Mundo Agrario, vol. 9, no 17, segundo semestre de 2008 - Dominguez
Mundo Agrario, vol. 9, nº 17, segundo semestre de 2008. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios Histórico Rurales

Artículo/Article

Dossier: Estudios del mundo rural periurbano / Dossier: Studies about rural world of the urban periphery

El contexto cultural en la implementación de proyectos de desarrollo rural. El caso del Parque Pereyra Iraola

The cultural context in the perform of rural development's projects. The case of Pereyra Iraola Park

Alida Patricia Dominguez

Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Bs. As.
Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar. Región Pampeana. INTA.
tierra_queanda@yahoo.com.ar

Resumen
Productores hortícolas que viven en el Parque Pereyra Iraola (La Plata-Berazategui) han implementado desde el año 2000 un proceso de desarrollo enmarcado en la adopción de la Agroecología como modelo productivo, económico y social. Se relatan los objetivos, significados y diferentes grados y motivos de adopción del proyecto desde una perspectiva que considera el contexto cultural como parte determinante para el desarrollo y las características que asume el proceso. En esta dirección, se plantean las miradas de productores, técnicos y una posible línea reflexiva desde las ciencias sociales.

Palabras clave: horticultura; agroecología; desarrollo rural; contexto cultural.

Abstract
Horticultural producers than live in the Pereyra Iraola Park ( La Plata-Berazategui ) have perform from 2000 a process of development adopting agroecology as productive, economic and social model. We focus on objectives, meanings and different grades and motives of project adoption from a perspective than consider the cultural context as determining part for the development and the characteristics that the process assume. In this way, we show the perspectives of producers, technicians, and a possible reflexive line from the social sciences.

Keywords: horticulture; agroecology; rural development; cultural context.


1. Introducción

La concepción de desarrollo rural que han usado los Estados Latinoamericanos, y la orientación de sus políticas concretas, ha variado a lo largo de los años. En el ámbito local, las políticas para el sector estuvieron basadas tradicionalmente en la difusión de conocimientos que ayudaran a maximizar la variable económica de la producción, íntimamente ligada a la modernización y adopción de tecnologías de insumos. La crisis económica y social que atravesó la argentina en la última década del siglo XX exigió, a la vez que posibilitó, una reformulación de muchos de los programas que se venían implementando, reconociéndose la necesidad de abarcar y considerar nuevas demandas. Se debió hacer frente a reclamos de nuevos sectores (como la agricultura familiar) y de nuevas regiones, en donde la complejidad de la trama social quedaba evidenciada en problemas que sumaban cuestiones ambientales, organizativos, económicos, de comercialización, etc.

Los problemas sociales (pensados como aspectos culturales, organizativos, de pobreza, etc.) comienzan entonces a tomar relevancia y a conformar un ámbito de discusión y acción específicos, ya sea a través de la incorporación de profesionales del área, o con la adopción de enfoques agronómicos que incorporan en su seno la reflexión social, como es el caso de la agroecología.

En el Parque Pereyra Iraola (Municipios de La Plata y Berazategui, Provincia de Buenos Aires) se viene realizando desde el año 2000 una experiencia innovadora que asumió la complejidad de la problemática local. Basada en una concepción del desarrollo orientado hacia lo sustentable y aplicando fundamentos de la agroecología, unas 40 familias (de las más de 100 que viven y producen en el Parque) vienen participando de un proyecto de cambio productivo, acompañados por un grupo de técnicos del Programa Cambio Rural Bonaerense del Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires. Su objetivo es la realización de una producción sin agrotóxicos que posibilite la construcción de una fuente de trabajo permanente y respetuosa del entorno (cfr. Maidana, A. et. al., 2005; Feito, 2007).

Transcurridos más de siete años desde el comienzo de la experiencia, es posible realizar una apreciación de su funcionamiento y constatar los principales avances y dificultades de la implementación del proyecto. Durante los años 2006/2007 pudimos realizar una estudio apuntando a otorgar una comprensión cultural de lo que esta propuesta implica para los productores que intentan adoptarla. Esta investigación se basó en el desarrollo de una metodología cualitativa que permitió acceder tanto a las categorías y explicaciones propias de los actores tomados como referentes, como a las categorías producidas por la contrastación entre las anteriores y el análisis teórico de la investigación. Se realizó trabajo de campo etnográfico desde abril del año 2006 hasta junio del año 2007, consistiendo en el acompañamiento de diversas actividades programadas de manera conjunta entre técnicos y productores: reuniones quincenales de los grupos de productores, visitas semanales a las quintas con recorrida de las mismas, reuniones con organismos involucrados a través de diversos proyectos con los productores (Banco Social de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la UNLP ; Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UNLP; Cooperativas de Productores, Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Bs. As, INTA). También se participó en Asambleas de la Asociación "Unión de Productores sin Agrotóxicos del Parque Pereyra Iraola", en capacitaciones dadas a los productores y en reuniones de discusión quincenales del equipo técnico. Durante estas actividades participamos de manera activa, realizando observación directa y recogiendo información específica en entrevistas en profundidad a productores claves y técnicos.

