Mundo Agrario, vol. 9, no 17, segundo semestre de 2008 - Ringuelet
Mundo Agrario, vol. 9, nº 17, segundo semestre de 2008. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios Histórico Rurales

Artículo/Article

Dossier: Estudios del mundo rural periurbano / Dossier: Studies about rural world of the urban periphery

La complejidad de un campo social periurbano centrado en la zonas rurales de La Plata

The complexity of a social field peripheral centered on La Plata 's rural zones

Roberto Ringuelet

Universidad Nacional de Quilmes
rringuelet@ciudad.com.ar

Resumen
Se trata de dar un panorama general de las zonas rurales del periurbano con centro en el Municipio de La Plata, caracterizadas como un campo social rural periurbano, contextualizado en el "Gran Buenos Aires". Se hace una historia y caracterización territorial local atendiendo a los diversos procesos sociales involucrados y a los distintos actores sociales en juego. Se analizan particularmente las políticas regionales, el asociativismo y los cambios en las relaciones sociales interculturales y en las organizaciones locales que confluyen en la situación actual, que condicionan las circunstancias de un desarrollo local.

Palabras clave: periurbano rural; interculturalidad; desarrollo local; organizaciones locales.

Abstract
We try to give a general view of rural zones on the peripheral areas of La Plata city, characterized as a social field rural peripheral, in the context of "Gran Buenos Aires". We do a history and local territorial characterization attending the diverse social process involved and the different social actors at work. We analyse particularly the regional policies, the associative practices, and the changes in the inter cultural social relationships and in the local organizations that converge in actual situation and condition the circumstances for a local development.

Keywords: rural peripheral; inter cultural; local development; local organizations.


1. Introducción

   En la presentación del dossier ya se han planteado algunas consideraciones muy generales, tal la idea de campo social rural periurbano o rurubano, que luego iremos elaborando dado que la idea forma parte misma del tema a tratar. Allí se alude al proyecto comprensivo "Estudio social regional y desarrollo local de la Región Rural Periurbana de La Plata ". El sentido de este desarrollo local, comporta la idea que los "territorios" se correspondan con espacios de solidaridad en una situación concreta y, por ende, compleja, en donde se construya una sinergia entre las potencialidades del territorio, sus recursos humanos y las características de la inserción del territorio en la organización económica-política mas incluyente.

Desde la perspectiva local del complejo entramado social del periurbano, observamos que las situaciones de desigualdad-diferencialidad básicas, constituyen una precondición necesaria en la programación de acciones y explicaciones, en la medida en que sus procesos rural urbanos se manifiestan básicamente fragmentados (Archenti y Ringuelet, 2000). En un mundo signado por situaciones marcadas de exclusión y conflictos, debemos estudiar y gestionar las formas de participación y construcción de consensos considerando el marco de las luchas sociales. Esto nos alerta sobre las dificultades de la aplicación formal de programas que, si bien incorporan un enfoque metodológico orientado hacia el desarrollo local, han sido formulados de origen desde la perspectiva de procesos homogenizadores muy acentuados como los de Europa Occidental (Navarro y Muñoz, 1999). De tal manera, se generan frecuentemente implícitos que orientan diagnósticos y conclusiones parcialmente distorsionados.

Es necesario rescatar, entonces, como expresábamos en la presentación del dossier que, para la comprensión-intervención de la dinámica propia de las regiones, es necesaria la consideración de situaciones sociales endógenas locale s para la comprensión de la heterogeneidad de los fenómenos de nivel local, en un contexto de desigualdades sociales y diferenciaciones culturales. Asimismo, esto nos permitirá una mejor comprensión situada de los fenómenos globales (Ringuelet; et al., 1991).

En este texto, vamos a tratar los aspectos más generales de la región en cuestión centrada en el territorio periurbano rural del Municipio de La Plata, contextualizado en el "Gran Buenos Aires". Tratamos de inicio la región en términos de la historia de los procesos rurales nacionales. Explicitamos una estrategia metodológica sobre la delimitación territorial local y su definición simultánea y contradictoria acorde a los diversos actores y procesos sociales involucrados. Analizamos asimismo las continuidades, reformulaciones y cambios en las formas identitarias y organizaciones locales que confluyen en la situación actual, que condicionan las posibilidades de un desarrollo local.

2. La construcción histórica y metodológica del área de estudio
2.1. Historia pampeana e historia periurbana

   Contextualizado la ruralidad periurbana platense dentro del mundo rural pampeano, vemos que este derivó de la nueva ruralidad capitalista desplegada en las últimas décadas del siglo XIX. Hecho éste contrastante con gran parte de Latinoamérica. Si bien Argentina, como el resto de Latinoamérica, se constituyó históricamente como un país de desarrollo capitalista periférico y, por ende, con características comunes al continente: una acumulación capitalista dependiente, con distorsiones en el ciclo económico, y la conservación, reelaboración y aún creación de formas económicas no capitalistas en sí mismas o no plenamente tales. Pero en aquellos países herederos de las ancestrales haciendas y plantaciones, se conservaron amplias zonas tradicionales con marcadas características propias (comunidades campesinas indígenas, sistemas de latifundios tradicionales) que se articulaban fragmentariamente al sistema capitalista incluyente, constituyendo complejas economías duales. En Argentina, en cambio, las distorsiones al modelo capitalista "típico" se imbricaron sin solución de continuidad en la economía global, en una situación histórica creada por la misma instalación y expansión del capitalismo pampeano. Se trató de producciones familiares, diversas formas de contrato de aparcería, empresas de baja inversión de capital y formas de dependencia parcialmente asalariadas. Constituyeron formas de trabajo subordinadas al capital de manera formal o indirecta.

Pero mientras la producción agropecuaria pampeana de exportación se modernizaba rápidamente con una inversión constante, en la periferia de La Plata y, mas ampliamente, en el Gran Buenos Aires, se constituían nichos agrícolas y en parte ganaderos para proveer a los mercados locales. Aquí, las formas económicas no plenamente capitalistas fueron el núcleo central de la producción y del conjunto del ciclo económico. Con una pobre tecnificación comparada con el nivel general de la Región Pampeana y la constitución de mercados de marcada informalidad. De todas maneras, sí se podrían hacer comparaciones latinoamericanas en relación con aquellas regiones de mayor avance capitalista en el campo. Pereira de Queiroz (1976), señalaba para San Pablo algunas circunstancias parecidas en la agricultura periurbana. Si bien en estos últimos casos no se manifiestan contrastes interregionales comparativamente tan marcados (como en las sociedades mas "tradicionales") sino más sutiles, los creemos sin embargo importantes para explicar en totalidad los procesos sociales. 

Esta contrastividad económica, la vemos articulada a distinciones socio culturales. En general para la Región Pampeana, podemos de tal manera rescatar en la corta vida histórica de los parajes, poblados y colonias, la creación de una cierta "cultura rural pampeana" (Piriz, Ringuelet y Valerio, 1999).

