50 %
6 a 10 60 27,91 % 32,08 % 21,74 % 27,50 %
11 a 15 38 17,67 % 12,26 % 23,19 % 22,50 %
16 a 20 28 13,02 % 16,04 % 13,04 % 5 %
21 a 25 13 6,05 % 6,60 % 4,35 % 7,50 %
26 a 30 7 3,26 % 4,72 % 2,90 % 0 %
31 a 35 2 0,93 % 1,89 % 0 % 0 %
36 a 40 2 0,93 % 1,89 % 0 % 0 %
41 a 45 1 0,47 % 0 % 1,45 % 0 %
Perdidos 4 -- -- -- --
TOTAL 219 100 % 100 % 100 % 100 %

TABLA 8
Media y desvío de la experiencia de los extensionistas según institución


Total de casos INTA ProHuerta SAF
Media 11,31 años 12,40 años 11,01 años 8,93 años
Desvío estándar 8,08 años 8,75 años 7,81 años 6,09 años

En primer lugar, analizando las tablas se observa que la media de experiencia de los extensionistas encuestados es de 11,31 años, siendo claramente mayor en INTA (12,40 años) que en la SAF (8,93 años), con ProHuerta en una posición intermedia (11,01 años). No obstante, estas diferencias no llegan a ser estadísticamente significativas, aunque se acercan a ello (prueba de Kruskall-Wallis: χ²=5,08(2); sig.=.08).En términos generales, también se observa que la mayor parte de los encuestados se ubica en los primeros rangos de experiencia, es decir, en los valores más pequeños. En efecto, más del 57% de los encuestados y encuestadas se encuentran en el rango de 1 a 10 años de experiencia. Asimismo, se observa que en los rangos de experiencia siguientes la frecuencia se reduce progresivamente. Las explicaciones para esto podrían ser tres. Primero, que en los últimos años la cantidad de extensionistas que trabajan en las instituciones en análisis se haya incrementado, lo que llevaría a un incremento de funcionarios en los menores rangos de experiencia. Segundo, podría hablarse de un proceso de desgranamiento por el cual algunas personas que trabajan en las instituciones dejan la actividad a lo largo del tiempo para dedicarse a otras actividades, siendo reemplazadas por otras de menor experiencia. Tercero, que las personas con mayor experiencia dejan de hacer trabajo de extensión con productores para pasar a puestos jerárquicos dentro de las instituciones, lo que los excluye de nuestras encuestas. Actualmente no se cuenta con información complementaria como para apoyar ninguna de estas alternativas, pero posiblemente la explicación pueda encontrarse en alguna combinación entre ellas.Analizando ahora las diferencias entre los encuestados de las distintas instituciones se observa un fenómeno curioso. Es que en INTA el bloque de 1 a 5 años posee un porcentaje menor que el rango siguiente, de 6 a 10 años, lo inverso de lo que sucede con los encuestados que forman parte de ProHuerta y la SAF. En este caso, posiblemente el factor más significativo para explicarlo sea un aumento de la cantidad de extensionistas que trabajan en ProHuerta y en la SAF, que realizaron importantes contrataciones en la última década. No obstante, también hay que tener en cuenta que esto podría combinarse con un pasaje a INTA de extensionistas que iniciaron su actividad en la SAF, por los mayores salarios de esta última institución. A continuación, en la Tabla 9, se analizan los ámbitos de trabajo en los que se desempeñan los extensionistas de nuestra muestra.

TABLA 9
Ámbito de trabajo donde se desempeñan los extensionistas según institución


Frecuencia (total de casos) Porcentaje (casos válidos)
Total de casos INTA ProHuerta SAF
Agrícola u hortícola 49 23,11 % 22,33 % 33,82 % 7,32 %
Pecuario 16 7,55 % 11,65 % 2,94 % 4,88 %
Forestal 4 1,89 % 2,91 % 0 % 2,44 %
Agropecuario 89 41,98 % 39,81 % 44,12 % 43,90 %
Agroforestal 2 0,94 % 1,94 % 0 % 0 %
Pecuario-forestal 2 0,94 % 1,94 % 0 % 0 %
Agro-pecuario-forestal 21 9,91 % 10,68 % 5,88 % 14,63 %
Otros 29 13,68 % 8,74 % 13,24 % 26,83 %
Perdidos 7 -- -- -- --
TOTAL 219 100 % 100 % 100 % 100 %

