Mundo Agrario, vol. 16, nº 31, abril 2015. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Historia Argentina y Americana

 

ARTICULO/ARTICLE

 

Decisiones productivas en torno a la tensión uso- conservación de los recursos naturales. Los productores de Lobería durante la primera década del siglo XXI

 

Luciana Muscio

Instituto de Investigación y desarrollo tecnológico para la Agricultura Familiar (IPAF) - Región Pampeana - INTA.
Centro de Historia Argentina y Americana. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación,
Universidad Nacional de La Plata.
Argentina
lucianamuscio@yahoo.com

 

Cita sugerida: Muscio, L. (2015). Condiciones estructurales y decisiones de producción en torno a la tensión uso- conservación de los recursos naturales. Lobería durante la primera década del siglo XXI. Recuperado a partir de http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar/article/view/MAv16n31a09

 

Resumen
En este artículo se analizan prácticas y decisiones productivas sobre el uso de los recursos naturales por parte de productores de perfil familiar del partido de Lobería, provincia de Buenos Aires, Argentina. Sobre la base de entrevistas a agentes productivos e informantes clave se indaga en los principales condicionantes económicos –concentración, mercado de tierras, políticas de precios agrícolas- que inciden en las decisiones de los productores e influyen sobre sus prácticas productivas. Advertimos diferentes lógicas sobre el uso de los recursos naturales asociadas al tipo de productor y su diversificación productiva, e identificamos diferentes razonabilidades.

Palabras clave: Uso de la tierra; Razonabilidad; Sustentabilidad; Mercado del trigo; Rotación

 

Production decisions concerning the use and conservation of natural resources. Lobería farmers during the first decade of the century

 

Abstract 
In this article, practical and productive decisions about the use of natural resources by family farmers Lobería province of Buenos Aires, Argentina is analyzed. Based on interviews with farmers and key informants explores key economic factors - concentration, land market, farm-price policies that affect the decisions of producers and influence their production practices. We notice different logics on the use of natural resources associated with the type of producer and product diversification, identifying different reasonability.

Key words: Land Use; Reasonability; Sustainability; Wheat Market; Rotation

 

1. Introducción

En este artículo nos proponemos analizar, en productores de perfil familiar, las características de su relación con la tierra y su experiencia de uso del recurso. Ubicados en la región pampeana, cuyo ecosistema ha sido históricamente modificado en función de la producción agropecuaria capitalista, alrededor de la tierra se circunscriben las acciones, expectativas, ideas, anhelos y angustias de los productores. Su posición en el campo social y la manera en que son afectados diferencialmente por la red de relaciones actuantes inciden también sobre la práctica productiva de estos agentes, aportando ambos a la construcción de un punto de vista sobre el uso y la relación con los recursos naturales (Bourdieu, P. y Wacquant, L., 1995)1. Iremos identificando los principales condicionantes económicos, dando a su vez indicios de algunos tecnológicos, y las estrategias de resistencia que los productores ponen en práctica, para así reconstruir la razonabilidad de los agentes en el uso de los recursos naturales. Bourdieu refiere su concepto de razonabilidad a las prácticas económicas de los agentes. Estas prácticas, lejos de ser el producto de un cálculo inmediato y racional entre medios y fines, son el resultado de un habitus, por lo cual “esas disposiciones son capaces de generar, incluso al margen de cualquier cálculo consciente, conductas y hasta previsiones que más vale llamar razonables que racionales, aun cuando su conformidad con las estimaciones del cálculo nos incline a pensarlas y tratarlas como productos de la razón calculadora” (Bourdieu, 2001: 22).

Nuestra problemática se inscribe en el debate sobre la tensión entre producción primaria y extracción de recursos versus el cuidado de los ecosistemas y los bienes naturales, que se ha instalado en Argentina, al igual que en otros lugares del mundo, tanto en la sociedad como en la academia. Crecen los cuestionamientos en torno al uso de los recursos naturales, en particular sobre su uso intensivo y consecuente degradación, como también sobre la degradación del ambiente consecuente de la producción, con la soja como el ícono que concentra estos argumentos. La falta de rotaciones entre cultivos, y con la ganadería, el uso creciente de insumos químicos, la ampliación de la frontera agrícola y, más recientemente, los reclamos ciudadanos por un ambiente libre de agroquímicos en ciertos pueblos rurales suelen ser motivo de controversia entre quienes defienden el actual modelo de agricultura y sus detractores.

Para algunos autores, estas tendencias serían el resultado lógico del desarrollo del capitalismo en el agro (Foladori, 1999: 210, citado en Tommasino, 2001). Los actores responsables de este proceso, en tanto capitalistas que buscan el aumento de su ganancia, actuarían en función de sus intereses de mayor lucro, presionando sobre los recursos naturales. El peligro de esta postura reside en presuponer para los agentes individuales la misma lógica que es resultante del sistema (Bourdieu, 2001).

Desde una visión menos economicista y determinista, cabría preguntarse cómo viven estos procesos los agentes ligados a la vida rural. A pesar de las tendencias del capitalismo en el agro, es factible suponer que la relación de estos productores con su actividad, los recursos naturales y el medioambiente, muchas veces simbolizados en el vínculo con la tierra, no esté determinada por una única lógica del tipo de la racionalidad instrumental formal, basada solamente en la obtención de ganancias. La tierra, como patrimonio familiar y sustento de la identidad, puede implicar otros valores (Gras y Hernández, 2009). En una investigación realizada en el partido de San Cayetano, Mikkelsen (2005) indaga en la sostenibilidad ambiental. Su unidad de análisis, sobre la base de un muestreo sobre casos típicos, serán unidades de producción agrícola del partido de San Cayetano, ubicado en el sudeste bonaerense y que, al igual que Lobería, limita con el partido de Necochea. La investigación parte del uso que hacen estos productores de las técnicas de labranza de la tierra disponibles en el mercado (arado, labranza vertical con disco o cincel y siembra directa), y si detrás de ello existe una racionalidad puramente económica o está presente la búsqueda de la preservación del recurso suelo. El texto recoge con entrevistas la tensión presente entre el cuidado del recurso y la búsqueda de mayor rentabilidad. Muestra algunos casos más extremos en los que, para la autora, prima la racionalidad ambiental, en contraposición a otros cuya lógica sería puramente económica. Un aspecto interesante que rescata la investigación es la duda que manifiestan ciertos productores en relación con los beneficios de la nueva tecnología y el discurso de las empresas proveedoras, duda en la que se deja vislumbrar la conciencia de estar en medio de grandes empresas con intereses particulares.

Por último, la autora encuentra cierta correlación entre sistemas de producción mixta y los tipos de labranza más conservadores del recurso (labranza vertical o siembra directa vs. labranza convencional). En este punto, cabe aclarar que para Mikkelsen el tipo de labranza siembra directa (SD) es el más conservador del recurso suelo. La mayoría de los productores mixtos entrevistados realizan labranza vertical (que en su escala sería un punto intermedio), principalmente por cuestiones de costo (comparando el costo de gasoil con el valor de los agroquímicos utilizados en la siembra directa), pues sería una tecnología menos costosa que la SD.

Sin embargo, es importante señalar lo que observan otros estudios. En primer lugar, los costos han ido variando en los últimos años; ha aumentado el precio del gasoil a la vez que la nueva tecnología se hace menos costosa a medida que se masifica. Por otro lado, si bien la SD es una técnica menos agresiva para el suelo porque no remueve la tierra y deja el rastrojo, evitando la voladura del mismo, su utilización está asociada hoy al consumo de un paquete de agroquímicos cada vez mayor. Si a ello se suma su uso para la producción de soja -principal cultivo al que se ha asociado-, que, en comparación con otros cultivos, deja menos rastrojo, su capacidad como técnica conservacionista comienza a ser puesta en discusión (Altieri y Pengue, 2005).

Silvia Cloquell (2006) indaga en la percepción acerca de las prácticas agrícolas que implementan los productores familiares capitalizados que cultivan soja, y sus consecuencias en la degradación de los recursos naturales en la zona núcleo santafesina. Es de destacar la particularidad de su estudio, por tratarse de un área paradigmática de la agricultura globalizada, donde desde los ‘70 viene constituyéndose un territorio insustentable, con actores que construyen una nueva subjetividad. Su reflexión aborda la sustentabilidad y las demandas que acarrea; la agricultura familiar sería uno de los segmentos socialmente señalados para poner en práctica el modelo de sustentabilidad. Se analizan las opiniones de productores familiares con más de 35 años en la producción agrícola. En lo que respecta a la degradación del suelo, ponen de manifiesto una clara conciencia sobre el deterioro del recurso, relacionado con la desaparición de la ganadería y el monocultivo de soja. Las justificaciones a la falta de cuidado del suelo giran en torno a la cuestión económica y la búsqueda de mayor rentabilidad. La autora hace especial hincapié en la desaparición de la ganadería como una de las causas del deterioro ambiental -por los beneficios que implica la rotación agrícola-ganadera para la fertilidad del suelo-, y a su vez, como uno de los impedimentos para revertir esa situación, ya que la vuelta a la ganadería de quienes la han abandonado requeriría una gran inversión de capital. La presión de los precios y la duración anual del arrendamiento son otras de las condiciones adversas para llevar adelante prácticas más conservacionistas.

En el análisis de los sistemas de labranza, Cloquell señala cómo la siembra directa, “siendo una maquinaria preparada para conservar es la más utilizada para una práctica que aumenta la degradación” (Cloquell, 2006: 391), ya que se utiliza para posibilitar el doble cultivo, asociado a un gran paquete de agroquímicos. Sobre el uso de estos insumos químicos, la autora abre un interrogante que se relaciona con el tema de esta investigación, al señalar que “con respecto al cuidado ambiental relacionado al consumo de herbicidas, pesticidas y fertilizantes, no se han modificado las prácticas. La utilización de todos estos insumos está condicionada al rendimiento del cultivo y se plantea como no modificable. Habría que hacer una reflexión acerca del cuidado de la propiedad y del cuidado de la ‘naturaleza encerrada en la propiedad’. Por una parte el hecho que la práctica se realice en campo propio abonaría la hipótesis que el propietario cuida más que el que no lo es” (Cloquell, 2006: 392). Las conclusiones de su investigación plantean un escenario complejo para la sustentabilidad del territorio sojero, pues “la percepción de la degradación provee una explicación parcial de los cambios en las prácticas de cuidado del suelo. Por tanto, se infiere que la percepción de la degradación no es una condición suficiente para el cuidado de los recursos naturales” (Cloquell, 2006: 394), pues al no percibirse como un riesgo para la continuidad inmediata, la crisis económica y social aparece como el riesgo más importante por afrontar.

Sus reflexiones finales en torno a pensar alternativas al modelo de desarrollo, formas de uso más sustentables para la construcción de otro orden, llevan a la autora a la necesidad de rescatar la dimensión subjetiva de los agentes, revalorizando otras formas de vincularse con los recursos naturales, algo necesario para repensar otra relación hombre-naturaleza, diferente de la hegemónica en el territorio sojero analizado.

