Mundo Agrario, vol. 8, no 16, primer semestre de 2008 - Caballero; Lapalma; Otero; Ramrez y Romo
Mundo Agrario, vol. 8, nº 16, primer semestre de 2008. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios Histórico Rurales

Artículo/Article

Dossier: Historia agraria y recuperación de la memoria local, Gualeguaychú (Entre Ríos) / Dossier: Agrarian History and recovery of local memory, Gualeguaychú (Entre Ríos)

Incidencia de la mecanización agraria en la estructura comercial local entrerriana. La Ferretería "Irigoyen" de Gualeguaychú, 1953-1960

Mechanization incidence on local entrerriana agriculture on commerce structure. The "Irigoyen" hardware of Gualeguaychú, 1953-1960

Carlos Caballero; Vanesa Lapalma; Cintia Otero; Eduardo Ramírez; Ricardo Romo

elvagon47@hotmail.com
vanelapalma@yahoo.com.ar
cyntya2482@hotmail.com
guaioramirez@yahoo.com.ar

Resumen
Este trabajo de investigación estudia la incidencia en la estructura comercial que produce la mecanización del campo, impulsada desde el gobierno nacional en la mitad del siglo XX. Las demandas de los productores de la zona de Gualeguaychú, Entre Ríos, provocan el esfuerzo del comercio local por satisfacerlas. Muestra clara de este proceso es el desenvolvimiento desarrollado por la firma "Ferretería Irigoyen", debiendo adaptarse a los nuevos tiempos. El análisis de la documentación del comercio, de los diarios locales y del testimonio oral, nos permite reflejar el impacto que causó la transformación agropecuaria en la estructura comercial de la firma.

Palabras claves: Agro. Mecanización. Comercio. Políticas públicas. Entre Ríos. Gualeguaychú. Peronismo. Desarrollismo.

Abstract
This work of investigation studies the incidence on the commerce structure that produced the mechanization on the country, impulsed since the national government at the half of the XX century. The demands of the Gualeguaychú, Entre Ríos, producers provoked a local commerce effort to satisfy it. A clear proof of this process is the progress development of the "Ferreteria Irigoyen", which had to adapt itself to the new times. The analysis of commerce documentation, local newspapers and oral testimonies allows to reflect the impact that cause of agropecuarian transformation on the commercial structure of the firm.

Keywords: Agro. Mechanization. Commerce. Public policies. Entre Ríos. Gualeguaychú. Peronism.


1. Introducción

Durante la década del 50' la República Argentina debió reorientar su economía. El gobierno impulsa, nuevamente, el campo como base del desarrollo y realiza acciones que permitieron revitalizar el sector, a través de lo que, históricamente, se dio en llamar "la mecanización del campo".

Las políticas de Estado fueron acompañadas por reestructuraciones en los sectores privados, que se adaptaron a los nuevos tiempos; y nuestra región no estuvo ajena a esa realidad, ya que todas las áreas dinámicas de la economía zonal acompañaron el proceso. Caso característico de esta situación es la "Ferretería Irigoyen", objeto de la presente investigación que analiza la incidencia que tal mecanización agraria tuvo en el negocio.

La extensa trayectoria de la ferretería, fundada en los primeros años de la década del 20' , motiva el interés de abordar su estudio, especialmente, porque se ha distinguido en adecuarse a las exigencias del mercado. Además, la década tratada marca un hito en los procesos económicos de nuestro país, proporcionando un momento histórico de relevancia tal que amerita ser estudiado.

El campo historiográfico desde el cual se analiza es el político-económico, dado que no se pueden comprender dichos cambios fuera de estos ámbitos académicos y, al mismo tiempo, permite un acercamiento científico que posibilita desentrañar los sucesos producidos.

Es de destacar que el tema elegido nunca ha sido tratado en la historia local, salvo por referencias secundarias en algún trabajo monográfico o en artículos periodísticos.

Interesa determinar si el modelo político-económico, implementado desde el gobierno, produjo un cambio estructural en la "Ferretería Irigoyen". Teniendo presente que los efectos de una política estatal influyen, muchas veces indirectamente, en diversos sectores de la estructura económica, es factible que la demanda del campo, por adaptarse a las nuevas reglas del juego, haya impuesto a la firma la necesidad de desarrollar tales cambios.