En términos generales, se observa que los extensionistas encuestados se desempeñan mayormente en el ámbito agrícola (23,11%) o agropecuario (41,98%), lo que sugiere que la actividad agrícola es la fundamental, seguida por la pecuaria. El trabajo en el ámbito forestal es mucho más reducido, y en la mayoría de los casos se articula con trabajo en las áreas agrícola y pecuaria. Finalmente, existe un porcentaje significativo de encuestados que se dedican a ‘otros’, fundamentalmente apoyo a la organización de productores.El análisis indica que las variables ‘instituciones donde trabajan los extensionistas’ y ‘área en la que desempeñan sus funciones’ se encuentran asociadas estadísticamente (Coeficiente de Contingencia=.341; sig.=.015). La revisión de las tablas muestra que los encuestados pertenecientes a INTA se caracterizan por un porcentaje más elevado (en un sentido comparativo) en el área exclusivamente pecuaria y por un menor guarismo en ‘otros’. Por su parte, se destaca el énfasis dado por la muestra del ProHuerta a la actividad agrícola y agropecuaria, por la naturaleza de sus objetivos, siendo casi nulos los casos exclusivamente pecuarios o que incluyen trabajo en el ámbito forestal. Finalmente, los encuestados pertenecientes a la SAF poseen el menor porcentaje de las tres instituciones en trabajo exclusivo en el área agrícola, mientras que lo inverso se da en el área ‘otros’ (por su énfasis en el trabajo organizativo) y en el área agro-pecuaria-forestal, lo que sugiere un trabajo más integral, es decir, que articula múltiples dimensiones en su intervención.

3.2. Asociaciones estadísticas entre variables

En el apartado anterior se describió a nivel general la distribución de las distintas variables con las que se evaluó la muestra, y se incorporó también el análisis de las diferencias entre las tres instituciones estudiadas: INTA, ProHuerta y SAF. En este último caso, también se presentaron estadísticas para analizar la significatividad de las diferencias observadas. A continuación, se amplía el rango de variables a ser relacionadas, incluyéndose también aquí algunas ya mencionadas, para evaluarlas en un contexto más amplio.Antes de presentar la tabla con los resultados, se señala que la variable ‘ámbito en el cual los extensionistas desempeñan sus funciones’ fue reorganizada en cuatro variables nominales dicotómicas que valoran la presencia o ausencia de las áreas ‘agrícola’, ‘pecuaria’, ‘forestal’ y ‘otras’. Por su parte, respecto de la variable ‘región’, se categorizó como Cuyo a Mendoza, San Juan y San Luis; como NEA a Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones; como NOA a Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero Catamarca y La Rioja; como Pampeana a Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y Santa Fe; y como Patagonia a Chubut, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Para esta categorización, en términos generales (con la excepción de La Pampa, que se incluyó en Pampeana y no en Patagonia), se siguieron los criterios de clasificación de CIPAF del INTA (Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar). Se aclara que se excluye el estudio de la relación entre las variables ‘institución en la que trabajan los extensionistas’ y ‘región’, ya que la forma de construcción de la muestra puede haber tenido aquí importantes incidencias no azarosas. Asimismo, no se vincula el ‘máximo nivel educativo’ con el ‘título universitario’, porque se trata de variables que en cierto punto se superponen.

TABLA 10
Asociaciones estadísticas entre las variables en estudio


Institución Sexo Edad Máximo nivel educativo Título de grado Experiencia en extensión Región
Sexo χ²= 3,17(2) --- --- --- --- --- ---
Edad KW: χ²= 5,63(2) MW: z = -3,08** --- --- --- --- ---
Máximo nivel educativo KW: χ²=25,23(2)** MW: z = -2,23* rs=.01 --- --- --- ---
Título de grado Coef.=.44** Coef.=.28* KW: χ²= 5,58(2) --- --- --- ---
Experiencia en extensión KW: χ²= 5,08(2) MW: z = -2,84** rs=.73** rs=.16* KW: χ²= 9,58(2) --- ---
Región --- χ²=2,48(4) KW: χ²= 1,63(4) Coef.=.32 Coef.=.36 KW: χ²= 2,67(2) ---
Área ‘agrícola’ χ²=5,46(2) χ²=2,04(1) MW: z = -1,36 Coef.=.24 Coef.=.38** MW: z = - 2,09* χ²= 11,66(4)*
Área ‘pecuaria’ χ²=1,98(2) χ²=6,26(1)* MW: z = -1,18 Coef.=.16 Coef.=.24 MW: z = - 1,73 χ²= 4,85(4)
Área ‘forestal’ χ²=5,01(2) χ²=3,24(1) MW: z = -0,34 Coef.=.19 Coef.=.37** MW: z = - .70 χ²= 26,45**
Área ‘otros’ χ²=8,49(2)* χ²=8,93(1)** MW: z = -0,70 Coef.=.15 Coef.= .40** MW: z = - 2,04* χ²=5,39

