Mundo Agrario Vol 11, No 21 (2010) - Comerci
Mundo Agrario, vol. 11, nº 21, segundo semestre de 2010. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios Histórico Rurales

Artículo/Article

Territorialidades, espacios vividos y sentidos de lugar en tiempos de avance de la frontera productiva

María Eugenia Comerci

UNLPam (Universidad Nacional de La Pampa, Departamento de Geografía)
Becaria CONICET (Universidad Nacional de Quilmes)
eugeniacomerci@gmail.com

Territorialidades, lived and senses of place in advance of the productive frontier times spaces

Resumen
En pleno proceso de corrimiento de la frontera productiva y emergente disputa por el uso y apropiación de los recursos, la intervención de distintos sujetos sociales en el oeste de La Pampa está redefiniendo las prácticas productivas-reproductivas de los crianceros campesinos y, en consecuencia, la construcción social del espacio. Desde la finalización de las campañas militares contra las sociedades indígenas diferentes agentes, mediante el ejercicio de poder, construyeron determinadas representaciones territoriales y pusieron en acción prácticas tendientes a articular el oeste pampeano con la economía nacional. Sin embargo la escasa valorización de este espacio posibilitó el desarrollo de cierta autonomía en las formas de organización socio-productivas y simbólicas. Ante la expansión de la frontera ganadera, el impuso hidrocarburífero en la región y creciente presencia de nuevas lógicas territoriales crecen las confrontaciones por el desigual acceso a los recursos naturales, por la apropiación del espacio y la construcción de territorialidades. En este marco, el artículo focaliza la mirada en la organización interna de los asentamientos rurales y en los usos sociales de los espacios a través del tiempo, en dos áreas del "extremo" oeste: La Humada y Chos Malal. De este modo se pretende establecer cómo se organizaron diacrónicamente los espacios doméstico, peridoméstico y monte y qué sentidos expresan los sujetos en torno a los espacios de vida y lugares en tiempos de expansión de la frontera productiva. El nuevo campo social generado producto del avance del capitalismo sobre las unidades campesinas se expresa, no sólo en las modificaciones en las formas de manejo del ganado, organización de la producción y construcción social del espacio, sino también en las formas de sociabilidad y estrategias de resistencia colectivas. Este proceso, que se está gestando en la región, tiene un desarrollo similar en otros espacios donde el avance productivo se ha generado con anterioridad o a un ritmo más acelerado. Para la realización de la investigación se articulan diferentes estrategias de metodología cualitativa que combinan el estudio de caso con historias de vida, entrevistas en profundidad y análisis de fuentes documentales.

Palabras claves: territorialidades; espacios vividos; oeste pampeano; frontera productiva; territorios alternativos .

Abstract
In full process redshift the productive border and pop-up dispute over the use and appropriation of resources, the intervention of different social subjects in the West of La Pampa is redefining productivas-reproductivas practices crianceros farmers and, consequently, the social construction of space. Since the end of the military campaigns against agents, different indigenous societies through the exercise of power, built certain territorial representations and put into action practices tending to articulate the pampean West with the national economy. However little appreciation of this space made possible the development of certain forms of organizing socio-productive and symbolic autonomy. Before the expansion of the livestock border, the imposed hydrocarbon region and increasing presence of new territorial logics grow confrontations by unequal access to natural resources, the appropriation of space and the construction of territorialidades. In this context, article focused on the internal organisation of rural settlements and social uses of spaces of time, in two areas of the West "end" look: La Humada and Chos Malal. This mode is intended to establish how organized spaces home, peridomestic and mount and what senses expressed subjects into life and places spaces in times of expansion of the production frontier. The new social field generated product of capitalism on the peasant drives progress is expressed, not only changes in forms of livestock, management organization of production and social construction of space, but also in forms of sociability and collective resistance strategies. This process, which is brewing in the region, has a similar development in other spaces where productive progress has occurred before or at a faster pace. Different qualitative methodology strategies that combine the study case with life stories, in-depth interviews and analysis of documentary sources are articulated for the conduct of research.

Keywords: territorialidades; lived spaces; pampean West; productive border; alternative territories.


Introducción:

El modelo productivo basado en la exportación de cereales y carnes dominante en el este pampeano presentó escasa valoración social en el espacio occidental de la Pampa. Esto posibilitó la persistencia de modos de organización socioproductiva relativamente autónomos (1). El "extremo" oeste (véase mapa 1) se configura como un área con penetración lenta del capital, con predominio de relaciones de producción basadas en el trabajo familiar, con la excepción de producciones acotadas y puntuales, de acuerdo con la definición de espacios no pampeanos de Manzanal y Rofman (1988).

Los grupos domésticos predominantes en esta área -llamados localmente "puesteros/ras"- no responden al perfil empresarial de los productores del este de la provincia sino más bien a crianceros-campesinos del sur mendocino o norte neuquino. Esta denominación adquiere un significado diferente del que se le otorga en la región pampeana. En el sector oriental de la provincia el puestero es un peón rural encargado del cuidado del ganado en un área del campo. A diferencia de otros lugares -como en el sur mendocino- en los que el concepto encubre situaciones de aparecería muy precarias con el propietario del campo, en el oeste pampeano el puestero/a es un productor/a familiar, criancero, que reside y trabaja en su unidad productiva -el puesto-, cualquier sea su relación jurídica con la tierra. Por lo general no existen vínculos (salvo contadas excepciones) con el titular registral. Asimismo, muchos productores que son propietarios de sus tierras se definen como puesteros ya que habitan en el puesto, unidad de residencia y de trabajo del grupo doméstico.

Desde el punto de vista ambiental el área de estudio pertenece a dos subregiones establecidas por el INTA (1980): la pediplanicie con coladas lávicas (2), en la zona de La Humada, y la meseta basáltica (3), en la zona de Chos Malal, ambas articuladas con sistemas geomorfológicos e hidrológicos de la región cuyana. La vinculación con este espacio no es sólo física sino también histórica, cultural y económica dado que existen densas tramas sociales comerciales, vecinales y parentales con el sur mendocino y la región de la Payunia (4). El espacio rural en la actualidad se configura con escasas estancias ganaderas y diversos "puestos" -concebidos como unidades de explotación campesina- de los cuales se ubican 36 en Chos Malal y 20 en La Humada. Además de los puestos dispersos y parajes articulados con huellas y picadas, actúan como nodos las localidades de La Humada (con 419 habitantes), Puelén (312 pobladores) y Algarrobo del Águila (147 habitantes). Tanto por el corrimiento de la frontera ganadera vacuna como por el impulso minero, en los últimos veinte años la zona se ha revalorizado poniendo en jaque la capacidad de reproducción de las economías campesinas. En este escenario crecen las confrontaciones por el desigual acceso a los recursos naturales, por el uso y apropiación del espacio y la construcción de territorialidades.