Más adelante, al compás de los cambios de la segunda mitad del siglo XX, se fue experimentando una transformación de paisajes y costumbres. Avanzó en la Pampa la "revolución verde", se aceleró la modernización en la infraestructura de comunicaciones y transporte en las zonas rurales; se amplificaron los movimientos migratorios hacia los centros urbanos. A partir de entonces se reforzó la tendencia a la unificación de estilos de vida rural urbanos, se desarrollaron las cadenas agroindustriales y creció la ocupación múltiple intra e intersectorial. Esto hizo perder vigencia a la caracterización dicotómica rural vs urbano, que el mismo avance del capitalismo había creado. Esta situación, profundizada de modo general en las últimas décadas, avaló una profusa bibliografía sobre los procesos homogeneizadores naturalizando la índole construida de tales procesos sociales. Sin embargo, desde otra óptica de observación, se puede constatar la persistencia y recreación de una serie de desigualdades y diferencias grupales, sectoriales y subregionales.

2.2. El municipio de La Plata y su entorno como centro de dinámicas sociales

   Volviendo a nuestra región particular, ya desde la misma creación de la ciudad de La Plata a fines del siglo XIX la región creció rápidamente a partir de las actividades administrativas y luego, ya en el siglo XX, con el desarrollo de la agroindustria frigorífica y la instalación de petroquímicas, conformando un centro de nivel regional con salida al Río de La Plata. Se fue creando un "Gran La Plata ", que constituye simultáneamente varios espacios sociales diferentes, dependiendo del criterio que se utilice para delimitarlo. La Plata administrativa centralizó actividades de toda la provincia y adquirió, por tanto, una dinámica propia. La Plata industrial fue un apéndice importante de la zona sur del Gran Buenos Aires.

Muy tempranamente, con la ampliación de la ciudad se desarrolló un entorno agrícola ganadero que proveyó de alimentos básicos al conglomerado urbano. En el caso de la producción hortícola y mas delante la florícola, se instaló, como mencionamos más arriba, con una tecnología comparativa muy rudimentaria y localizada en pequeñas parcelas de cultivo. Las zonas rurales colindantes con el periurbano platense, estaban ocupadas por la ganadería extensiva y tambos.

La Plata agraria evolucionó en dos zonas: una puntual sobre la ribera, en donde se cultivaron hortalizas y uva (para la producción de vino de consumo popular). En las últimas décadas esta fue decayendo hasta casi desaparecer y actualmente experimenta un cierto renacimiento con el apoyo de instituciones locales. La otra zona más amplia de espaldas al río, se fue ampliando y corriendo con el crecimiento de la ciudad.

Actualmente, en muchos aspectos, la Plata puede ser considerada como un conglomerado con dinámicas propias y asimismo formando parte variadamente de procesos extralocales, de acuerdo a sus diversas actividades. En los análisis regionales del Gran Buenos Aires, al municipio de La Plata se lo ubica en el sur en la tercera corona, que constituye su límite perimetral externo. Por esta misma lejanía relativa y por el peso de sus propias actividades, el municipio ha experimentado procesos sociales diferenciados de aquellos de los municipios mas integrados a la ciudad de Buenos Aires. El proceso de urbanización hacia el interior rural, fue más lento que en otros partidos del Gran Buenos Aires y el peso relativo de su superficie agrícola más importante (Gutman, Gutman y Dascal 1987); en la que destaca la producción hortícola.

A partir de mediados del siglo XX, en un par de décadas, los partidos de la segunda corona del Gran Buenos Aires (tradicionalmente rurales) pasaron a ser mayoritariamente urbanos, aunque algunos de ellos conservando una superficie hortícola significativa, sumada a la de los municipios mas alejados (de la tercera corona).( 1 ) Asimismo, con la ampliación de los circuitos hortícolas en los últimos veinte años, las producciones agrarias mas significativas de las zonas rurales periurbanas, pasaron a constituir un continuo regional, en el que se incluyó La Plata. No necesariamente se trata de tierras colindantes, dado que en el periurbano, las localidades se configuran complejamente con la presencia de diversos usos del suelo que derivan en situaciones zonales diversas.

En el municipio de La Plata, las zonas de residencia y recreo de alto consumo se delimitaron históricamente hacia el noroeste rumbo a la Capital Federal, como parte de una conurbación desde los suburbios, alternando variablemente con espacios verdes y barrios mas espaciados. Los suburbios e instalaciones más propiamente urbanas, como los barrios obreros, se ubicaron en los actuales vecinos municipios costeros de Ensenada y Berisso, de tradición industrial. El crecimiento de los barrios populares y variadas instalaciones económicas a medida que crecía la población, se ubicó en todo el entorno suburbano en arco hacia el interior, evolucionando luego hacia el sudoeste y el sur. Esta distribución es aproximadamente comparable a la del conjunto del periurbano del Gran Buenos Aires.

En un par de décadas desde 1980, aquellas localidades mas cercanas a la ciudad, se fueron fundiendo con los suburbios o se hicieron intersticiales aunque pudiendo conservar actividad agrícola puntual (tal como Gorina). Localidades periféricas y algunos parajes mayores, que anteriormente jalonaban las zonas rurales exteriores, fueron alcanzados por cadenas de conurbación o afectadas por conflictos de uso del suelo y son actualmente centros mixtos residenciales, de servicios urbanos-industriales y agrícolas (tal como Lisandro Olmos, Melchor Romero, Abasto, Arturo Seguí, Etcheverry y Arana), o se han constituido en centros rurales cercanos de servicios al agro (Colonia Urquiza, Los Porteños, La Armonía ) (ver mapa).

imagen

Fuente: Ringuelet; et al., 2003.

   Simultáneamente se amplió la ocupación residencial extraurbana. Se fue acelerando así un proceso de periurbanizació n, conformando una ancha franja rururbana. Pero ahora la región se complejiza con una mayor dispersión- fragmentación de usos del suelo y la ampliación de la movilidad.

2.3. Abordaje metodológico y delimitación regional

   Abordamos el área de estudio, en primera instancia, a partir de un primer nivel de recolección de información jurídico institucional y censal de localización municipal. Consistente en las normas de ordenamiento urbano y uso del suelo, que regulan la instalación de los distintas modalidades de uso por parte de los actores sociales, y las delimitaciones geográfico censales y de la administración del ejecutivo municipal (delegaciones, localidades).

