Mundo Agrario, vol. 16, nº 32, agosto 2015. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Historia Argentina y Americana

 

ARTICULO/ARTICLE

 

Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra (Ayacucho, 1969).

La construcción de las identidades locales en la provincia de Buenos Aires en un contexto de transformación

 

Silvana Villanueva

Universidad Nacional del Centro
Argentina
silvana_aya86@hotmail.com

 

Cita sugerida: Villanueva, S. (2015). Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra (Ayacucho, 1969). La construcción de las identidades locales en la provincia de Buenos Aires en un contexto de transformación. Mundo Agrario, 16(32). Recuperado a partir de http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar/article/view/MAv16n32a02

 

Resumen
El objetivo de este trabajo es analizar el contexto histórico inmediato al surgimiento de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, que se celebra desde 1969 en la localidad de Ayacucho. La singularidad que adquiere esta celebración es resultado de las profundas transformaciones que signaron a las sociedades del interior rural bonaerense. Para dar cuenta de esta afirmación, haremos una breve caracterización del partido de Ayacucho, atendiendo al contexto político- económico en el que emerge la fiesta. Finalmente, nos abocaremos al análisis del origen de esta celebración y de los diferentes hechos que tuvieron lugar durante la primera celebración.

Palabras claves: Fiesta; Tradición; Estado; Propiedad; Sociedad

 

National Festival of Calf and Day of the branding (Ayacucho, 1969). The construction of local identities in the province of Buenos Aires in a context of transformation

 

Abstract
The aim of this paper is to analyze the immediate to the emergence of the NationalFestival of the calf and Err Day, celebrated since 1969 in the town of Ayacucho historical context. The uniqueness that acquires this celebration is the result of the profound changes that marked the societies of Buenos rural interior. To account for this statement, we will make a brief characterization of the festival of Ayacucho, by economic-political context in which emerges the party. Finally we will focus on the analysis of the origin of this celebration and the different events that took place during the first celebration.

Keywords:Festival; Tradition; State; Propriety; Society.

 

Introducción

Las fiestas constituyen espacios propicios para el fortalecimiento de las identidades locales. Durante su desarrollo se redescubren los sistemas de valores, se fortalece el tejido social comunitario e incluso se dejan entrever las relaciones de poder existentes en la sociedad. Este tipo de acontecimientos ha adquirido importancia para su abordaje desde la disciplina histórica; como sostiene Roger Chartier, “la fiesta ha dejado las murallas de lo pintoresco y de lo anecdótico para convertirse en un revelador mayor de los intereses, tensiones y representaciones que atraviesan a una sociedad” (Chartier en Gonzales Pérez, 2011: 19).

Durante el siglo XX, en muchas localidades del territorio argentino emergieron festividades cuyo eje central era celebrar la producción económica local. El maíz, el ternero, la flor, el caballo criollo, el trigo, entre otros, fueron algunos de los elementos elegidos por estas sociedades como objetos a ser celebrados durante el período festivo (Revista Click, 2009: 4).

En la provincia de Buenos Aires, la mayor parte de estas festividades surgieron en la segunda mitad del siglo XX. Consideramos que esto se debió a las importantes transformaciones socioeconómicas que se manifestaron desde la década del cuarenta, y que permiten hablar de un mundo rural bonaerense diferente desde la primera mitad del siglo. A nuestro entender, la realización de estas celebraciones fue un intento por dotar nuevamente de significación a elementos de la tradición rural que habían constituido las bases de la identidad local de estas comunidades.

El presente trabajo tiene como objeto de análisis la primera edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, celebrada en el año 1969 en el partido de Ayacucho, ubicado en el sudeste de la provincia de Buenos Aires. Nuestro propósito es dar cuenta del contexto histórico en que emerge esta celebración con el fin de entenderla como un indicio de una sociedad en proceso de transformación. Quienes otorgan entidad a la fiesta buscan recrear, a través de los objetos que son celebrados,un sentido de pertenencia a ciertos elementos de una tradición rural, que como se mencionó anteriormente, habrían sido fundamentales en la construcción de la identidad comunitaria en su época fundacional.

1. Los orígenes del partido de Ayacucho

El partido de Ayacucho se encuentra en la región de la pampa deprimida, definida por las características que la cuenca del Río Salado otorga a aquellos partidos que se hallan dentro de la zona de su influencia. La preponderancia de un suelo inundable, con poco drenaje y con bajo contenido en materia orgánica ha condicionado las actividades económicas que allí pueden desarrollarse y es la cría de ganado la que ocupa la mayor parte de las hectáreas que están bajo explotación (Zubiaurre, 2009). Desde sus inicios el partido de Ayacucho se caracterizó por la presencia de ganado ovino que junto al ganado vacuno fueron sus producciones más características (D’Agostino, 2012). Sin embargo, en la década del setenta del siglo XX, empezó el declive definitivo de la presencia del lanar.

Como otros partidos, Ayacucho es el resultado de la aplicación de la Ley de división de la campaña al exterior del Río Salado, sancionada en julio de 1865, que sostenía que esa parte del territorio quedaría dividida en veintisiete partidos con los límites establecidos y que el Poder Ejecutivo estaría autorizado para designar el nombre de los partidos nuevamente formados, y nombraría a los funcionarios públicos indispensables para su administración.

La necesidad de poblar ese territorio imperaba en los hacendados que tenían sus propiedades en esta área. Esto llevó a que este sector tuviera un importante accionar en los tiempos fundacionales de estas comunidades y ellos se convirtieran en los principales referentes locales, al ocupar en muchos casos el cargo de Juez de Paz. En el caso de Ayacucho, quien presidió la primera Corporación Municipal fue José Zoilo Miguens, juez de paz, hacendado y quien había tramitado la creación del partido.

Ante la falta de un centro de población fue Miguens, en su rol de Juez de Paz, quien gestionó la formación de uno, el cual fue creado en el territorio correspondiente a Ayacucho el 22 de junio de 1866.

En sus comienzos, el partido careció de autoridades propias por lo que el Poder Ejecutivo lo declaró provisionalmente adscripto al de Arenales (Ver Mapa Nº1), que también fue creado por la misma ley de 1865.

Mapa 1: Partidos de Arenales y Ayacucho, 1866

Fuente: D`Agostino, V. (2012), Expansión de la frontera y ocupación del nuevo sur; los partidos de
Arenales y Ayacucho, Provincia de Buenos Aires, 1820-1900
. Buenos Aires: Prometeo Libros.45.
Pág. 45. Resaltado propio.

 

A partir de 1866, las autoridades de Ayacucho y Arenales residieron de manera continua en el pueblo, que desde los orígenes constituyó de hecho el centro de ambos distritos. Por un decreto del gobernador Alsina de abril de 1868, se dispuso el cambio de nombre por el de Ayacucho, nombre sugerido en homenaje a la última batalla de la independencia sudamericana1.