2. Características de los productores y la propuesta productiva

El Parque Pereyra Iraola se encuentra ubicado en el cinturón periurbano de los Municipios de La Plata y Berazategui, en la provincia de Buenos Aires. Está conformado por 10.248 hectáreas , administradas por la Provincia a modo de espacio verde, recreativo y productivo. Existen 1.200 has. del parque que fueron destinadas en 1949, por el gobierno de Perón, a la producción hortícola, cedidas mediante el pago de un "canon" a productores familiares. En la actualidad, viven en él alrededor de 100 familias, dedicadas principalmente a la producción hortícola y, en menor medida, a la producción pecuaria, apícola y agroindustrias. Hay gran diversidad en el origen étnico de las familias, siendo la mayoría migrantes de provincias del norte argentino y del país vecino Bolivia. A través de los años, y a pesar del recambio de familias, se ha consolidado una fuerte identidad entre los productores y el Parque, asumiéndose como sus habitantes legítimos. La unidad productiva esta basada en el trabajo familiar, coincidiendo con la unidad doméstica, y eventualmente incorporando trabajadores transitorios. Existe multiocupacionalidad en la mayoría de los miembros de las familias. Al momento del comienzo de la experiencia de desarrollo rural, se encontraban con escasa o nula producción en sus quintas, en su gran mayoría descapitalizados, sin contar con maquinaria ni herramientas propias y con una infraestructura deficiente (caminos intransitables, sin energía eléctrica, sin puestos sanitarios, viviendas precarias, etc.). Este contexto condicionaba la residencia de la familia en el lugar, por lo cual muchas de ellas optaban por una residencia transitoria (siendo los hombres adultos los que permanecían y las mujeres y niños en edad escolar los que buscaban residencias en ciudades cercanas).

En la década del 90, y asociada a la crisis económica que atravesaba el país, hubo una fuerte crisis hortícola en la región; esto contribuyó a magnificar las dificultades económicas de los productores ya en proceso de descapitalización, determinando irregularidades en el pago del canon; a esto se le agregó: un repentino interés inmobiliario en la zona (periurbana tanto de Buenos Aires como de La Plata , sumamente apta para la instalación de complejos de viviendas privados y un nuevo uso del territorio), y algunas acusaciones por parte de vecinos y de la administración del parque de contaminación con agroquímicos (de un espacio que tiene, como parte de su razón de ser, el destino de zona "ecológica"). A partir de 1997 comenzaron a existir fuertes presiones de distintos sectores políticos y administrativos, con amenazas de desalojo sobre muchas de las familias de productores. En el intento de permanecer en el lugar de pertenencia y residencia, los productores se movilizaron a través de cortes de rutas, instalación de carpas para informar a la comunidad, un tractorazo, etc., lo que desembocó en la necesidad de formalizarse como grupo de productores afectados. Comienza entonces un proceso de organización de los productores para emprender una búsqueda de alternativas que les permitiera su permanencia en el parque y una reinserción productiva que les ayudara a remontar sus dificultades económicas. Con estos objetivos, y después de varios intentos y de distintos equipos de asesoramiento, hacia el 2000 comenzó a implementarse un trabajo conjunto entre productores y profesionales de distintos ámbitos académicos que desde entonces actúan en la conformación y desarrollo de distintos proyectos.

El proyecto que nos ocupa involucra unas 40 familias de productores y un conjunto de técnicos del Programa Cambio Rural Bonaerense que conformaron un equipo de trabajo con base en su propuesta productiva basada en la agroecología. Como salida al conflicto y en conformidad con los parámetros posibles de "desarrollo rural" esgrimidos por los organismos del Estado, los productores asumieron la responsabilidad de producir sin contaminar: un proyecto de cambio gradual desde una producción hortícola convencional (esto es, con alta utilización de insumos químicos, fertilizantes, insecticidas, herbicidas, fungicidas, etc., de manera genérica "agrotóxicos") a una producción basada en el conocimiento de los procesos ecológicos y en la utilización de compuestos orgánicos, caseros y sin impacto negativos sobre el ambiente. Para este cambio contarían con la ayuda y el asesoramiento de los Técnicos del Programa Cambio Rural Bonaerense. Se intentó así defender el derecho histórico a la permanencia en la tierra de los productores y a la vez generar una estrategia de producción de alimentos de alta calidad y de respeto al entorno natural.

El proyecto que fue estableciendo el equipo técnico en consonancia con las requerimientos manifestados por los productores, estuvo basado en la necesidad de iniciar un proceso sustentable tanto a nivel productivo como económico y social (Altieri, 1999). Para esto trabajaron sobre distintas dimensiones, acentuando el nivel productivo, el organizacional y el comercial. Cada dimensión fue monitoreada siguiendo un patrón de actividades a realizarse, para cuyos fines el proceso fue dividido en un camino de cuatro niveles de aprendizaje y enfocado como un proceso construido y percibido en su mismo recorrido, por todos los participantes y atendiendo a sus necesidades específicas.