En un segundo nivel consideramos, en un enfoque sociogeográfico, las lógicas de ocupación, coincidiendo parcialmente con el mapa legal de uso, en base a las cuales sesgamos el interés del Proyecto delimitando una región rural periurbana. Nuestra primera referencia supra regional contextual es el Municipio de La Plata, y, a su vez, el Gran Buenos Aires. Consideramos aquí los diversos patrones territoriales que, en su conjunto, constituyen un sistema complejo y opaco: dinámico, mixto (entramado de fenómenos rural-urbanos) y abierto. Y esto respecto de los patrones entre sí, de estos con patrones más netamente suburbanos de producción, servicios y habitación y, por fin, de todos respecto de las regiones colindantes. En este sentido, creyendo válido el recorte regional, este debe encararse mediante un enfoque procesual, con centralidades fuertemente interconectadas. Se trata de los patrones territoriales de producción agropecuaria, predominantemente hortícola y florícola; de zonas de esparcimiento y residencia con amplios espacios verdes; de localidades y parajes parcialmente vinculados a la actividad de los dos últimos patrones mencionados e implicados variablemente con grandes instalaciones públicas (como el hospital subregional en Melchor Romero o la cárcel provincial en Olmos). En el conjunto del periurbano existe una red de servicios desigualmente distribuida y fragmentada y más espaciada en sus zonas rurales. Asimismo, hay en éstas últimas zonas un parcelamiento especial, delimitando unidades de asentamiento y concentración de población (junto a un tipo de construcción que se extiende horizontalmente) intermedios entre el campo pleno y la ciudad. Estas características señalan una cierta continuidad con los suburbios, pero se trata de un grado de dispersión de servicios y apertura del paisaje que marca la diferencia.

Por último, se sitúan las unidades fabriles, comerciales y depósitos separados del continuo urbano y que, si bien no las consideramos parte de la ruralidad, interactúan con ella. A nuestro propósito, no estamos considerando como periurbano las tierras lindantes cercanas de campo abierto, que constituyen su límite externo (cfr. Banzo 1993; Girault 1994, para un enfoque diferente en el caso de México). Esta ruralidad periurbana interactúa con la periurbanidad suburbana ampliándose desde la ciudad en el transcurso del siglo XX, desigualmente extendida en todo el perímetro urbano y a lo largo de las vías principales interurbanas, con diversos tipos de asentamientos residenciales y de servicios públicos, unidades económicas de producción, distribución y comercio.( 2 )

En un tercer nivel identificamos los procesos sociales a partir de definir un campo social rural periurbano como el entramado de relaciones sociales centrado en un juego de agrupamientos, negociaciones, alianzas y luchas entre sectores sociales que interactúan y cuyos intereses puestos en juego, constituyen una variedad de significantes abarcando múltiples lógicas de construcción de identidad y uso del espacio, que se actualizan en la red de encuentros de simetrías múltiples en el plano sociocultural.

Analíticamente, en este campo social rural periurbano, distinguimos la producción agrícola (particularmente hortiflorícola) y más ampliamente la presencia privilegiada del espacio "natural" en diversas situaciones de producción: zonas orientadas a la conservación, al recreo, al turismo, tierras baldías, etc.

Esto asociado a una particular construcción del hábitat (Ringuelet, 2000). La concentración relativa de servicios se ubica en las localidades y muy poco en los parajes, en donde residen más habitualmente los sectores subordinados de la población ligados a la agricultura. La residencia de sectores medios de las zonas rurales se asienta en las localidades, corredores o zonas urbanas-suburbanas.

Las formas de sociabilidad rural regional (en el sentido amplio del término), son sutilmente diferenciables aunque, a nuestro parecer, tal distinción nos puede ilustrar el detalle de muchos vínculos actuados en las redes sociales, asociaciones y lazos laborales. Se trata del énfasis en relaciones sociales de tipo personalista [se superponen roles, relaciones "cara a cara", compromisos afectivos, intercambios generalizados] (Ringuelet, 1985); el mayor aislamiento relativo de los parajes y poblados, el mayor sentido comunitario. Un hecho especial de las zonas hortiflorícolas es que habitualmente se superponen el hábitat de trabajo y el hábitat doméstico, al ocupar los trabajadores una vivienda en el establecimiento, y la vivienda de los propietarios vecina a las plantaciones. Desde ya, no se trata de zonas tradicionalmente campesinas en donde estos fenómenos tienen mayor registro.

En este proceso de periurbanización, muy frecuentemente el marco normativo entró en contradicción con las transformaciones territoriales. En la última década, la producción hortícola avanzó sobre el área rural plena ocupada en actividades de cría y tambo, pero fue más común en los últimos cincuenta años la ocupación del territorio asignado normativamente o de hecho a las labores agrarias por otras variadas actividades tal como depósitos, fábricas de ladrillos y extracción de tierra, usos residenciales y recreativos.

La ordenanza nro. 4495 (1978) de adecuación municipal del uso del suelo, contrasta en muchas de sus delimitaciones zonales con aquella ordenanza nro. 9231 de 2000 (Pintos, 2003). Hubo históricamente un control deficitario. Históricamente han sido preocupantes los efectos de la contaminación (Ringuelet, 2000) y de la degradación del suelo junto a la creación de situaciones de inundación que actualmente llegó al nivel de peligro regional (Hurtado; et al., 1992). La última ordenanza municipal (9231) incluye lo que podríamos entender como un avance en la regulación ecológica regional, con la declaración del cinturón verde como área protegida. En base a los déficit históricos del control de las normas, esto debería ser acompañado de una activa vigilancia territorial.

Actualmente, para el conjunto de los municipios de La Plata y sus vecinos Ensenada y Berisso (conectados por un sistema de conurbación con La Plata ), se estima una población total de unos 700 mil habitantes (cerca de 95% es población urbana, concentrada en localidades de mas de dos mil habitantes). Pero, asimismo, creció la importancia de la producción hortícola. De acuerdo a Bozzano (2002), el cinturón verde platense ocupa un 39% del territorio municipal, correspondiendo un 15% a ciudad y suburbios y un 46% al espacio rural pleno.

Otro tipo de patrón de ocupación difuso y de acelerado crecimiento en las últimas décadas, son los asentamientos marginales, de consideración imprescindible por sus dimensiones y su significación social. No nos referimos a los asentamientos concentrados en ocupaciones precarias hacia los márgenes del suburbio, sino a las ocupación asistemática, fragmentada, que se presenta en todo el periurbano. Hacia fin de siglo, según Bozzano (2002), esta "periferia débil" ocupaba un tercio del cinturón verde. Lotes baldíos de todo tipo (identificados según diferentes categorizaciones normativas rural / urbanas) y ocupaciones precarias, derivado de tenencias precarias, desuso, especulación, decapitación de suelos y terrenos fiscales descuidados. Estas llenan los intersticios de las ocupaciones consolidadas sea del ámbito rural (diversas localidades, zonas productivas agrarias, núcleos residenciales en áreas verdes y zonas de recreo), sea del ámbito suburbano (localidades, zonas fabriles, residenciales de diverso tipo, variadas instalaciones económicas y núcleos de servicios). En rigor, en el conjunto del periurbano hay muy pocos espacios recreativos abiertos formalizados de carácter público, lo que contrasta con la amplitud campestre. Por otra parte, es el lugar de localización de los mas diversos clubes de campo y campos recreativos de diversas instituciones.