Mapa 1. Posición de las zonas de estudio en la región

Comerci, Mapa 1
Cartógrafa: Daila Pombo

En estudios previos focalizamos la mirada en los agentes externos a la zona los cuales, mediante el ejercicio de poder, construyeron determinadas representaciones y materialidades espaciales. En este escenario, el Territorio Nacional de La Pampa -concebido desde Buenos Aires como un espacio "salvaje" y "desértico", localizado al otro lado de la "frontera" y "al margen" de la civilización- a fines del siglo XIX, comenzó a ser mensurado, cartografiado y comercializado en el mercado de tierras. La Geografía -al servicio del poder- reprodujo esta espacialidad abstracta, geométrica, lineal y uniforme mediante la cartografía física y catastral. Al mismo tiempo que se construían representaciones sobre los distintos sectores que integraban el territorio occidental, el Estado intervenía con acciones concretas en el espacio. Lentamente diferentes agentes e instituciones, mediante la ejecución de distintas políticas públicas, buscaron articular las partes del puzzle que conformaban el oeste con el este pampeano (Comerci, 2009). No obstante estas territorialidades controladas y dominadas desde el nuevo poder, coexistieron con otras, irregulares y singulares, objeto de análisis de este trabajo.

En este artículo centraremos el análisis en los procesos internos, prestando atención a las organizaciones espaciales construidas desde el lugar y las formas de apropiación material-simbólica. De este modo, avanzaremos en la explicación de la organización interna de los asentamientos a diferentes escalas y en los usos sociales de los espacios a través del tiempo. Para abordar estos procesos recurriremos a diversas fuentes: documentos audiovisuales, publicaciones académicas, informes técnicos, archivos originales de mensura, cartografías, registros eclesiásticos, estadísticas, fotografías y relatos orales recopilados durante el trabajo de campo realizado en distintas oportunidades en las zonas Chos Malal y La Humada (5).

A continuación, plantearemos una serie de discusiones teóricas que guían el desarrollo del artículo. De este modo, exploraremos algunas dimensiones que permiten cargar de significación y reconstruir categorías analíticas que ofrecen herramientas para la comprensión del caso de estudio. Identificaremos, asimismo, algunas perspectivas de análisis provenientes de diferentes corrientes epistemológicas para ampliar el espectro de posibilidades de interpretación de los procesos.

1. Herramientas analíticas que orientan la interpretación de los proceso

En este apartado nos proponemos abordar las principales categorías teóricas que utilizaremos como herramientas analíticas en este trabajo. Nos referimos a los conceptos de espacio y territorio. Consideramos significativos los desarrollos teóricos de las corrientes geográficas críticas así como de las tradiciones culturales, cuyos límites epistemológicos son difusos y difíciles de demarcar.

Desde las perspectivas de las Geografías Radicales de los años '70, el espacio comenzó a concebirse como un "producto social". De este modo se resignificó como una construcción histórica y dinámica, un artificio resultado de las continuas trasformaciones que las sociedades, que expresa materialidades y elementos tangibles, pero también emite mensajes por medio de ideas que contribuyen a legitimar el orden y reproducir lo establecido. Esta mirada relacional de la espacialidad puso especial énfasis en las relaciones de poder en la construcción de los espacios y en la generación de desigualdades.

En los enfoques críticos de las llamadas "Geografías Disidentes", renovados desde fines de la década de 1990, se retomaron discusiones en torno a las relaciones poder-conocimiento y teoría-práctica reivindicando el activismo, el compromiso social e involucramiento de los intelectuales en la construcción de un saber con fines emancipatorios (Zusman, 2002). De este modo en el presente se están pensando las espacialidades desde el punto de vista de los sectores oprimidos, buscando visibilizar los mecanismos que generan desarrollos geográficos desiguales y poniendo a la luz territorialidades, sentidos de lugar y prácticas espaciales que expresan territorios alternativos y temporalidades flexibles.

Otras tradiciones enmarcadas en las Geografías Culturales recuperaron dimensiones del mundo imaginario destacando la importancia de la realidad unitaria y compleja, integrada por dimensiones subjetivas y objetivas, materiales e inmateriales, individuales y sociales, temporales y espaciales. En este contexto se desplazó la mirada desde el espacio al territorio. En el presente coexisten distintos sentidos del concepto: desde concepciones clásicas que lo asocian con las "secciones del espacio ocupado" por individuos, grupos o instituciones del Estado moderno, a definiciones que lo relacionan con el poder social-simbólico de un grupo por el control del espacio.

A. Passi (2003) considera al territorio como un proceso social en el cual espacio y acciones sociales son instancias inseparables. La construcción de territorios supone materializar determinadas relaciones de poder (Sack, 1986) y constituye una estrategia para controlar la movilidad de un área. Siguiendo esta línea de abordaje, desde la propuesta teórica proveniente desde la geografía brasilera, J. Lapes de Souza (1995: 78), resignifica la noción territorio como un "espacio definido y delimitado por y a partir de relaciones de poder". De este modo, nos acercamos a la propuesta que concibe al territorio como un espacio dominado, controlado y apropiado por un grupo que ejerce poder en un terminado lugar.

Creemos que los aportes que ofrece la Geografía Cultural -con la incorporación de las dimensiones subjetivas y existenciales en la construcción social del espacio y en la producción de territorialidades-, no son incompatibles con los desarrollos conceptuales de la Geografía Crítica y las relaciones establecidas entre espacio, poder, territorio y desarrollo desigual. Desde esta perspectiva intentaremos abordar el análisis del estudio de caso.

2. Cambios y permanencias en la construcción social del lugar en La Humada y Chos Malal

La presencia de distintos recursos naturales y la posición estratégica del área de estudio posibilitaron la valorización social del espacio en el oeste de La Pampa, en distintos momentos históricos. Antes de la conformación del Estado nacional, las sociedades indígenas nómades hicieron uso del agua de los manantiales, explotaron los salitrales, así como también de la flora y fauna del monte. La presencia de estos recursos y un profundo conocimiento del lugar, posibilitaron la supervivencia de los grupos aborígenes, el dominio de ciertos espacios y áreas influencia. Las territorialidades indígenas producidas se vinculaban, por un lado, con la posición estratégica de este espacio en la región y el desarrollo de distintas prácticas de intercambio con los grupos andinos y ranqueles. Al mismo tiempo, esas territorialidades poseían una lógica interna, expresada en el lugar, mediante una densa red de rastrilladas que articulaban nodos (manantiales y zonas altas), los cuales posibilitaban el aprovisionamiento temporal de recursos y el control local del lugar. Producto de la valorización social del área han quedado improntas en el espacio -materializadas en las pinturas rupestres- que expresan representaciones sobre los modos de vida e imaginarios sociales indígenas (Comerci, 2009).