Durante el transcurso de la presente investigación se consultaron diversas fuentes, orales y escritas, tales como periódicos locales, documentación inédita del comercio en cuestión, además de bibliografía y revistas especializadas.

2. Cambios y permanencias en la política económica nacional y provincial durante la década del 50'. Mecanización del campo

Durante la década de 1950, en consonancia con el crecimiento mundial, los gobiernos de América Latina decidieron impulsar nuevas políticas de desarrollo económico. Estuvieron motivados por el fracaso de la idea decimonónica del progreso indefinido de la modernidad y del Estado Interventor, en sus diversas formas, como respuesta que el sistema económico mundial necesitaba tras el crack del año 29'. El desarrollo económico y la necesidad de la Argentina de insertarse en el nuevo mercado mundial se convirtieron en prioridades en las políticas de Estado.

En este contexto surge una nueva teoría económica: el "desarrollismo", una estrategia ofensiva de renovación de los modos de producción, común a las ideas de los hombres de Estado. La urgencia por el "desarrollo", en lugar del "progreso", sería compartida por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y por la Alianza para el Progreso lanzada desde los EEUU.

En Argentina se iniciaba una incipiente recuperación del sector agrícola, después de las sequías de 1950 y 1952. Además, el gobierno apostó a la posibilidad de un nuevo conflicto internacional, dado el crítico escenario de Corea, que abriría nuevas posibilidades de exportación vacuna y cerealera como lo fue durante las otras conflagraciones mundiales. "Las inversiones agropecuarias pampeanas aumentaron sustantivamente desde comienzos de la década del cincuenta, estimándose que la inversión bruta real fija en la explotación agrícola-ganadera aumentó más del doble en esta década" (Barsky y Gelman, 2005: 301).

Pero, la irrupción en el mercado mundial de la producción granífera de Estados Unidos y Canadá provocó la caída de los precios internacionales de estas materias primas, perjudicando a los sectores dedicados a su producción. Ante esta situación la Argentina debió modificar nuevamente su rumbo en materia económica y volcarse hacia una política más liberal, dejando de lado aquel férreo concepto interventor del Estado, reflejado en la política peronista que pregonaba la "vuelta al campo" en el segundo Plan Quinquenal.

Para poder concretar la reestructuración se necesitaba una mecanización agropecuaria, el esquema a resolver era si se realizaría a través de la importación de maquinarias y/o del estímulo a la fabricación local. El Estado optó por medidas que facilitaran la radicación de fábricas de implementos agrícolas como Deutz, Fhar y Hanomag de capitales alemanes, como así también la firma Fiat, la cual comenzó importando tractores en 1951 para luego, en sociedad con otra firma francesa, fabricarlos en el país.

La vuelta al campo significó la revitalización de la estructura del sector, tanto con la organización de sindicatos agrarios y cooperativas de productores agropecuarios como con la rápida mecanización que el sector necesitaba, impulsada por el gobierno peronista para poder lograr con éxito su Segundo Plan Quinquenal y la consolidación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (I.A.P.I.).

Al caer el Peronismo, el nuevo gobierno de la Revolución Libertadora con el general Eduardo Lonardi primero y, luego, el general Pedro Eugenio Aramburu, buscan el consejo de Raúl Prebisch "[...] quien sugiere dar prioridad al aumento de ingresos provenientes del sector rural, modernizar la infraestructura, incentivar la explotación de combustibles e integrar la estructura industrial" (Girbal-Blacha, 2006).

El desarrollo de la economía argentina se daría, a partir de ese momento, por un lado, con la producción diversificada de alimentos y materias primas y, por otro, generando excedentes exportables que contribuyeran a fortalecer su capacidad de pago externo. De esta forma podría abastecerse de materias primas, bienes intermedios, maquinarias y equipos a una industria en expansión que requería incrementar su capacidad productiva.

El reposicionamiento del sector rural, en la economía nacional, coincidió con la ocupación de casi la totalidad de las tierras disponibles en la zona pampeana. Esto implicaba un crecimiento de la producción, que ya no podía ser expansivo sino a través del aumento de los rindes por hectárea, aplicando el cultivo intensivo por medio de la incorporación de tecnología moderna e insumos en las actividades rurales.

La factibilidad de esa producción dependía de dos factores principales, por un lado un régimen institucional e impositivo que generara un comportamiento del empresario rural compatible con el proceso de los cambios tecnológicos y de capitalización; por otro, una estructura de precios relativos al agro que asegurasen una rentabilidad lo suficientemente elevada y estable como para inducir el proceso de transformación agropecuaria.