De manera general, el conjunto del periurbano se caracteriza por un gran dinamismo a partir de procesos activos de movilidad vertical y horizontal, interconexiones y flujos, de ampliación de conflictos sociales en donde resalta la velocidad de los cambios y estos son indicadores sensibles de modificaciones regionales más generales. Asimismo, en el teritorio periurbano en general confluyen complejas situaciones de desigualdad e interculturalidad.

En las zonas de predominio rural, encontramos una preponderancia de sectores medios y subalternos, si bien en las últimas décadas se han ampliado las áreas de parque y residencias de alto nivel de consumo en espacios abiertos.

Este ámbito social periurbano, constituye una frontera móvil, lugar de la marginación y, a su vez, lugar de encuentro y reorganización. Territorio de contrastes, la región rural periurbana "se conforma a la vez como una frontera territorial y simbólica. Este ámbito espacial y social ha constituido tradicionalmente a la vez un lugar de separación y un ´pasaje´ para los diversos grupos de migrantes llegados a la zona en distintos momentos históricos. Primer ámbito de recepción, ayuda y redistribución con un intenso dinamismo para los recién arribados, que incorporan aquí códigos comunicacionales, formas de sociabilidad, recetas y mapas para guiarse en el entramado sociocultural y urbano que les es doblemente desconocido" (Archenti y Ringuelet, 2000:35).

3. Construcción política administrativa del periurbano platense

   En Argentina, el ámbito periurbano no tiene entidad censal-administrativa, aunque sí se lo delimita para variadas planificaciones como se hace con el Gran Buenos Aires (variando asimismo sus límites según el propósito específico). Históricamente, en las normativas provinciales-municipales, desde los años ´70, distinguían áreas específicas delimitando diversas zonas que corresponderían a nuestra denominación de rural: la de producción agropecuaria, zonas extra urbanas de residencia de baja densidad, lugares recreativos abiertos y pequeños poblados de servicios al agro. Estas normativas incluían también como zona rural la localización especial para industrias (parcialmente ocupadas para este uso) y zonas de ocupaciones especiales tal como unidades militares, hospitales, etc., radicadas fuera de la ciudad (De Paula, 1987; Ringuelet, 1977). A nuestro entender, esta delimitación tipológica no ha diferido, a grandes rasgos, de aquella sancionada recientemente. Sin embargo, es interesante observar que se ha presentado la nueva normativa como teniendo una marcada originalidad.

En rigor, desde la época de la fundación de la ciudad de La Plata se hizo un primer ordenamiento general de uso del suelo. Por ley de 1882 sobre la distribución y ventas de tierras se hizo una distinción entre solares, quintas, chacras y estancias y asimismo se regularon algunas actividades fabriles y de servicios. Si bien preexistían algunos poblados y luego se instalaron otros de manera poco reglamentada. Más adelante, en la década de los 70' conocemos la adaptación local de la normativa provincial anteriormente mencionada, en forma bastante detallada, del mismo modo que en otros municipios provinciales.

Nos preguntamos por el grado de contraste entre la vieja y la nueva normativa, en términos del cual esta última ocupó un lugar preponderante, a la vez que la anterior se invisibilizó públicamente. Un elemento para su explicación podría estar en el hecho de que la ocupación del suelo platense tuvo un crecimiento desordenado, transgrediendo los espacios asignados, lo que derivó frecuentemente en la degradación e inutilización de tierras aptas para el cultivo, en contaminación e inundaciones (Hurtado; et al., 1992). Las zonas agrícolas se fueron corriendo y el crecimiento citadino se amplió según su lógica de ocupación hacia la periferia, se modificaron cuadriculas y las industrias extractivas e instalaciones decapitaron o simplemente ocuparon extendidamente los suelos. En tal sentido, las transformaciones de los últimos 30 años modificaron profundamente (merced a la flexibilidad normativa) el paisaje periurbano.

Debemos sumar los cambios en el mismo devenir de las actividades: la reorganización técnico espacial de la producción hortiflorícola con la adopción del cultivo bajo cubierta y su ampliación comercial, las nuevas concentraciones industriales, de servicios y comercios, el crecimiento paulatino de los espacios de recreo y barrios residenciales rurales. Asimismo, el crecimiento diverso, fragmentado y conflictivo de residencias desde el suburbio contiguo consolidado hacia el periurbano.

Un nuevo aspecto a considerar es que la nueva ordenanza, más que delimitar nuevas grandes áreas de ocupación, incluye un mayor detalle y contempla aspectos que antes, o simultáneamente, estaban normados en otras instancias, como por ejemplo, la edificación urbana. Incluye también nuevas normativas sobre fenómenos nuevos o ampliados, tal como los nuevos barrios periurbanos (clubes de campo, barrios cerrados; et al.).

Otro aspecto habría que verlo en relación al momento político. La necesidad de una afirmación política del gobierno municipal que promovió, en una negociación política más o menos implícita (que no es el caso de analizar aquí) y en una explícita y amplia convocatoria institucional local, una ordenanza de ordenamiento territorial y uso del suelo en el marco de una propuesta de Plan Estratégico. Un hecho que apreciamos positivamente, es la significativa presencia de técnicos (geógrafos, arquitectos, etc.) convocados a los fines de la planificación y cuyo aporte se habría tenido en cuenta para mantener un cierto resguardo de las condiciones de vida y protección medioambiental.

Es así que la ordenanza-Plan Estratégico se presenta como una instancia de puesta al día y voluntad de aplicación de la norma, dando una nueva visibilidad a la ruralidad municipal, en donde contrasta el foco puesto en la producción hortícola por un lado, y por el otro, sobre las nuevos barrios de lujo del cinturón verde (Ringuelet, 2004). En resumen, se presentó la ordenanza-Plan Estratégico como la "invención" del Municipio, como un elemento fundante de una nueva era administrativa (Badalotti, 1995).

Todo este proceso de intervención pública concomitante de las transformaciones productivas y rurales en general, dieron visibilidad pública a la producción hortícola y, en general, a la región rural periurbana, en lo que debemos tener en cuenta el papel de las organizaciones y movimientos sociales. Pero es de destacar que los aspectos focales y conflictivos en las arduas discusiones sobre la normativa, constituyó una discusión compleja que incluyó tanto la problemática productiva (agraria e industrial), poco los problemas candentes del medio ambiente y los asentamientos populares, y de manera resaltante incluyó las circunstancias técnicas y legales de la edificación urbana y extraurbana sobre clubes de campo y similares.