2. Perspectiva teórico- metodológica

La presente investigación se plantea desde un abordaje que nos permita acercarnos a la complejidad de la cuestión vinculada con la relación hombre-naturaleza. Se parte de ciertos preceptos epistemológicos sobre la comprensión de la realidad social que nos ubican en torno a la relación actor-estructura. Partimos de las perspectivas teóricas de Anthony Giddens y Pierre Bourdieu, autores que comparten el interés por superar las posturas extremas del subjetivismo y el objetivismo. En ese sentido, nos centraremos en la interrelación entre ambas dimensiones, buscando comprender el uso que los productores agropecuarios hacen de su ambiente, teniendo en cuenta el entramado de relaciones en el que están insertos. Al mismo tiempo, nos proponemos rescatar la dimensión creativa de los agentes, superando las visiones meramente reproductivistas de la sociedad. En este sentido, es útil la mirada de Anthony Giddens (1995), quien insiste en la producción y reproducción de la sociedad como realización activa de los agentes.

Fueron entrevistados 19 productores agropecuarios del partido de Lobería, ubicado al sudeste de la provincia de Buenos Aires, entre diciembre de 2010 y junio de 2011. Dicha información ha sido complementada con entrevistas a informantes calificados. El perfil de los productores entrevistados tuvo como criterio de demarcación la preponderancia de la mano de obra familiar, y se estableció como límite superior la contratación de hasta un empleado permanente. Vale aclarar que la mayor parte de los entrevistados no contaban con empleados y realizaban trabajo físico en la explotación. A los fines de la presente investigación se construyó como resultado del trabajo de campo una tipología social con los casos relevados, que nos permitiera pensar explicaciones. Con este objetivo, y en relación con el marco conceptual, se recogió información respecto de atributos que permiten diferenciar internamente, dentro del estrato de productores de perfil familiar, diversas formas o tipos: edad, forma de tenencia de la tierra, origen de la mano de obra, capital en maquinarias, capital en instalaciones, vivienda, servicios (prestación/contratación), actividad.2

En una primera instancia, por sus características socioproductivas y la forma en que son afectados diferencialmente por el estado de relaciones objetivas que predominan en el campo social, clasificamos a los productores de perfil familiar en los siguientes tipos: chacareros (16 casos) y productores-contratistas de servicios (tres casos). La condición que los diferencia es principalmente su relación con la tierra, fundamentalmente la consideración sobre esta como un recurso propio -aunque se sea arrendatario-, a diferencia del contratista, que toma tierras considerando solamente su aptitud para una sola cosecha.

El tipo productor-contratista se caracteriza por la ruptura con el pasado personal o familiar chacarero, y mantiene la producción agrícola al mismo tiempo que la venta de servicios como actividad principal.

Dentro del tipo chacarero encontramos una variedad de subtipos, relacionada con la tenencia de la tierra, su condición socioeconómica y su ciclo de vida familiar. Así, dentro de este tipo incluimos a los que poseen tierra en propiedad y a los arrendatarios (dos casos). Entre los primeros reconocemos a los chacareros típicos (siete casos), los ganaderos en etapa de retiro (tres casos) y los chacareros en retracción (tres casos). Se nos presentó además un caso atípico de productor reciente, que por sus características estructurales es considerado chacarero, aunque su identidad le otorga rasgos particulares.

Como se verá posteriormente, esta clasificación tuvo capacidad heurística, asociándose positivamente con dimensiones identitarias, culturales y relacionales, en especial respecto de posibles variables ligadas al uso de los recursos naturales.

3. Concentración productiva y mercado de tierra

La imagen de un espacio donde el hombre está cada vez más ausente se repite en los relatos, fundamentalmente de aquellos productores que aún mantienen la residencia rural. La desaparición de unidades productivas en el partido es una tendencia nacional que se acrecienta en los últimos años. Si bien no contamos con datos censales actualizados, la información suministrada por una encuesta realizada en el partido en 2009 permite inferir la profundización de esta tendencia a la desaparición de productores vía arrendamiento. La encuesta revela que un 50% de la muestra cedía la totalidad de su superficie en arrendamiento. De estos, más del 80% corresponden a explotaciones de menos de 200 ha (Villagra y Prividera, 2011)3. Ello es vivenciado como la ausencia de vecinos –con la consecuente pérdida de los lazos sociales y de cooperación para el trabajo- y aparece como uno de los cambios fundamentales en el espacio rural:

Y antes estábamos en el campo y veíamos familia donde quisiéramos alrededor. Hoy no encontrás. Tengo un campo ahí, que es de un vecino, de 1000 y pico de hectáreas y han quedado 5 taperas. Esos eran todos vecinos que vivían al lado nuestro y se juntaban con nosotros, nos juntábamos el fin de semana, siempre alguna relación teníamos en la semana, nos juntábamos para hacer algún trabajo. De eso no quedó nada, se perdió todo, hoy sentís los pajaritos cuando vas al campo. (T.A: chacarero típico).

Muchísima gente se fue del campo, y antes, aunque los campos fueran grandes o de gente pudiente, a fin de año o depende los meses del año, podías ver a la gente, los dueños del campo y conversar con ellos. Inclusive, si tenías que llegar a ellos para pedirles algo o pedirles un favor, tenías llegada a ellos, porque se conocían, la gente se conocía, se relacionaban más. En cambio ahora, como te digo, los campos grandes es difícil llegar a este tipo de gente, no son gente de campo, son como inversionistas, no sé. (T.G: chacarero t ípico).

Los cambios en la estructura social agraria, así como las transformaciones en los modos de vida de los chacareros pampeanos, han sido estudiados por otros autores (Teubal et. al., 2005; Balsa, 2004, 2006; Muzlera 2009). En lo que atañe a nuestra investigación, consideramos que estas transformaciones -desaparición de unidades productivas, aumento de la radicación urbana de los productores, incremento en la tercerización de las tareas, etc.- favorecen la ruptura de los lazos de cooperación y el aumento del individualismo, e inciden en el uso que los agentes hacen de su entorno, en la manera en que son llevadas adelante las prácticas productivas y su razonabilidad sobre el uso del ambiente. Si bien estos procesos no son exclusivos del mundo rural, en el espacio pampeano ha tomado características particulares, en la medida en que avanza la agricultura como negocio y se retrae la agricultura como forma de vida (Cloquell, 2006).

A su vez, el avance en la concentración es registrado por los productores como incidiendo en sus expectativas a futuro. La incertidumbre no se refiere sólo a las inclemencias del clima, propia de una actividad productiva que depende fundamentalmente de éste, sino también a sus posibilidades de permanecer en la actividad, así como a su dificultad para acceder a arrendamientos4:

Yo creo que nosotros, chacareros chicos, o sea los chacareros que realmente están en el campo y viven en el campo, ya venimos por la banquina, casi pisando la cuneta, La ruta no la pisamos más, los pools te vienen empujando”. (D.F: chacarero típico)

Y acá tengo un vecino de campo grande, son como los chimangos, están esperando que te mueras (risas). Y sí: lamentablemente, está esperando que suene el más chico para comérselo (risas)… All á U. vendió, se lo compraron, C. murieron algunos de los propietarios, se dividieron, se lo compraron, falleció I. y a la semana andaba la vieja a ver si vendían el campo. Y van así, son gente de plata y con mucho campo, y lamentablemente el pez grande se come al chico. Por eso que no te podes dar el lujo de perder plata en cosecha, en trigo que no dé ganancia, porque vas a menos, a menos y cuando te querés acordar, una cosecha que dé mal te tumba (K: chacarero t ípico)

Los testimonios pertenecen a chacareros miembros de la tercera generación, que continúan viviendo en el campo. En ambos casos identifican a los agentes concentradores, pools o capitalistas propietarios de tierras en expansión como los protagonistas exitosos del agro actual.

El avance de la concentración productiva ha significado, en un número importante de casos, “la expulsión” o “abandono” de las tierras en alquiler. Otros, ante la competencia y el aumento desmedido de los arrendamientos, se limitan a la posibilidad de arreglos contractuales alternativos -a porcentaje de la cosecha, reduciendo el riesgo económico- y/o acuerdos entre partes donde entran en juego otros valores –familiares, de confianza, cuidado de las instalaciones- que reducen la puja por el precio de alquiler. Establecemos una diferencia entre el “abandono” y la “expulsión” en función de las vivencias de los entrevistados y cómo es significada su salida de los alquileres. Los casos económicamente más condicionados reflejan en sus relatos el proceso de “expulsión” –real o potencial- de quienes son “sacados de los alquileres”:

- Antiguamente hacía de todo: lino, avena, vaca.
-¿Y qué pasó, por qué fue cambiando?
-Y porque por ahí arrendaba y me sacaron de los arrendamientos. La situación fue cambiando. Y la edad misma: al no tener los hijos que te acompañen, la edad misma te lleva a disminuirte (CH: chacarero en retracción)

-¿Notas esa presión de los pools?
¡Sí, sí! Es más: la vivo. Ya te digo, yo siembro el campo de mi viejo y de mi tía, pero yo sé que porque me están aguantando. Yo tengo mi tía. El día que falte ella, y estén los hijos de ella, y viene uno y les ofrece lo que están ofreciendo hoy normalmente en el mercado de alquiler, y digan, ganan más con eso que trabajándolo a porcentaje conmigo, lo mismo lo de mi viejo, yo tengo hermanas. ¡Yo sé que mis días están contados! (...) Ya te digo, hay un campo ahí enfrente que era de mi abuela y lo queríamos con un primo a ver si lo podemos recuperar. Son 20 y pico de hectáreas pero se alquiló a 420 dólares: no te dan los números. (G.C: chacarero arrendatario puro)

Yo a mis hermanas les alquilaba el campo, y una me tuvo compasión, la otra no, si el pool pagaba 300 dólares me cobraba 300 dólares, y yo no lo sacaba, salís del sistema directamente. (T:G: chacarero típico)

Los relatos dejan traslucir cómo el proceso natural del ciclo de vida de las familias, sumado a las características especulativas del mercado de tierras, dificultan el acceso a los arrendamientos, lo que genera situaciones en que aun los lazos familiares de solidaridad se ven interpelados por el aumento de los precios del arriendo provenientes de un sistema financiero con características especulativas.

La estructura del campo ha cambiado. Definida por la distribución desigual de capital (o poder) que ejercen sus participantes, se ha visto modificada por la entrada de nuevos agentes con gran dotación de capital -pools de siembra, fideicomisos, inversores urbanos- así como por el crecimiento de agentes tradicionales del territorio que han acrecentado su escala. Esta estructura pesa sobre todos los participantes y restringe aún más las posibilidades de aquellos -como es el caso de nuestros entrevistados- peor situados en la distribución de capital. Si nos atenemos a los procesos históricos que vienen sucediéndose en el campo argentino, la concentración productiva no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, en las condiciones actuales del modelo agropecuario, la tendencia se acelera y crece el peso relativo de los dominantes, quienes definen nuevas reglas de juego –más vinculadas a la especulación financiera y el aumento de la rentabilidad a corto plazo-, lo que reduce el espacio de las posibilidades de los demás agentes productivos (Bourdieu, 2001).