Al igual que como ocurría a nivel nacional, la presencia del sector rural en el ejercicio de la función pública fue una característica de este período en los primeros años de existencia de la corporación municipal. Del tiempo transcurrido entre 1866 y 1886, la corporación municipal estuvo más del 70 % ocupada por hacendados (Zubiaurre, 2003:259).

Ayacucho vivió una ruptura entre el poder político y el económico de principios de siglo que devino en la apertura democrática y el ascenso del radicalismo como fuerza política gobernante. No obstante, esa ruptura tiene más que ver con las formas. Así, luego de la puesta vigencia de la Ley Sáenz Peña a partir de 1912, el radicalismo empezó a ocupar la función municipal. Sin embargo, en el caso de Ayacucho esta fuerza política estuvo fuertemente vinculada en sus inicios con el sector productor rural. Tanto es así, que durante las primeras décadas del siglo XX, los principales referentes de este espacio estaban vinculados con la actividad agrícola ganadera.2

El Partido Socialista y la Unión Cívica Radical (UCR, de aquí en adelante), dos fuerzas políticas que surgen como opositoras a nivel nacional, tuvieron una presencia efectiva en la vida política de Ayacucho desde principios del siglo XX. La primera, obtuvo sus principales partidarios en el sector urbano, principalmente entre los trabajadores y los gremios. Por su parte, la emergencia de la UCR en Ayacucho estuvo caracterizada no sólo por el acompañamiento del sector urbano sino también por una fuerte presencia del sector rural dentro de ella, sean propietarios o trabajadores, cuyos representantes llegaron incluso a trascender en cargos a nivel nacional y provincial.

Desde la puesta en práctica de la ley Sáenz Peña, puede observarse la presencia de propietarios rurales afiliados al radicalismo que se desempeñaron en distintas funciones públicas. Las razones de la presencia de este sector en la función pública se vincularon a la estructura económica y social del partido, en ese momento ampliamente signada por la actividad primaria y la amplia cantidad de hacendados que constituían una parte importante de los vecinos de la ciudad. Ayacucho era un partido casi exclusivamente agropecuario, en donde, por lógica, los ciudadanos más representativos a la hora de las elecciones fueron los integrantes más destacados de ese sector (Zubiaurre, 2003:263).

En el período comprendido entre 1930 y 1943, no se modificó demasiado la relación de los estancieros con el poder municipal. Esta década dio como corolario un periodo de transición entre un Ayacucho rural gobernado por este sector y la ocupación de ese rol por hombres de la ciudad debido a la mayor gravitación que el sector urbano fue adquiriendo (Zubiaurre, 2003: 267).

En este nuevo período la Unión Cívica Radical continuó siendo la principal fuerza política y lo fue hasta entrada la década del ochenta del siglo XX. Nuevos líderes vinculados a la ciudad conformaron las principales filas de este partido y ocuparon a lo largo de esos años la función pública. Escribanos, médicos, maestros, abogados y contadores modelaron el componente del partido radical para la segunda mitad del siglo XX. Entre sus principales exponentes se encontraron: José Antonio Barbieri (de importante gravitación en la política local a lo largo de todo el siglo XX), Agustín Moro, Oscar Albano y Alfredo Cordonnier, entre otros. De alguna manera, expresaron el cambio en el componente social de la UCR y de quienes ejercían el cargo municipal.

El surgimiento del peronismo como principal fuerza política a nivel nacional no interrumpió la continuidad del predominio radical en las urnas. A pesar de la existencia del partido peronista en Ayacucho, cuyo máximo referente por aquel entonces fue Antonio David, el radicalismo continuo imponiéndose electoralmente en la localidad.

En las elecciones dispuestas por el gobernador Mercante en la provincia de Buenos Aires para el 7 de marzo de 19483, el partido peronista se impuso en 100 de los 112 municipios (Marcilese, 2006: 156). Entre los 12 municipios restantes se encontraba Ayacucho. A nivel local, el partido peronista se ubicó en el segundo lugar detrás de la UCR. Aquí se inicia el primer mandato radical de José Antonio Barbieri. Para la elección de noviembre de 1951 esta tendencia continuó, a pesar de la incorporación del voto femenino.

Tras el triunfo electoral en 1951 del mayor Carlos Aloé en la provincia de Buenos Aires y su asunción en 1952, comenzó una política caracterizada por una mayor restricción económica e intervención de los municipios, política intensificada luego de la asunción de los intendentes electos en 1954, cuando se intervinieron todos los municipios donde había resultado ganadora la UCR (Marcilese, 2006: 164).

En el caso de Ayacucho, las elecciones habían sido ganadas por Agustín Moro, representante del partido radical. Sin embargo, en el Boletín Oficial publicado el 29 de junio de 1955, se hacía público el Decreto Nº 7006, en el cual se daba a conocer la intervención a la Municipalidad de Ayacucho argumentando un presunto movimiento subversivo y la acefalia de la administración municipal debido a la detención del intendente municipal y de la mayoría de los concejales, quienes se encontraban a disposición de las autoridades. En su lugar sería designado Aníbal Dasso.

El periodo que transcurre desde 1943 a 1955 estuvo marcado por el intervalo entre comisionados e intendentes elegidos democráticamente4.

Desde el año 1948, cuando asume la intendencia por el Partido Radical José Antonio Barbieri, hasta junio de 1966, cuando Alfredo Cordonnier renuncia a la intendencia municipal tras la destitución de su correligionario Arturo Illia a nivel nacional, el Ejecutivo municipal fue ocupado por representantes de la UCR, tanto en períodos de ejercicio de la democracia como en épocas de gobiernos de facto, con excepción de un breve lapso en el año 1955.

Como ya se mencionó, el 28 de junio de 1966 el Ejército derrocó al presidente Illia. El nuevo presidente de facto, Juan Carlos Onganía, denominó al proceso que se iniciaba como “Revolución Argentina.” El gobierno de Illia había estado signado por la presencia de dos coyunturas que de alguna manera condicionaban las bases de su poder: por un lado, la proscripción del peronismo y por otro, la presencia de las Fuerzas Armadas observando el desarrollo de sus acciones. Onganía, general del Ejército, quien encabeza la facción de los azules en su interior,5 era partidario de poner en práctica, en lo económico, un plan desarrollista e industrial, y en lo político, de la integración de todas las facciones políticas, incluso el peronismo, pero sin Perón (Lobato y Suriano, 2010: 420).