4. Evolución de la producción hortícola

4.1. Producción histórica y cambios en los 80´y 90´

   Entendiendo que la producción hortícola constituye el núcleo central (aunque no exclusivo) de la producción agraria regional, hacemos aquí una síntesis a fin de poder articular mejor con el conjunto del texto y resaltamos algunas transformaciones actuales (Ringuelet, Cacivio y Simonatto, 2006). La evolución de la producción hortícola local y regional del periurbano del Gran Buenos Aires, ya ha sido tratada tanto por nosotros cuanto por otros autores (Benencia; et al., 1997; Ringuelet; et al., 2000). En el transcurso del siglo XX, el perfil de los productores fue bastante constante, pequeños y medianos, bajas inversiones de capital, alta incidencia del empleo de mano de obra familia y en carácter de aparcería.( 3 ) El nivel técnico evolucionó con retraso en relación con el promedio pampeano: la tractorización se expandió recién hacia 1965-1967 y la difusión de agroquímicos es de los años 1970-1973 ( Simonato, 2000).

La historia reciente de la producción hortícola bonaerense desde los años de 1980, partió de una crisis de sobreproducción debida a varios factores: la modernización técnica-aumento de productividad, la formación de un mercado nacional, el sobredimensionamiento del ciclo comercial y la demanda decreciente, entre otros. En principio, la inversión permitió a los sectores medios productivos un crecimiento relativamente cómodo. Se aceleraron los cambios técnicos ( 4 ) y estas tecnologías representaron en general una elevación del costo de producción para el productor y la mejora básica es la cantidad y calidad del producto final. Por supuesto existe una importante correlación con el aumento de los rendimiento pero este factor justamente es el que acelerará la crisis posterior.

En el Gran La Plata, este proceso derivó en la constitución de la mayor superficie cubierta por invernaderos del país y de mayor avance técnico. Las presiones técnico-económicas se conjugaron con precios nacionales que sustentaron la expansión, armando un "círculo virtuoso". Este escenario de inéditas dificultades pero en una situación que permitió asimismo el desarrollo, fue concomitante con la formación de asociaciones gremiales (que tratamos en el capítulo siguiente).

En la década de 1990, este crecimiento se fue frenando, con los productores inmersos en una situación más exigente que los empujó hacia una reconversión técnico-organizativa, en un contexto de mercado más rígido. En el contexto de la convertibilidad, los productores familiares tradicionalmente "en negro", entraron al circuito formal mediante el endeudamiento, proceso que no tuvo retorno. Continuó el desarrollo técnico y se expandió el cultivo de invernadero. Ya hacia el final de la década, se prefiguró un flujo de sobreproducción (derivada del mismo avance técnico y la apertura competitiva de los mercados). Concomitantemente hubo una retracción de la demanda de trabajo con su consecuente desocupación.

Ya la población boliviana representaba entonces una gran proporción de la mano de obra mediera. Estos profundizan la estrategia de autoexplotación del trabajo y ahorro. Un estrato superior del sector desarrolló diversos negocios con Bolivia, se convierteron en productores arrendatarios e inviertieron en invernáculos, cambiando su status productivo y social (Benencia, 1999). Es importante marcar que algunos de los más exitosos movimientos históricos de expansión y fortalecimiento productivo están asociados a procesos étnicos (de los que hablaremos en el próximo título), como ocurrió con la primera oleada de inmigrantes (especialmente italianos) y luego con los floricultores japoneses y los inmigrantes bolivianos.

Para el período habíamos hecho una tipología prosesual de los establecimientos, en base a el Censo Nacional Agropecuario de 1988 y a datos relevados a campo para el sector hortícola (Archenti, Ringuelet y Salva, 1993). Nos interesa resaltar algunos ejes. El tipo predominante (II), "intermedio" (que estimábamos que representaba un 70% del total de los productores), tenían superficies en propiedad ampliadas con arredamiento, una orientación económica que en sus estratos inferiores se orientaba hacia el autoconsumo cubriendo las necesidades básicas y en sus estratos superiores se orientaba hacia el consumo ampliado y la reinversión productiva. La mano de obra era predominantemente familiar y mediera y tenían un control variable de la comercialización. Particularmente el estrato inferior de estos productores compartían un aspecto mas presente en el tipo I (identificado por el poco control de su proceso productivo), y que era la formación de una red de ayudas vecinales.

Aún en las explotaciones mayores (tipo III), con diverso tipo de mano de obra dependiente y una orientación empresarial, con control del ciclo económico, se reconocía la importancia de la familia en puestos diversos de jerarquía y un equilibrio variable entre inversión y consumo ampliado.

Si bien las superficies han ido fluctuando, veamos que las superficies típicas de productores considerados regionalmente grandes, son de unas 20-30 has. Los productores chicos cultivan entre una y cinco has.

4.2. Los cambios recientes

   Para fines de la década de 1990, en base a la encuesta hortiflorícola provincial de 1998 se registraron 593 establecimientos con 6.145 hectáreas. Si bien es difícil ponderar los datos de los censos y encuestas dado que suelen estar subvaluados, pues una parte importante del proceso económico de la producción hortícola se maneja informalmente ("en negro") especialmente la masa de pequeños productores.( 5 )

Los críticos cambios económicos de fines de 2001, con la retención de depósitos, encarecimiento de insumos y estancamiento de beneficios, acentuó la faz más crítica del sector agrario. A diferencia de la década de 1980 y aún la de 1990 (cuando las circunstancias de ajuste permitieron simultáneamente una expansión que permitió la formación de asociaciones), ahora los formas organizativas más estructuradas entran en crisis. Los datos del Censo Hortícola Provincial 2001 muestran una caída tanto en el número de explotaciones cuanto en la superficie total (477 y 3.636 respectivamente).

Luego de 2001, s e paralizaron los cambios técnicos y se ajustaron los costos. Básicamente los precios no acompañaron a los costos. Según las informaciones de técnicos y productores, recién en la actualidad se está equilibrando el ciclo productivo. Hay un retroceso técnico y una vuelta generalizada al uso de insumos de menor calidad. Es de notar que también hay un relativo retroceso en el cumplimiento de recomendaciones para el uso de diversos agroquímicos tal como insecticidas y funguicidas.

En esta situación, se expandieron los cultivos más baratos de hoja (vs. cultivos de insumos mas costosos, tal el pimiento o el tomate). Los costos de producción se triplicaron o cuadruplicaron y se mantuvieron constantes pese a las fluctuaciones de la producción. Con una oferta dispersa y una demanda mas concentrada, cuyo ejemplo extremo es el crecimiento paulatino desde la década de 1990 de la demanda oligopónica de los hipermercados.