Estas condiciones favorecen el uso cada vez más intensivo de la tierra, que en el modelo actual de producción es necesario para dejar márgenes económicos que permitan el pago de los alquileres. A esto se refiere el último testimonio, la referencia a “yo no lo sacaba” debe comprenderse en el contexto de un chacarero típico, económicamente condicionado, que se sostiene en la actividad por su fuerte identidad, con planteo productivo mixto, baja tecnificación, reticente al uso intensivo y los agroquímicos, que recurre a la pluriactividad para mantenerse en la producción. Su “salida del sistema” se refiere a su imposibilidad de ampliar la escala, por lo que queda reducido a la porción de tierra que le corresponde en propiedad y al alquiler a una de sus hermanas (66 ha en producción).

Por otro lado, en los productores mejor posicionados que en el caso anterior, pero igualmente dominados en las actuales condiciones del campo, su representación de la posición que ocupan es significada a partir de un análisis de costo-beneficio, ante el aumento de la especulación y la inserción de nuevos actores competidores.

Ahora estoy trabajando… Bueno, este año me achiqué, trabajaba más o menos 250 ha fuera. Este año, como pintó mal el pronóstico de clima y eso, y los alquileres habían subido mucho, entonces desistí de un campo que sembraba y me quedé con lo nuestro nomás -250 ha- (…) Eso es lo que yo veo que se viene. Se viene a pasos agigantados porque cada vez son más grandes, se arman pools, sociedades anónimas, que yo no creo que sean más eficientes que yo, en el laboreo, en el trabajo, en el seguimiento, en la capacidad. Lo que sí, son más capaces económicamente; entonces te llevan por delante, porque yo no puedo pagar 300 dólares pero ellos lo pagan. Porque ellos sacan inversiones de otro lado, porque tienen manejo de plata, porque les dan un crédito, porque no les cobran este impuesto, porque tienen un subsidio (…) (W.M: productor-contratista)

Frente a un modelo productivo que impulsa la necesidad de escala, las reglas que imponga el mercado de tierras son un condicionante estructural fundamental de las acciones de los productores. Este es uno de los principales motores de la productividad, que aumenta la presión sobre los recursos naturales. La necesidad de hacer frente a los alquileres establece una correlación con la necesidad de altos rindes. El anterior relato continúa:

(…) Fijate: si hay bicicleta [referencia a la especulación financiera. LM], eso no es producción, eso es bicicleta. Entonces, bueno, todos estos manejos así, que tienen datos de lo que va a pasar, te llevan por delante. Porque, por ejemplo, lo que me pasó a mi este año, con el tema del alquiler. A mí me pidieron 200 dólares el alquiler cuando el trigo valía 135 dólares. Yo saqué mis números y me tenía que dar 3.500, 3.800 kilos el trigo para cubrir los costos; de ahí en más empezaba a ganar. La media acá son 3.500 kg, pero claro, con un valor de 135 dólares el trigo. Hoy el trigo vale 200 dólares, entonces ahora sí conviene. Yo hubiese podido pagar esos 200 dólares que me pidieron si yo hubiese sabido que el trigo iba a valer 200, pero como yo no sabía eso, yo escucho la campana de afuera, lo dejé. El tipo que estaba conectado, el tipo que sabía, fue y pagó los 200, no porque sea más productor que yo sino porque está más informado de arriba o tiene más conexiones, qué sé yo, y lo alquiló y le va a ir bien. O sea, es un negocio que yo me perdí este año, por ejemplo, no por no ser eficiente sino por no estar informado (W.M: productor-contratista)

Es interesante rescatar cómo el entrevistado separa la noción de eficiencia del acceso a la información sobre el mercado agrícola. La eficiencia en este productor está centrada en el saber hacer propio de la labor agrícola, mientras que “esta[r] más informado”, rasgo principal del nuevo paradigma de los agronegocios (Hernández, 2009), pertenece a un ámbito externo a su concepción sobre la eficiencia del trabajo. Este caso, si bien se trata de un productor-contratista cuya razonabilidad se encuentra más centrada en el análisis económico que en otros casos de chacareros, ejemplifica una situación que, con sus matices, se repite en el análisis de otros productores.

En función de nuestra perspectiva analítica, consideramos que este escenario adverso influye en el uso que los productores hacen de los recursos naturales. Si bien ello no implica necesariamente una posición de explotación desmedida de los mismos, se establecen nuevas reglas que presionan hacia la necesidad de mayor productividad por hectárea y desalienta usos menos intensivos. Los agentes dominantes inauguran así un nuevo estadio de la dominación de la naturaleza (Horkheimer, 1969; Touraine, 2000).

En el caso de los productores de ganado, ganaderos puros o mixtos, se ven limitados para acceder al arrendamiento de tierras para pastoreo. Esta situación no sólo reduce su escala de producción, sino que en ciertos casos altera la organización de su sistema productivo, por lo que tienen que adaptar antiguas prácticas a las nuevas condiciones del mercado de tierras. El avance de la agricultura y la extensión del cultivo de soja, con la incorporación en el ciclo agrícola de la soja de segunda, ejerce directa competencia con la anteriormente difundida técnica agronómica de rotación de los campos agrícolas con ganadería. Con el alquiler de tierras para pastoreo los ganaderos “sacaban la hacienda del campo”, lo cual les permitía ampliar su escala productiva aumentando el número de animales. Al mismo tiempo, la disponibilidad de tierras “vacías” durante este período posibilitaba la realización de tareas de manejo de malezas y siembra. Por otro lado, la difusión de la soja de segunda intensifica el uso de la tierra agrícola, y el “descanso” de los campos que anteriormente eran alquilados para pastoreo del ganado es reemplazado por una nueva cosecha.

Cuando empezó la locura que yo te digo, que los campos de cría se empezaron a sembrar, en ese momento empezaron a valer, se empezaron a sembrar, empezaron a valer los alquileres. Nosotros, los alquileres que pagamos para los pastoreos no podíamos, salía más caro criar la vaca. Teníamos que pagar un disparate, porque teníamos que competir con la soja. (T.G: Chacarero típico)

Claro, porque antes de que la soja estuviera tan difundida era mucho más fácil porque se sembraba trigo y soja de primera; pero los rastrojos de trigo, los rastrojos de trigo te los alquilaban. Entonces sacábamos la hacienda del campo y la llevábamos a otros campos (…) entonces yo tenía la hacienda 3 o 4 meses afuera, en eso podías recuperar tu campo, prepararlo; entonces te manejabas mucho más fácil. Ahora que apareció la soja a nosotros nos hizo... [si bien el entrevistado no completa la frase, su gestualidad demuestra malestar, LM]. Aparte, los costos también…Claro, porque los costos, al que alquila le conviene hacer una soja de segunda y no alquilármelo a mí. Aparte, hoy se han fumigado tanto los campos que los rastrojos de trigo abajo no tienen nada; entonces tampoco te conviene. (PCH: chacarero ganadero en etapa de retiro)

Esta última referencia a los costos se vincula tanto con las decisiones productivas de los propietarios de tierras que incorporan la soja de segunda como con el precio de los arrendamientos, el cual comienza a estar regido por la referencia a este cultivo, que sube el precio a un nivel más allá de lo rentable para la ganadería.

A su vez, el aumento en el uso de los herbicidas, así como el reemplazo de cultivos con mayor porcentaje de follaje (como el maíz) por la soja, que deja poco rastrojo, disminuyen la cobertura vegetal con que se alimentaba el ganado: otro motivo por el cual se dificulta acceder a campos aptos para pastoreo.

Ayer le decía al gordito…que siempre sé ir… Yo me acuerdo antes, cuando le hacíamos al padre de él. Me acuerdo que [con] mi padre, que ya falleció hace muchos años, hacíamos barbecho con avena y le incorporábamos unos 15, 20 kg de maíz. ¿Vos sabés el campo que venía? En mayo vos le zampabas los animales, y ahora vos los largás al rastrojo de soja. Sí, pegan una vuelta, pero se la pasan paseando las vacas, ¡parece la peatonal, calle Alem de Mar del Plata! ¡Y claro! ¿Y por qué?‘No que se las rebuscan, ¡no me digas que se las rebuscan! Porque la vaca bala mucho, ve la camioneta con el carrito como nosotros que le llevamos la mantención, ¡y la vaca viene disparando! Y si están muy llenas no disparan tanto, ¿o no es así? (P.M: productor-contratista)

Estos cambios productivos en el territorio afectan directamente al uso y conservación de la tierra. Campos que antiguamente eran rotados con ganadería son destinados al cultivo de soja; al mismo tiempo, productores ganaderos que desocupaban sus campos de animales para realizar trabajos mecánicos de manejo de malezas y siembra de pasturas deben reorganizar su sistema: limitarse a las tierras en propiedad, reduciendo su escala de producción. Ello trae aparejado el reemplazo de trabajos de largo plazo por formas de manejo de resolución en el corto plazo, facilitadas por el uso de agroquímicos. A ello hace referencia el entrevistado PCH cuando se refiere a “recuperar tu campo, prepararlo”. El control mecánico para la erradicación de malezas como la gramilla requiere disponer de los campos desocupados de ganado. Sin esta posibilidad, se dificulta la realización de trabajos mecánicos, un motivo más por el cual, en su reemplazo, las prácticas se orientan hacia la utilización de herbicidas.

Siguiendo la concepción de Giddens (1995) sobre las prácticas sociales,5 reconocemos que la utilización de herbicidas, como práctica difundida y simplificadora de labores, pueda ser una motivación en sí misma para su elección frente a otras más intensivas en mano de obra. Ante este hecho, los agentes despliegan una serie de argumentos racionales -o razonables- que justifican su acción:

(...) da mejor resultado (...) Y, porque tenés que limpiar: junto con lo bueno que sembrás está lo malo; entonces, tenés que sacar lo malo para que lo bueno te produzca más (PCH: chacarero ganadero en etapa de retiro)

Sin embargo, las actuales reglas del mercado de tierras son un condicionante estructural adicional que favorece la difusión de las tecnologías químicas, del uso de agroquímicos, e interviene directamente en la toma de decisiones de los productores ganaderos.

Si la rotación de los campos entre agricultura y ganadería es señalada por la agronomía como una de las principales tecnologías para la conservación de la fertilidad del suelo, vemos aquí uno de sus impedimentos.

4. Políticas de precios agrícolas y sus consecuencias en el uso de la tierra

Nuestra mirada analítica se detiene particularmente sobre factores estructurales que, consideramos, ejercen una presión fundamental en la tensión entre producción y conservación de la tierra. Entre ellos, aquellos relacionados con el precio de venta de los bienes producidos ocupan un lugar central, pues determinan las expectativas económicas de los agentes. En un contexto económico como el que venimos exponiendo, regido cada vez más por las reglas de la especulación financiera, con agentes concentradores que detentan ganancias extraordinarias y un Estado que promueve el aumento de la productividad en función de su necesidad de recursos presupuestarios, la lógica imperante en el campo se centra cada vez más en la acción económica en sentido formal. En términos de los tipos ideales de Weber ([1922] 1964), podríamos considerarla racional con arreglo a fines, cuyo fin último es la obtención de la máxima renta extraordinaria, por sobre otros valores como la conservación de los recursos naturales y el cuidado del medioambiente. Uno de los interrogantes que acompañan esta investigación gira alrededor de cómo toman sus decisiones productivas nuestros agentes, qué valores priorizan y qué factores entran en juego. A continuación, nos detendremos en el análisis del mercado de ciertos bienes agropecuarios que en los últimos años han tenido dificultades para su comercialización, con el objetivo de analizar cómo nuestros agentes han resuelto sus decisiones productivas y la razonabilidad que han puesto en juego en estas decisiones.