Como consecuencia, en ésta década se pasó de unos 600 millones de dólares a 1000 millones de dólares en exportaciones anuales, gracias a la mecanización del agro. "Entre 1955 Y 1960 la inversión ascendió al 17.7 % del ingreso agropecuario bruto, y esta recuperación del sector, cuya expresión es el comienzo del desarrollo agrícola de 1953, obedeció a una expansión de la acumulación que en gran medida se tradujo en inversiones en maquinarias" (Barsky y Gelman, 2005: 331-332).

Pero, no sólo la implementación de medidas y herramientas económico-financieras posibilitaron el crecimiento y modernización del campo, también desde el Estado se impulsó la creación de instituciones que impulsaron el sector, como la creación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) hacia 1957.

Durante este período se registró una duplicación de la existencia de maquinarias agrícolas en la pampa con nuevos y más potentes modelos que, junto con la disminución de la necesidad de utilizar equinos para el trabajo del campo, permitieron la liberación de tierras productivas.

A su vez, la aparición de maquinarias que necesitaban menos operarios resolvió el problema suscitado por la expulsión de mano de obra, generada por la disminución de la superficie cultivada; pues el "[...] proceso de mecaniza­ción señalado eliminará operaciones como la recolección manual, el embolsado, el transporte y la estiva de las bolsas y otras, que implicaban un alto número de operarios" (Barsky y Gelman, 2005:333-334).

Este cambio fue impulsado no sólo en Argentina, cuyo momento culmine fue durante la presidencia de Arturo Frondizi, sino también en Brasil con Juscelino Kubitschek y en México con Luis Álvarez Echeverría, quienes experimentaron diferentes estrategias desarrollistas, y cuyos objetivos eran la promoción de las industrias de base (energía, acero, química, maquinarias), el autoabastecimiento de petróleo, la tecnificación del agro, la incorporación de capitales extranjeros que ampliarían las industrias y la integración social y regional.

Durante esta época, los cultivos aumentaron sus rindes pero los problemas del manejo de suelo por el proceso de mecanización del trabajo en el campo produjeron un crecimiento más lento que el previsto.

Mientras tanto, en la provincia de Entre Ríos, durante la gobernación de Héctor Maya (1946-1950), se privilegió la producción frigorífica y la comercialización de cueros y pieles a través de la creación de la EMEC (industria mixta entrerriana). Por otra parte, también se incrementó la agricultura, especialmente a través de la política peronista de expropiación, estableciendo colonias oficiales como en Perdices, Costa Uruguay Sur, Pehuajó Norte y Tatuti, adjudicándose 473 propiedades que albergaban 4.021 habitantes de origen argentino, ruso, italiano, español, alemán y otros. En ellas se promocionó la instalación de viveros experimentales para llegar a mejorar los rindes de producción y propiciar nuevas variedades fruti-hortícolas y oleaginosas. Los inmigrantes que llegaron a la provincia luego de la Segunda Guerra Mundial pudieron adquirir 400 propiedades gracias a la ley Nro. 3.430 que estimuló la creación de cooperativas, que estaban exentas de todod tipo de impuesto, tasa, derecho, sellado creado o a crearse. En otro orden, durante estos años se logró terminar con la plaga de la langosta gracias al esfuerzo del gobierno y de la Dirección de Lucha contra las Plagas, creada en 1948, que contó con el auxilio de aviones, helicópteros y personal del ejército.

Durante el gobierno de Ramón Amancio Albariño (1950-1952) se propició y logró la sanción y promulgación de diversas leyes, preferentemente en el área agrícola-ganadera, base de la estructura económica provincial. También se promovieron actividades agropecuarias, continuando con la política agraria del gobierno provincial saliente y en consonancia con la del gobierno nacional, mediante la colonización oficial otorgando tierras a agricultores para mejorar y aumentar la producción, como así semillas de trigo, lino y maíz a bajos costos. Se apoyó la formación de cooperativas y asociaciones mixtas, se liberó de todo impuesto provincial a los contratistas que habían acordado préstamos con el Banco de Entre Ríos. "Con el fin de promover el sistema cooperativo se legisló la enseñanza obligatoria de cooperativismo en las escuelas. Asimismo se creó una comisión central encargada de estimular la formación de cooperativas escolares de consumo" (Arozena, 1991:232). Se crearon escuelas y viveros de olivicultura y fruticultura en diversas zonas de la provincia.