Notas: ** p < .01, * p < .05; Coef. = Coeficiente de Contingencia; KW = Prueba de Kuskal-Wallis; MW = Prueba U de Mann-Whitney; rs = Rho de Spearman

De la lectura de la columna ‘Institución’ se desprende, como se indicó previamente, que existen diferencias estadísticamente significativas en el nivel educativo máximo alcanzado y en el título universitario que poseen los extensionistas de la muestra que trabajan en las distintas instituciones mencionadas. Por su parte, a partir de la recategorización de la variable ‘ámbito en el cual los extensionistas desempeñan sus funciones’, se observa que sólo hay diferencias significativas respecto del área ‘otros’ y no en cuanto a la dedicación a las áreas agrícola, pecuaria o forestal, pese a que podía haberse intuido una mayor incidencia, por ejemplo, de trabajo en el área agrícola en ProHuerta. Respecto del área ‘otros’, como ya se indicó, se destaca una mayor presencia en los encuestados SAF, posiblemente por su mayor dedicación a la actividad organizativa, seguidos primero por ProHuerta y luego por INTA.

Focalizando ahora en la columna correspondiente a la variable ‘sexo’, encontramos que existen relaciones estadísticamente significativas en la mayoría de los cruces. En este sentido, se observa que los varones de la muestra poseen un mayor promedio de edad (43,71 años los hombres vs. 39,21 las mujeres); un promedio de años de experiencia más alto (12,32 los hombres y 9,38 las mujeres); y un nivel educativo menor (media de 4,73 las mujeres y 4,43 los hombres) (1). Las diferencias en torno a la edad podrían explicarse haciendo referencia a un progresivo mayor interés por la incorporación de profesionales mujeres en estas instituciones y por un incremento de las mujeres egresadas de las carreras (particularmente técnicas) que tienen mayor probabilidad de ser incorporadas, lo que se asocia directamente a los años de experiencia, ya que al haber sido contratadas más recientemente aún no habrían equilibrado la cantidad de años de experiencia con los extensionistas varones. Por otra parte, interesa también destacar que, pese a su menor promedio de edad (lo que disminuye el tiempo que han tenido para cursar postgrados), las mujeres encuestadas poseen igualmente, en promedio, mayor nivel educativo que los hombres, lo que abre el interrogante de si esto facilitará en el futuro mayor participación en los niveles decisorios de estas instituciones, caracterizadas hasta cierto punto por un perfil ‘masculino’ asociado a su función. Adicionalmente, también respecto de la variable sexo, se observan diferencias significativas en torno al área de formación profesional. Los hombres constituyen el 61,85% de los egresados universitarios de la muestra mientras que las mujeres el 38,15%, cuando entre el total de los encuestados los hombres constituyen el 65,30% y las mujeres 34,70%; se evidencia así que un mayor porcentaje de mujeres que de hombres poseen título universitario. En el caso de quienes poseen el título de ingeniero agrónomo, los porcentajes resultan ser similares (65,04% hombres y 34,96% mujeres), mientras que en el caso de veterinarios aumenta la participación de hombres (75% frente al 25%), observándose una clara mayor participación de mujeres en el área de ciencias sociales (allí ellas representan el 68,75% de los casos, frente al 31,25% de los hombres). Asimismo, también encontramos entre los encuestados una dedicación diferencial por sexo en relación al área pecuaria, con mayor participación de hombres que de mujeres (tarea a la que se dedican el 67% de los hombres y el 49% de las mujeres). Respecto del área “otros”, se observa mayor participación de mujeres (23% de ellas contra sólo el 8% de hombres), situación que es coincidente con el perfil educativo antes mencionado. Estos hallazgos resultan de interés ya que sugieren que existirían perfiles diferenciados de formación y acción según sexo entre los extensionistas que trabajan en la Argentina en el ámbito público.

Atendiendo ahora a la columna de edad, se observa que ésta sólo se correlaciona (de manera positiva) con la experiencia en extensión, lo que resulta esperable, ya que a mayor edad se espera que los extensionistas hayan tenido más tiempo para perfeccionarse, hacer cursos y obtener postgrados. Adicionalmente, no se encuentra relación entre la edad y la región en la que se trabaja o la dedicación a áreas temáticas específicas dentro del trabajo de extensión.