Las políticas públicas orientadas al control de precios de los productos agropecuarios son señaladas recurrentemente como un factor fundamental que incide en la toma de decisiones de los entrevistados. Sin embargo, este no es el único factor determinante del precio de mercado ofrecido a los productores. La cadena de comercialización de los bienes agrícolas se encuentra altamente concentrada en agentes con amplia dotación de poder, en función del volumen y la estructura del capital que poseen: capital financiero -real y potencial-, capital tecnológico, capital jurídico y capital organizativo (incluyendo el capital de información sobre el campo), capital comercial, capital social y capital simbólico (Bourdieu, 2001). Esta estructura concentrada del campo ha generado situaciones atípicas en el mercado de ciertos cultivos como el trigo, y en menor medida, el maíz6. A ello debemos sumarle la fuerte influencia ejercida por el mercado externo sobre el valor de los productos agropecuarios argentinos, que en su tendencia alcista ha exacerbado las acciones de los agentes económicos –molinos, acopiadores, exportadores, productores primarios y el Estado- en pos de la apropiación de la renta.

El eje central de la política estatal hacia el sector luego de la recuperación económica post crisis 2001 ha estado orientado a la retención fiscal, el control de precios y las limitaciones a las exportaciones de los bienes agropecuarios, con un discurso gubernamental fundamentado en la distribución de ingresos y el control de los precios internos de los alimentos. En relación con los precios internos, el control ha estado focalizado en los principales componentes de la canasta básica argentina de alimentos, dentro de la cual tienen gran importancia el trigo y la carne (INDEC, 2012). Históricamente, ambas producciones ocupan un lugar destacado en la actividad del partido de Lobería. Los datos estadísticos demuestran la importancia sostenida del trigo en los últimos 60 años como uno de los principales cultivos de la zona, que superó las 100.000 t en la campaña 2011. Durante el mismo período, la ganadería, si bien se ha retraído en número de cabezas y establecimientos, continúa siendo una actividad importante en el partido, y suma 234.751 cabezas en 2011. Por su parte, la soja ha ganado espacio en los últimos diez años, con un crecimiento exponencial que, hasta el año 2012, la ubicaba en segundo lugar, cada vez más cercana al trigo.7

Desde 2006, las intervenciones estatales en el mercado del trigo a través de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA), la Secretaría de Comercio Interior y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (desde 2009, Ministerio) se centraron en la conjunción de un régimen de compensaciones monetarias (ONCCA, 2007). En la práctica, éstas funcionaron como reintegros de un porcentaje de las retenciones aplicadas al trigo a los pequeños productores que comercializaran en el mercado local, acompañado por periódicos cierres a las exportaciones en función del cupo determinado para el mercado interno. Las medidas fueron sumando a otros agentes, como los molinos harineros, que en 2009 fueron incorporados al régimen de compensaciones con el objetivo de retener la suba en el precio de la harina. Este hecho evidencia el poder que detentan estos agentes, pues logran presionar sobre el Estado para que modifique las reglas del juego a su favor8.

Las nuevas reglas impuestas por el Estado modificaron las características de funcionamiento del mercado del trigo, al afectar la demanda y distorsionar la competencia. La suma de estos factores fue determinando condiciones adversas para el cultivo. Por un lado, los actores concentrados y mejor posicionados en el campo vieron acrecentada su capacidad de presión sobre los chacareros, al reducir en mayor medida que lo estipulado por el Estado el precio de compra del cereal. De esta forma, los exportadores y los molinos, escudándose en las incertidumbres generadas por la intervención oficial, realizaban un descuento en el precio pagado al productor en concepto de “riesgo de mercado”9. Ello se debió a que los periódicos cierres a las exportaciones generaron interrupciones en las compras de los exportadores. A su vez, los molinos, cuya compra no se concentra en el momento de cosecha sino que se realiza durante todo el año, ante el exceso de oferta generado por el cierre del mercado externo y beneficiados, a partir de 2009, con el régimen de compensación, presionaban a la baja el precio pagado al productor. Por su parte, el pago de las compensaciones a los pequeños productores acordadas por el Estado llegó con retrasos y/o falta de pagos.

A este panorama adverso se sumó un factor más de incertidumbre: la falta de precio de cotización del trigo. Recurrentemente, las tablas de precios de las Bolsas de Cereales figuraban “sin cotización”. La causa tiene relación con el hecho de que, en el actual contexto de concentración productiva y falta de organismos de control del Estado (como la disuelta Junta Nacional de Granos), los grandes pools de siembra realizan sus ventas directamente, sin brindar los datos de las operaciones a las Bolsas de Cereales10. Esta situación dejaba a los productores sin un precio de referencia para realizar sus operaciones11.

La conjunción de estos factores desincentivó la producción de trigo a nivel nacional12, lo que favoreció la expansión de otros cultivos alternativos, y en especial de la soja, que si bien se encuentra sujeta a un régimen de retención13, por los altos precios internacionales y la ausencia de controles de precios internos mantiene la mayor rentabilidad relativa.

Las condiciones en el mercado del trigo afectaron directamente a los productores de la zona del sudeste de la provincia de Buenos Aires, área con larga tradición en este cultivo.

(…) si vos sab és que a fin de año el trigo te va a valer o sabés más o menos al precio que va a estar, vos podés planificar tantas hectáreas de una cosa, de la otra. Ahora, si a fin de año vos tenés un señor que te va a decir ‘No, el trigo te lo pongo a tanto’, ¿qué haces? Porque el gasto no te lo frenan ellos, el gasto del fertilizante te lo dejan libre, lo que te frenan es el valor del producto tuyo… (K: chacarero t ípico)

Seguidamente, nos detendremos en el análisis de cómo estas condiciones han afectado o no las decisiones productivas de nuestros agentes, ya que son un eje fundamental en el análisis de su razonabilidad. El peso que los entrevistados conceden a los vaivenes del valor de sus productos y las consecuencias que ello ha tenido en sus decisiones productivas ponen en tensión el cálculo económico a corto plazo versus su planificación productiva, y deja en evidencia el peso diferencial que los productores les dan a las condiciones de mercado. Dentro de esta planificación entran en juego, además de cuestiones tecnológicas y agronómicas propias de la actividad, la tradición productiva, el saber hacer de nuestros agentes, así como su esquema de rotación de la tierra, del cual depende su adecuada conservación.

Siendo el trigo un cultivo histórico en el partido y el principal en el esquema de rotación con la soja de primera, la incertidumbre del mercado funcionó como una variable interviniente en la escala de valores de los productores. Vale destacar que ello no sólo ha implicado menor rentabilidad de la esperada sino situaciones extremas de suspensión de las ventas por ausencia de demanda o falta de precio de referencia. La ruptura de las reglas básicas del mercado, analizada más arriba, plantea un escenario en el que se deja entrever con mayor claridad otro tipo de valores y análisis que orientan las decisiones productivas:

Hoy sembramos el trigo y no sé si no sembramos como un hobby porque andamos penando para vender, y no nos pagan lo que realmente nos tienen que pagar. Pero lo hacemos por rotación, por no querer dejar, porque otra cosa como la cebada es complicada… (T.A.: chacarero t ípico)

(…) si miro el mercado hoy tengo que sembrar todo soja y algo de girasol, no podr ía sembrar trigo. Es como que uno lo hace por la rotación, por lo que siempre todos los años va haciendo, hay que hacer; si no, hoy no podría hacer trigo, no lo puedo vender hoy al trigo, así que… qué tonto soy: voy a sembrar trigo, realmente sí. Porque si vos tenés un kiosco y vendés 10 cajas de fósforos por día y después la gente te compra encendedores, no vas a seguir comprando al mayorista cajas de fósforos: vas a acumular 100 cajas de fósforos y no se las vendés a nadie. Esto es lo mismo, como que vos decís “Voy a sembrar trigo y lo voy a acumular ahí…”.
-¿Y por qué lo sembrás?
- Por eso, por la rotación y por una costumbre. Una cosa que, vos decís, tenés que volver a hacer y esperando que cambie. (G.C.: chacarero arrendatario puro)

-¿Y qué tenés en cuenta a la hora de elegir qué vas a producir?
-Eh, se tiene en cuenta, primero los valores. Si no tenés valor de nada, no vas a producir. Después, por ejemplo, el año pasado, con el tema del trigo que se decía que no había que sembrar, porque no valía, porque no lo podías vender, pero yo creo que en esta zona del sudeste de la provincia de Buenos Aires, el trigo, una que es el caballito de batalla y otra que es el recurso número uno que tenés para rotar los campos. Porque si no ¿con qué lo sembrás?, ¿con qué lo rotás? O lo podés rotar con cebada o algo, la rotación tiene que estar (A.R.R.: chacarero arrendatario puro)

Testimonios similares a los que anteceden se repiten en otros casos, y dejan al descubierto cómo, aun conscientes de las condiciones económicas adversas, la razonabilidad de estos agentes anteponía en sus decisiones productivas el respeto a la rotación de los cultivos -donde entra en juego el valor dado a la conservación de la fertilidad del suelo-, su saber hacer y la tradición de una producción histórica en la zona, frente a otras opciones que, desde el cálculo económico racional de costos-beneficios, podrían aparecer como más rentables a corto plazo. Es destacable señalar que, de los 14 entrevistados que se dedicaban a la agricultura, hasta el año 2011 sólo en dos casos habían abandonado totalmente el trigo, manifestando en un solo caso la evaluación costo-beneficio14. Ambos chacareros resuelven las dificultades de comercialización con una estrategia intrasistema, sembrando avena como forraje para el consumo de sus animales, lo cual implica una práctica menos extractiva de nutrientes y, a su vez, evita la puesta en práctica de nuevos saberes, como sería la incorporación de cultivos nuevos para grano (colza, cebada). Cabe destacar que en ninguno de los casos se presentó –como hecho consumado o posibilidad concreta- la situación extrema de romper con la rotación al punto de hacer un cultivo continuado de soja sobre soja, señalado por los mismos productores como el extremo de las prácticas productivas extractivistas, con lo que se afecta la sustentabilidad del suelo en función de la ganancia a corto plazo15:

No es la ideal [se refiere a la rotación de cultivos sin ganadería. LM]. Menos con este último tiempo, que estamos sembrando demasiado soja; que en algunos lugares, no tanto en esta zona porque por ahí no se hace soja sobre soja, pero hay algunos lugares donde sí se viene haciendo soja sobre soja, tres, cuatro años seguidos
- [Interviene su esposa]: Así quedan los suelos.
-Acá todavía se mantiene una rotación, te diría, no sé si la ideal, pero dentro de lo que se puede, se trata de mantener el suelo de la mejor manera. Yo, trigo hago todos los años, de todas formas. (SAN: productor contratista)

Rescatando las ideas de Giddens (1995), vemos cómo las prácticas productivas de estos agentes, aun en condiciones económicas adversas, se sostienen en el tiempo de manera recursiva y a su vez, reflexiva. No es un mero repetir sino que en sus decisiones racionalizan el valor dado al saber hacer, a la rotación de los cultivos y su relación con el mantenimiento de la fertilidad del suelo. Ello no implica sostener que esas decisiones vayan a mantenerse inamovibles en el tiempo; es decir, que en la reflexión sobre su accionar cotidiano no puedan aparecer otros valores, una apreciación diferente de su posición,en la misma medida que este saber hacer incluye la posibilidad de aprender. El avance de un cultivo como la soja, que en otra época era desconocido para la zona, refleja esta capacidad de adaptación y aprendizaje de los productores. La medida económica anunciada en 2013 por el gobierno nacional sobre la quita de las retenciones al trigo en respuesta a la baja producción de este cultivo advierte sobre un posible cambio en las decisiones de los productores frente al mantenimiento en el tiempo de un mercado adverso.