El gobierno de Felipe Texier (1953-1955) continuó el impulso a la economía provincial. Se sancionó la Ley 3926, del 6 de octubre de 1953, en la que se establecía que todos los propietarios de máquinas trilladoras, cosechadoras y máquinas desgranadoras quedaban exentas del pago de impuestos y además se coordinó con el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación la lucha contra las plagas. Se continuó con la construcción y mejoramiento de nuevas rutas asfaltadas para facilitar la salida de la producción.

Mediante la ley del año 1952 el Banco de Entre Ríos fue transformado en una sociedad mixta y extendió su capital de 10 a 50.000.000 de pesos. La mitad de ese capital fue aportado por el Estado Provincial y la otra mitad por productores, comerciantes e industriales de toda la provincia. [...] En el departamento Gualeguaychú se instaló un vivero y un arrozal experimental, donde se seleccionaban y producían semillas para entregar a los productores" (Arozena, 1991:234-246)

Luego de la Revolución Libertadora , después de tres años de intervención del gobierno nacional, con Manuel María Calderón a cargo del Ejecutivo provincial, triunfa la fórmula de la Unión Cívica Radical Intransigente, compuesta por los doctores Raúl Uranga y Julio Fernández, cuyo período comprendió los años 1958 a 1962. Su plan de gobierno abarcó tres aspectos fundamentales: colonización, caminos pavimentados e industrialización. Con respecto al primero, se creó el Consejo Agrario mediante el cual se adquirieron tierras para formar colonias agrícolas y granjeras. Mientras que en los otros dos aspectos desarrolló "[...] proyectos tendientes a transformar la economía agropecuaria en industrial y a terminar con el aislamiento del territorio por medio de comunicaciones rápidas y seguras [...] Se ensaya introducir el cultivo de la remolacha azucarera para su posterior industrialización, adquiriéndose las maquinarias para fabricar azúcar" (Bosch, 1991:291-292), pero este proyecto se frustró debido a los intereses de otras compañías del ramo. Este gobierno fue truncado tras el derrocamiento de Frondizi, mediante una nueva intervención nacional a la provincia.

3. Ferretería Irigoyen

La Casa "Francisco Irigoyen" fue inaugurada el domingo 1ro. de julio de 1923,(1) ubicada, desde su fundación, en su actual emplazamiento de Avenida Rocamora y Olegario Víctor Andrade. Durante sus primeros años estuvo dedicada a la venta de artículos de almacén, neumáticos, lubricantes, máquinas agrícolas y combustibles.

Se mantuvo sin demasiados cambios hasta que, en 1939, don Francisco, invita a don León Ireneo Castiglioni, para formar una sociedad, puesto que el señor Irigoyen se radicaría en la ciudad de La Plata tras su boda. Para aceptar, puso como condición que dos empleados, que trabajaban desde los primeros tiempos en la empresa, también participaran en la sociedad, pero como estos no tenían capital para participar, don Francisco les facilitó el monto. En definitiva, había aportado el 90 % del capital, pero sólo pretendía el 50% de las utilidades.

De esta manera, como lo comunica un periódico local de la época,

"[...] se ha constituido en nuestra ciudad una sociedad comercial [...] y de la que forman parte como integradas de la misma, el señor León I. Castiglioni, que a la vez será gerente, y los señores Juan Rabachino y Manuel Isola, estos dos últimos en carácter de socios secundarios, continuando el señor Francisco Irigoyen en carácter de socio principal" (El Censor , 1939).

Al formalizarse la nueva sociedad se realizaron cambios internos, llevados a cabo por el señor León Ireneo, quien inicialmente trabajaba en la ferretería "Garbino" y luego se desempeñó como gerente en "Goldaracena Hermanos". Debido a su experiencia y conocimientos adquiridos en sus anteriores empleos, realizó modificaciones en la estructura del negocio, transformando el rubro almacén y expendio de combustible por el de ferretería, pinturería e implementos agrícolas. Luego de haber concretado la sociedad, Don Francisco, se trasladó en forma definitiva a la ciudad de La Plata.