Desde el 5 de julio de 1966 hasta el 16 de junio de 1969, el General Francisco Imaz estuvo a cargo de la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Esto declaraba el gobernador sobre la “Revolución Argentina.”, en su presencia en los festejos del Centenario de Ayacucho:

Esta revolución rechaza por mezquino todo partidismo y toda división facciosa entre los ciudadanos. A nadie le pregunta por su pasado político. A todos convoca, en cambio, para una empresa de transformación y modernización que nos saque decididamente del pantano del estancamiento (Revista Correo, 19 de diciembre de 1966).

Lo sucedió en el gobierno Saturnino Llorente, quien estuvo en ese cargo hasta junio de 1970.

A nivel local, tras la destitución de Illia, el intendente municipal Alfredo A. Cordonnier renunció a su función, a la cual había llegado en octubre de 1963 como candidato electo por la Unión Cívica Radical del Pueblo.

Es propósito del intendente municipal, señor Alfredo A. Cordonnier dejar sus funciones a la mayor brevedad, consecuente con sus más íntimas convicciones y atento que su mandato no reconocía otro origen que la voluntad popular (La Verdad, 4 de julio de 1966).

Quien reemplazó al intendente saliente fue el Teniente Juan Carlos Donovan, designado por el gobernador de la provincia para hacerse cargo, con carácter Interino, del Departamento Ejecutivo Municipal6. Su presencia en Ayacucho sería muy breve ya que el 30 de julio de ese mismo año Guillermo Schoo Lastra fue nombrado Comisionado Municipal, de fundamental protagonismo en la gesta de la primera edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra.

Schoo Lastra era oriundo de Capital Federal. A principios de la década de 1960 se trasladó junto a su familia a la localidad de Ayacucho, donde tenían en propiedad un campo de aproximadamente 200 hectáreas que destinarían a la producción ganadera. En 1966, tras la intervención militar, le ofrecieron hacerse cargo del municipio y aceptó (Cordero, 2013).

Cuando Schoo Lastra asumió como nuevo comisionado, debió hacer un reacomodamiento de los cargos municipales exigido por la provincia. No obstante, muchos de los funcionarios anteriores a la intervención municipal renunciaron a su cargo (en general, por cuestiones partidarias). Un segundo problema con el cual debió lidiar fue la suspensión de los subsidios provinciales a los municipios. Por ello, era urgente hacer un “estudio de los recursos disponibles a efectos de considerar la viabilidad de las palabras proyectadas por la administración anterior”7

1966 estuvo signado en Ayacucho por los festejos del Centenario de la comunidad, cuyos principales eventos se situaron en junio y noviembre de ese año. No estuvieron exentos de la coyuntura política que atravesaba el municipio. Con el cambio de gobierno a principios de julio, la mayoría de los integrantes de la comisión de festejos, presidida por el exintendente municipal José A. Barbieri, renunció a sus funciones de manera indeclinable.

Al iniciarse el año 1967, el debate sobre el déficit de aproximadamente dos millones de pesos con que había cerrado el año anterior se erigió como la principal controversia, que enfrentó a estos exfuncionarios con el nuevo intendente. Este había decidido convocar a una Asamblea Popular el 21 de enero, con el fin de dirigirse directamente a la comunidad y explicarle lo que sucedía con el presupuesto y las obras iniciadas por la gestión anterior.

En estos dos conflictos se deja entrever un escenario cambiante para la política local. En primer lugar, el golpe de Estado de 1966 desplaza, por primera vez, tras 18 años de gobierno casi ininterrumpido y por un tiempo extendido (6 años consecutivos), a la UCR del ejercicio del poder ejecutivo municipal. Por otra parte, a pesar de los fuertes cuestionamientos recibidos, el comisionado Schoo Lastra perduró en su cargo aun cuando Francisco Imaz y el mismo Carlos Onganía debieron abandonar los suyos En tercer lugar, puede observarse la emergencia, entre quienes apostaron a la legitimidad de este nuevo comisionado y en los nuevos integrantes de la comisión de festejos del Centenario, de los nuevos actores que se sumarian a la organización de la posterior fiesta.

En el año 1967 el intendente Schoo Lastra inició las gestiones para la celebración de la fiesta en el partido de Ayacucho. La aceptación que su realización tuvo en la comunidad le permitió al nuevo intendente, de alguna manera, legitimarse frente a una comuna que en su mayoría le era extraña, y ante un sector opositor que a lo largo de 18 años había sido la única fuerza mayoritaria gobernante.

2. Cambios el interior rural bonaerense

Hacia fines de la década de 1930 comenzó un claro proceso de concentración de la tierra, por el cual las explotaciones en propiedad empezaron a predominar sobre las arrendadas. No sólo el giro hacia la ganadería y la expansión de los establecimientos mixtos habían impulsado esta tendencia, sino que la propia actividad agrícola comenzó a sentir los efectos de las economías de escala debido a la incorporación de innovaciones tecnológicas (Balsa, 2006: 117).

Estos factores también tuvieron su impacto en la distribución de la población, considerando que en el lapso que va desde 1937 a 1960, la población activa ocupada en el sector primario disminuyó en todo el país en un 40 %. El pasaje de actividades más intensivas (en cuanto al insumo de trabajo) a otras menos intensivas, con la consiguiente disminución en el empleo de mano de obra y la mecanización de las tareas agrícolas llevaron a una liberación de mano de obra (Slutzky, 1968:100-101).

La producción ganadera también sufrió transformaciones en el período que va de 1940 a 1970. Tanto la producción de ganado lanar como el ganado bovino (principales en el partido de Ayacucho) se vieron afectadas por los vaivenes de los precios del mercado internacional, las políticas económicas y los cambios en los cortes consumidos.

Entre fines de la década de 1940 y 1960, las explotaciones bajo dominio del propietario se habían casi duplicado, y reducido a la mitad las hectáreas que estaban bajo arrendamiento8.

Podemos concluir que entre 1947 y 1969 se percibe un aumento de la cantidad de hectáreas bajo explotación de sus propietarios en detrimento de la presencia del régimen de tenencia bajo arrendamiento.

Por otra parte, si bien creció el número de explotaciones y hectáreas incorporadas a la producción, puede apreciarse un pronunciado descenso en las explotaciones pequeñas (hasta 100 hectáreas) y medianas pequeñas (100 a 400). En contrapartida, se produce un incremento en las explotaciones de 400 a 1.000 y en las de más de 2.500 hectáreas. En los años mencionados se produjo una disminución de la cantidad de tierras bajo arrendamiento, un ascenso de las mismas bajo explotación del propietario y un crecimiento de la cantidad de explotaciones medianas y grandes.

Gráfico Nº 1: Evolución en el Régimen de tenencia de la tierra (%)

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Censo Nacional Agropecuario 1947, Censo
Nacional Agropecuario 1960 y Censo Nacional Agropecuario 1969.