5.Diversidad de cultivos, diversidad de lógicas en el uso de la tierra

El análisis precedente nos advierte sobre la importancia que tiene la elección del tipo de cultivo y la variedad en la rotación para el análisis de la razonabilidad de nuestros agentes. Sin pretender llevar adelante una evaluación de tipo agronómico, que busque medir la sustentabilidad de los sistemas productivos, en nuestra investigación notamos diferentes lógicas sobre el uso de los recursos naturales asociadas al tipo de productor y su diversificación productiva. En primer lugar, vale aclarar que el solo hecho de que los agentes, frente a la adversidad del mercado, no hayan abandonado el cultivo del trigo, si bien nos da ciertos indicios sobre su lógica de uso del suelo, alejándolos de los usos más extractivos, no es condición suficiente para sostener un uso sustentable del mismo. Partiendo de esta base, comparamos la diversificación de cultivos en los distintos tipos de productores construidos en esta investigación, y hallamos ciertas asociaciones.

Retomando la diferenciación por tipos sociales construida a los fines de esta investigación, observamos que los tres casos pertenecientes al tipo productor contratista llevan adelante un planteo productivo más simplificado, con preponderancia de la rotación trigo-soja-soja de segunda, e incorporan en menor medida girasol, cebada o colza. Este planteo productivo va acompañado de una lógica sobre el uso del suelo y los recursos naturales en la que el análisis económico y el discurso tecnológico hegemónico ocupan un lugar destacado.

Un caso en particular ejemplifica una situación extrema donde las decisiones productivas se basan en la búsqueda de maximización de la renta. En su condición de contratista, sujeto a la lógica de endeudamiento para la compra de maquinarias, podemos comprender cómo este agente, con larga historia familiar de pequeño productor y prestador de servicios, logra mantenerse dentro del campo a fuerza de la búsqueda constante de beneficio.

Lo que pasa es que, yo te explico: con esta chica, el alquiler no fue muy oneroso, no fue muy caro el arrendamiento, en plata no fue muy caro, no alcanzó ni a 200 dólares el alquiler. Entonces, cuando terminamos en lo de esta chica (…) que sembramos trigo, ¿y qué hago yo? Le sembré soja de segunda. Y le digo a F., que es el chico mío, ‘vos mirá, sacá la cuenta, 1.409 kg la soja de segunda. Con implementos propios, la semilla, ¿le echaste fertilizante? Nada. ¿Qué le echamos? 4 litros de glifosato en todo el ciclo'. ¿A vos te parece que no nos deja? ¡Ahí es donde nos deja a nosotros! ¿Cuánto se nos achica el alquiler? (P.M: productor contratista)

Aun en condiciones de alquiler beneficiosas, la razonabilidad de este productor-contratista gira en torno a obtener el máximo beneficio con el menor costo, por encima de las normas básicas de reposición de la fertilidad, como es la utilización de insumos fertilizantes. Sin embargo, esta lógica de uso de los recursos no se reproduce sin conflictos. Por el contrario, en la misma entrevista se señala cómo, en el caso de este alquiler, su lógica se contrapone a la razonabilidad de la dueña del campo, quien pretende mantener cierto control sobre el uso de su tierra, resguardando su fertilidad:

Porque con esta señora (…), medio como que… por ahí chocamos ¿viste? Ha deslindado la responsabilidad en el chico y no entiende nada. Resulta que trillamos el trigo este año, y no quiso sembrar soja de segunda porque me dice ‘que no, que los ingenieros, que el empobrecimiento de la tierra, que aquí, que allá'. Bueno, nosotros hicimos un tratamiento con un barbecho químico, lo hicimos en febrero, ahora lo íbamos a hacer otra vez, te das cuenta. Entonces, esta señora quería sembrar girasol, ¡y yo no quiero sembrar girasol! Porque anoche le trataba de explicar, que ya voy a gastar 5 litros de glifosato, después tengo que usar Twin pack [herbicida especial para girasol, LM], ¡se me van los números! Y una que está el campo muy sucio, ¡vamos a limpiarlo con soja! (P.M: productor contratista)

Como agente dentro de un campo donde se imponen como reglas del juego la especulación financiera, la carrera tecnológica y la competencia por el acceso a los arrendamientos, este productor contratista refleja una razonabilidad dominada por su adaptación a estas reglas. El ritmo de la entrevista y su discurso acelerado contrastan con su hogar rural humilde, en un predio de 70 ha en propiedad. La lógica del discurso gira en torno a la obtención de renta y el productor canaliza su expansión vía arrendamientos, a través de vínculos con los vecinos y antiguos productores que en el pasado contrataban sus servicios.

Los dos casos restantes, si bien mantienen una postura más moderada en su discurso, comparten la centralidad de la mirada en el análisis económico. Sus planteos de los ciclos de rotación agrícola así como la utilización de un amplio paquete de agroquímicos, dan cuenta de una razonabilidad en la que la adopción del modelo productivo simplificado y de altos insumos tiene gran preponderancia.

La rotación es mínima porque la rotación es trigo, soja de segunda y soja. Y cuando hago soja de segunda, después que cosecho la soja de segunda por ahí pongo algunos animales de algún vecino, pero no es lo mío (…) (W.M.: Productor contratista).

-¿Tenés algún planteo de rotación de cultivos?
-Sí, en general se buscan rotaciones. No sé si es la ideal porque la rotación ideal es hacer de todo un poco, ir rotando con varios cultivos. Y últimamente no se puede hacer, porque maíz que es un cultivo que viene muy bien en la rotación. En esta zona es muy difícil hacer cultivo para grano, para venta (…)
- ¿Y qué tenés en cuenta a la hora de elegir esas rotaciones? O sea ¿por qué las hacés?
- Ehhh, dos cosa: una, la parte financiera por supuesto, pero otra también es tratar de que el campo se mantenga con una rotación adecuada para que el próximo cultivo también rinda. Porque si no, si vos seguís haciendo el mismo cultivo encima de otro, llega un momento en que no da (SAN: productor contratista).

Esta referencia a “la rotación mínima” o “no ideal” da cuenta de la conciencia que tienen estos productores contratistas de que su sistema productivo se encuentra altamente simplificado. El análisis de la trayectoria productiva de los tres casos incluidos en el tipo contratista da cuenta del camino hacia la simplificación de sus sistemas, en torno al cultivo de soja. El trigo se mantiene como cultivo necesario en la rotación con soja de primera y soja de segunda, y la cebada o la colza aparecen como alternativas al trigo puestas en práctica en función de su rentabilidad relativa. En sus decisiones productivas, otras actividades históricas en la zona, como el cultivo de girasol y la ganadería, van quedando marginados.

Dejé el girasol porque es mucho más fácil la soja, por una cuestión de mejor manejo, y que la sembradora me sirve para la soja y para el trigo la misma; entonces no tengo que invertir en otra herramienta. La soja va en directa igual que el trigo, al girasol todavía no le gusta (W.M.: productor contratista)

Vemos aquí cómo la tecnología disponible funciona como un condicionante adicional que favorece la simplificación productiva. El desarrollo de un paquete tecnológico adecuado a la soja, además de sus ventajas económicas y de manejo de sistema, promueve su expansión y desplaza aquellos cultivos que no se adapten. La tendencia a la simplificación de estos agentes se refleja también en el abandono de la ganadería

(…) cuando lo trabajaba mi padre, él tenía algunas vacas y por ejemplo el campo estaba dividido en muchos lotes. Yo ahora saqué todos los alambres y hago todo agricultura. (W.M.: productor contratista)

La ganadería se dejó casi de prepo, obligado, porque no era rentable. Hoy sí, pero hay que ver quiénes tienen las vacas; son pocos los que quedaron con vacas. El que las pudo aguantar sí, hubo gente que no las pudimos aguantar. O también está la otra, a veces había que ver también el tema del bolsillo, qué era lo que más te dejaba. En algún momento lo que producía plata era la chacra, y la vaca no. Entonces no había que ser muy porfiado, había que ir a lo que daba plata (SAN: productor contratista).

Lo expuesto hasta el momento da cuenta de ciertas regularidades en sus comportamientos. La razonabilidad de estos agentes gira en torno a la búsqueda de mayor rentabilidad, sacrificando conscientemente aquellas tecnologías agronómicas, como la diversificación de cultivos y la ganadería, que favorecen la conservación del suelo. Vemos cómo, en su razonabilidad, el dominio de la razón instrumental y la lógica de mercado (Horkheimer, 1969) tienen una importante injerencia en sus decisiones productivas. Como agentes productores pero, al mismo tiempo, consumidores de tecnología, dominados en mayor medida por las condiciones de ésta en su función de prestadores de servicios, reflejan en sus prácticas una relación con la naturaleza centrada en la relación de dominio en función de su progreso material. Consideramos que su condición de productores-contratistas, afectados doblemente por la competencia en el acceso a la tierra, pero también por la competencia propia de la prestación de servicios, contribuye a la construcción de un punto de vista en el que la razón instrumental prevalece sobre otras cosmovisiones.

La búsqueda de flexibilidad es una característica distintiva de las unidades agropecuarias familiares, con la intención de reducir el riesgo de la producción -de precios, climáticos, organizacionales, etc. (Pettinari, 2006)-. Una de las estrategias principales de los establecimientos productivos en esta búsqueda es la diversificación productiva (Murmis, 1998), la cual puede tomar distintas formas dependiendo del tipo de agentes: diversidad de cultivos o actividades en distintas regiones para el caso de los nuevos actores más capitalizados, o dentro del predio para el caso de agentes con menor acceso al capital. En el caso de los productores de tipo chacarero puede traducirse en una variedad de cultivos o actividades productivas -dependiendo de su nivel de capitalización, disponibilidad de mano de obra familiar, acceso a la tierra, etc.-, lo cual les permite escalonar las ventas y reducir el riesgo por factores climáticos estacionales que puedan perjudicarlos. Por el contrario, en los productores contratistas consideramos que la búsqueda de flexibilidad es orientada a la prestación de servicios a terceros. Esta condición de pluriactivos favorece la simplificación de la actividad productiva. En nuestros casos, ello se ve reflejado en el abandono -o su reducción a márgenes insignificantes- de la actividad ganadera y la simplificación en la diversidad de cultivos.