Diez años después, el 1ro. de julio de 1949, se asoció a la firma Ángel María Marotte, que hasta ese momento era empleado de la casa. Esta tradición se mantuvo pues, en 1954, luego de que se retirara Manuel Isola, se sumaron dos nuevos trabajadores: Félix Telmo González y Enrique Guillermo Castiglioni, quien le agregó los rubros de electricidad, bazar y pesca. De este modo se incrementaron las actividades, a tal punto que llegó a tener hasta nueve empleados en tareas importantes, como la campaña al campo,

"pues era habitual [nos referencia Enrique Castiglioni] que la gente reservara en el mes de julio-agosto la cantidad de combustible, de aceite y de grasa que necesitaba para su explotación agropecuaria, especialmente en la parte agrícola, para lo cual se utilizaban tambores de 50, 100 y 200 litros . Los productos eran de la firma 'Ultramar S.A.', de capitales argentinos, que tenía una destilería en Dock Sud, de la cual éramos agentes; cuyos productos eran 'Mobiloil' y 'Mobilgras'. Esta empresa para esta época ya pertenecía a YPF tras la expropiación realizada durante el gobierno de Perón" (Castiglioni, 2006).

Hacia los años 1952-53 comenzó la preocupación por mejorar las condiciones de trabajo en el campo e implementar las nuevas tecnologías agrícolas que se venían desarrollando en otros países como Canadá, Inglaterra y Estados Unidos, con la finalidad de aumentar el rinde de las producciones del agro. Por esa época, el periódico local informaba que con Italia se había logrado

"[...] un acuerdo comercial firmado entre los dos países en 1952 que expira el 31 de diciembre de 1958, estipula la entrega de maquinarias italianas con un valor de 75.000.000 de dólares a cambio de trigo argentino cuyas entregas se efectuarán en un período de seis años. Este intercambio se realiza aparte del comercio anual corriente entre las dos naciones." (El Argentino , 1955: p. 1)

Se puede advertir, en esta actividad comercial, como el gobierno ha implementado políticas en pos de la transformación y desarrollo del sector agrícola. A su vez, el Ministerio de Hacienda de la Nación informaba la adquisición por parte del Estado de repuestos de maquinarias agrícolas por el valor de casi un millón de pesos: "el ingreso de estos repuestos al país resulta de suma importancia para el progreso y desarrollo de nuestro agro [...]"(El Argentino , 1955:1) Pues, según Castiglioni, aquí "[...] se estaba trabajando, todavía, en la parte agrícola con arado de mano, arados y cosechadoras tiradas a caballo, hasta que aparecieron las cosechadoras automotrices que ya eran autopropulsadas" (Castiglioni, 2006). De esta forma, se modifica la estructura y surge la necesidad de adaptarse a las nuevas tecnologías en el trabajo agrario, requiriéndose ahora otro tipo de trabajador, con mayor conocimiento de las nuevas técnicas y las nuevas funciones operarias. Las máquinas necesitaban para su funcionamiento un mínimo de 5 personas: el que manejaba, el que tomaba el grano y lo embolsaba, dos cosedores y el aguatero.

El gobierno peronista había centralizado la actividad agrícola a través de su institución principal, el IAPI, que no sólo comercializaba toda la producción agropecuaria sino, también, vendía en forma exclusiva las bolsas que utilizaban para guardar la cosecha. Esta función contaba con el respaldo del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación. Tal esquema de relación entre Estado y mercado deja de funcionar al asumir el gobierno la Revolución Libertadora.

El intento de realizar la vuelta al campo, iniciada en el segundo gobierno de Perón bajo el estricto control del Estado, continúa tras su caída con otro modelo económico, lo que permitió que el mercado se ampliara mediante el crecimiento del campo y la aparición de acopiadores, y con ello la competencia en el sector privado.

Durante ésta época, la zona de Gualeguaychú se caracterizaba por dedicarse más a la agricultura que a la ganadería, sobre todo al cultivo de lino y trigo; pues en la ciudad había dos industrias que absorbían la mayor cantidad de la producción regional: la 'Aceitera Gualeguaychú' y el molino harinero 'San Pablo'. El mercado local y la estabilidad económica de la época generaban buenos precios en la cosecha; gracias a dicha situación el colono podía abrir cuenta corriente en los negocios, abastecerse y saldarla a fin de año cuando levantaba la cosecha. En el caso puntual de la "Ferretería Irigoyen" la cuenta era utilizada para comprar los implementos e insumos agrícolas y elevar el confort de la familia, con la compra de heladeras a kerosén, cocinas y calefones a gas, estufas y secarropas eléctricos, que podían encontrar también dentro del stock de la ferretería, según se puede constatar en el archivo comercial de la misma.