Entre los territorios indígenas y los que integraban el Estado nación existían fronteras que actuaban como "dispositivos de control" (Benedetti, 2007) y se creaba un espacio con dinámica propia en el que confluían procesos de diferenciación y contacto, dominación y resistencia. Con las campañas militares contra los pueblos originarios de 1878 y la consolidación del modelo de acumulación basado en la exportación de materias primas, se intentaron integrar los espacios en dominio indígena al conjunto nacional, marcando una nueva fase en la estructuración espacial que generaba una ruptura con la preexistente. El nuevo control del espacio, supuso la creación de otras territorialidades acordes con sus intereses, expresadas en una cartografía al servicio del orden dominante (Zusman, 2000; Harvey, 2003). De este modo, el concebido "desierto" comenzó a ser mensurado, amojonado y compartimentado, conformando un perfecto damero.

No sólo se buscó controlar material y simbólicamente estos espacios sino también integrarlos al conjunto pampeano y a la economía nacional, desdibujando históricas redes con la región cuyana. El Estado nacional primero, y el gobierno de la provincia de La Pampa luego, fueron agentes destacados en la nueva fase del proceso de construcción social del espacio, reproduciendo en la estructuración tiempos, formas y sentidos, por lo general ajenos a la zona de intervención y tendientes a mantener y reproducir el orden social establecido.

Al mismo tiempo, en condiciones de extrema precariedad, el espacio se comenzó repoblar con descendientes indígenas y "criollos", que se fueron asentando en las aguadas naturales de los "campos libres", dando origen a los "puestos". En forma paralela a estos procesos se vendían en el mercado inmobiliario las tierras oesteñas, pero la zona, entonces carecía de valor social. Durante décadas, ambos procesos (poblamiento espontáneo y venta de tierras) coexistieron sin mayores conflictos, hasta que -a fines del siglo XX- los espacios "marginales" se valorizaron y las lógicas productivas y territoriales entraron en tensión. En este marco se está reconfigurando la región (6) así como las estrategias de vida de los campesinos dando origen a nuevas tramas sociales y relaciones de poder. Asimismo este proceso está resignificando la unión de los crianceros en torno al lugar -concebido como una porción del territorio con una carga simbólica y afectiva (7)-, como estrategia de lucha.

Partimos del supuesto que los procesos de territorialización se construyen como fruto de las interacciones entre las relaciones sociales de poder por la dominación concreta y simbólica de un espacio (Lapes de Souza 1995; Haesbaert, 2004). En este contexto, los grupos dominantes, en cada momento histórico, ejercieron su poder mediante la construcción de una organización espacial, valorando determinados recursos y apropiándose -material y simbólicamente- de ciertos elementos del lugar. Si bien pueden identificarse en cada fase del proceso de construcción ciertas territorialidades (las creadas por las sociedades indígena precampañas y las desarrolladas por el Estado) existió en cada proceso un cierto margen de autonomía que posibilitó la persistencia de prácticas, usos sociales y apropiaciones del espacio (y del tiempo) alternativos. A continuación avanzamos en la caracterización de esas prácticas y tramas sociales generadoras de determinada organización espacial que actualmente está entrando en tensión con otras territorialidades.

3. Grupos domésticos, prácticas productivas y usos del espacio en el extremo oeste de La Pampa

En el sector más occidental de La Pampa (véase mapa 1), las familias campesinas se dedican a la cría de ganado caprino, vacuno y equino de forma extensiva, la caza de animales silvestres y la elaboración de artesanías en los puestos. Los grupos domésticos llevan a cabo distintas actividades y una articulación de prácticas que dan cuenta de la diversidad de fuentes de ingresos y complementariedad de la producción.

La cría de ganado mixto (que se genera en diferentes combinaciones de acuerdo con la receptividad ganadera de la zona y los recursos con los que cuente la explotación), se destina al autoconsumo y al mercado interno. La comercialización del ganado en pie se genera, en el caso de La Humada, vía intermediarios que acceden a los puestos o bien, de forma directa en comercios del pueblo. En el paraje Chos Malal, dada la mayor distancia a los centros de consumo y carencia de trasporte propio de la mayoría de los crianceros, los intercambios se producen temporalmente cuando los vendedores ambulantes ("mercachifles"), intermediarios (generalmente del sur mendocino) o empleados del frigorífico caprino de Santa Isabel, acceden a los puestos. La reducida capacidad de negociación de los campesinos, dependencia de insumos y las condiciones de mercado monopsónico imprimen una desigual relación de intercambio con estos agentes.

Todas las unidades domésticas poseen gallinero, y en algunas se crían patos, gansos y pavos para el consumo familiar. Algunas, además elaboran artesanías (tejido en telar y soga) para consumo y/o venta (8); practican la caza de zorro, piche, avestruz; comercializan las plumas, las pieles o el guano y recolectan especies del monte para leña o la realización de tinturas naturales, infusiones y remedios caseros. Eventualmente los crianceros complementan sus ingresos con trabajo -por lo general, masculino- extrapredial en estancias de la zona o bien en la localidad de La Humada, con remesas de parientes (en forma de especias) o con ingresos provenientes desde el Estado mediante diferentes programas de promoción social (vía microcréditos, subsidios, cajas de comida, pensiones, entre otros)

Desde el punto de vista jurídico, los grupos domésticos del paraje Chos Malal ejercen actos posesorios desde comienzos del siglo XX, carecen de los títulos de propiedad de las tierras, las cuales pertenecen al Estado provincial. En el caso de La Humada predomina la propiedad privada y/o sucesión en relación con la tenencia de la tierra (9). La gran mayoría de las explotaciones poseen superficies inferiores a la establecida por la unidad económica (5000 has.) y utilizan exclusivamente trabajo familiar.

El espacio de influencia y de socialización de los grupos domésticos expresa un intenso contacto poblacional, comercial y territorial con las localidades y puestos mendocinos. La particular distribución de los puestos en el espacio regional es producto de la combinación de cuatro factores: los lazos familiares, la relación jurídica con la tierra, la valorización social de los recursos naturales locales y la cercanía de picadas y/o cruces de caminos.

En el paraje Chos Malal las densas redes de parentesco, el manejo común del espacio de pastoreo y la tenencia precaria de la tierra de los grupos domésticos permiten demarcar territorios internos, espacios de dominio y control donde se localizan ciertas familias. De este modo, pueden identificarse "espacios diferenciados" a partir de relaciones de poder entre los grupos domésticos. Al mismo tiempo, la localización de los puestos -al igual que en la organización espacial indígena- coincide con la presencia de ciertos recursos naturales valorados, tales como aguadas naturales, en bajos salitrosos y/o en "mallines" o campos húmedos, articulados por un denso trazado de huellas.