A diferencia de los productores contratistas, en los chacareros ganaderos y aquellos que mantienen un planteo mixto de agricultura y ganadería, encontramos en general lógicas distintas. En el discurso sobre sus prácticas se conjugan las condiciones del mercado y, por sobre todo, la estructura de costos con su organización del sistema productivo, el cuidado del predio y las necesidades de la cría de ganado. El cálculo económico, si bien está presente, no es el rector del discurso como en el caso de los contratistas. Se advierte la ponderación de otras variables en sus análisis, en los cuales la diversificación de cultivos, el sistema de labranza y sus elecciones productivas encuentran relación con “el clima”, “cómo está la tierra”, “mantener la rotación del campo” o “las necesidades de los animales”. Algunas respuestas a la pregunta recurrente sobre qué tiene en cuenta a la hora de decidir qué va a producir confirman estos análisis.

No, no… no sé cómo explicarte, cómo armo el rompecabezas para darle de comer a la hacienda, que tenga comida y que no le falte la comida. En base a eso armás un poco el rompecabezas (PCH: chacarero ganadero en etapa de retiro).

La necesidad del animal, sí, sí, de acuerdo a los animales que tengo en ese momento, al estado, a las reservas que tengo, si tengo rollo, si pude hacer rollo, si no hice: ahí me voy manejando. Porque la planificación está muy bien, sí, a veces, pero por más que uno planifique, si el clima no se da, y te agarra diciembre y frío y frío, podés sembrar un sorgo y ya sabés que venís tarde, venís mal, o no llueve y es tirar la semilla… Sí es interesante la planificación, pero dependemos de arriba, ni más ni menos, dependemos de arriba, de la lluvia, de la helada, y nos tenemos que ajustar más a eso que a otra cosa, me parece a mí” (R.B: chacarero ganadero en etapa de retiro).

En lo posible mantener la rotación y después ver el mercado, el cuchillito doble filo, pero bueno… (D.F: chacarero t ípico).

Y, en función de varias cosas, de la economía, del tiempo, cosas que suceden a veces y no se puede hacer [se refiere a la relación entre los tiempos de trabajo y las condiciones que impone el clima. LM] (…) Sí…a veces en función de lo que uno viene escuchando, de los mercados del suelo. Depende: si nos agarra un barbecho muy rápido, a veces tomamos la decisión de echar soja y no girasol que la acepta mejor el suelo, qué sé yo, ese tipo de cosas. (T. A: chacarero t ípico)

Y según… Veo, cómo voy con los animales, y el tiempo también, qué es lo que voy a sembrar, porque por ahí no tengo dónde echar a los animales; entonces tengo que esperar para sembrar. Me quedo con el girasol, no siembro trigo, porque últimamente el trigo no está valiendo, no tiene precio. (J.C: chacarero t ípico).

En las respuestas advertimos una conjunción de factores: la mirada no está centrada en el afuera sino más bien en la lógica de mantenimiento del predio, de la economía entendida como economía doméstica, en íntima relación con los ciclos y las condiciones de la naturaleza (Chayanov, [1925] 1985). Un estudio sobre estrategias de largo plazo de productores dedicados a la ganadería realizado en Uruguay arroja algunas conclusiones en este sentido (Levrouw et. al., 2007). Clasifican las estrategias de los productores de menor tamaño (<215 ha) –que en comparación con nuestros casos podríamos entender como de similar perfil socioeconómico- como “de sobrevivencia”. En este sentido, entienden los autores que, en la búsqueda de reducción de riesgos, estos productores tienen como estrategia la “búsqueda de diversificación de la explotación y un ajuste de la conducción de la explotación en lo cotidiano (sin prioridad de inversión, sin política de ahorro, poco control, ausencia de planificación)” (Levrouw et. al., 2007: 89). Aunque no pretendemos extrapolar todas las características señaladas por los autores hacia nuestros agentes, consideramos que tanto la búsqueda de diversificación como la conducción en lo cotidiano son características compartidas.

Si bien, como ya se ha señalado, la diversidad productiva tiene relación con el interés en reducir los múltiples riesgos que se puedan presentar al productor, en relación con los interrogantes de esta investigación encontramos en los discursos de los chacareros otras razones, en las que se conjugan una serie de valores y razonamientos en los que el cuidado del suelo ocupa un lugar importante. El análisis de las entrevistas refleja el valor dado por los chacareros mixtos al mantenimiento de la actividad ganadera, como reserva de valor ante imprevistos económicos, en algunos casos por adecuación a las características del suelo, pero al mismo tiempo, como un eslabón fundamental en su sistema de rotación en función del mantenimiento de su fertilidad. Debe tenerse en cuenta que, tomando aquellos chacareros que tenían un planteo mixto, en 5 de los 7 casos16,su práctica productiva planteaba un sistema de rotación de cultivos más diversificado17, donde se incluían soja, trigo, girasol, maíz y forrajes o pasturas, destinadas a la alimentación de su ganado.

El análisis de tres casos de chacareros con planteo mixto ejemplifica estos razonamientos. El primer caso es el de D.F, chacarero típico perteneciente a la tercera generación de productores que continúa viviendo en el campo, ubicado hoy en la zona periurbana de la ciudad. Trabaja en sociedad con un sobrino un predio de 300 ha (del cual se divide la renta en tres herederos) y alquila otras 300 ha Indagando en sus prácticas productivas, manifiesta mantener un esquema de rotación agrícola-ganadero con diversidad de granos y forrajes, en el que el mantenimiento de un stock ganadero no está condicionado por las aptitudes de suelo sino que cumple varias funciones:

- ¿Tiene suelo ganadero?
-No, no, por rotación.
-¿Es por rotación que las tiene?
-Por rotación.
-¿No tiene suelo ganadero?
-No, no, es todo agrícola-ganadero, o sea en conjunto. Y lo vamos manejando por rotación.
-¿O sea que usted tiene las vacas por una cuestión de conservación y de mantener…?
-Sí, y una alcancía.
-¿Y le gustan las vacas?
-A las 12, en la mesa (risas). No me gustan pero bueno, es una cuestión de rotación.
-Ajá… ¿Las ha sostenido más allá de que la mayoría de la gente se las sacaba de encima?
-Sí, sí. Pero ya te digo, la vaca es un chequecito al portador: cuando todo falla. la vaca te salva, cuando llegás a fin de año con la última la vaca te salva; o sea, la producción de la vaca te salva. (D.F: chacarero típico)

El mantenimiento de la ganadería, además de ser un resguardo económico, guarda relación directa con el esquema de rotación del suelo. Esto se traduce en una variedad de cultivos –avena, trigo, soja, girasol, cebada y maíz-, con un esquema planificado de la rotación de los lotes con ganado. Como señalamos anteriormente, esta práctica es valorada por los productores y los técnicos como una condición fundamental para el mantenimiento de la fertilidad del suelo. Sin embargo, en relación con la rentabilidad relativa a la agricultura, y por sobre todo, los trabajos y requisitos sanitarios que implica tener animales, mantener el stock ganadero implica una toma de posición de los agentes que los diferencia de otros, como vimos en el caso de los productores-contratistas, que a pesar de las circunstancias adversas atravesadas por esta actividad, han decidido sostenerla18.

En los casos que siguen, si bien se trata de chacareros que poseen parte de su suelo con condiciones aptas para la ganadería, nuevamente encontramos en sus argumentos la valoración de esta actividad como práctica que favorece la fertilidad del suelo. El siguiente caso es J.M.A., chacarero típico que continúa la actividad del padre, con 98 ha en propiedad y 160 ha alquiladas. En su propiedad mantiene un esquema de rotación de los lotes y cada 4 o 5 años hace rotar los lotes agrícolas con pastura, la cual mantiene durante 5 años. Esto implica descansar los campos de la agricultura, producción más extractiva de nutrientes, y mantener animales en ellos, que a su vez aportan materia orgánica al suelo. Indagando en su práctica y si con ella busca resguardar su suelo, responde:

Como vengo trabajando, si sería lo contrario no tendría ganadería. La ganadería es lo que ayuda a mantener rotaciones, pasturas; si no, sería como te dije, sería todo un médano [acerca de su concepción sobre el avance de la soja. LM]. (J.M.A.: chacarero t ípico)

El siguiente caso aporta más elementos en este sentido. T.A. es un chacarero típico, fuertemente arraigado a su entorno, perteneciente a la tercera generación de productores. Su campo, luego de múltiples divisiones, es el único que se mantiene en propiedad de la familia. Trabajaba junto a su hijo únicamente 183 ha en propiedad. Allí mantenían un sistema mixto agrícola-ganadero y, además de ganadería vacuna (fundamentalmente cría), tenían porcinos. Sobre las cuestiones que venimos analizando, y en relación con su práctica, responde:

Y los suelos, para que estén en buenas condiciones, tiene que ser o no castigándolos mucho o usando buenos barbechos. La hacienda también te hace llevar a tenerlo en buenas condiciones, el cerdo también, deja bastante fertilización (…). Y estoy tratando de seguir como estoy. La hacienda, yo sé que me está dando fertilización porque se nota, las rotaciones ¿pero quién te deja una pastura 4 años, sin pasar una soja? (…)

Y lo hago un poco por las dos cosas, rotación, fertilidad del suelo, por el campo mismo, no está tan contaminado. Pero eso significa sacrificio, de tener hacienda, y estar todos los días viendo los animales, y ese sacrificio me parece que lo aguantamos pocos. (T.A: chacarero puro)

Lo que sosteníamos anteriormente, que mantener la ganadería para muchos de estos chacareros ha sido una toma de posición, se refleja en este caso en el que, además, el agente plantea la competencia de la soja y cómo se ha posicionado frente a esta situación:

-Y en relación a esto que usted me viene diciendo ¿no hay animales y sólo soja, y…?
-Porque es más fácil, es más fácil, y en 7 meses tenés la plata otra vez de vuelta. Y con la vaca no es así: tenés que estar e inclusive ni siquiera para comprar invernada que se hacia el engorde, es complicado. Ya los números son otros, no es tan fácil, y el que abandonó no vuelve más, el que abandonó el cerdo, no vuelve más (…)
-Y en esos momentos difíciles ¿qué lo llevó a aferrarse?
-Y, veía que lo otro tampoco era la salvación y en algún momento iba a dar la vuelta; y que no podía ser, y el que la mama desde que nació es muy difícil que lo hagas cambiar (…) Me gustan los animales, sí, me gusta la tierra, el campo. (T.A: chacarero típico)

En esta entrevista, el agente vincula el “amor” a la tierra con la continuidad de sus viejas prácticas y saberes, de la diversidad productiva, frente a un modelo que impone la simplificación sobre la base del monocultivo de soja. En contraposición a esta postura se presenta la razonabilidad de un devenido productor contratista, quien ha presentado una ruptura con su historia productiva de chacarero diversificado, en la que el abandono de la ganadería y la orientación al contratismo significó un replanteo de su sistema productivo hacia la monoproducción.