Dentro de éste nuevo contexto la ferretería debió adaptar su estructura e incorporar los adelantos que necesitaban en la actividad agrícola, puesto que era su rubro más fuerte, un 80 % de los clientes eran del sector agropecuario.

"Nosotros por esa época -dice Castiglioni- comenzamos a comercializar las máquinas Massey-Harris, que traíamos de Canadá, Inglaterra o Estados Unidos. Llegaban totalmente desarmadas y venían en cajones de madera aproximadamente de 1 pulgada y 1 ½ pulgada de grosor, que se desarmaban para armar estanterías dentro del local" (Castiglioni, 2006).

La incorporación de la nueva tecnología obligó a reorganizar el negocio: "se contrató a un mecánico, el señor Luis Frave, nacido en Gualeguay y que en esos momentos estaba radicado en Buenos Aires, trabajando en la firma de la Compañía Massey-Harris , en la calle Balcarce Nro. 226. Se lo incorporó a la firma, especialmente, para el armado de tractores y cosechadoras automotrices" (Castiglioni, 2006). Con el correr de los años la firma Massey-Harris pasó a ser líder mundial en la fabricación de cosechadoras y, más tarde, se fusionó con la firma Ferguson, la mayor productora de tractores en el mundo, de esta fusión nació la empresa "Massey-Ferguson".

Hacia el año 1957, el Ministerio de Comercio e Industria implementó facilidades para la instalación y funcionamiento de fábricas de tractores. Debido a la demanda de tecnología en el campo "[...] se declaró de interés nacional la fabricación de tractores en el país expresándose además que debía llegarse a la integración del tractor con un alto porcentaje de accesorios, de producción local superando una industria de armado carente" (El Argentino, 1957). Medidas como la que daba a conocer el periódico reflejaban la necesidad de abaratar los costos y minimizar los trastornos que producía la importación de estos productos, necesarios para conseguir la concreción del proyecto económico nacional.

Pero, la realidad comercial de la región seguía ligada a la importación. Las máquinas eran traídas por vía fluvial. En Gualeguaychú existían dos agencias navieras, una llamada 'Cavilla' y la otra 'Rivas', que tenían dos frecuencias por semana, generalmente martes y viernes. Las mercaderías eran acopiadas en los galpones del puerto y de allí entregadas a los comerciantes por medio de un sistema de carreros que trasladaban la mercancía hasta el domicilio comercial en grandes chatas.

En la década del 50' , según se deduce del archivo comercial, se llegaron a vender alrededor de 428 cosechadoras y 580 tractores, además de enfardadoras, hileradoras, entre otros implementos agrícolas propios de una empresa pujante; los cuales se armaban, se les sacaba una foto y se entregaban al comprador. Para el armado y reparaciones se habilitó especialmente un galpón frente al local, y el sótano del negocio como depósito de los repuestos de tractores, cosechadoras y arados. Las máquinas se entregaban en el local, "[...] generalmente venía aquel que sabía conducirla, después de darle al dueño las instrucciones. La comercialización de estas máquinas se hacía en un plazo de 60 a 90 días, puesto que también era la modalidad de nuestro proveedor. En muchos de los casos eran con créditos bancarios, otorgados por el Banco Nación" (Castiglioni, 2006). Los clientes provenían de las diferentes zonas rurales del departamento de Gualeguaychú como Palavecino, Almada, Pehuajó Sud, Pehuajó Norte, El potrero, Las Mercedes, Perdices, Dos Hermanas, entre otras.(2)

Antes de la mecanización, cuando las cosechadoras eran autopropulsadas,

"[...] vendíamos 4 o 5 por mes, yo diría un 30% de lo que fue después y teníamos 2 o 3 empleados para armarlas, pero cuando aparecen las automotrices se incrementó mucho más, llegamos a vender 15 máquinas por mes, entonces debimos ampliar el plantel de armado a 12 empleados, aparte de los contratados para la fumigación aérea" (Castiglioni, 2006).

Estas máquinas generalmente eran adquiridas por compradores individuales, pues la mayoría de los colonos tenía la aspiración de obtener sus propias herramientas de trabajo, atento a los buenos precios obtenidos por la venta de la cosecha.