En la zona de La Humada a medida que el grupo doméstico crece y entra en la fase de fisión o reemplazo, algunos de los hijos que deciden permanecer en la actividad y carecen de recursos económicos para comprar la tierra, se instalan a varios metros de la vivienda materna, compartiendo algunos elementos del espacio peridoméstico y el espacio de pastoreo. Los grupos domésticos pertenecientes a diferentes familias no comparten, como en Chos Malal, un espacio de pastoreo común. De este modo, los asentamientos se encuentran localizados de 1 a 10 kilómetros de distancia, dando como resultado una organización espacial dispersa, similar a la de otros lugares del oeste pampeano pero diferente a la de Chos Malal.

La organización interna de los puestos es común en ambos espacios. Cada "puesto" constituye la unidad de explotación campesina y el asentamiento del grupo familiar, que se encuentra organizado en tres ambientes diferenciados: el espacio doméstico, el espacio peridoméstico y el monte o "campo abierto". A los puestos se accede, generalmente mediante uno o dos caminos irregulares o "huellas" que articulan los asentamientos dispersos, pueblos y atraviesan los espacios de pastoreo.

Esquema 1. Croquis de composición de los elementos típicos que conforman un puesto

Comerci, Esquema 1

Tanto la casa como el espacio peridoméstico, asociados con el interior y el "adentro", son ámbitos de dominio de la mujer. Por el contrario, el monte, o área donde se realiza el pastoreo de los animales, así como también las actividades de recolección y caza, es un espacio propiamente masculino. El monte y el espacio peridoméstico, constituyen ámbitos de uso colectivo; por el contrario las "casas" son espacio privados, internos, a los que tienen menor acceso los "no" residentes.

A continuación abordamos, de forma detallada, la configuración de cada uno de los espacios que compone un "puesto".


3.1. Espacio doméstico: el adentro y lo privado

El espacio doméstico integra la casa, que consta de un grupo de habitaciones y una galería o "enramada". Las distintas habitaciones que conforman las viviendas, suelen estar constituidas por un comedor y dormitorios -que pueden estar comunicados o no- y constituyen el "espacio interior". Cada familia nuclear posee su propia "casita", si bien suele compartirse entre distintas generaciones la enramada o los elementos del espacio peridoméstico.

La casa funciona como el espacio propiamente femenino donde se desarrollan las labores domésticas productivas y reproductivas. Dentro de la vivienda la mujer realiza las actividades domésticas y trabaja con el huso/rueca o el telar. El desempeño de esta última práctica dentro del espacio doméstico permite la socialización de las niñas en el trabajo textil, la reproducción de ciertas relaciones de género y el control de las demás actividades que debe realizar en ese lugar (cuidado de niños, aseo de la casa, preparación de comidas, etc.)

El análisis de los relatos orales de los entrevistados y trabajo de archivo permitió identificar cambios en las representaciones de los espacios, en los materiales con los que construían las viviendas y en la organización interna de las mismas a través del tiempo. Algunos testimonios de misioneros salesianos de 1925 identificaban en la "vivienda" en la zona de Chos Malal el origen de las enfermedades de los niños:

Los niños nacen en su mayoría raquíticos y a menudo con enfermedades graves. El origen se debe en gran parte a la vivienda que se reduce por lo general a un recoveco mal abrigado, cubierto de piedras y tierra. En él se hacinan todos los de la familia, por más numerosos que sean. Los hombres y jóvenes duermen casi todos afuera, en las prendas del recado, lo hacen para librarse de la terrible vinchuca que polula en el aposento" (Durando, 1925 citado por Valla; 1998: 24-25).

En la Misión salesiana del año 1972, el párraco Mammana identificó 34 puestos -en los que habitaban 221 personas, es decir, entre 6 y 7 personas por puesto- y clasificó a las viviendas en dos tipos: de "enramada" y de "adobe". Dando continuidad a las representaciones salesianas de principio de siglo, la misión de la década del '70 caracterizaba a las viviendas como precarias y generadoras de enfermedades: "por lo general enramadas y viviendas de adobe dejan que desear la limpieza interior (viven en la tierra, las vinchucas abundan, faltan revoques, desinfección)" (Mammana, 1972)

El informe registraba la cantidad de habitaciones por vivienda, siendo más comunes las casas con dos y cuatro ambientes. Cabe mencionar que algunas viviendas, de familias extendidas, alcanzaban a tener entre cinco y ocho ambientes.

De acuerdo con testimonios de crianceros, desde principios de siglo XX y hasta comienzos de 1990, las casas eran construidas con ladrillo de adobe crudo y greda con techo de paja; de adobe unido con ramas de jarrilla, o de piedra y techo de paja picada. En algunos casos, se menciona que las viviendas tenían formas redondeadas y confluían en un playón central. Los muros -ya sea para los dormitorios, comedores, cocinas o depósitos-, se levantaban de cuatro formas distintas:

  • Con rocas, por lo general, de basalto y/o de granito acomodadas y, en algunos casos unidas algún elemento ligante: adobe o greda (véase fotografía 1).
  • Con ladrillos de adobe crudo, elaborados en moldes, por lo general, cajas de madera en las que se preparaba una masa de barro con pasto y guano que se dejaban secar al sol. El ladrillo crudo se ligaba con greda o adobe y se revocaba (véase fotografía 2).
  • Con "chorizos", es decir, se colocaban maderas y palos verticales de los que se tendían alambres en forma horizontal y a los que luego se les agregaba en dirección opuesta pasto puna. Todo se compactaba con greda y /o adobe, que formaba una superficie lisa (véase fotografía 3).
  • Con "quincha", un entramado de ramas de jarilla, solupe y pichana atado con alambre o ramas. Las ramas verticales se encontraban enterradas y a veces se revocaban con greda y/o adobe (véase fotografía 4).