Mas allá de la confiabilidad relativa de los datos censales, podemos observar tendencias a partir de la información del Censo Hortiflorícola 2005: un aumento en el número de establecimientos (761) superando la cifra de 1998, pero no así la superficie (4.253). O sea una reducción de superficie promedio de las explotaciones, pero el detalle de la producción muestra un aumento muy significativo de los cultivos bajo cubierta, lo que implica un aumento de productividad y una mayor flexibilidad comercial. Asimismo, un aumento proporcional del arrendamiento. Según estimaciones de varias asociaciones de técnicos y productores, hacia 2006, la cantidad de productores habría sido el doble lo mismo que la superficie bajo cobertura (en el censo 775 has.).

Los cambios económicos acentuaron el proceso de diferenciación social y, en este nuevo escenario, podemos reseñar algunos cambios y tendencias. Uno de ellos, es el crecimiento de un sector de medianos y grandes productores, a propósito de los cuales se acentúan los avances técnicos, de gestión y comerciales. Típicamente se trata de un recambio generacional de productores tradicionales medios-grandes que buscan formas de comercialización más estables. Una vía ha sido la articulación con super e hipermercados. Incorporan asimismo las nuevas exigencias técnicas del producto (tal como la trazabilidad ) con mayor participación de asesoramiento técnico y la constitución de formas empresariales (Hang y Bifaretti, 2000). Un fenómeno asociado, aunque teniendo en cuenta su evolución propia es la consolidación de la asociación de técnicos agrónomos locales. Por otra parte, una proporción significativa de productores pequeños y medios tradicionales entró en un proceso de retracción; muchos dan en arriendo su tierra o parte de ella, redireccionan sus capitales y ahorros, aceleran los traspasos generacionales. Hay empresas medianas y grandes que se venden.

Cada sector y tipo de productores enfrenta circunstancias y articula estrategias que pueden adquirir cierta especificidad. En el caso de los productores más pequeños, que fluctúan en condiciones límite con una economía familiar de multiinserción laboral, nos encontramos con una gran variedad de situaciones que observamos en el capítulo siguiente sobre formas asociativas.

Por último, un ejemplo de estrategias exitosas para enfrentar la situación es el caso del fortalecimiento variado de diversos sectores de productores bolivianos. Estos ya venían históricamente realizando una estrategia adaptativa en la que combinaban " formas resistenciales" de la producción familiar (de restricción del consumo e intensificación del trabajo), la construcción de redes de facilitación social y económica e incursiones financieras y comerciales que incluyeron transacciones en Bolivia. Paulatinamente, comenzaron a desarrollar diversas cadenas formales-informales agrocomerciales con la multiplicación de negocios de venta de hortalizas. En el capítulo siguiente haremos referencia al tema de las formas asociativas propias, en el marco de las cuales los productores bolivianos fortalecieron su economía y vínculos sociales.

Estos productores avanzaron al compás de la retracción de los productores tradicionales. Una situación típica de los últimos años ha sido el arrendamiento de parcelas, sea individualmente o en sociedades, en aquellos establecimientos pequeños o medianos cedidos por los productores tradicionales. Desarrollando sus actividades de manera informal en los distintos momentos del ciclo económico y, de tal manera, evitando trámites y tributos estatales y facilitando el relacionamiento informal, especialmente dentro del círculo de connacionales residentes. Las formas de trabajo son familiares o son arregladas informalmente mediante salario o formas de mediería. Si bien hay productores bolivianos con un comportamiento más tradicional en el manejo de los factores económicos, un cambio tendencial es la mayor flexibilidad. Se prefiere el arriendo a la propiedad. Un arrendamiento de unos tres años renovado le permite al productor arrendatario hacer inversiones de infraestructura (tal como invernaderos), logrando recuperar los costos. Realizando el primer año verduras de hoja, vendiendo la producción en playa libre del mercado o en verdulerías de propietarios bolivianos asociadas.

5. Las políticas regionales y las formas asociativas

   Los propietarios, junto a otros actores sociales locales conformaron un conjunto de sectores medios en diversos estratos, vinculados a las instituciones públicas y a las asociaciones vecinales. Es de destacar su arraigo local aunque resuelven parte de sus actividades extralocalmente. La población de los estratos subalternos, habituamente hace su vida local mediante circuitos informales y usando fragmentariamente los servicios públicos y participando marginalmente en las asociaciones formales.

En el transcurso del siglo XX, los productores y trabajadores agrarios de la región formaron diversas redes y asociaciones informales y algunas formales. Estas se sesgaron fuertemente por su arraigo vecinal con un componente de diferenciación cultural, basado en identidades provinciales o extranacionales. De tal manera (en coincidencia con los procesos históricos nacionales) la historia hortícola regional es simultáneamente la historia de las migraciones tanto nacionales como internacionales. Inicialmente, y hasta la segunda posguerra, la de inmigrantes europeos (principalmente italianos), a la que se superpone a partir de la década de 1940 la de migrantes del interior del país y, desde aproximadamente los años 70, la inmigración boliviana. Un caso especial lo constituyó la inmigración japonesa focalizada en la zona florícola bastante circunscripta, desde mediados del siglo XX (Archenti y Ringuelet, 1997). Con cierta aproximación esto es comparable con los procesos socio productivos del conjunto del Gran Buenos Aires.

Los diversos sectores y grupos migratorios tuvieron una fuerte impronta individual y claras expectativas de movilidad social, aunque en un marco culturalmente contrastivo. Pero este contraste no llegó a constituir corporaciones cerradas. Se constituyeron etnicidades cambiantes, expresadas en lazos informales de integración familiar y vecinal, redes sociales de intercambios de información y ayudas, y algunas sociedades formalizadas de fomento (es decir, genéricamente, de ayuda social).( 6 )

Algunos grupos de inmigrantes en la segunda mitad del siglo XX lograron, sin embargo, conformar círculos corporativos (de ingreso fuertemente adscripto). Tal el caso puntual de los japoneses en zona rural (especializados en la floricultura) y más recientemente el caso de algunos sectores bolivianos en algunos ámbitos recreativos y comerciales. Los primeros grupos japoneses asentados en las zonas florícolas contaron con ayuda externa, manteniendo una fuerte identidad positiva y diferenciada en la zona rural. Ellos crearon una economía local fuerte y especializada, con asociaciones adscriptivas propias (Archenti; et al., 1995). En el período no se han expandido y en la última década una parte de ellos se han trasladado fuera de la región.

En Argentina, los grupos fueron superponiendo a las identidades culturales étnico regionales de origen (en referencia a las específicas parcialidades culturales internas a las naciones de origen), comunidades culturales indiferenciadas, conformando círculos identitarios inclusivos de nacionales residentes: de italianos, de bolivianos, etc. Esto constituyó, en un lapso relativamente corto de tiempo, un notable proceso de reelaboración étnica, dado que las poblaciones de inmigrantes muy frecuentemente trasladaron un sesgo regional intranacional y aún local muy marcado (Caggiano, 2003). Decíamos en otra oportunidad que

   "...estos sesgos culturales de sangre, se encarnan en la tradición histórica de la zona. Y la misma memoria histórica se construyó en el transcurso de la inscripción en el espacio local de tales migraciones. Se trata de un proceso altamente dinámico en el que la identidad grupal debe observarse como una cuestión de volverse (o estar siendo) tanto como de ser" (Archenti y Ringuelet, 2000:115).