Observando la columna de máximo nivel educativo, se encuentra una asociación con la variable experiencia en extensión, lo que cobra sentido fácilmente si se tiene en cuenta la correlación de estas variables con la edad. En efecto, una mayor experiencia en extensión (lo que también se asocia con mayor edad) aumenta la probabilidad de que los encuestados hayan realizado postgrados. Por otra parte, según los datos analizados, el nivel educativo no se asocia a la región en la que trabajan los extensionistas ni a las áreas temáticas de su actividad. En contrapartida, como puede apreciarse en la columna siguiente, referida a la variable ‘título de grado’, sí se observan relaciones con el trabajo en las áreas agrícola, forestal y otros no encontrándose asociaciones con ‘experiencia en extensión’ y ‘región en la que se desempeñan las actividades’. En cuanto al trabajo en el área agrícola se destaca, como era de esperarse, una mayor participación de ingenieros agrónomos y una menor de veterinarios; participa también en esta área una alta proporción de profesionales de las ciencias sociales (el 47% de ellos trabajan en el área agrícola, claro que no exclusivamente). En el área forestal, trabajan los tres ingenieros forestales de nuestra muestra, el 50% de quienes tienen título en el área ambiental/recursos naturales y un pequeño porcentaje de ingenieros agrónomos, con casi nula presencia de veterinarios y zootecnistas. Finalmente, en el área ‘otros’ se destaca la presencia de profesionales de las ciencias sociales, del área de administración y de aquellos que no poseen título universitario.

Ahora, en cuanto a la columna de experiencia en extensión, se observa que no hay relación estadísticamente significativa con la región en la que se desempeñan las funciones, con el área pecuaria o con la forestal, pero sí con el área agrícola y con la descripta como ‘otros’. Si bien a primera vista estos resultados no parecen tener mucho sentido, analizados de cerca resultan interesantes. En el caso del área agrícola, se observa que quienes trabajan en ella poseen una media de experiencia mayor (11,87 años quienes lo hacen y 9,38 quienes no lo hacen). Por su parte, los que describieron sus funciones en el área ‘otros’ poseen una media de 8,77 años, mientras que quienes no lo hacen poseen una media de 11,65 años. Así, puede hipotetizarse que quienes trabajan en el área agrícola tienen mayor experiencia por tratarse de un área tradicional de trabajo de la extensión, mientras que el trabajo en el área ‘otros’ sería más reciente, lo cual estaría relacionado con extensionistas con pertinencia profesional específica incorporados para estas funciones más recientemente, lo que explicaría su menor promedio de experiencia. En el caso de las áreas pecuaria y forestal, también existe un promedio de edad mayor frente a quienes no trabajan en ellas, pero estas diferencias son más pequeñas y no llegan a tener significatividad estadística.

Finalmente, también se observa una incidencia diferencial por regiones en lo que hace al trabajo en las áreas agrícola y forestal, pero no en cuanto a las áreas pecuaria u ‘otras’. Respecto del trabajo en el ámbito agrícola, al que se dedican el 75,84% de los encuestados, se observa un mayor porcentaje de incidencia en Patagonia (92,30%), NEA (86,36%) y Cuyo (85,19%), y uno menor en la región Pampeana (64%), con el NOA ubicado cerca de la media (75%). Por su parte, en cuando al trabajo en el ámbito forestal, tarea que sólo ocupa al 16,29% de nuestra muestra, se encuentra un porcentaje mayor en la región NEA (con un 36,36%), mientras que NOA se aproxima a la media (14,58%) y el resto de las regiones poseen una incidencia menor: Patagonia con 8,33%, Pampeana con 6,67% y Cuyo con 0%. En el caso de quienes trabajan en el ámbito forestal en la Patagonia, los datos deben tomarse con especial cautela, ya que al tratarse de una región con pocos encuestados y de un área temática con escasa incidencia, los resultados podrían presentar limitaciones. Ahora bien, en cuanto a la explicación de estas diferencias regionales, es indudable que se relacionan con las potencialidades productivas de las distintas regiones, las características de los proyectos regionales que se implementan y el perfil de los productores que se atienden en cada caso.

Ahora bien, antes de avanzar hacia la consolidación de las conclusiones de este trabajo, resulta relevante recordar una vez más que no puede garantizarse la representatividad de la muestra en la que se basa esta investigación. Por esto, resulta razonable considerar estos resultados no como certezas sino como indicadores sostenidos en datos empíricos aunque no generalizables, portadores de una interesante potencialidad para generar nuevas hipótesis de trabajo y guiar líneas futuras de indagación.

4. Conclusiones

En el presente trabajo se ha descripto el perfil de los extensionistas rurales encuestados que trabajan en las principales instituciones públicas de extensión del país: el INTA, el ProHuerta y la Subsecretaría de Agricultura Familiar. Los resultados a los que se arribó son múltiples y se encuentran desarrollados a lo largo de todo el trabajo, razón por la cual no se busca duplicarlos en estas conclusiones. No obstante, se desea subrayar tres cuestiones.