Las cubiertas o techos -a dos aguas y con unos 30 cm de pendiente- se preparaban con palos, cañas y pasto puna ligado con barro y adobe. Solía ponerse por debajo una lona o nylon para evitar que las esporádicas precipitaciones los destruyeran y pasara el agua. Eventualmente se incorporaban chapas y maderas. Lo usual en la carpintería estaba constituido por maderas obtenidas fuera de la zona o bien de ramas de jarilla. Las familias solían combinar los métodos de preparación (véase fotografía 5), en especial cuando habitaban viejos puestos cuyas paredes ya habían sido levantadas y se las continuaba armando con otros materiales más livianos (ladrillo de adobe, con adobe y paja o con método chorizo). De los cuatro tipos de casas "naturales", en Chos Malal eran más comunes los métodos de construcción con roca, "quincha" y "chorizo"; en La Humada predominaba el uso del ladrillo de adobe crudo. Las siguientes fotografías permiten ilustrar las variaciones de las viviendas de Chos Malal a través del tiempo, los diferentes materiales utilizados y la particular organización del espacio doméstico:

Fotografía 1. Casa construida con piedra de Chos Malal

Comerci, Foto 1
Fuente: Archivo Histórico Provincial, 1966

Fotografía 2. Casa de adobe crudo de 1980

Comerci, Foto 2
Fuente: Archivo Histórico Provincial, 1982

Fotografía 3. Vivienda construida con el método chorizo y revocada

Comerci, Foto 3
Fuente: María Eugenia Comerci, 2007

Fotografía 4. Cocina construida con el método "quincha"

Comerci, Foto 4
Fuente: María Eugenia Comerci, 2009

Fotografía 5. Combinación de materiales en las "construcciones naturales"

Comerci, Foto 5
Fuente: María Eugenia Comerci, 2009

En el pasado todas las casas eran autoconstruidas, si bien participaba toda la familia en el proceso, los hombres eran los encargados de levantarla, mientras las mujeres hacían el trabajo de mantenerla constantemente con el revoque de las paredes. Las casas "tradicionales" se ampliaban a medida que crecía el grupo doméstico y solían estar separadas del resto del espacio por un cerco, llamado "guardaparque", construido con diversos materiales: palos, ramas, cañas, rocas, botellas, chapas o arbustos. En algunos casos la separación se realizaba con plantas adaptadas a la aridez, tales como los tamariscos o jarrillas. Este cercamiento de la casa, que continúa realizándose en la actualidad, permitía establecer un límite entre el "adentro" y el "afuera", y evitaba que ingresen los animales al espacio doméstico. Como subyace en los siguientes relatos, en las representaciones sobre las viviendas se reiteran las asociaciones de las "casitas" con "refugios", "quinchos" o "ranchos":

Las casas eran de piedra y barro... hechas medio redondas... Ahora si vas no conozco nada... están hechas de material...Ha cambiado muchísimo la vida de cómo era antes a ahora...No era una casa así cuadrada, que la podés cuadrar bien, y aparte que la hacían ellos nomás, mi papá, mi mamá, mis hermanas más grandes...La hermana que estaba ahí con ella y siempre estaba ahí...Hacían así las casitas...medio como tipo refugio para poder meterse...era nada más una piecita para todos... Después las demás eran de greda, no se con qué otras cosas, jarilla" (criancera de la zona de La Humada, nacida en Chos Malal).
El puesto primero, primero, eran unas casitas de adobe crudo... con barro nomás, y techo de caña con barro nomás... paja picada arriba, eran dos habitaciones nomás: una cocina y una habitación, ahí dormíamos todos nomás... mucho frío... lá'...frío, frío en la habitación. (Fuente: criancero de La Humada).

Minoritariamente, algunas familias de la zona de La Humada vivieron en "casillas" en forma temporal, cuando trabajaban como peones en estancias de la zona. En estos casos los espacios no aparecen como apropiados. En el siguiente relato se realiza una comparación entre la casa en la que habitaba la familia campesina -considerada una casa de "lata", muy precaria- y la que poseían sus "patrones" -concebida como "una mansión"-.

Del puesto...La Banderita se llamaba el puesto...era chiquito, casas de barro, de tierra y de jarrilla porque no había material (risas), sacaban agua a pelota, a caballo... (...) Cuando me casé, primero vimimo en una casilla de lata, después los patrones hicieron dos casas de material... son las que hay ahí levantada... Eran unas casas así de tierra blanca, blanca... después había una mansión pero donde vivían ellos...Muy tilinga estaba esa casa que teníamos nosotros... no se como no se ha caído, era de tierra, era... después pudimo comprar (...). Este puesto los hicieron los chicos míos lo hicieron... hace como...diez años...nueve años... la nena no tenía el añito... no había nada acá!!!" (Fuente: criancera de La Humada).

La década de 1990 supuso grandes transformaciones en las viviendas. Como ocurrió en otros espacios con "casas tradicionales" (Göbel, 2002; Tomasi, 2005) las mayores relaciones con agentes extralocales, vínculos comerciales y aumento de la conectividad permitieron el acceso a materiales de origen industrial tales como ladrillos cocidos, chapas de aluminio y de cinc, cemento, plásticos, bloques de hormigón, madera enchapada, entre otros. La construcción de las viviendas se terciarizó o bien la continúa haciendo algún familiar que "conoce" del proceso.

Al igual que las tradicionales, las viviendas nuevas cuentan con "enramadas" o "ramadas" que consisten en galerías abiertas construidas con ramas, maderas o chapas en las que suele situarse una mesa rodeada por sillas y se desarrollan las actividades artesanales. La enramada constituye un espacio de reunión en torno a la "matera" (Poduje, 2000), especialmente utilizado en primavera y en verano. Suelen colgarse cueros y latas con preparaciones para curar enfermedades de los caprinos en las maderas vectoras del techo y, eventualmente, se las cierra con plásticos para reducir el viento. Frente a la casa y la enramada se encuentra la "cocina", generalmente localizada fuera de la casa, dentro del espacio "peridoméstico".

En la zona de Chos Malal la intervención del Estado provincial fue estratégica en la nueva organización del espacio doméstico. Entre otras cuestiones, la nueva vivienda mejoró sustancialmente las condiciones de vida y reorganizó las actividades familiares ya que la posibilidad de acceder a luz eléctrica durante la noche permitió el desarrollo de las actividades artesanales y /o tareas domésticas. Las viviendas, no obstante, presentan una arquitectura poco adecuada para la zona y una organización interna similar a las de los barrios planificados por el Estado en las ciudades.

Las casas entregadas (10) se constituían de tres habitaciones: una cocina-comedor, dos habitaciones y un baño interno. Asimismo estaban dotadas de una galería, similar a las enramadas que, con el transcurso de los años, solían ser cerradas e incorporadas al espacio interior (véase fotografía 6). Cada casa estaba dotada de una cisterna para la obtención de agua llovida y una pantalla solar de 12 voltios, apta para electrificar las habitaciones. Los muros, construidos de ladrillo cocido y cemento, se entregaban revocados y pintados, con techos y aberturas de chapa, similares a las de los barrios urbanos del este de La Pampa.