No sé si fue sacrificar. La decisión fue por el simple hecho de que no era rentable, porque la vaca es mucho más lento el ingreso de lo que puede ser una chacra, un cultivo, y entonces, en algún momento, vos tenías que tener, supongamos 10 ha con hacienda te producía equis pesos, y una hectárea con soja, que vos lo hacías en ocho meses cuando la vaca tenias que tenerla dos años o más, te producía tres veces más. Entonces era absurdo seguir teniendo vacas. Ese era el motivo real. (SAN: productor contratista).

Aquí vemos como el cálculo económico rige la razonabilidad de este productor. A continuación, si bien reconoce que la ganadería era un eslabón fundamental para el cuidado de su tierra, vemos que sus elecciones han ponderado el beneficio económico y la modernización.

-Sí, lo que pasa es que si uno pudiera tener
-(Interviene la esposa: “Yo todo al revés tendría”).
-Si uno tuviera una superficie como para tener de todo un poco sería ideal, por un montón de razones. Una, por seguridad, porque tener distintas cosas te da un poco más de margen de seguridad y otra por las rotaciones, porque ahí podés incluir pasturas, la vaca algunos años, después volver a rotar con otro cultivo; pero bueno, eso en superficie chica.
-Ella: Qué tristeza tener que comprar la leche en sachet, acá en el medio del campo, es tristísimo eso, ¡y horrible!. (SAN: productor contratista)

No negamos el hecho de que, con 80 ha en propiedad dividida en tres herederos, existe un condicionamiento estructural: Sin embargo, otros casos anteriormente analizados, con similares condiciones, han tomado otros caminos.

Teniendo en cuenta la postura de Giddens sobre la concepción activa de los agentes, ello nos permite explicar prácticas diferentes ante condiciones estructurales semejantes. La simplificación productiva versus el mantenimiento de la ganadería marca una diferencia entre los dos tipos de agentes –productores contratistas y chacareros mixtos-, pues la búsqueda de diversificación de ingresos ha tomado diferentes caminos. Encontramos, así, casos en los que la valoración de las viejas prácticas y saberes, y la conservación del suelo, han prevalecido frente a otros en los que estos mismos valores han sido desestimados frente al cálculo económico de corto plazo.

Retomando el análisis de los chacareros que mantienen un planteo mixto, las opiniones de estos agentes sobre el avance de la agricultura, simbolizada en el cultivo de soja, deja entrever su visión negativa sobre el modelo:

Yo lo que veo, y si salimos un poco al campo te puedo mostrar, que lo que ves es todo amarillo y soja. Y si tenemos mucha seca, como estos meses atrás, vos recorrés los campos y parece que estuvieras en un desierto (T.A: chacarero t ípico).

Esta referencia al “desierto”, en otro caso ya analizado al “médano”, así como el testimonio de A.R.R., chacarero arrendatario mixto, que manifiesta que “la soja mató todo”, grafican una concepción compartida por otros agentes, en particular aquellos dedicados a la actividad ganadera. Si bien estos productores mixtos incluyen la soja en su planteo productivo, ésta es un eslabón más dentro de una diversidad más amplia de cultivos. En ese sentido, tienen una imagen negativa del avance de la soja, la cual grafica el avance del monocultivo.

6. Consideraciones finales

Del análisis precedente se desprenden algunas conclusiones vinculadas a la razonabilidad de los agentes sociales, encontrándonos con prácticas diferentes, factibles de ser asociadas a los tipos sociales construidos, y que tienen consecuencias en el uso de los recursos naturales. Ello, a su vez, nos abre ciertos interrogantes sobre la conformación del territorio pampeano y el modelo productivo en gestación.

En el caso de los “productores contratistas” analizados, su carrera por permanecer los ha orientado a buscar la flexibilidad, característica distintiva de las unidades agropecuarias familiares, en la prestación de servicios y/o ampliando la escala de producción, potenciando su relación pragmática con los recursos naturales y priorizando en sus decisiones productivas la relación económica costo-beneficio. Ello tiene consecuencias en sus prácticas productivas, en la simplificación tanto de la diversidad productiva (desprendimiento de la ganadería y reducida variedad de cultivos) como en su relación con el uso de agroquímicos, su adopción, su falta de apertura a las críticas y hacia formas alternativas de producción. Consideramos que su condición de pluriactivos favorece la simplificación de la actividad productiva. Como resultado no buscado de su accionar, estos agentes aportan a la reproducción (Giddens, 1995) de un sistema productivo que profundiza la presión sobre los recursos naturales, transformando y modificando la naturaleza en función del interés económico. En relación con el interrogante planteado por Cloquell, referido a “el hecho que la práctica se realice en campo propio abonaría la hipótesis de que el propietario cuida más que el que no lo es” (2006:392), en los casos analizados las percepciones parecen diferir, ya que los productores contratistas declaran realizar el mismo manejo –sobre el cuidado del suelo, rotación de cultivos y uso de agroquímicos-, tanto en su campo propio como en aquellos alquilados a terceros. Nuestro análisis nos lleva a considerar que la relación de cuidado de los recursos tendría mayor correlación con el tipo de productor y su actividad económica, que con su relación de propiedad con la tierra.

El heterogéneo tipo chacarero nos planteó una amplia diversidad de situaciones. Entre ellas nos encontramos con los caracterizados como “chacareros en retracción”, pequeños productores arrinconados en su predio, que subsisten con el alquiler de la mayor parte de su tierra para agricultura o la simplificación productiva y la prestación de servicios eventuales de baja tecnificación. Ellos muestran a flor de piel las dificultades económicas que, desde la década del '90 y en adelante, vienen atravesando a los chacareros de pequeña escala. Su relación con la escasa tierra que aún les queda, urgidos por la subsistencia y siendo ésta el último recurso, no refleja en sus discursos mayores cuestionamientos a las condiciones de producción impuestas.

Sintetizamos los interrogantes de nuestra investigación en la pregunta ¿preservar o producir? Los casos analizados hasta aquí – “productores-contratistas” y “chacareros en retracción”- representan los extremos en términos socioeconómicos. En ambos, la opción más evidente es “producir”, aunque en cada tipo esta afirmación tome una connotación particular. Si en los “productores contratistas” la balanza se inclina hacia el aumento de los márgenes de productividad y la rentabilidad, en los “chacareros en retracción” pareciera existir, en quienes ceden parte de su tierra en alquiler, un desprendimiento de los recursos. Ya no son ellos quienes toman las decisiones productivas: han quedado “fuera del sistema”. Como propietarios de pequeños lotes, en un campo donde rige la regla de la escala, su capacidad de negociación es reducida, y mientras los arrendatarios “ponen todo lo que tienen que poner” para hacer agricultura, su práctica productiva se reduce a la cría de animales en pequeña escala. Su percepción de los cambios sucedidos en el agro y la utilización de insumos pareciera ubicarlos como espectadores, agentes subordinados, cada vez más extraños al nuevo modelo de producción.

En el resto del conjunto de los chacareros -típicos, arrendatarios puros, ganaderos en etapa de retiro- la respuesta a nuestra pregunta se complejiza. Imposibilitados de construir una única respuesta, a lo largo del trabajo fuimos indagando en distintos aspectos, y poniendo en evidencia algunos de los condicionantes estructurales -concentración productiva, mercado de tierras, políticas de precios, incremento de los costos, ideal de mayor control sobre la naturaleza, dependencia de los agroquímicos- que afectan a todos los productores de perfil familiar. La principal evidencia, en especial en aquellos chacareros típicos que han optado por mantener la ganadería, es la tensión permanente en la que se encuentran: entre preservar -o resguardar- los recursos naturales, evitando la explotación desmedida del recurso suelo y la excesiva utilización de agroquímicos, y producir en las condiciones establecidas. En los relatos sobre sus prácticas y decisiones productivas, por momentos plagados de críticas, dificultades, condiciones del clima, la política y los mercados, pudimos rescatar, en algunos casos de chacareros típicos, un ganadero en etapa de retiro y un arrendatario mixto, estrategias de resistencia al modelo de alto uso de insumos químicos. Decisiones que, dentro de la multidimensionalidad y multifuncionalidad de sus prácticas (Bourdieu, 2001), involucraban la elección consciente de reducir el uso de agroquímicos, de mantener rotaciones entre varios cultivos y agrícola-ganaderas. El mantenimiento de la ganadería en estos casos ha sido una toma de posición frente a un contexto adverso, con esta actividad cumpliendo un doble rol: como resguardo económico y por “conservación”.

Retornando a nuestros interrogantes iniciales, encontramos en estos agentes una mayor predisposición al uso menos intensivo de los recursos naturales, a la reducción en el uso de agroquímicos y a la crítica al nuevo modelo tecnológico. Ello no implica postular, en las actuales condiciones del campo, la factibilidad generalizable de sistemas extensivos agroecológicos –sin uso de agroquímicos-, en un contexto de un agro capitalista intensivo y orientado a la exportación. Sin embargo, aun en este contexto, creemos que los productores señalados en este trabajo como chacareros y que han decidido mantener la actividad ganadera (mixtos), podrían ser actores potenciales de diseños alternativos al actual modelo de altos insumos, porque en la práctica y con sus limitaciones, encontramos en algunos casos estrategias individuales en las que se contempla el cuidado del suelo y la reducción de insumos considerados contaminantes, poniendo en juego tecnologías agronómicas y su saber hacer, en oposición al discurso “sustentable” de las empresas proveedoras de insumos. Diferente situación es la de aquellos orientados únicamente a la agricultura: en estos agentes, la dependencia del paquete tecnológico se hace más evidente en sus discursos.

Los casos señalados como “ganaderos en etapa de retiro”, en el plano de la relación con los recursos naturales, guardan características similares a los casos de los chacareros anteriormente descriptos, manteniendo prácticas tradicionales. Sin embargo, en función de las características de su composición familiar, la posibilidad de continuidad de estos sistemas se ve limitada por el ciclo natural de vida de sus responsables y la ausencia de sucesores acompañando las labores y aprendiendo su saber hacer. Creemos que, si bien la cantidad de casos (3) no podría señalarse como representativa, dan indicios de que el aumento de la tasa de envejecimiento en la ganadería familiar podría ser una característica de este tipo de agentes.

De lo expuesto hasta el momento se desprende un interrogante, que podríamos transformar en hipótesis de una futura investigación. En función de los resultados anteriormente desarrollados, podemos presumir que, en los chacareros que han mantenido la ganadería a campo como actividad productiva, perdurarían prácticas tradicionales de producción y manejo propias de su saber hacer, que los transformarían en potenciales agentes abiertos a propuestas tecnológicas agronómicas, alternativas al modelo de altos insumos. Ello no sería menor, en un contexto de avance de los reclamos sociales contra las pulverizaciones con agroquímicos, que en muchos casos resultan en normativas municipales que establecen franjas de no pulverización. Ante esta realidad es fundamental pensar en qué agentes productivos podrían acompañar estos procesos, frente a la necesidad de replantear el ordenamiento territorial de los pueblos.