La mecanización produjo un cambio en la venta de maquinarias, insumos y fertilización, requeridos en el campo. En relación a éste último aspecto, se obtuvo el siguiente testimonio:

"[...] vendíamos fertilizantes y los aplicábamos, asesorados por el INTA de Concepción del Uruguay, que realizaba los análisis de suelo para determinar su carencia. Para abastecernos de los productos necesarios firmamos contrato con la 'Compañía Química S.A.' La empresa tenía una variedad de productos que hacen tanto a la sanidad animal como a la parte agrícola: semillas, fertilizantes, garrapaticidas, cremas, etc. Esto posibilitaba tener mejores rindes en la cosecha" (Castiglioni, 2006).

Es interesante destacar que, por los años 58-59, Don Arturo Oppen, presidente de la Sociedad Rural Gualeguaychú, en esos momentos, solicitó a la firma que le consiga Treflón,

"[...] este producto era importado por una compañía química desde Estados Unidos y se utilizaba para la soya (soja). Necesitaba 5 tambores de 20 lts., pero no obtuvo los resultados esperados, no por el producto en sí sino porque la luz día que tiene Gualeguaychú, es muy poca para que pueda germinar la soya. En la actualidad la aparición de híbridos modificó la genética del suelo y permitió que se pueda cultivar la soja" (Castiglioni, 2006).

Los adelantos y novedades llegaban a través de diversas revistas, de las cuales los dueños de la Ferretería eran suscriptores, entre ellas la revista Agricultura de las Américas , que publicaba todo lo que luego de 8 o 10 años llegaba a implementarse en la región. La anécdota sobre Oppen que referencia Castiglioni, pone en evidencia la constante preocupación de los productores agrícolas de la región por innovar en nuevos métodos productivos que permitieran mejorar el rinde o diversificar sus cultivos aun arriesgando su capital.

Otro servicio importante para satisfacer las necesidades agrícolas, fue la incorporación de aviones fumigadores venidos desde San Fernando (Buenos Aires). Éstos eran contratados por la Ferretería Irigoyen que recibía los pedidos formulados por varios productores que se unían para contratar el servicio que se pagaba por hectáreas fumigadas.

Los químicos utilizados eran los indicados por el Ministerio de Agricultura de la Nación , en este caso se "[...] fumigaba con Toxafene-Heptaclora, [...] necesario para luchar contra plagas de isocas ó lagartas del lino y la alfalfa. Se realizaban a la altura de 1 ½ metro, a cargo del eximio piloto Darmirio Álvarez en colaboración con Raúl Casalongué, pertenecientes a la 'Compañía Aérea Bonaerense'" (El Argentino , 1956).

Para difundir la calidad de los productos que comercializaba, la ferretería brindaba demostraciones gratuitas sobre la aplicación de avances tecnológicos en diferentes colonias agrícolas, como "Las Piedras" y "El Potrero":

En la Colonia Oficial 'Las Piedras' y con la presencia de numerosos vecinos, el personal de la acreditada firma Francisco Irigoyen SRL hizo demostraciones [...] en la parcela del señor Sack, de los productos presentados por la Compañía Química SA, matayuyos selectivo 'Wecone', herbicidas selectivo 'Acción' y el pico rociador 'Maraco'. La concurrencia, entre la que se encontraban funcionarios del Ministerio de Agricultura de la Nación , presenció con interés el desarrollo de las demostraciones [...]" (El Argentino, 1958)

También organizaba charlas y la proyección de películas ilustrativas sobre herbicidas a cargo de ingenieros, auspiciados por la Compañía Química SA y la ferretería Francisco Irigoyen SRL, como publicitaba un anuncio en el periódico local: "Exhibición de las películas ilustrativas: 'Control de orugas cortadoras de maíz', 'Pulverizaciones de bajo consumo'. Charlas sobre herbicidas a cargo de los ingenieros: Manuel Domínguez, Simón Tochinsky y Juan Zweegman. Invitan Compañía Química SA y Francisco Irigoyen SRL. Cine Palma. Entrada Libre y Gratuita" (El Argentino, 1958).

La sociedad comercial, además de cumplir el rol que le es propio, se insertaba en la sociedad apoyando diversas actividades de beneficencia, especialmente en las escuelas de la campaña cuando sus cooperadoras organizaban eventos en beneficio de la institución escolar. La firma donaba elementos que serían sorteados en rifas en dichos festivales o realizando publicidades en los diferentes medios locales.