 

Cuadro Nº1: Cantidad de explotaciones por superficie

División de la tierra
Por hectáreas

1960
(1.284 explotaciones, 632.699 hectáreas)

1969
(1.297 explotaciones,651.052 hectáreas)

Hasta 100

362 (16.065)

318 (14.624)

101 a 400

471 (111.307)

434 (101.251)

401 a 1.000

231 (146.228)

249 (155.290)

1001 a 2.500

122 (186.049)

119 (180.290)

Más de 2.500

39 (173.050)

45 (199.597)

Sin especificar

59 (no hay datos de cantidad de hectáreas)

132 (no hay datos de cantidad de hectáreas)

Estudio de situación, diagnóstico y priorización. Partido de Ayacucho, 1977.

 

2.1 La producción ganadera entre 1940 y 1970

Acabada la Segunda Guerra Mundial, se abrió una nueva perspectiva para el agro nacional, caracterizada por una creciente demanda externa de carnes y cereales y por el alza de sus precios en el mercado internacional. Por otra parte, la demanda del mercado interno también se transformó a partir de la industria frigorífica, lo que conllevó una mayor demanda de la producción ganadera.

Podemos decir que en la década de 1940 y principios de 1970, el ganado vacuno aumento sistemáticamente. Entre los factores que pueden destacarse para entender esta expansión, pueden mencionarse: el incremento de las praderas artificiales, la transformación en la composición de las razas asociado al peso del mercado interno en la demanda de carnes y a los cambios tecnológicos que se dieron en la industria frigorífica y los cambios acontecidos en la estructura agraria tras la finalización de las prórrogas a los arrendamientos (Barsky y Gelman, 2005: 337-338).

La producción ganadera bonaerense no puede desvincularse del contexto socioeconómico de la Argentina en general y sus relaciones comerciales con el mundo. Entre 1937 y 1960, la existencia de vacunos había crecido en diez millones de cabezas, cubriendo casi toda la superficie transferida a esta actividad por la agricultura y la cría de caballos en esas tres décadas, ya que los ovinos y los porcinos no registraron incrementos de importancia (Barsky y Gelman, 2005: 338).

Cuadro Nº2: Existencia de Ganado en el partido de Ayacucho

Año

TIPO DE GANADO- NUMERO DE CABEZAS


VACUNOS

LANARES

PORCINOS

CABALLARES

1937

377.188

664.523

4.854

36.571

1947

367.093

767.580

2.699

32.680

1957

393.424

663.303

2.733

17.758

1958

396.371

717.301

3.015

18.432

1959

408.100

719.300

4.200

17.900

1967

463.625

820.861

-

-

1974

541.383

484.512

-

-

Fuente: Elaboración propia sobre la base del Relevamiento del partido de Ayacucho en 1968
y Estudio de situación, diagnóstico y priorización, Partido de Ayacucho, 1977.

 

En Ayacucho, se puede vislumbrar un crecimiento del ganado vacuno estable en el período, con importantes aumentos a fines de la década de 1960 y los primeros años de 1970. En el caso del ganado lanar, se observa una drástica caída entre los años 1967 y 1974. Esta reducción de la presencia lanar en el partido de Ayacucho fue similar a lo que ocurría en el resto de la provincia de Buenos Aires considerando la diferencia de rentabilidad que existía en ese entonces en favor de los vacunos.

En 1960, de las 650.000 hectáreas productivas existentes en el partido de Ayacucho, 604.700, es decir el 93%, se dedicaban a la producción ganadera mientras que el 7 % restante (45.300) eran utilizadas para la agricultura (Amigo y Bordarampe, 1960: 1).

En la zona de Ayacucho, a principios de 1960, la raza Aberdeen Angus comenzó a ser preponderante en la producción y prácticamente alcanzó a la raza Shorthorn, la cual había dominado el período anterior. De 21.905 cabezas de Aberdeen Angus que se producían en 1937, hacia 1957 el número creció a 164.198 cabezas.

Cuadro Nº3: Presencia de ganado vacuno en el partido de Ayacucho según la raza

 

Año

 

 

Total de vacunos

Nº de cabezas

 

Razas

Shorthorn

Total de cabezas

A. Angus

Total de cabezas

Hereford

Total de cabezas

Otras

Total de cabezas

1937

377.188

302.106

21.905

48.455

4.722

1947

367.093

244.848

66.468

54.805

972

1957

393.424

169.873

164.198

54.750

4.603

Fuente: Amigo y Bordarampe, 1960, pág. 21.

 

Esta era la tendencia que se daba en la producción ganadera en general, y se debía, entre otras causas, a los cambios en la demanda de los mercados exteriores, donde se colocaba el 45 % de la producción en este rubro, y a la adaptación que tenía la raza Aberdeen Angus a las necesidades de la industria frigorífica (Barsky y Gelman, 2005: 338). A lo largo de esta década, si bien la existencia de ganado vacuno siguió incrementándose, las exportaciones de carne comenzaron a declinar, tanto el ganado en pie, cuyo proceso de decadencia venía desde antes, como las carnes refrigeradas producidas en frigoríficos, a raíz de los cambios en el mercado consumidor externo y la falta de adecuación de la producción en la Argentina. El mercado requería cortes especiales, carnes cocidas y precocidas, y productos enlatados con nuevas aplicaciones tecnológicas (Lobato y Suriano, 2000: 474).

Hacia fines de la década de 1960 la producción ganadera vacuna tiende a aumentar y la producción lanar inicia un proceso de estancamiento y retracción que se consolida a mediados de la década de 1970.

En el territorio correspondiente al partido de Ayacucho pueden observarse, en los años sesenta, tres grupos diferentes de establecimientos ganaderos, de acuerdo a la cantidad de cabezas de vacunos en ellos: en primer lugar, los que poseen de 100 a 799 vacas, con más del 89% de la población total; otro grupo, de 800 a 1.599 vacas, que representa el 7,5% del total de productores; y el tercero que agrupa tan sólo a 15 productores, esto es al 3,5% del total, y que comprende desde 1.600 hasta 4.200 vacas. Según este análisis, el segundo estrato sería el más característico de la zona de Ayacucho (Amigo y Bordarampe, 1960: 29).

Al igual que como sucedía en el resto de la provincia de Buenos Aires, la producción ganadera vacuna que se mantiene estable durante 1940 y 1970 sufre un cambio fundamental vinculado a la demanda de ese entonces. Es así que la raza Aberdeen Angus inicia un importante crecimiento en detrimento de la Shorthorn, predominante en el período anterior.

2.2 Transformaciones en la población

Al observar la reducción de la población económicamente activa en el sector primario, podemos apreciar un cambio en la estructura social rural al promediar el siglo XX.