Se priorizaba un cambio de tecnologías: desde actividades basadas en la alta utilización de agrotóxicos -característica de las producciones convencionales- a actividades basadas en el conocimiento de los procesos ecológicos -característica de una propuesta agroecológica. Esta conversión debía satisfacer las necesidades económicas de la unidad doméstica, esto es, posibilitar la reproducción ampliada de la vida (Coraggio, 2004) a través de la revalorización y reposicionamiento del trabajo del agricultor. También fue considerado como un eje central de trabajo la organización de los productores, ya que permitía construir nuevos roles facilitadores de diálogo con otros actores sociales (como los programas de financiamiento para los desarrollos locales, los mercados convencionales y alternativos, el Estado, otras organizaciones, etc.). Se trató así de construir, a través de un proceso participativo, el empoderamiento de los productores a través de la construcción de una fuerza de discusión y acción que obtenga mayor respaldo que la participación individual, favoreciendo los valores culturales comunitarios, la solidaridad y la conciencia democrática. Producción agroecológica, organización de los productores y canales de comercialización justos, son los ítems de trabajo fundamentales bajo los cuales se conformaron los ejes de discusión y labor, tanto en reuniones de asistencia semanal, como en el contacto día a día entre los actores involucrados (Tito y Dominguez, 2006).

Antes de pasar a considerar la evaluación del proyecto por parte de técnicos y productores, es necesario una reseña acerca de cómo se entiende la actividad agrícola por parte de distintos actores sociales en el contexto cultural local.

3. La concepción de la "agricultura moderna"

Todos los pueblos de campesinos y agricultores desarrollan un conjunto de significados, reglas, observaciones y maneras de trabajar que conforman, con el tiempo, parte del acervo cultural de la sociedad a la que pertenecen. Este conjunto de conocimientos se vincula permanentemente con otros aspectos de la vida de un pueblo, llámese religión, economía, educación, salud etc., conformando un todo coherente y complejo que conforma una cultura. Es así como, por ejemplo, la observación de los astros y los cambios estacionales permiten explicar los funcionamientos de los ciclos productivos a la vez que conforman parte de la comprensión espiritual de la vida; el trabajo agrícola es en si mismo una instancia de aprendizaje y por, ende, de educación, al mismo tiempo que posibilita la realización económica de las familias. Con esto queremos significar que los rasgos con los cuales se suele describir una cultura (economía, organización, religión, ética etc.), no existen aislados entre sí:

"Cualquier rasgo de una cultura, tomado por separado, demostrará al ser examinado no ser solamente económico o religioso o estructural, sino participar de todas estas cualidades de acuerdo con el punto de vista desde el cual lo miremos." (Bateson, 1985)

Entender esta vinculación permanente entre esferas de la vida social permite examinar la concepción de la agricultura "moderna" como un fenómeno que involucra todo un estilo de vida, no solo rural, sino del total de una sociedad.

Siguiendo genéricamente el análisis de Gliessman (2005), se puede considerar que la agricultura moderna o convencional fue conformada alrededor de dos objetivos relacionados: la maximización tanto del rendimiento, como del lucro. Para que estos dos objetivos se convirtieran en el propósito de la producción, se dejó de lado la comprensión dinámica y sistémica del agroecosistema para imponer algunas prácticas aisladas convertidas en el eje de la producción, siendo el uso intensivo del suelo, la generalización de monocultivos, la aplicación de fertilizantes inorgánicos y el control químico de plagas, las fundamentales. La adopción de estas prácticas implicó una fuerte erosión cultural de toda aquella producción basada en el conocimiento íntimo del ecosistema en donde se enmarca la actividad. En nuestro país, tanto las formas tradicionales de los pueblos originarios, como las prácticas de muchos inmigrantes que se dedicaron a la agricultura, fueron consideradas obsoletas.

El cinturón hortícola bonaerense es una expresión cabal de este proceso, encontrándonos con un progresivo abandono de formas tradicionales de realizar horticultura; ya en la década de 1970 estaba en proceso de consolidación una nueva imagen del productor y de la actividad misma. Sin menospreciar la existencia de problemas tales como el uso intensivo de la tierra y otros de semejante importancia, el modelo tradicional no fue reevaluado a la luz de los nuevos conocimientos sino sencillamente desplazado, olvidado, y quienes lo practicaban considerados antiguos, enemigos del progreso. Para esto se necesitó de todo un aparato propagandístico de imposición de la llamada "Revolución Verde", que incluye tanto la generación y adopción masiva de tecnologías de insumos químicos, como la construcción social de un prototipo de productor "moderno", basado en un papel de comprador de la última tecnología disponible. El productor dejó así de ser un conocedor del ambiente para convertirse, poco a poco, en un elemento más del mecanismo industrial y extractivo de producir horticultura.