En primer lugar, hay que destacar que el plantel general de extensionistas de estas instituciones parecería caracterizarse por un amplio predominio masculino, por una formación en áreas técnicas tradicionales (ingenieros agrónomos y veterinarios principalmente), encontrándose escasos profesionales provenientes de ciencias sociales y ambientales, y por acciones focalizadas en los ámbitos agrícola y pecuario. Más allá de las razones de la desigualdad de género, este perfil de extensionistas parece sostenerse en una visión del desarrollo de carácter productivista, quedando las dimensiones de organización de productores, de articulación social y de sustentabilidad ambiental en un segundo plano, perspectiva que no es coincidente con concepciones actuales y complejas de desarrollo (v.g. Boisier, 1999; Di Pietro, 2001; Landini, 2007; Pérez Ramírez y Carrillo Benito, 2000). Cierto es que los documentos institucionales que guían las prácticas de extensión en estas instituciones presentan propuestas integrales para pensar los procesos de desarrollo, pero sin dudas la posibilidad de poner en práctica tales cuestiones se vería favorecida por un plantel de extensionistas orientado profesionalmente hacia esos requerimientos.

En segundo lugar, los perfiles diferenciales de las instituciones indagadas, siempre a partir de lo identificado en la muestra utilizada, también merecen analizarse. Durante la presentación de resultados, en efecto, se identificaron perfiles diferenciales en lo que hace a edad, sexo, formación y área de intervención de quienes trabajan en estas instituciones, aunque estas diferencias no fueran en todos los casos estadísticamente significativas al nivel de p < .05. En concreto, se encontró en INTA un mayor porcentaje de masculinidad, un promedio de nivel educativo superior, mayor cantidad de años de experiencia en extensión y un promedio mayor de profesionales con formación técnica tradicional, particularmente ingenieros agrónomos. Frente a esto, la muestra de la SAF, si bien tiene más del 50% de hombres, posee el mayor porcentaje de mujeres de las tres instituciones. Además, cuenta con el mayor porcentaje de profesionales provenientes de las ciencias sociales y posee extensionistas que tienden a dedicarse (más que en las otras instituciones) a áreas de intervención múltiples, incluyéndose el mayor porcentaje de trabajo en áreas no tradicionales (categorizadas como ‘otros’), correspondiente al trabajo de casi al 27% de los extensionistas de la institución, frente al 13% de ProHuerta y al 9% de INTA. Se observa aquí, entonces, un perfil diferencial que contrasta con el perfil más tradicional de los encuestados de INTA, de índole más técnico-productivista. Por su parte, la muestra de ProHuerta se ubica, en términos generales, en una posición intermedia respecto de la mayor parte de las variables mencionadas.

Finalmente, también cabe señalar las diferencias identificadas entre extensionistas varones y mujeres, algo que se ha mencionado escasamente en la bibliografía. Nuestro trabajo sugiere, siguiendo la muestra utilizada, que los hombres poseen un mayor promedio de edad y mayor experiencia en el trabajo de extensión, medida en años, mientras que las mujeres, aun con un promedio de edad menor, poseen un mayor nivel educativo que los hombres. Asimismo, los hombres poseen mayor incidencia en estudios de veterinario y en el trabajo en el ámbito pecuario, mientras que las mujeres poseen porcentualmente más representantes que los hombres en el ámbito de las ciencias sociales y se dedican más que ellos a trabajar en el área no tradicional de ‘otros’ (relacionada fundamentalmente con apoyo socio-organizativo). Estas cuestiones resultan interesantes, ya que muestran la existencia de perfiles diferenciados en hombres y mujeres respecto de su modo de hacer extensión, lo que invita a profundizar en el futuro en esta cuestión.

Para finalizar, pese a reconocer que los resultados a los que se ha arribado resultan de interés tanto para investigadores como para planificadores del ámbito de la extensión, consideramos que se requiere mayor profundización en las distintas líneas sugeridas por este artículo, a la vez que futuros trabajos que se apoyen en muestras probadamente representativas.

Notas

(1) Estos valores se obtienen de asociar los distintos niveles educativos a números y de obtener un promedio, siendo primario 1, secundario 2, terciario 3, universitario 4, cursos de postgrado 5, especialización 6 y maestría 7.

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Fecha de recibido: 4 de abril de 2012
Fecha de aceptado:21 de febrero de 2013
Fecha de publicado: 20 de diciembre de 2013

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