Las migraciones a las ciudades fueron una constante en este período, estimuladas no sólo por la disminución de la cantidad de gente empleada en el campo por la incorporación de nuevas técnicas de trabajo o la transformación de un uso intensivo de la tierra a uno menos intensivo como lo es la ganadería, sino también por las mayores oportunidades que ofrecían las grandes urbes. La población rural pampeana registra en este período un estancamiento en su crecimiento. Mientras en el año 1947, en la provincia de Buenos Aires, era de aproximadamente 250 mil habitantes, hacia el año 1960, la población rural estimada era de 193.879 habitantes. Se observa una disminución de los grupos medios y la polarización de la pirámide de estratificación rural así como la emigración de los arrendatarios a los grandes centros urbanos. Es interesante observar que este descenso en la población rural se da en paralelo a la caída de la presencia del arrendamiento como principal forma jurídica en la tenencia de la tierra.

En el caso particular de Ayacucho, la población estimada a inicios de la década de 1960 era de 18.420 habitantes y hacia 1970, de 17.825. Hacia el año 1960, la población rural era de 8.568 habitantes y en 1970, de 5.779, mientras que la población urbana se incrementó de 9.852 a 12.046 en 1970. Las causas de esta importante movilidad de población hacia la ciudad han sido atribuidas a una diversidad de factores; sin embargo, hay uno, que mencionamos en el inicio de este capítulo, que puede haber sido el más importante: la crisis del sector agrario que se inicia en 1930. La agricultura había perdido la dinámica de incorporación de mano de obra de sus primeros tiempos. La mayor tecnificación alcanzada por el agro llevó a cambios en la labor rural. En el caso de la ganadería, la incorporación de la manga en la marcación del ganado permitió el ahorro de tiempo y mano de obra.

El censo de 1970 registra el mayor estancamiento en el crecimiento de la población en el partido. Las causas se buscaron en la paralización del mercado laboral, la caída de la producción, la recesión generalizada, incorporaciones técnicas, entre otras.

Por otra parte, se observan migraciones hacia la zona del sudeste de la provincia de Buenos Aires (Mar del Plata, Miramar, Necochea y Tandil) y en menor medida, a Buenos Aires y Gran Buenos Aires. En su mayoría, esta tendencia está representada por jóvenes de ambos sexos en busca de mayores fuentes de trabajo y remuneraciones (Datos del partido de Ayacucho, 1974).

El mundo rural había sufrido a lo largo del siglo XX una importante transformación; sin embargo, la gravitación del sector primario exportador en el desarrollo económico aún persistiría.

3. La Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra

La Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra fue celebrada por primera vez en mayo de 1969 pero el proceso que le dio origen se remonta a un período previo. En el año 1967 se produjo una multitudinaria celebración de la yerra en la estancia San Bernardo de los hermanos Alejandro y Ricardo Araoz, dos productores ganaderos (criadores) de Capital Federal.

La marcación de terneros no se limitaba sólo a satisfacer una necesidad de índole económica. El período de la yerra constituía, además, una celebración en la que se fortalecían las relaciones sociales propias del mundo rural de la época. Fue la yerra una de las celebraciones que, a pesar de las transformaciones sufridas en el mundo rural, perduró al menos hasta entrada la década del sesenta del siglo XX.

La yerra se realizaba en otoño. En grupos, los peones enlazaban el pescuezo y las patas del ternero y lo arrojaban al suelo. Al grito de “Aquí viene la yerra”, un peón empuñaba el hierro con precisión y marcaba cada animal en los cuartos traseros (Slatta, 1985: 73-74). Así, la yerra se convertía en un momento de sociabilización y de intercambio cargado de prácticas propias del mundo rural; era la ocasión en la que el patrón expresaba la generosidad de su persona a partir del convite, de la celebración de una fiesta donde la música y la comida ocupaban el centro de la acción, y los peones y vecinos hacían gala de sus destrezas en el baile y la jineteada.

En aquella celebración de la yerra en la estancia San Bernardo se originó la idea de que Ayacucho tuviera una fiesta. Productores ganaderos, empresarios, figuras públicas y vecinos del sector rural del partido de Ayacucho le dieron forma. Tras la firma de un petitorio en el cual los asistentes manifestaban su inquietud por la realización de una fiesta que celebrara al hombre de campo, el intendente Schoo Lastra, que había sido participe de la celebración por ser amigo cercano a los Araoz, fue el encargado de darle entidad.

En primera instancia, el objeto de esta celebración era rendir homenaje a la labor del hombre de campo, a través de los elementos característicos que, según quienes conciben la fiesta, dan cuenta de ella: el ternero y la yerra. El ternero se convierte en un objeto de celebración debido a la significación que tenía su presencia en la estancia San Bernardo.

La yerra, por su parte, era una de las expresiones más características de la ruralidad; en ella, como sostuvimos anteriormente, el hombre de campo mostraba sus habilidades con el lazo y el caballo. Pero además era uno de los eventos en el que se reafirmaban los vínculos entre los vecinos.

Las gestiones para la realización de la fiesta comenzaron en la gobernación de la provincia de Buenos Aires. En un primer momento, la idea de quienes habían firmado el petitorio era crear el “Día de la Yerra y Fiesta Provincial del Ternero”. Sin embargo, tras su paso y aceptación por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, el 17 de mayo de 1968 se decretó desde el Poder Ejecutivo Nacional la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra.

A partir de ese momento, un conjunto de ciudadanos interesados en la realización de la fiesta se nuclearon en una comisión promotora y emprendieron la realización de asambleas para las cuales solicitaban la concurrencia de toda la comunidad. El objeto de estas asambleas era conformar una comisión mayor que se encargaría de llevar adelante la organización de la fiesta.

Tras una serie de fallidas reuniones en la sede municipal, los integrantes de la comisión promotora decidieron realizar las reuniones en diferentes clubes locales con el fin de hacer público conocimiento a la comunidad y sumar adherentes para la celebración de la fiesta.

La citación se dio el 6 de febrero de 1969 en la sede del Club Independiente. La convocatoria estaba destinada principalmente a las instituciones deportivas, gremiales y culturales, a las firmas consignatarias de hacienda, productores agropecuarios y al pueblo de Ayacucho que estuviera interesado en la celebración de la fiesta. A la asamblea concurrieron más de ochenta personas. En primera instancia, el presidente de la comisión, Ángel Cordero, dio lectura a las diferentes gestiones desarrolladas que habían convergido en el decreto de carácter nacional. Luego se comentaron los actos que formarían parte de la celebración del 3 y 4 de mayo. Los asistentes a la asamblea votaron por unanimidad la realización de la fiesta y también, ante la necesidad de creación de una comisión ejecutora, eligieron que ésta estuviera conformada por los mismos integrantes que la comisión promotora9.