No sólo el papel del productor cambió. La imposición de este modelo productivo necesitó de la eliminación y el silencio de cualquier cuestionamiento proveniente de sectores científicos, a pesar de que en los comienzos del uso masivo de fertilizantes y pesticidas, muchos investigadores sugirieron la necesidad de implementar seguimientos cuidadosos para detectar posibles impactos tanto en el nivel de la producción como en el ambiente mayor (Howard, 1946; Picton, 1949; McCarrison, 1944). También necesitó de un profundo cambio en los contenidos de las carreras agronómicas para poder contar con profesionales que avalaran el modelo y lo implementaran (Altieri, 1991). Ya en las últimas décadas, se debe sumar a estos procesos un continuo bombardeo propagandístico en los diferentes medios de comunicación, que cierran un ciclo de imposición cultural de una tecnología supuestamente inocua y segura.

La epistemología mecanicista dominante durante todo el siglo pasado, basada tanto en el análisis lineal de tipo causa-efecto, en la disyunción de los elementos a estudiar y la separación de los mismos de sus contextos originales, precipitó la imposibilidad de investigar la base tecnológica producida por la propia ciencia en relación con sus contextos de uso y con las consecuencias que, una vez salidas de los laboratorios, desencadenaron tanto en los ambientes como en la salud y las culturas de la población mundial. Así, se fortaleció una imagen del hombre dislocado de la naturaleza, y desmembrado entre las ciencias que, voluntariamente, manejaron conceptos no vinculantes entre la realidad física, biológica y cultural que conforman la base de la realidad humana (Morin, 1981).

Ciencia, Tecnología, Medios de comunicación, Corporaciones, conformaron un cóctel de saberes e intereses que se impusieron tanto sobre la población urbana, que, por ejemplo, exigió un paquete de unas pocas verduras disponibles en toda temporada con una cosmética impecable (Ringuelet y Laguens, 1994) en detrimento de la búsqueda en calidad nutricional y en el sabor, como en la población rural: el productor, aún en pequeña escala, se ha convertido en empresario o, al menos, tiene sus valores; la relación entre los costos y las ganancias monetarias es la relación dominante a la hora de toma de decisiones. El trabajo en el campo es hoy más que nunca un trabajo despojado del conocimiento de la naturaleza. Priman los costos de aplicación de recetas indicadas por profesionales y la eliminación de cualquier posible abordaje integral con base a la observación cotidiana, trabajo, y conocimiento íntimo de su entorno productivo.

La agricultura familiar, generalmente dedicada al autoconsumo con algunos excedentes que terminan en el mercado (Dominguez, 2006), fue partícipe de este modelo aunque con características particulares. Por un lado, la erosión cultural fue acentuada por la necesidad social de incorporar los valores de la sociedad moderna y urbana. Muchos de los productores son inmigrantes del interior o de países limítrofes. Es reiterado encontrarse con referencias sobre como se producía "allá", en sus pagos, sin venenos, con un amplia variedad de especies de acuerdo a la estación y con una complementación entre actividades de huerta y granja. Pero una vez aquí, abandonaron esas formas siguiendo, ya lo que le exigieron sus patrones, ya lo que el vendedor de insumos le proponía. En muchos casos esto se acentuó con la incorporación a la educación local y universitaria de los hijos de los productores, dándose una fuerte confrontación de modelos entre las generaciones (el padre fue dando lugar a las innovaciones con que los hijos venían de los colegios y universidades en pos de modernizarse).

Al mismo tiempo, las diferentes crisis económicas y los vaivenes del dólar, establecieron un uso de los insumos químicos que fluctuó según la economía. Una vez entrados en el año 2000, con los insumos con precios altos y minado cualquier saber sobre otras maneras de llevar adelante una producción, algunos productores comenzaron la búsqueda de alternativas a su dependencia de insumos externos que, ya a esta altura, también venían dejando consecuencias en su salud y en la de sus agroecosistemas.

A esta búsqueda se sumó el despertar de algunos sectores de investigadores y extensionistas, que comenzaron a ver la posibilidad de generar una crítica rigurosa al modelo de la Revolución Verde y proponer al mismo tiempo formas alternativas de producción, no contaminantes y validadas por el conocimiento científico.

Fruto de esta situación, se sumaron productores que comenzaron a intentar otro modelo. Este es el caso de los productores familiares del Parque Pereyra Iraola que conforman la Asociación "Unión de productores sin Agrotóxicos del Parque Pereyra Iraola". Veamos ahora como se vislumbra la experiencia atendiendo a la evaluación de técnicos y productores.

4. La evaluación del equipo técnico y las búsquedas de los productores

El planteamiento de la experiencia como un proceso de aprendizaje, permitió realizar una evaluación basados en la incorporación de determinadas temáticas vinculadas con las tres principales dimensiones propuestas: productiva, organizacional y comercial. Para esto se modeló una serie de cuatro niveles dinámicos de aprendizaje que reflejan las características esperadas de cada dimensión. En el Nivel 1 se espera encontrar aprendizajes relacionados sólo con la producción convencional, trabajo individual de los productores y un mercado concentrador como única opción de venta. En el nivel 2 aparecen conocimientos de nuevos conceptos productivos sin cambiar el modo de ver el agroecosistema, se constituyen grupos, se encaran problemas y búsquedas de soluciones de manera grupal y se conocen otros canales de comercialización y otras estrategias de producción pensadas para la venta (diversificación, calidad, promoción etc.). En el nivel 3 se espera que los productores conozcan y operen con la tecnología de procesos (de bajos insumos), que los grupos estén en condiciones de exponer y defender ideas ante otros grupos de pares y que se utilicen más de un canal de comercialización. Por último, en el nivel 4 los productores conocen, operan y recrean esta tecnología según sus necesidades, el grupo opera como tal ante otros actores de la comunidad y conocen y operan con los conceptos de mercadeo, pudiendo implementar y defender nuevas estrategias de venta.