Con el correr del tiempo, las familias realizaron reformas en la gran mayoría de las viviendas ya sea mediante la incorporación de galerías, estufas a carbón, el cierre de ventanas y puertas o la generación de nuevas habitaciones. En muchos casos, cuando el Estado construyó la nueva vivienda (sólo en el caso de Chos Malal) lo hizo al costado de la vieja casa y esta permaneció utilizándose como vivienda de abuelos o hijos, o bien, como depósito de alimentos y/o herramientas.

En el caso de La Humada, algunos crianceros pudieron acceder a la compra de casas preexistentes (proceso llamado el "pago de la asistencia"), arreglaron la casa vieja, por lo general construida de adobe, o bien, con ayuda de familiares y mucho esfuerzo levantaron una nueva vivienda. Los siguientes testimonios aluden a las diferentes formas de acceso a la construcción de las "casas nuevas":

Mi hermano hizo esto (la casa)... el que está en La Humada, es albañil... pero no nos alcanzó para revocar ni para el piso... tiene mucha idea para hacer (...) pero de a poco la vamos a arreglar (criancera de la zona de la Humada).
Acá mismo estaba la casa de adobe. Se fue reformando. Así que... Eso sí, la casa se ha ido reformando, lo mismo que los guardaparques todo se ha ido reformando (...) Lo mismo que la modificación de la casa, la fui dándole forma que quedara con una sola puerta, ... (...) Así le fui dando forma a la casa, modificándole la, cómo es, como quien dice la forma que la habían hecho. Así que... Porque antes eso lo pensaban, no lo ponían en cuenta. Si tenían que seguir haciendo tres piezas a la par no no... (productor de La Humada).
Esa tierra era de M.. era y nosotros compramos la asistencia, como le llamaban ellos, o sea la casa... entonces ellos se fueron... se fueron a una casa, no se adonde era...Tiene que haber sido en el '70 o en el sesenta y pico... y después a los pocos años, se fue a vivir la abuela, la madre de mi mamá... estuvo con nosotros hasta que falleció... Y por ahí siempre sabia estar un tío con la señora también... habían hecho un quinchito aparte (criancero de La Humada).

En la actualidad, las viviendas son rectas, simétricas, por lo general poseen integración de habitaciones y están construidas con ladrillos cocidos y techo de chapa. Sólo en algunas familias con menos recursos continúan elaborándolas los integrantes del grupo doméstico (véase fotografía 7). Cuando las construyen albañiles, las casas son similares a las de parajes del sur mendocino (Agua Escondida, La Salinilla) pues tienen una estructura con vigas horizontales que actúan previendo los movimientos sísmicos, como lo establece el código urbano del pueblo de La Humada.

Fotografía 6. Casa de Chos Malal post intervención con modificaciones

Comerci, Foto 6
Fuente: María Eugenia Comerci, 2009

Fotografía 7. Casa de La Humada sin comunicación interna

Comerci, Foto 7
Fuente: María Eugenia Comerci, 2008

Con respecto a la orientación de las viviendas, no hemos detectado un patrón común. La orientación suele relacionarse con los recursos de la zona (por ejemplo las casas se ubican frente a un salitral o una formación rocosa, o bien frente a un camino). Algunas casas están orientadas al oeste y, otras, al norte y al sur, pero no podemos identificar un patrón común como ocurre en algunas comunidades campesinas y/o indígenas de otros lugares.


3.2. Espacio peridoméstico: entre el adentro y el afuera

Es el espacio que se encuentra en el área de transición entre la vivienda y el monte abierto. Se compone de diferentes construcciones que rodean la casa, constituidas por una cocina techada, el depósito, el sitio de provisión de agua, el horno de barro, la letrina, el gallinero, el playón, los corrales para caprinos, el picadero, y, eventualmente bebedero, manga y bretes para vacunos. A diferencia de las "casas" que suelen poseer cada familia nuclear, el espacio peridoméstico es un ámbito colectivo compartido por diferentes generaciones dentro de las familias con estructura ampliada. Es decir, una familia compuesta por tres generaciones, suele tener tres casas pero comparten los elementos del espacio peridoméstico. Cada uno de ellos se organiza con una combinación de instalaciones y áreas de uso específico delimitadas territorialmente. A continuación abordamos los rasgos de cada elemento (véase esquema 1):

  • Cocina: localizada fuera de la casa, está construida con ramas de jarilla y solupe con el método "quincha". Suele techarse con maderas o chapa, paja y barro. Es un espacio con formas cuadradas o redondeadas que gira en torno al fogón. Las paredes internas suelen estar revocadas con barro o adobe. Se lo utiliza para realizar alimentos y/o preparar las coloraciones para teñir los vellones de lana. La única abertura es la puerta, no poseen ventanas ni chimeneas (véase fotografía 8).
  • Horno: Suele localizarse frente a la casa, construido con ladrillos cocidos, adobe y barro.
  • Depósito: es un espacio realizado con diversos materiales -con los cuatro métodos de elevación de muros- destinado a guardar mercadería, cueros, vellones de lana, elementos de trabajo, herramientas y otros objetos. Suele ubicarse cerca de la casa. En la zona de Chos Malal se utilizan las casas "viejas" con este fin, en especial las construidas con rocas, que permiten mantener baja la temperatura y evitar así la descomposición de los alimentos.
  • Sitio de provisión del agua: no siempre se ubica cerca de la vivienda, a menudo se encuentra a más de cincuenta metros de la misma. Está rodeado por un cerco, por lo general de palos y alambre. Si bien las casas nuevas de Chos Malal poseen equipos de cisterna, que no siempre tienen un funcionamiento óptimo, la mayoría de las explotaciones posee un "jahuel" movido con motor mecánico o eléctrico (véase fotografía 9). La presencia de "ojos de agua" promueve la creación de "bocas" construidas con cemento en las que a un metro o dos aflora naturalmente el agua. En el pasado se solían utilizar caballos para sacar agua o se usaba bombas manuales en la zona de La Humada, dada la gran profundidad de la napa freática. Actualmente se extrae con bombas a motor eléctrico, molinos de viento, y ocasionalmente, abastecen los tanques con agua derivada del acueducto del pueblo.
  • Gallinero: se localiza al costado de la casa y presenta distintos materiales. En algunos casos están construidos con cañas, ramas y maderas y, en otros, simplemente con arbustos cercados con ramas o con los materiales que consiguen (chapas, caños, plásticos, etc.).
  • Letrina: está construida por una pequeña habitación de ladrillo crudo o cocido o bien de quincha, generalmente alejada de la vivienda. En las "casas nuevas" el baño está incluido dentro del espacio doméstico, por lo que queda en desuso este lugar.
  • Playón: es un espacio plano que circunda a las viviendas, suele estar transitado por personas y animales. Presenta sobrepisoteo y compactación del suelo.
  • Corrales: (para caprinos y ovinos) los más habituales suelen realizarse de "monte" con el método de chincha y presentan formas rectangulares o redondeados. También se utilizan maderas y alambre en la construcción. En algunos casos, en uno de los márgenes, se los techa y subdivide para proteger y diferenciar a los animales, de acuerdo con la etapa de crecimiento de los chivitos (véase fotografía 10). Al sur de la zona de Chos Malal existen corrales de "pirca" es decir, construidos con rocas, y en algunos puestos cercanos a Puelén se usan caños petroleros en la construcción.
  • Picadero: consiste en un cerco, por lo general, de forma circular realizado con quincha o postes de madera y alambres, donde se ubican y amansan caballos y yegüerizas. Suele estar al reparo de olmos o tamariscos.
  • Otras instalaciones: están constituidas por corrales para vacunos, mangas, bretes. Se concentran en la zona de La Humada. No son elementos usuales en Chos Malal donde muy pocas familias crían ganado vacuno.