La fiesta se celebró por primera vez los días 3 y 4 de mayo de 1969. La emergencia de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, como ya se señaló, fue producto de los intereses comunes de funcionarios públicos, empresarios ganaderos, productores agropecuarios y otros profesionales vinculados al mundo rural (rematadores, asesores veterinarios, encargados, entre otros) y de referencia en la ciudad.

Las fiestas son una de las tantas manifestaciones del ser humano. Son un producto social y por ende su ciclo vital está sujeto a la dinámica propia de esa sociedad. La Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, no se aísla del momento histórico en el cual emerge. La sociedad de Ayacucho estaba atravesando por una profunda transformación, característica de gran parte de la provincia de Buenos Aires, en la cual las localidades pequeñas y medianas sufren un estancamiento en el crecimiento de la población, en detrimento de otras ciudades que se empiezan a perfilar como grandes centros urbanos (Gran Buenos Aires, Tandil, Mar del Plata, Necochea). El perfil económico de la región también sufre transformaciones.

En la región pampeana, la incidencia de los propietarios en la explotación directa de sus propiedades pasó de representar el 35 % de los productores en 1937 al 71 % en 1969. Por otra parte, la población activa ocupada en el sector primario se redujo en la provincia de Buenos Aires, entre 1937 y 1960, a un 51 %. La presencia de ganado vacuno aumentó sistemáticamente entre 1949 y 1970. Los factores que permitieron este crecimiento fueron, entre otros, el incremento de praderas artificiales, la transformación de la composición de las razas asociada a las demandas del mercado interno y los cambios tecnológicos que se dieron en la industria frigorífica, y los cambios en las políticas hacia el sector, entre otros (Barsky y Gelman, 2005;337-338).

Por otra parte, la intervención del municipio significó el alejamiento de la fuerza política que había gobernado durante 18 años casi ininterrumpidos a la comunidad: la Unión Cívica Radical.

3.1 La celebración

Las formas que presenta la primera celebración de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra están vinculadas al sentido que quienes organizaron otorgaron a la fiesta. Ese sentido se manifestó en el significado que adquirió el objeto que es celebrado, en los distintos momentos de la celebración, en los discursos que hablaban de la fiesta, en el lenguaje, en los símbolos, en las vestimentas que se utilizaron durante el tiempo festivo.

La fiesta se constituye como una reafirmación identitaria de las comunidades que están en procesos de transformación. Como sostiene Hugo Ratier (Ratier, 2004; 120)

Central en estas celebraciones es la actividad criollista, los desfiles y jineteadas, la comida típica centralizada en el proverbial asado. Funciona aquí un circuito redistributivo corporizado en la donación de vaquillonas por los estancieros, materia prima transformada por la baquía de los asadores vernáculos que en la alta madrugada lidian con el fuego y los costillares, o con la vaca con cuero, de importancia quizás más ritual que alimenticia, toda una prueba de fuerza para quienes la preparan. Esos servicios suelen no pagarse en dinero, sino con el acceso libre a la comida.

En el cronograma de la primera edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra se nota la significación de este mundo rural que se está celebrando. La recurrencia a los fogones populares, las destrezas criollas, el desfile tradicional, la elección de la reina, entre otros, era frecuente en las fiestas vinculadas a la producción que se realizaban en ese tiempo. Un acontecimiento inmediato a la realización de esta fiesta, y que de alguna forma será un antecedente a la celebración, es el festejo del Centenario de Ayacucho en 1966, en el cual distintos eventos, impulsados en primera instancia por una comisión encargada de los festejos del centenario y por diferentes instituciones, atrajeron la participación de la ciudadanía. El programa incluía la realización de una jineteada y la presencia de delegaciones de diferentes centros tradicionalistas, las encargadas de llevar adelante los llamados “fogones criollos en distintos lugares de la ciudad, en horas de la noche, con cantos y música vernácula” (La Verdad, 1° de junio de 1966). Se sumaban el gran desfile criollo y la elección de la Reina de la Tradición y la Reina del Centenario.

La realización de cada uno de estos eventos estaba a cargo de subcomisiones dentro de la Comisión organizadora. Cada una de ellas debía resolver cuestiones que atañían a la logística de la fiesta.

La exposición de terneros, la demostración de la yerra, las jineteadas, el almuerzo criollo conformaron los principales sucesos de la primera edición de la fiesta. Estos acontecimientos recreaban propiamente las tradicionales yerras de convite, en las que, tras finalizar la marcación de los terneros, se daba lugar a un momento de sociabilización y de intercambio cargado de prácticas propias del mundo rural.

El almuerzo criollo constituyó uno de los encuentros más esperados por los productores ganaderos, ya que allí se reunían los representantes del poder económico y político: autoridades nacionales y provinciales, productores, empresarios ganaderos, entre otros.

Muchos de los debates que allí se desarrollaron eran tenidos en cuenta para la posterior toma de decisiones referidas a la actividad rural.

La realización de reuniones específicamente orientadas a debatir la problemática agropecuaria constituyó uno de los más serios aportes de la Fiesta a la clarificación del complejo panorama en que se desenvuelve la producción ganadera10. La organización de estas reuniones estaba a cargo de la Sociedad Rural de Ayacucho.

A la par de este almuerzo se realizaron los tradicionales fogones populares, en diferentes puntos de la ciudad, organizados por los clubes locales e instituciones en general.

De aquí y de allá van surgiendo columnas de humo y la ciudad se envuelve en el grato aroma de la carne asada, mientras la multitud va tomando ubicación para el banquete gaucho (Carpeta Oficial de la primera edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra).

La jineteada era uno de los acontecimientos que se destacaron en la primera edición de la fiesta por la gran concurrencia de espectadores. Allí se manifestaban las destrezas del hombre de campo y su habilidad en el dominio del caballo. Jinetes como Ciriaco Cuevas, Juan Ángel Rúa, Rogelio Lamenza, Oscar Esteberena son algunos de los nacidos ayacuchenses que lograron su fama en esta actividad11.

Tanto en la realización de los fogones populares como en el Desfile de Carrozas se hicieron presentes con su aporte diferentes clubes locales que adhirieron a la celebración. Los principales fueron: Club Independiente, Club Atlético, Club Estudiantes, Club Social, Club Sarmiento, Club El Cardal de Solanet, Club Ferroviario, Club de Pesca, Club Defensores12. Cada una de las carrozas que presentaban estos clubes llevaba a la representante elegida por la entidad para intervenir en la elección de la Reina Nacional del Ternero y Día de la Tradición13.