Siguiendo esta clasificación, los productores que participan de la experiencia estarían en un nivel 3 (Tito y Dominguez, 2006), que implicaría:
- A nivel Productivo todos los productores conocen tecnologías de procesos, tanto aquellas relacionadas con la elaboración de preparados caseros para minimizar el daño de plagas, como el uso de abonos orgánicos, el manejo y la diversidad de los cultivos, estrategias para el control de plagas etc. Existen diferencias en cuanto al grado de adopción y uso de estas tecnologías; en general se las adopta al menos en una parte de la producción.
- A nivel Organizacional estos cinco grupos de Productores conformaron en el año 2004 la Asociación "Unión de Productores sin Agrotóxicos del Parque Pereyra Iraola", que actúa de manera independiente en las distintas problemáticas del Parque, de la producción y que se relaciona con otros actores de la comunidad, con otras Asociaciones y entidades, teniendo definida y haciendo hincapié en su propuesta agroecológica.
- A nivel Comercial continúan implementándose nuevos canales de venta. Los productores están diversificando su producción y empiezan a tomar en cuenta que el hecho de producir alimentos sin el uso de agrotóxicos le otorga calidad a sus productos y puede ayudarlos a valorizar la mercadería. Comienza a tener una fuerte importancia la identificación de los productos del Parque con productos sanos, gracias a la identidad que asume la Asociación en sus actividades y al continuo trabajo de técnicos, productores y otros actores involucrados que van construyendo el perfil del Productor del Parque.

En relación con la primera dimensión, el conocimiento teórico de ciertas prácticas se distancia de la aplicación diaria de las mismas. Si bien los problemas productivos forman parte del diálogo cotidiano entre técnicos y productores, se nota una acentuación profunda en problemáticas tanto organizacionales como de carácter social. En gran medida, los técnicos actúan de interlocutores y mediadores entre el Estado y los productores, acentuando así el tratamiento de reclamos sobre cuestiones de intervención estatal que atañe a la calidad de vida rural. Al existir un fuerte abandono de las condiciones de vida que el Estado debería garantizar en estos sectores más empobrecidos, las necesidades primarias y la posibilidad de hacerse oír por este medio cobran la mayor relevancia. Se encuentra así que las actividades consideradas prioritarias y diariamente citadas, planeadas y gestionadas (registradas tanto en entrevistas personales, en conversaciones entre técnicos, como en reuniones generales en las que se discutieron las acciones a seguir entre técnicos y productores), son:

- El estado de los caminos de acceso a las quintas (y las sucesivas instancias de arreglo de los mismos).

- El tendido eléctrico.

- El uso de los subsidios para la compra de insumos (polietileno para invernáculos, semillas, etc.) y maquinaria (tractor, bombas de agua) y el estado de los préstamos que ya han sido otorgados.

- Los canales alternativos de comercialización de las verduras y otros productos de manufactura local: la asistencia a ferias y eventos y las dificultades de venta con intermediarios.

- Gestión de nuevos recursos (semillas, subsidios).

- Estado de las organizaciones: roles y actividades de la Asociación "Unión de productores sin Agrotóxicos del Parque Pereyra Iraola"; conformación de nuevas formas de participación, como cooperativas; establecimiento de alianzas con otras organizaciones de productores: asistencia a reuniones, discusión de problemas vinculados al sector.

- Asesoramiento técnico vinculado a calendarios de siembras, preparados de remedios caseros, uso de fertilizantes y abonos.

- Otros temas: documentación para inmigrantes; gestión de la presencia de servicios médicos (Hospital móvil, campañas de vacunación, etc.); realización de obras con tecnologías sustentables en articulación con universidades (Colectores solares); capacitaciones para los productores (uso de maquinarias, fabricación de colectores solares, elaboración de agroindustrias, etc.).