Las modalidades regionales de discriminación no son generalizadas, sino mas bien referidas a contextos específicos. En el caso de los trabajadores bolivianos, se refuerzan hacia ellos prejuicios de clase en lo que hace a la participación pública (escuelas, hospitales, etc.) y contrariamente es frecuente un estereotipo positivo en el plano económico, ligado al esfuerzo y la dedicación (Archenti; et al., 1995; Archenti y Tomas, 2001). En el caso de los japoneses, asociados al fuerte impulso económico local generó un estereotipo positivo en las zonas rurales. Aunque no fue la situación general, pues en las localizaciones urbanas se han registrado históricamente situaciones de discriminación.

Las asociaciones vecinales fueron muy típicas en el transcurso del siglo XX, y al compás de la organización de los barrios se fueron fundando asociaciones barriales con actividades fomentistas, vinculadas a las localidades periféricas y a sectores de inmigrantes. Asociaciones y redes sociales que ayudaron a estos en la integración regional, en un marco de demanda laboral relativamente abierta. Con el paso de las décadas la mayoría de estas asociaciones derivó en el privilegio de actividades de sociabilidad más elaborada, habitualmente llamadas "actividades sociales, deportivas y culturales".

En la década de los años ´80 se aceleró la creación y ampliación de diversos espacios institucionales, públicos y privados, que acompañaron el desarrollo hortícola. Esto dio una mayor visibilidad pública a la región. Esta ha tenido históricamente poca visibilidad pública, así como poca presencia en los centros decisorios, lo que es comparable a muchas situaciones de otros países americanos, tal como México (Navarro y Cacivio, 2000). Y esto contrasta con el papel activo que en países "centrales" como Francia, cumplen las asociaciones periurbanas en general y rurales en particular en un contexto estatal y particularmente municipal facilitador (Navarro y Muñoz, 1999).

En la región rural de referencia, desde la década de 1980 ha sido evidente la existencia de acciones públicas, aunque sin una política clara y coordinada. Los organismos públicos (municipales, provinciales y nacionales) implementaron diversos tipo de acciones que se fueron superponiendo y que, desde el punto de vista de muchos productores y en ocasiones de los mismos técnicos, no acompañaron oportuna y suficientemente el crecimiento del sector en los diversos cambios económicos. Esta variada presencia de instituciones que alcanzó las zonas rurales, contrastó con los reclamos de los productores referidos a las políticas macrosociales (sobre precios, financiamiento e insumos).

Esta acción estatal constituye una compleja red de recursos y programas de resultados muy variables, algunos desde ya positivos y de efecto multiplicador. Pero no podemos dejar de mencionar la frecuente superposición de acciones y políticas y en muchos casos una burocratización marcada (formalización de las decisiones, preponderancia de roles administrativos, desvío real de los objetivos) y privilegios políticos sectoriales, que ha derivado en una brecha entre la estructura organizacional y los beneficiarios.

En el contexto de las transformaciones regionales y nacionales de los años 80, fueron apareciendo asociaciones de carácter gremial. Notablemente la Asociación de Productores Hortícolas de La Plata, que ha tenido una actividad centralizada hacia el tratamiento periódico de información de interés común y ha promovido acciones gremiales reivindicatorias generales. Nucleó a un sector significativo de propietarios con tradición en su condición, con centro en las zonas del sudoeste de gran desarrollo a comienzos del período. Luego de 2001 la Asociación decae dada la crisis que afectó negativamente de manera genérica a las formas asociativas agrarias de la región.

Por su parte, el gremio de los trabajadores asalariados, alcanza a un sector relativamente menor de trabajadores, dado la extensión de los contratos de mediería. Aunque para el sindicato es posible la consideración del trabajador mediero como trabajador dependiente y, por tanto, incluirlo en su ingerencia. En base a la ambigüedad jurídica en los contratos de mediería, el sindicato actúa con reclamos y advertencias a los propietarios, presionando hacia la formalización de los contratos (frecuentemente informales) y con la interpretación de que el "socio trabajador", es básicamente un trabajador dependiente con una serie de costos de responsabilidad a cargo del "socio-propietario". Esto no fue ajeno en la época, al interés asociativo de los propietarios (Ringuelet; et al., 1992; Albanesi; et al. 1999).

Surgieron también asociaciones locales más pequeñas y nuevos grupos vecinales, que focalizaron nuevamente la actividad fomentista. De modo general, los pequeños productores minifundistas (aparceros, arrendatarios propietarios u ocupantes) han tenido poca organización en la región. En el caso de los medieros, tienen pocas posibilidades de movilidad social a partir de su condición dependiente y en ámbitos de trabajo que no facilitan la sociabilidad. Sin embargo, la elección de la mediería ante el contrato asalariado por parte del trabajador, tiene para él la ventaja de poder intensificar el trabajo junto a su familia y progresar en épocas favorables. Circunstancialmente, en la década de 1970, y luego a fines de los 80, hubo movilizaciones de medieros, que consiguieron ayudas restringidas del Estado. Se creó entonces una asociación de medieros y afines (ASOMA) que perdura y representa a un grupo parcial del sector (Velarde, 2000). Sus demandas reflejan la liminaridad de su posición productiva, fluctuando entre pedidos de ayuda social y pedidos de ayuda técnica. El mediero trabajador, si se ubica como dependiente, puede pleitear desde esta posición una serie de beneficios, pero no puede negociar aspectos del funcionamiento y participación productiva, que sí lo podría hacer en la posición de socio. Por su parte, los pequeños arrendatarios están en una situación muy inestable, con más posibilidades que los medieros, pero más cargas de insumos y costos (Ringuelet; et al., 2000).

Las pequeñas asociaciones de productores, han tenido una historia fluctuante en los últimos veinte años. En la década de 1990, influyó organizativamente en la región la implementación del Programa Nacional de Reconverción Productiva para la Pequeña y Mediana Empresa Agropecuaria (Cambio Rural), al irse formando una serie de grupos (y considerando su efecto demostrativo) que, con el acompañamiento de un técnico, pudieron solucionar algunos problemas técnicos y organizacionales. Por otra parte, habitualmente el pequeño productor no cree seguro tomar créditos. El programa tuvo una continuidad fluctuante. Simultáneamente, surgieron en las zonas del noroeste del partido, una serie de asociaciones locales como las de Melchor Romero, Gorina y aquellas vinculadas a las tierras públicas del Parque Pereira Iraola. Este último es un caso puntual complejo, dado que las asociaciones tienen que ver variablemente con el apoyo de programas públicos y/o con conflictos de tenencia (Feito, 2005).