Finalmente, en referencia a la diversidad de cultivos, variable sobre la cual hemos indagado en los distintos tipos de agentes, y que es un factor fundamental en el análisis de su razonabilidad y la relación con la conservación del suelo, vale una aclaración, en un contexto particular para un cultivo fundamental en la zona como lo es el trigo. La mayoría de los entrevistados declararon mantener históricamente el trigo dentro de su sistema de rotación, aun en un contexto adverso, con políticas de control de precios que afectaban la rentabilidad del mismo. Los hechos acontecidos con posterioridad a la realización de las entrevistas reflejan una importante reducción de la superficie sembrada con trigo a nivel nacional, y que se manifiestan en los datos productivos del partido de Lobería, situación que motivó una revisión de los controles estatales. Respecto de los resultados de este trabajo, esta situación no modifica nuestras conclusiones ya que, si bien la superficie sembrada en el partido se redujo en gran medida, los datos del Ministerio de Agricultura para 2013 registran 18.250 ha sembradas con trigo. Este hecho nos abre a la posibilidad de que nuestros entrevistados hayan mantenido el trigo en su esquema de rotación. De todas maneras, aun en el caso contrario, y que ante la permanencia de las condiciones adversas hubieran abandonado el trigo en una campaña, ello no implica necesariamente que la misma se transforme en una práctica sostenida en el tiempo. Nuestra investigación se basa en el análisis de la historia productiva de los agentes, no en el registro coyuntural de una campaña, sino de las decisiones productivas que sostienen como parte de su sistema de producción.

Agradecimientos:

Este trabajo es parte sustancial de mi tesis de maestría, por lo cual agradezco a mis directores, Susana T. Aparicio y Guillermo Banzato, por el acompañamiento en este trabajo, al CONICET por el financiamiento de mi beca y al IPAF Región Pampeana-INTA por otorgarme un lugar de trabajo y abrirme la posibilidad de acceder al territorio.

 

Notas

1Para Bourdieu, “en términos analíticos, un campo puede definirse como una red o configuración de relaciones objetivas entre posiciones. Estas posiciones se definen objetivamente en su existencia y en las determinaciones que imponen a sus ocupantes, ya sean agentes o instituciones, por su situación (situs) actual y potencial en la estructura de la distribución de las diferentes especies de poder (o de capital) –cuya posesión implica el acceso a las ganancias específicas que están en juego dentro del campo- y, de paso, por las relaciones objetivas con las demás posiciones (dominación, subordinación, homología, etc.)” (Bourdieu, P. y Wacquant, L., 1995:64). El punto de vista de un agente es una construcción que realiza a partir de su posición dentro de un campo (la cual depende de su dotación de capitales, o lo que es lo mismo, poder). El conocimiento de un campo, en este caso, el de la producción agropecuaria pampeana, nos permite como investigadores analizar esta visión particular del mundo y del mismo campo. En el caso de este artículo, nos interesa indagar su punto de vista sobre la naturaleza en tanto agentes productivos, lo que los diferencia de otros puntos de vista que pudieran construirse sobre el mismo espacio por otros agentes -sean expertos científicos, agentes externos a la actividad productiva, etc.-

2En este trabajo, la tipología cumple una función instrumental a los fines explicativos. Conforme a este objetivo, hemos evitado extendernos en explicaciones sobre su construcción.

3 La encuesta fue realizada por el Proyecto de Investigación Nacional del INTA AEES 1733 denominado Caracterización integral de la pequeña agricultura familiar en las regiones NOA, NEA y Pampeana (2007-2010), con asiento en el partido de Lobería, del cual es parte esta investigación. En este proyecto, se aplicó una encuesta para la cual se elaboró un listado completo de EAPs del Partido a partir del listado de los titulares de parcelas (998 casos) según el Mapa Rural (Ediciones Mapa Rural, 2006), ante la imposibilidad de contar con otras fuentes. Por una cuestión de acceso, se tomaron únicamente aquellos titulares con domicilio en el Partido. En tal sentido, entre los meses de noviembre de 2009 y enero de 2010 se realizó un relevamiento de 91 casos de propietarios de parcelas del Partido de Lobería y se evidenció que el 50% de la muestra cedía la totalidad de la tierra en alquiler.

Sin embargo, durante 2013 aparecen en otras zonas indicios de la paulatina retirada de algunos pools de siembra y fondos de inversión que se habrían orientado a otras actividades más rentables, o limitado a la tierra en propiedad en los casos en que las poseen. Ver http://www.infobae.com/2013/04/18/706459-se-achica-uno-los-principales-pools-siembra (consultada 13/12/13). El cambio de coyuntura a partir de la reciente devaluación del tipo de cambio llevada adelante por el gobierno nacional en enero de 2014 cambia nuevamente las posibilidades de rentabilidad de estos sectores. De sus decisiones de retornar o no a la actividad dependerá, en parte, el futuro de la agricultura familiar y de los rentistas. Ver http://www.iprofesional.com/notas/181610-La-soja-se-recupera-y-la-opcin-de-invertir-en-un-pool-de-siembra-ya-rindems-que-un-plazo-fijo

4 Sobre la ponderación del riesgo climático en la toma de decisiones productivas, una investigación sobre productores pampeanos arroja como resultado que, en las zonas donde el riesgo climático no es predominante (como es el caso de Lobería), “la ecuación económica es mucho más determinante a la hora de tomar decisiones de fondo (Barsky et. al., 2008).

5 Giddens construye una mirada compleja de la acción cotidiana, en la que los agentes son considerados actores entendidos, con un registro reflexivo de sus acciones y las de los demás. Este registro supone una racionalización de la acción, que se refiere a que los agentes tienen, por rutina y sin esfuerzo, una “comprensión teórica” sobre los fundamentos de su actividad, lo cual no implica que deban expresar discursivamente estas razones, aunque potencialmente esto sea posible si se les pide. En su modelo estratificado del agente, la separación teórica de la motivación de la acción del resto de los elementos –registro reflexivo y racionalización- se debe a que ésta no se une tan directamente con la continuidad de la acción como el registro reflexivo y la racionalización. La motivación es más bien un potencial que alcanza dominio sobre la acción sólo en circunstancias inusuales, fuera de la rutina de la acción, pues en la generalidad de las acciones actúa de manera inconsciente. En relación con este último punto es fundamental la distinción que hace entre conciencia discursiva (aquello que se puede decir), conciencia práctica e inconsciente. La noción de conciencia práctica guarda un lugar esencial dentro de la teoría de la estructuración. Con ello, Giddens se refiere al conocimiento incorporado que los agentes ponen en práctica en la vida cotidiana, sin que puedan expresarlo discursivamente (Giddens, 1995).

6 Ver http://www.lanacion.com.ar/1222189-la-historia-reciente-de-un-cultivo-perseguido (consultado 3/6/2013)

7 Ver http://www.siia.gov.ar/series

8 Sobre la relación entre empresas y Estado, Bourdieu sostiene : “La competencia entre las empresas asume a menudo la forma de una competencia por el poder sobre el poder del Estado -en especial sobre el poder de reglamentación y los derechos de propiedad- y por las ventajas aseguradas por las diferentes intervenciones estatales: aranceles preferenciales, patentes, créditos de investigación y desarrollo, pedidos públicos de equipamiento, ayudas a la creación de empleos, a la innovación, a la modernización, a la exportación, a la vivienda, etc.” (Bourdieu, 2001:231-32).

9 Ver http://www.lanacion.com.ar/1222189-la-historia-reciente-de-un-cultivo-perseguido (consultado 3/6/2013).

10 Se podría argumentar que las cotizaciones en mercados internacionales se tienen en tiempo real; sin embargo, la complejidad de trámites y autorizaciones para la venta del producto son un obstáculo para el pequeño productor en la toma de decisiones cotidianas.

11 Para la reconstrucción de las condiciones del mercado de trigo y su afectación a los productores individuales, además de las entrevistas a productores y notas periodísticas, se recurrió a la entrevista de un informante clave con amplia experiencia en la comercialización de cereales.

12 La significativa disminución de la superficie implantada de trigo a la que ha llevado esta política ha motivado la revisión de este control por parte del gobierno.

13 Durante el año 2008, el intento por parte del gobierno de establecer un aumento en el nivel de retenciones a la soja desató un conflicto social sin precedentes, que culminó en la suspensión de la medida por vía del Congreso Nacional. Para un análisis detallado, ver Sartelli (2008).

14 Recordemos que, como ya fue señalado, las intervenciones de la Secretaría de Comercio en el mercado del trigo se iniciaron en 2006.

15 Sobre los efectos en la fertilidad del suelo del cultivo continuado de soja, ver Forján y Manso, 2011.

16 Incluimos aquí el caso de uno de los arrendatarios, quien sostiene un planteo mixto posibilitado por el mantenimiento de su arrendamiento durante más de 10 años.

17 Según los especialistas agronómicos, la diversificación de cultivos tiene directa relación con el mantenimiento del equilibrio ecológico del sistema. Si bien no es posible determinar a priori qué tipo de sistema es más sustentable, ya que ello depende de las características del suelo, clima, el tipo de labranza, el uso de insumos, etc., a grandes rasgos es posible advertir que, en la medida que nos acercamos a la simplificación productiva y la intensificación de la agricultura, los sistemas se vuelven menos sustentables en términos energéticos, más extractivos de nutrientes y contaminantes en términos de insumos. Para más detalle, ver Carreño y Viglizzo (2011). Por otra parte, resultados de ensayos de largo plazo (1982-1996) elaborados por la Chacra Experimental Integrada Barrow del INTA demuestran los beneficios de las rotaciones con pasturas versus situaciones de agricultura permanente (Forján y Manso, 2012. Disponible en http://inta.gob.ar/documentos/30-anos-de-experiencias.-rotaciones-y-secuencias-decultivos-en-la-region-mixta-cerealera-del-centro-sur-bonaerense/. (Consultado 5/3/2041)

18 Según lo expuesto por Basualdo (2006), las dificultades de la ganadería se inician en 1976, con las políticas de la dictadura militar. Entre 1976 y mediados de los ‘90 se produce una importante retracción del stock ganadero, frente a las ventajas relativas que presentan la renta financiera y la agricultura (se eliminan las retenciones). Esta situación continúa agudizándose en los años siguientes a causa de las retracciones del mercado externo (en 1998 aparece el llamado “mal de la vaca loca” y en el 2000 el país presenta un brote de fiebre aftosa). La postconvertibilidad trajo un nuevo empuje para los bienes agrícolas, gracias al aumento sostenido de los precios internacionales y la devaluación de la moneda interna. Más allá de los aumentos en el precio de la carne, tanto a nivel interno como en el mercado internacional, en esta etapa siguió sosteniéndose la ventaja relativa de la agricultura por lo cual, aun en condiciones de aumento sostenido del precio de la carne, el stock ganadero siguió disminuyendo. En este contexto se suceden medidas económicas de corto plazo por parte del gobierno, con el objetivo de frenar el aumento de la carne, que dadas las características de largo plazo de esta actividad, no hacen más que agravar el problema.

 

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Fecha de recibido: 23 de julio de 2014
Fecha de aceptado: 5 de marzo de 2015
Fecha de publicado: 1 de abril de 2015

 

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