La producción agroecológica es escasamente nombrada, y la mayoría de las veces es en relación a la aplicación de algunos preparados caseros basados en compuestos orgánicos (macerados de tabaco, semillas de paraíso para repeler insectos y otros), al uso de abonos en lugar de fertilizantes, que esporádicamente prueban los productores, o en relación a las posibles ventajas al sembrar de manera asociativa algunas variedades. Los comentarios están casi en su totalidad orientados a un reemplazo de insumos químicos por orgánicos o de preparación casera, siendo el costo económico casi nulo de los últimos lo que favorece su elección y no un convencimiento o entendimiento acerca de los efectos que se espera obtener con ellos. No existe ni asesoramiento ni una búsqueda del mismo que esté expresamente orientada a la comprensión del agroecosistema para su manejo sustentable (tal como es estudiado y promovido por los especialistas en agroecología). Esto determina el panorama de estancamiento actual en relación con la producción sin agrotóxicos. En sucesivas charlas, entrevistas y en las reuniones de trabajo, los productores permanentemente avalan y afirman la importancia de "ir haciendo algo agroecológico ".(1) Sin embargo, la construcción de un agroecosistema basado en los principios de la agroecología es incipiente. Sólo tres productores que tienen en funcionamiento sus quintas están decididos a "encontrarle la vuelta" para no usar ningún tipo de agrotóxicos al mismo tiempo que apuntan a ir comprendiendo cómo " funciona la naturaleza". Las restantes quintas siguen produciendo de manera convencional más algunos cultivos que caen dentro de lo "agroecológico" por no necesitar agrotóxicos (por ejemplo perejil, achicoria), o porque no tuvieron dinero para curarlos (pulverizarlos) y fueron dejados para ver qué se podía aprovechar. El realizar lo agroecológico casi como una obligación o con muy poca atención, los productores nos han comentado que su percepción es que la agroecología "no anda", " no hay rinde", "es un verso, si no curas te llevan todo" , o simplemente "es más difícil" (percepción basada por ejemplo, en que "si no se matan los yuyos" con herbicidas, "tenés que estar todo el día carpiendo" ).

Al mismo tiempo, hay una búsqueda de incorporar toda la tecnología posible que provenga de subsidios o algún tipo de convenio entre el productor y diversos organismos (universidad, empresas privadas, INTA, etc.). Esta incorporación se da en un contexto de no discusión del papel de la tecnología: por ejemplo, si es riego por goteo, que ha sido diseñado en gran medida para ir acompañado con ferti-irrigación, y se le provee al productor de todo el paquete tecnológico, se lo acepta sin dudarlo y sin pensar en buscar alguna otra posibilidad de riego más adecuada a la realidad del productor, que a su vez pueda ser sostenida en el tiempo y sea factible de ser adoptada por otros productores no subsidiados.

5. La importancia otorgada a la organización

Por otro lado, la experiencia se evalúa como muy positiva al considerar la organización lograda por los productores (a pesar de las crecientes dificultades en el funcionamiento interior, tanto en relación a los roles de los productores y los técnicos, como cuestiones de liderazgo y de concepción del sentido mismo de la organización).

A pesar de esta mirada positiva, existe una amplia diferencia entre lo que se espera a nivel teórico del papel de la organización con el papel que cumple en la actualidad. La participación de los productores en los grupos es dispar, siendo percibido y comentado muchas veces como "tiempo robado al trabajo". Las principales razones esgrimidas como motivo para seguir participando, son las relacionadas con la gestión, utilización de recursos y la búsqueda de soluciones a las dificultades que presenta la comercialización de la producción. Se aceptan comentarios sobre temas relacionados e introducidos por los técnicos (delimitaciones de las parcelas que cada uno posee, problemas de salud en relación con los agrotóxicos, anécdotas sobre otros sistemas de cultivos basados en conocimientos tradicionales y agroecológicos, talleres sobre diversos temas de ecología y tecnologías afines, etc.) así como la constante presencia de investigadores que los involucran como objetos de estudio. Pero tanto en asambleas, reuniones de los grupos, como en las visitas directas a las quintas, la agenda transcurre en la discusión de a quién, cómo y cuando solicitar pedidos (reclamos del sector, recursos directos, etc.) que permitan mejoras económicas y en la calidad de vida de algún tipo.

Sin menospreciar estas necesidades y la posibilidad real de obtener recursos del Estado que ayuden a mejorar la situación del sector, la organización en sí es reinterpretada, tanto en muchos discursos del Estado como en algunos casos por los propios técnicos, como señal de riqueza y cambio cultural, nuevos valores sociales con los cuales se garantiza la horizontalidad democrática y la descentralización, así como la base social y política orientada hacia la justicia que la agroecología postula necesaria como contraparte para poder realizar el cambio productivo.

A nivel teórico o ideológico, se observa que muchos representantes estatales, técnicos e investigadores en agroecología, perciben como una relación causal entre la organización de los productores y la generación de valores comunitarios en los mismos. Muchas investigaciones agroecológicas realizadas en América Latina ( Costabeber, 1998; Altieri y Nicholls, 2000; Toledo, 2006) toman como un ejemplo a algunas comunidades campesinas que persisten en sus formas tradicionales (y ecológicas) de cultivo y de vida comunitaria. Sin embargo, esta vida comunitaria es parte de una cultura con un sistema de valores interrelacionados, en donde la vida en comunidad y la organización grupal son partes de un todo mayor. Tanto la existencia y el derecho a mantener sus formas tradicionales de cultivo, como otras muchas actividades de vital importancia para los pueblos (como el arte, las formas nativas de curación, el sistema de pensamientos y creencias etc.), son vividas como una lucha total en la resistencia ante el atropello de los valores occidentales de la modernidad.