En la generación de las asociaciones se pueden identificar algunas variables que facilitaron históricamente el asociativismo local (Ringuelet; et al., 2000). Diversos estratos de productores pueden coincidir en la presencia familiar activa, en niveles tecnológicos comunes, en la generalización de algunas estrategias económicas (de diversificación, de combinación de factores) y en la identificación de dificultades comunes (crédito, comercialización, desestímulo estatal).

En el transcurso de la década de 1990, la ampliación del asociativismo y la presencia institucional fue decayendo. Es en este contexto que avanzó complementariamente el sector privado, mediante empresas de agroinsumos, agencias de asesoramiento y servicios profesionales agronómicos, económicos, financieros y legales. Es de destacar la organización creciente de una asociación local de ingenieros agrónomos.

Con una activa participación platense, en esta etapa se crea una asociación de nivel provincial, pero al final de la década de 1990 llega a un punto de estancamiento. En lo general, las dificultades con la acción estatal tienen que ver no tanto con impedimentos frontales, sino con políticas pendulares marcadas fuertemente por intereses político partidarias y/o burocráticas propias, que trascienden intereses horizontales de las localidades perirurbanas. Los diversos ámbitos institucionales funcionan con frecuencia como "instituciones de clausura" en función de su propio mantenimiento e intereses.

Es de destacar que, a pesar de que el crecimiento de la producción agraria es un elemento importante en la generación del ingreso municipal y en la ocupación del espacio periurbano, la horticultura y sus asociaciones no tienen una buena articulación municipal-provincial (considerando además la centralidad de La Plata a nivel provincial). Las asociaciones no han podido dar un salto hacia una actividad sostenida que sea continente de los cambios sociales actuales en un contexto público que aparece poco facilitador. Las mismas asociaciones, en el transcurso de su crecimiento y ejercicio articular en las negociaciones, variablemente han sido atravesadas por liderazgos personalistas burocráticos y por presencias político partidarias que, si bien ambos facilitan eventualmente las negociaciones sectoriales que emprenden las asociaciones, estas quedan presas a solidaridades que las trascienden.

Pareciera que las asociaciones locales-regionales, entraron en la década de 1990 en una coyuntura en la que, efectuar un salto organizativo que les permita mejor visibilidad hacia afuera y poder de negociación, las enfrenta ante el desafío de formar asociaciones independientes con una "modernización organizativa" o continuar la actividad en un nivel más local y dependiente de ayudas externas eventuales. A su vez, actualmente, el desarrollo organizativo parece condicionado a una necesaria articulación con los intereses políticos provinciales, al no tener suficiente poder local.

6. Una nota final

   Resaltamos aquí algunas conclusiones derivadas de las observaciones presentadas.

En los organismos públicos se despliega un panorama complejo de acciones y políticas superpuestas, de variados efectos positivos, pero asimismo atravesados variablemente por intereses político partidarios y administrativos. Estos intereses no se pueden eludir, lo que implica la necesidad de posicionamiento y capacidad de negociación de los diversos actores del campo. Esto interpela a los agentes en su capacidad de acción social para articular redes sociales, asociaciones, alianzas o protestas interlocales, interreregionales o en escala mayor. Y a su capacidad de acción política.

Se observa asimismo que la reciente crisis nacional es muy variable en sus efectos locales, mas allá de las constricciones generales y las limitaciones generales. Si pensamos en bases administrativas para desarrollar acciones de desarrollo local, podríamos concluir que en la región hay una base fuerte que puede ser movilizada, con las limitaciones de la burocratización y "politización" de las acciones estatales y privadas de promoción regional. Si pensamos en bases socio identitarias para promover acciones, se nos presenta un escenario de múltiples posibilidades. Con aspectos negativos, por las dificultades en componer alianzas y negociaciones en esta compleja trama de diferenciaciones y desigualdades. Con aspectos positivos, por la variedad de procesos asociativos y campos de interacción social que interrelacionan asociaciones de productores, redes y asociaciones étnico culturales, comunidades localizadas, sociedades e instituciones barriales y oficinas estatales; en donde resaltaríamos la creatividad regional que significó la construcción y reconstrucción de lazos sociales en cortos períodos de tiempo.

Notas

(1) Son los de Berazategui, Florencio Varela, Esteban Echeverría, Almirante Brown, San Vicente y La Plata al sur. La matanza, General Rodríguez, Marcos Paz y Moreno al oeste. Escobar y Pilar al norte. En algunos de estos partidos, habitualmente los mas distantes, se desarrolló históricamente una producción de granja, ganadería y Tambo. Por otra parte, municipios mas cercanos a la capital pudieron conservar alguna producción agrícola como Merlo, Tigre y General Sarmiento al norte.

(2) Hemos tenido en cuenta para esta parte, el estudio sobre patrones de ocupación territorial llevada a cabo por un equipo de geógrafos de la Facultad de Humanidades y la Dirección de Planeamiento Municipal, que luego se tuvo en cuenta para la nueva ordenanza de uso del suelo. Se distinguieron variables que se combinaron para identificar los patrones. Estos refieren a patrones de centralidad, residencia y sesgo productivo (Bozzano, 2000).

(3) La llamada mediería hortícola, predominantemente se establece mediante contratos frecuentemente poco formalizados, de poca rigurosidad para establecer obligaciones contractuales y en su gran mayoría funcionan realmente como una forma de contratación de mano de obra por parte del propietario o administrador del emprendimiento productivo, o sea, regionalmente el "patrón" (Ringuelet; et al., 1992).

(4) Con la adopción de semillas híbridas a comienzos de la etapa, algunos años luego la aparición de las láminas de polietileno con tratamiento térmico y difusión de los invernaderos para cultivos protegidos. Paulatinamente, los cultivos bajo cobertura o en invernaderos, almacigueras aisladas, almácigos en sustratos, riegos localizados, fertirrigación. A esto se le agregó el mayor uso de otros elementos, tal como análisis de suelos, uso de biocidas específicos y respeto de los períodos de carencia, aplicación racional de fertilizantes.

(5) Aquí hemos tenido en cuenta en general los datos censales y algunos análisis recientes en base a estos mismos censos, sea generales del periurnbano (Benencia y Quaranta 2005), o focalizados a La Plata (Hang; et al., 2007, García y Kebat, 2007). Pero hacemos básicamente apreciaciones cualitativas basadas también en informaciones de agentes locales.

(6) Denominamos genéricamente y a propósito de este estudio grupo étnico a aquella minoría social que se auto identifica y es identificada por los otros como culturalmente diferenciada en un campo político ideológico, que se reproduce mediante estrategias de conservación de los límites grupales mediante asociaciones adscriptivas, con una íntima convivencia y una historia grupal particular (Ringuelet, 1992, Archenti; et al., 1995).

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Fecha de recibido: 27 de julio de 2008.
Fecha de publicado: 5 de enero de 2009.

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