Fotografía 8. Interior de "cocinita" de pichana

Comerci, Foto 8
Fuente: María Eugenia Comerci, 2009

Fotografía 9. Jahuel a tracción mecánica

Comerci, Foto 9
Fuente: María Eugenia Comerci, 2009

Fotografía 10. Corral de "quincha"

Comerci, Foto 10
Fuente: María Eugenia Comerci, 2009

Entre los principales cambios a través del tiempo en el espacio peridoméstico, más que nuevas funciones en el uso del espacio, podemos mencionar los diversos materiales con los que se construyen los corrales, picaderos, letrinas, entre otros (que incluyen el uso de madera, chapa, cemento o ladrillo cocido). En los últimos años, mediante los créditos del Programa Social Agropecuario y asesoramiento del INTA se están realizando mejoras en los corrales mediante la incorporación de tablas de pino y la construcción de refugios para los caprinos. Otras transformaciones asociadas con el avance de la producción vacuna para cría -en la zona de La Humada- se expresan en la incorporación de mangas, bretes, bebederos, molinos y tanques australianos o reservorios de agua de cemento.


3.3. El monte o "campo abierto": el afuera y lo colectivo

El monte no presenta subdivisión interna, aunque algunos productores foráneos -como desarrollaremos en el próximo apartado- están trazando el alambrado perimetral. El "campo abierto" constituye un espacio de vida fundamental para la supervivencia de las familias. Además de ofrecer pasturas y aguadas naturales para el ganado (pequeños manantiales), garantiza el desarrollo de múltiples actividades de recolección y caza que aportan alimentos, insumos a la producción artesanal o productos para el intercambio.

Como ya lo mencionamos, en el paraje Chos Malal existen espacios de pastoreo común de los que diferentes familias hacen uso social de los recursos. En estos casos, la delimitación de los campos actúa en planos simbólicos basados en las relaciones de poder de cada grupo. De este modo, existen zonas de pastoreo de cada familia dentro de ese espacio mayor compartido por determinados grupos domésticos (véase fotografía 11). Los límites entre el "área de influencia" de una familia y otra, son relativamente flexibles y dinámicos. Por lo general ciertos recursos naturales (lagunas, manantiales, afloramientos rocosos, bajos-salitrales) marcan las diferenciaciones de las áreas de influencia de cada grupo de familias y bajo la denominación de esos recursos se identifica cada zona y grupo (Ej. la zona de Piedras Coloradas, Los Rincones, Los Carrizales, entre otros). Desde el punto de vida productivo, más allá de la obtención de fauna silvestre, agua y flora, la presencia de cambos abiertos (y el consecuente intercambio de ganado entre distintas familias) constituye una estrategia que evita la endogamia entre animales y reduce la necesidad de asignar recursos para la compra de reproductores. Este uso colectivo de la tierra fue registrado por los misioneros salesianos en la década del '70 bajo la denominación de "tierras comunes":

La generalidad de las mujeres y varones trabajan en tierras comunes que ellos consideran propias. Existe entre los pobladores una línea imaginaria entre lo común y "propio". Muchos consideran propio el lugar que pisan, ya que la posesión viene de padres a hijos, más allá de los 20 y 30 años. Jurídicamente les corresponde la posesión por prescripción venteañal!!!! Separan sus majadas para la pastura poniéndose de acuerdo (sin problemas en el uso común de los campos mejores). En esta zona se precisan entre 150 y 200 (hectáreas) de campo para un animal (sea este vacunos, caballares, mulares) (Mammana, 1972:10).

El fragmento anterior expresa aspectos de la cosmovisión y las racionalidades de los sujetos en las que lo "propio" no está disociado de lo "común" y además nos remite a los "acuerdos" entre vecinos por el uso del lugar, apropiación y control del territorio.

Fotografía 11. Monte y espacios de pastoreo de ganado

Comerci, Foto 11
Fuente: María Eugenia Comerci, 2009

La representación de la superficie de pastoreo en los crianceros/ras actual es radial y/o asimétrica pues el ganado genera un círculo en torno a la aguada y/o manantiales que existe en el campo. Los animales suelen "largarse" por la mañana según sector del campo que les corresponde, generalmente en contra del viento para evitar la dispersión. Es común que, cuando los animales se pasan a los campos de los vecinos, los crianceros acerquen la majada de chivos perdidos. Por la tarde suele salir el puestero a caballo a buscarlos si no regresan solos. Esta forma de producción y de control social del espacio, desde hace unos cinco años, está entrando en tensión con otras lógicas territoriales que están colisionando producto del avance de la frontera ganadera en el oeste de la provincia de La Pampa.

4. Corrimiento de la frontera productiva y nuevas lógicas territoriales

El proceso de crecimiento de la producción de cereales y oleaginosas en la región pampeana de los últimos veinte años se asoció con una serie de cambios en la estructura agraria y en los sistemas de producción-distribución. La concentración productiva y gerencial en este espacio pampeano promovió la incorporación de tecnología, la profesionalización y terciarización del proceso productivo y el aburguesamiendo de los productores "chacareros" transformados en "cuasi-rentistas" (Balsa, 2006).

En este contexto el avance del modelo pampeano hacia espacios que presentaban una menor desarrollo de las relaciones de producción capitalistas generó graves consecuencias sociales y fuertes reacomodamientos en las estructuras productivas. Al ser los precios relativos de las tierras de la región extrapampeana mucho menores a los del espacio pampeano, se generó un acelerado cambio en el tipo de tenencia de la tierra y la expansión de la frontera agropecuaria mediante la incorporación a la producción de grandes superficies (Navarrete y otros, 2005).