Hacia los años 60' la situación comienza a desmejorar, produciéndose una retracción del sector agrícola que se refleja en el comercio. El gobierno se vio obligado a tomar medidas urgentes que viabilizaran el financiamiento de los sectores productivos para recuperar la economía, ya que

"los fabricantes de tractores andan afligidos porque tienen 5.000 unidades sin posibilidades de colocación, congelados por el frío riguroso que ha invadido a los que podrían ser interesados en comprarlos. La falta de ventas obedecería a dos causas: el alto precio que registran y a la falta de créditos bancarios para adquirirlos. Le han pedido al Banco Central que le inyecte un poco de entusiasmo a los trabajadores del campo, permitiendo que los bancos les faciliten el 40 % del precio en préstamos, comprometiéndose los fabricantes a cubrir el 35 % con financiación propia y solicitándole a los adquirientes el 25 % restante que deberán pagar en el momento de la entrega" (El Argentino , 1960).

El valor de los productos del agro no rendía ahora lo suficiente para enfrentar la amortización de esas obligaciones dentro del período de vida útil que tienen las máquinas, imposibilitando a los productores asumir el riesgo de la compra, y produciendo, de esta manera, la retracción del mercado de máquinas agrícolas.

El Estado nacional intentó salvar el inconveniente efectuando tratativas con el Banco Mundial con el fin de obtener créditos. "El Banco Mundial notificó oficialmente al gobierno argentino [...] que está dispuesto a negociar la concesión de créditos que cooperan en el financiamiento de las urgentes necesidades del desarrollo económico [...]" (El Argentino , 1960), aclarando que los mismos debían ser utilizados para la energía eléctrica, las carreteras y los transportes.

Esta situación repercute en la actividad de la firma, deteriorando su movimiento comercial; a lo que se suma

"la retracción y fuga de capitales extranjeros, como lo hace la empresa Massey-Harris emigrando al Brasil, puesto que ya no encontraba atractivo en la economía argentina; además, comienzan a aparecer las profesionalizaciones, por ejemplo los veterinarios que produjeron un traslado de la comercialización de los productos químicos, que veníamos realizando nosotros, a negocios especializados como las Veterinarias" (Castiglioni, 2006).

Estos factores obligaron a la Ferretería Irigoyen a efectuar una nueva reestructuración que le permitiera adaptarse a las exigencias y cambios del mercado local, a pesar de las fluctuaciones de la economía, y permanecer abierta al público hasta la actualidad.

4. Conclusión

Unos de los aspectos más importantes en la dinámica comercial es la continua preocupación por responder a la demanda de los clientes. La Ferretería Irigoyen SRL fue conciente de su responsabilidad comercial y de que ésta adecuación era esencial para su permanencia.

En este sentido, cuando los procesos económicos fueron modificando los modos de producción, debió adaptarse y modificar su estructura, incorporando nuevos rubros y, como consecuencia de ello, incrementando su personal, ocupando empleados calificados para los nuevos desafíos que los tiempos le imponían.

La mecanización propiciada por las políticas públicas creó una nueva demanda del campo: la adquisición de máquinas, generando así un reto comercial que obligó a la firma a ampliar incluso sus instalaciones con un galpón en el que se completaba el armado de la maquinaria agrícola. Por otra parte, las nuevas tecnologías de fumigado fueron concretadas a través de contrataciones de aviones especializados, un adelanto del que muy difícilmente hubiera podido beneficiarse el agricultor sin la estructura y servicio que brindaba la ferretería.

Es evidente que es la demanda del campo la que impulsa este afán renovador de los dueños de la firma, para poder responder satisfactoriamente a las exigencias del mercado.

Notas

1. Como ha pasado en la historia de la firma los 1ro. de julio es la fecha elegida para modificar la sociedad.

2. Extraídos de un listado de clientes del año 1957, ubicado en el archivo de la Ferretería Irigoyen.

Fuentes

Archivo comercial de la Ferretería "Irigoyen"

Entrevista oral: Enrique Castiglioni

Diarios locales: El Argentino y El Censor

Bibliografía

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Fecha de recibido: 14 de febrero de 2008.
Fecha de publicado:
25 de julio de 2008.

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