En cambio, los productores del Parque Pereyra tienen como antecedente inmediato el compartir los valores de la sociedad moderna, siendo parte del sentido de su instalación en el mismo la búsqueda de una oportunidad de pertenecer a este mundo. Siendo su mayoría procedentes de distintas provincias del interior y provenir de diferentes contextos culturales típicos de la diversidad étnica argentina, comparten sin embargo el propósito de defender el espacio productivo del parque, motivo central de su unión. La conversión productiva y sus diferentes facetas es así una estrategia para mantener su territorio, y no una reconversión de sus valores culturales.

Consideramos que tomar una parte de la cultura, en este caso la organización y comunión de las personas, y conjeturar que se puede fomentar los mismos valores en otro contexto cultural, es pretender aislar la parte del todo, que funcione igual y no entre en contradicción con los valores que imperan en el nuevo contexto. Esta pretensión se remonta a un análisis simplificador acerca de la vida de los pueblos, que imposibilita ver cómo los rasgos culturales, tales como la organización de los campesinos, que parecen tan "naturales" cuando se los ve en pleno funcionamiento, se vinculan delicadamente entre sí, conformando una trama en donde los valores fundamentales que caracterizan cada cultura otorgan significado a la totalidad de la misma. Tanto la concepción ecológica como los valores de solidaridad en el interior de una comunidad, son parte de una cosmovisión en donde adquieren su pleno papel y sentido.

6. La lógica en la toma de decisiones

La teoría agroecológica sugiere un cambio en las prácticas productivas basado en el conocimiento de los procesos ecológicos fundamentales. Se busca así un cambio tanto en el modus operandis como en la lógica de la producción. Nos preguntamos, entonces, en qué se basaba la decisión de los productores del Parque Pereyra para emprender la producción o parte de ella de manera agroecológica y ser parte del proyecto.

Descubrimos que sólo aquellos tres casos en que la producción era enteramente agroecológica, las decisiones productivas expresamente se basaban en un conjunto de necesidades. Estas involucraban tanto la búsqueda de diversidad de los cultivos (para ampliar la diversidad biológica de las quintas, aprovechar distintos nutrientes disponibles, distintas épocas de cosechas, así como tener variedad a la hora de vender los productos), la incorporación de materia orgánica al suelo en forma de abonos (existiendo en algunos casos la utilización de recursos propios, tanto por el uso de rastrojos como de bosta de animales criados de manera complementaria a la huerta), y la utilización de algunos preparados caseros repelentes de insectos. Sumados a estos problemas de la producción, sopesaban los costos y las ganancias económicas al mismo tiempo que los riesgos que asumían por no tener suficiente experiencia (sobre todo en el uso de preparados ante la presencia de plagas o en la expresa decisión de no fumigar a pesar de tener daños fuertes).

Los restantes productores, manifestaron como base para decidir qué y cómo producir, el cálculo de los costos y beneficios económicos que puedan acarrearle sus acciones. A la hora de programar la producción, la búsqueda fue orientada a maximizar los rendimientos con la menor inversión posible en la cantidad de trabajo y en el capital. A su vez, asumieron no estar dispuestos a arriesgar costos monetarios probando: " Yo quiero, pero es más difícil.y además ahora no puedo perder nada, no me puedo arriesgar.".

También encontramos un cálculo similar a la hora de evaluar el porqué siguen participando de las reuniones grupales y de la organización. Restándole su tiempo al trabajo en las quintas, consideran una ventaja estar organizados para así "enterarse de lo que se puede pedir" y para "que nos den bolilla" en sus reclamos (fundamentalmente sobre los caminos, la electricidad y otros servicios básicos). La participación en diversas reuniones con otras organizaciones de productores, son siempre vistas como "experiencias positivas" pero "hay que tener tiempo. Entre otras causas positivas se nombra la posibilidad de hacer oír sus reclamos, sobre todo en relación a medios de comercialización "más justos" , "directos" , así como para la obtención y el intercambio de semillas y de experiencias sobre distintos tipos de formas de ventas (ferias comunitarias, circuitos locales etc.). No pudimos registrar ninguna manifestación de intercambio de conocimientos o discusiones de problemas de experiencias agroecológicas. Si en alguna reunión se trató el tema, se orientó a la posibilidad de cobrar diferencialmente la verdura "sana" aún cuando los criterios para decir que algo es sano variaron considerablemente (al punto de identificar la producción familiar como "lo sano" en oposición a lo hecho a gran escala, aún cuando se utilizaran los mismos insumos químicos).