En el Desfile de Carrozas se ven identificadas las principales instituciones que formababan parte del patrimonio cultural de ese entonces, ya que en él confluían las representaciones sobre la identidad de quienes organizaron la fiesta (la tradición rural) pero también se incorporaron otras representaciones con las que la comunidad de Ayacucho se identificaba en general. Participaron de él carrozas, jinetes, escolares, tropillas de caballos, delegaciones de agrupaciones tradicionalistas, clubes, colectividades, entre otras.

Es así que el desfile se convirtió en el evento por excelencia de la fiesta donde “el mundo es percibido, pues, como un escenario en el cual se actúa y del cual forman parte factores físicos y metafísicos, históricos, sociales, culturales e ideológicos” (Azor, 2001; 86).

La elección de la reina nos habla más de la sociedad moderna que de la tradición rural que se busca resignificar. Constituye el punto de encuentro entre esas tradiciones rurales que se están reivindicando y las vicisitudes de la sociedad contemporánea. La fiesta consagró y coronó a la más bella.

La elige para representar al evento, al Partido, y a una honrosa actividad, a la mujer rural, símbolo permanente de la belleza y exponente de una formación espiritual y educativa que, cada día, adquiere mayor significación14.

Como antecedente de la elección de la Reina Nacional del Ternero y Día de la Yerra, corresponde señalar que durante el Centenario de Ayacucho se había producido la elección de la Reina del Centenario y de la Reina de la Tradición. Por otra parte, los Bailes de las reinas eran típicos en los clubes de entonces. Además, un evento característico de la región era la elección de la Reina del Trigo durante la celebración de la segunda Fiesta Regional del Trigo en 1968, en la localidad de Comandante Nicanor Otamendi de la provincia de Buenos Aires.

Para la elección de la reina, los partidos “trigueros” del sur bonaerense (Ayacucho estaba considerado entre ellos) enviaban a una representante o princesa. En el caso de Ayacucho, fue elegida durante la celebración del “Baile de las Reinas” organizado por el Club Atlético. Señalamos esto porque quien fue elegida reina de la primera edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra había sido proclamada en 1966 Reina del Centenario de Ayacucho y en 1968, princesa de la Fiesta Regional del Trigo en Otamendi15.

La Exposición de terneros de destete y la Exposición industrial, comercial y artística tuvo también un lugar preponderante en el desarrollo de los festejos. Estas exposiciones estaban directamente vinculadas a lo económico, ya que en ellas se presentaban los resultados de las actividades económicas de Ayacucho y la región. La Exposición de Terneros de Destete fue realizada por la Sociedad Rural de Ayacucho, en adhesión a la fiesta. Allí, se procedía a la premiación de los expositores y era un lugar por excelencia para la comercialización del ganado.

En la exposición participaron los principales criadores de las razas vacunas Aberdeen Angus, Hereford, Shorthorn y Holando Argentino de la región. Esta exposición resultó ser la primera exposición de terneros de destete de Ayacucho, en la cual se presentaban terneras de cría, machos para invernada y gordos de “excepcional calidad”16.

La quema del Monumento Pirotécnico al Ternero fue el acontecimiento final de la celebración. La idea de su realización fue tomada de los festejos de las fallas valencianas que año tras año se recreaban en la ciudad de Mar del Plata.

En el momento de la celebración de esta primera fiesta se observa el discurso dominante de una sociedad que se construyó, se desarrolló y se involucró en el mundo a partir de los productos que surgían del mundo rural.

Así concluyó la primera celebración de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, caracterizada por quien era presidente de la comisión como

(…) mucho más que un simple encuentro popular: es la manifestación espontánea y entusiasta de todo un pueblo que convive con lo tradicional y en donde la tarea rural cotidiana pasa a ser durante esos días una explosión de autenticidad y criollismo (Cordero, 1996).

Consideraciones finales

En este artículo hemos abordado el contexto histórico en el cual emerge una de las festividades características del sudeste de la provincia de Buenos Aires, la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra. Como otras fiestas que emergen en esta provincia, los elementos que en ella se celebran se vinculan con la producción económica característica de la localidad.

¿Por qué se celebra el objeto que es celebrado? ¿Quiénes son los que han significado ese objeto? ¿Quiénes son los que piensan la fiesta? ¿Toda la comunidad significa de igual manera los objetos que son celebrados? Estos son algunos de los interrogantes que nos planteamos para el análisis del contexto histórico previo a la realización de la fiesta. La Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra nace en una particular coyuntura política, social y económica que afectaba no sólo al partido de Ayacucho en particular sino a la Argentina en general. A nuestro entender, quienes piensan la fiesta son parte de ese mundo agrario que estaba transformándose y por ende, en esa celebración intentan plasmar sus representaciones sobre la realidad, siendo los elementos de la tradición rural parte identitaria de ellas.

Desde sus inicios la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra fue entendida como una de las expresiones más categóricas de las tradiciones propias que hacían a la identidad local. La tradición se recreaba a partir de la participación de la comunidad en diferentes actos, como la declaración de la yerra, la participación en peñas de música folclórica, la asistencia al desfile en el que convergían las expresiones de la cultura local, la elección de la Reina de la fiesta, la presencia de fogones populares y ferias, entre otros. Estos acontecimientos, muchos de carácter simbólico e incluso ritual, permitieron significar un conjunto de prácticas propias del agro pampeano, como el comensalismo presente en las yerras de convite o las destrezas criollas características de la actividad del hombre de campo, en toda la comunidad de Ayacucho, inculcando ciertos valores y legitimando ciertas instituciones y sectores de la sociedad.

Ese mundo rural sufrió importantes transformaciones en la segunda mitad del siglo XX, impulsadas sobre todo por la cambiante coyuntura internacional, la crisis institucional que atravesó el país y los consecuentes cambios en las políticas económicas desarrolladas por los distintos gobiernos. El campo no volverá a ocupar en este período el lugar de privilegio que ocupó a fines del siglo XIX y principios del siglo XX (Gerchunoff y Llach, 2007).

En el caso particular de Ayacucho, en la década del sesenta se registra por primera vez un estancamiento en el crecimiento demográfico, como también un importante movimiento de población del sector rural al urbano y desde este a otros destinos de la provincia de Buenos Aires que brindaban oportunidades de empleo y desarrollo profesional.

También en este periodo se profundiza el proceso tendiente a la mayor presencia de los propietarios en la tenencia de la tierra, en detrimento del sector arrendatario, y por otra parte, la consolidación de explotaciones medianas y grandes. En cuanto a la existencia del ganado vacuno, tendió a mantenerse estable a lo largo de la década del `60, aunque a principios de la década del `70 empezó a crecer, mientras la presencia de la producción lanar inició su ocaso.

Políticamente, la Unión Cívica Radical de Ayacucho, que había gobernado la ciudad durante 18 años consecutivos (salvo pequeñas irrupciones mencionadas en el artículo), es apartada de la función del Ejecutivo municipal tras el golpe de Estado de 1966, con sus consecuentes intervenciones provinciales y municipales. El nuevo comisionado municipal, cuya presencia se extendió a 1972, debía legitimarse frente a una comunidad de la cual no era oriundo y en la que la Unión Cívica Radical, principal fuerza opositora, ejercía una fuerte gravitación.

La Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra irrumpe en esta coyuntura histórica. En la actualidad continúa celebrándose. Sin embargo, la esencia con la que la dotaron aquellos productores rurales que celebraban la yerra en la estancia San Bernardo se ha visto modificada. La sociedad se transformó y la significación de los elementos que son celebrados también. La fiesta se convierte, entonces, en un elemento de fundamental importancia para enriquecer nuestros conocimientos sobre las sociedades, sobre los cambios y las continuidades que en ellas se perciben en cuanto a su dinámica interna, sus sistemas de valores, sus tradiciones, la conflictividad social y las relaciones de poder que las atraviesan en un determinado momento de su historia.

 

Notas

1Comisión Municipal de Cultura, 1962.

2Desde la puesta en vigencia de la ley Sáenz Peña, puede observarse la presencia de propietarios rurales miembros del radicalismo que se desempeñan en distintas funciones públicas: Pedro Solanet, Tiburcio Bavio, Bernardo Hargoués, Ramón Zubiaurre, Juan Ángel Allende, Emilio Solanet (Revista Vida Agraria, 1928).

3El acta de actuación notarial en la que se registró el resultado del escrutinio en el partido de Ayacucho, sostiene que las elecciones se realizaron el 14 de marzo de 1948 (Actas de actuación notarial, Folio 27, 1949).

4El Comisionado Municipal fue una institución jurídica constante a lo largo del siglo XX debido a la inestabilidad política que se sucedía a nivel provincial y nacional.

5 El Ejército estaba dividido en dos bandos opuestos: los legalistas (azules) y los antiperonistas (colorados). El eje de la cuestión giraba en torno a la proscripción del peronismo y a la participación del Ejército en el devenir político. El sector colorado afirmaba la necesidad de continuar con la proscripción del peronismo mientras que el azul creía que la asociación de peronismo con comunismo “era demasiado simplista y que dada su tradición nacional y conciliadora, el peronismo podía incluso aportar algo al frente anticomunista” (Romero, 1994: 198) Esta facción tenía como objeto una salida democrática apegada al respeto por las instituciones.

6 Diario La Verdad, Ayacucho, 14 de julio de 1966.

7 Diario Nueva Era, Tandil, 3 de febrero de 1967.

8En Ayacucho había, a fines de 1930, alrededor de 1.287 explotaciones agropecuarias. De ellas, 372 estaban bajo propiedad del productor y 868 bajo distintos tipos de arrendamientos (Censo Agropecuario Nacional, 1937). En 1947, la cantidad de explotaciones en producción era de 1.205 (642.937 hectáreas), estando bajo explotación del propietario 313 explotaciones (229.444 hectáreas) y bajo arrendamiento 695 explotaciones (294.937 hectáreas). El resto de las explotaciones se encontraba bajo producción mixta (Censo General de la Nación, 1947).

El censo de 1960 registra unas 1.284 explotaciones (632.699 hectáreas). La superficie en propiedad del productor era de 426. 810 hectáreas y la arrendada a particulares era de 163.810 hectáreas.

Para fines de la década de 1960 estas cifras habían cambiado. Existían en ese momento 1.297 explotaciones que alcanzaban en su total 651.052 hectáreas. De estas, 451.804 hectáreas estaban bajo explotación de los propietarios y 152.115 hectáreas se encontraban bajo explotación de arrendatarios (Censo Nacional Agropecuario de 1969).

9La comisión ejecutora de la fiesta, a pesar de algunas modificaciones, quedó finalmente conformada por Ángel Saúl Cordero (presidente), Remigio Ruiz (vicepresidente), Rubén Yanonne (secretario) y Hernán Naveyra (tesorería). Los vocales fueron Carlos Miramont, Alberto Bioca, Rubén Alonso, Emilio Eijo, Marcelo Badie, Víctor Ravalli y Luis Trelaum (Revista Oficial de la Primera Edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, Año 1, Ayacucho, 1969).

10 Revista Oficial de la Primera Edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, Año 1, Ayacucho, 1969.

11 Diario La Verdad, Ayacucho, 25 de abril de 1969.

12Revista de la Primera Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, 1969. (La Verdad, 1968)

13La Verdad, 14 de marzo de 1969.

14Revista de la tercera edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra

15Diario La Verdad, 22 de febrero de 1968.

16Revista oficial de la Primera Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, 1969.

 

Fuentes

Actas de actuación notarial (1949-1952). Archivo Municipal de Ayacucho.

Actas de Reunión de la Comisión Ejecutora de la Fiesta, Libro 1, 1969.

Álbum del Centenario de Ayacucho, 1966.

Autoridades desde la fundación de Ayacucho, 1979. Museo Histórico Regional de Ayacucho.

Carpeta de la Primera Edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, Asociación Civil Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, Ayacucho.

Carta del intendente municipal Guillermo Schoo Lastra al Subsecretario de Asuntos municipales. Ayacucho, 2 de abril de 1968.

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Censo Nacional Agropecuario 1947

Censo Nacional Agropecuario 1960.

Censo Nacional Agropecuario 1969.

Censo Nacional de Población 1970.

Cuadernos de Actuación notarial 1949

Cuadernos de Actuación notarial 1952

Datos del partido de Ayacucho, INTA (sin fecha)

Informe de la Comisión municipal de Cultura, 1866, 22 de junio - 1962, Ayacucho.

INTA Ayacucho.

Empadronamiento Agropecuario Nacional, Cifras provisorias Ayacucho. Secretaria de Estado de Agricultura y Ganadería. Dirección General de Economías Agropecuarias, Ayacucho, 1965.

Prensa

Diario La Verdad, Ayacucho. Años 1966, 1967, 1968, 1969.

Diario La Verdad, Ayacucho. Edición especial Año del Libertador General San Martin, 1950.

Diario Nueva Era, Tandil. Enero - febrero de 1967.

Revista Correo, 19 de diciembre de 1966.

Revista Oficial de la Primera Edición de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, Año 1, Ayacucho, 1969.

Revista Oficial de la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, Ayacucho, Año 5, 1973.

Revista Vida Agraria, septiembre de 1928. Año III Nº 3, Buenos Aires.

Testimonios orales

Entrevista a Ángel Cordero, Ayacucho, julio de 2013.

 

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Fecha de recibido: 26 de marzo de 2015
Fecha de aceptado: 1 de julio de 2015
Fecha de publicado: 1 de agosto de 2015

 

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