7. Evaluación de la experiencia

Durante los primeros años la experiencia pareció tener una dirección firme y concreta, convirtiéndose en un proyecto innovador y de considerable proyección. Sin embargo, su desarrollo fue sumamente desparejo y en la actualidad pasa por un proceso de estancamiento de dudosa resolución. Se piensa que algunos de los posibles motivos que favorecieron esta situación son:
Un refuerzo de una lógica basada en el cómputo de costos y beneficios económicos: lo que en una primera instancia sirvió para fomentar el cambio productivo, aseverando que lo agroecológico implicaba menos costos en insumos, fue convirtiéndose en una salida para cuando no hay dinero, " para cuando no queda otra "; pero si hay recursos para comprar los insumos, se compran. Lo mismo en el sentido dado a la organización: aún cuando se está esperando favorecer la solidaridad entre vecinos productores, se negocia la participación de los mismos con la gestión de recursos.
Una deficiencia en ejemplos que reafirmen la existencia concreta y real de la producción agroecológica. Experiencia de productores que convaliden a nivel práctico (y no solo en los discursos de los técnicos) la posibilidad de vivir de una producción agroecològica. Persiste, aunque de manera oculta, la idea de que "son todas mentiras", ".el que me dice que hace tomate sin echarle nada es un mentiroso".

Por último, un análisis incompleto del contexto cultural en que se lleva a cabo la experiencia. En este sentido cabe remarcar que los objetivos de cambio productivo necesariamente requieren de un cambio en cómo entender y percibir temas sumamente complejos, tales como la concepción del trabajo de productor, el papel de la naturaleza y del hombre, el cómputo de beneficios a la vez económicos, ambientales y sociales, etc. A pesar de aceptarse que esto también debería formar parte del cambio, no existen en la práctica recursos intelectuales ni reflexión conciente y rigurosa de lo que esto implica.

8. Reflexiones finales

En relación al último punto del apartado anterior, creemos que, en términos de reflexión, se puede ahondar al menos en dos direcciones.

En primera instancia, es cada vez más apremiante la necesidad explicitada por técnicos y distintos interlocutores acerca de intervenir "de alguna manera" en la crisis ambiental que está generando la forma actual prevaleciente de hacer agricultura. Se vislumbra tanto la pobreza en que está sumergido el sector de pequeños productores, como la creciente fragilidad ambiental que se ha desatado, en gran medida, por el uso de tecnologías contaminantes. Sin embargo, la intervención propuesta aún se basa en sustituciones de insumos, en la priorización de aspectos económicos aislados y en un conocimiento teórico/ práctico que necesita de mayor fundamentación y ejemplificación. A su vez, carece de una reflexión epistemológica que acompañe las nuevas propuestas, que será necesaria si la evaluación de las tecnologías comienza a realizarse desde una comprensión sistémica de sus efectos. En este sentido, la fragmentación tradicional entre ciencias, obstaculiza el diálogo y la generación de lenguajes compartidos, al mismo tiempo que persiste en brindar soluciones puntuales a problemas globales. Para los científicos sociales,

".el análisis deberá partir de considerar que aquella parte de la problemática ambiental que les concierne directamente está indisolublemente unida a la problemática general y política. Preparar científicos sociales capaces de enfrentar esa problemática requiere un cambio profundo en la formación de los científicos -"sociales" y "naturales"- que signifique una toma de conciencia de la dimensión social de la ciencia y de la responsabilidad social del científico." (García, 2006)

La posibilidad de desarrollar una mirada interdisciplinar de los problemas de la agricultura familiar implica no solo un avance en el diálogo entre ciencias sino también entre éstas y los diferentes organismos oficiales y organizaciones no gubernamentales, afín de orientar la reflexión conjunta y generar propuestas viables para los productores y la naturaleza.

Por otro lado, es menester considerar la historia local. Debería ser posible el comienzo de análisis que contemplen los resultados de décadas de propaganda estatal y privada acerca de las bondades del modelo de la Revolución Verde , de lo generado por una erosión cultural que devastó las tradiciones más profundas (convirtiendo el trabajo del productor en un trabajo despojado de conocimientos teóricos que vinculen sus observaciones y reflexiones, caricaturizándolo como un sujeto/bestia dedicado a la dura tarea del campo), y el significado de un proceso histórico de adopción de la vida urbana como modelo de consumo y realización de una sociedad. Es necesaria la introducción de este tipo de análisis para no exigir cambios en la escala de valores, en este caso a los productores, mientras el total de la sociedad, incluyéndonos, apunta a mantener inalterados los niveles de consumo, la generación de prestigio, la separación de la naturaleza, etc.

Experiencias como las del Parque Pereyra Iraola nos permiten avanzar en la discusión y comenzar a afrontar nuevos desafíos al conjunto de las ciencias. Son un llamado a la participación de las ciencias sociales para contemplar desde nuevos interrogantes las vinculaciones entre naturaleza y cultura, entre sujetos y objetos de estudio, entre ciencias aplicadas y ciencias teóricas. Son también, y por último, una posibilidad para la construcción de un marco científico que retome preguntas sobre los valores, los medios y los propósitos de nuestra cultura.

Notas

(1) En los apartados 4, 5 y 6 se incluyen citas textuales (entre comillas y en cursiva) de distintos productores, registradas tanto en entrevistas como en conversaciones informales durante el trabajo de campo realizado entre los meses de abril/ diciembre del 2006.

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Fecha de recibido: 28 de julio de 2008.
Fecha de publicado:
20 de enero de 2009.

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