Este proceso de avance de las relaciones de producción capitalistas en el sector agrario extrapampeano, no es reciente y se ha analizado en diferentes espacios de la Argentina. Bendini, Tsakoumagkos y Nogués (2004) estudian cómo unidades domésticas campesinas (transhumantes, sedentarias y agrícolas) en la patagonia nórdica, que garantizaban la supervivencia con la combinación de tierra, ganadería y trabajo familiar, en los últimos años vieron alterada su organización por el cierre de las fronteras. De este modo los procesos de cercamiento de campos por parte de grandes propietarios ganaderos, los selectivos proyectos de titularización de tierras fiscales, unidos a un discurso hegemónico que acusa a los campesinos de generar erosión, están acentuando la descomposición de estas unidades. En este marco persiste la situación de inestabilidad sobre el control real de la tierra para los campesinos "fiscaleros", mientras crece la propiedad privada en campos fiscales destinados a ganaderos empresariales.

Situaciones similares, con las particularidades de cada caso, se están generando en el norte cordobés donde la expansión de la agricultura industrial está presionando a las unidades campesinas. De acuerdo con Cáceres y otros (2009) el progresivo avance de la agricultura de oleaginosas y una creciente intensificación de la producción ganadera, ligada a explotaciones empresariales, está modificando el perfil productivo de la región, con altos costos sociales. En este escenario se acentúa el cercamiento de campos y el ello los cambios en el diseño y manejo de la producción ganadera así como en las relaciones sociales, cada vez más conflictivas.

En el NOA la situación no difiere demasiado. Pais (2010) analiza el impacto de los cambios socioproductivos y la emergencia de nuevos sujetos -asociados al turismo y a la agricultura industrial- sobre las economías campesinas del norte salteño. Las nuevas inversiones sobre la tierra generan temores y expectativas sobre campesinos y pequeños propietarios que se encuentran "acorralados" por la producción empresarial. Del mismo modo Camardelli (2005) explica como la "ola" de expansión agrícola en el chaco salteño alteró los perfiles productivos y está desplazando a los sistemas tradicionales basados en la producción familiar.

Podríamos seguir enumerando casos donde se manifiesta el avance de las relaciones de producción capitalista sobre las unidades campesinas. Ahora bien ¿qué particularidades tiene el caso pampeano y qué modificaciones en la organización espacial de la región está producción la expansión de la frontera?

En este contexto nacional que hemos descrito y ante la expansión de los cultivos en el Este de la provincia de La Pampa, el espacio occidental se revalorizó para la cría de bovinos. En forma paralela al corrimiento de las precipitaciones (11) en los últimos tres censos agropecuarios los departamentos del Oeste de La Pampa han incrementado la participación de ganado vacuno en un 200% entre 1960 y 2002. Este proceso se vincula con el avance de la producción agrícola en el sector oriental y la consecuente relocalización de los bovinos hacia el centro y oeste de la provincia. Paralelamente al crecimiento de los vacunos se incrementó la producción de ganado caprino, ante el desarrollo de políticas de promoción de esta actividad, de modo que se intensificó el uso del monte y creció la competencia por el uso del suelo. En el caso del departamento Chicalcó donde se localizan las dos unidades de estudio, se pasaron de 16.000 cabezas en 1960 a 62.000 existencias en el último censo nacional agropecuario. Las existencias de ganado vacuno se triplicaron en el segundo período intercensal (1988-2002).

Esta revalorización del espacio occidental se encuentra motivada por diferentes intereses que confluyen: inmobiliarios, petroleros y ganaderos. Desde el año 2002 se reactivaron las transacciones de compra-venta y los cambios de los titulares registrales en los departamentos -Chicalcó y Puelén- del "extremo" oeste. En la mayoría de los casos los nuevos propietarios no poseen interés de invertir en la explotación, pues especulan con el valor de la tierra y el futuro negocio inmobiliario. Entre los crianceros circulan distintas versiones sobre el origen de esos inversionistas y la amenaza permanente de que "los saquen":

Ahí me contaron dicen que es medio... que ahí vino gente a Agua Escondida y tiene no se... cuantas hectáreas! Miles de hectáreas pero no se si son de él... dicen que eran de los militares, no se... Y ese me comentaba que esta por venir a ocupar tierras... Y después no se... me contó un hombre de Santa Rosa que lo conozco que dice que acá hay muchas tierras que el gobierno nos ha cedido y que son de militares y que la gente las reclama dice...Dice que algunos herederos de Europa las están reclamando... (productor de la zona de La Humada).
Dicen que ese campo está vendido. Dicen pero no sabemos no se vendió, pero no sabemos si lo apretaban o no, o quién lo compró... porque si la sacan a ella, a él en una de esas capaz que lo van a sacar también" (criancera de Chos Malal).

Desde la interpretación del ex intendente de la cabecera departamental, los campos que hace unos años carecían de valor hoy se transformaron en un "negocio inmobiliario":

Hay empresarios de la zona sur del país que han invertido en esta zona, queriendo grandes inversiones de campo, no olvidemos que la unidad económica acá son de 5000 ha., entonces los valores de los campos... hoy un campo en la barda acá a 11 Km. está a 100 dólares la ha., cuando hace 20 años estaba 25 centavos y hacían los grandes negocios por ahí... las inmobiliarias vendiendo campos en La Pampa, en Buenos Aires, por ahí la gente compraba y venia acá y decía ¿qué compre? ¿qué es esto?... bueno hoy ese mismo campo vale 100 dólares, y si sacas 5000 ha de la unidad económica... bueno es un valor que ha generado movimiento (maestro, ex intendente).

En uno de los lotes al sur del paraje Chos Malal, donde pastorean el ganado distintas familias, adquirieron la compra de 5000 hectáreas dos empresas (una petrolera y otra pastoril) en el año 2005. De acuerdo con los crianceros, no se han hecho presentes los titulares registrales ni han invertido en el lugar, pero el cambio en la titularidad les preocupa. Toda la franja del extremo oeste lindante con Mendoza se encuentra en proceso de exploración y cateo desde el año 2008. El descubrimiento de pozos de petróleo en la zona de Puelén ya ha despojado a las familias de sus tierras y/o ha supuesto procesos de contaminación de las napas freáticas y muerte de ganado. Asimismo la actividad petrolera en este espacio está generando una nueva dinámica comercial asociada con la venta de cabritos y bienes de consumo -para abastecer a los obreros petroleros- en la que se han beneficiado en el corto plazo, a algunos puesteros transformados en comerciantes.

Además de los intereses inmobiliarios y las posibles especulaciones de empresarios ante la posibilidad de encontrar petróleo en la meseta basáltica, otros agentes están invirtiendo en el lugar en ambos espacios. No referimos a productores extralocales -por lo general mendocinos, cordobeses y del Este de La Pampa- quienes están comprando campos y los ponen en producción siguiendo lógicas territoriales de tipo empresarial que desarticulan las formas y manejos de los recursos preexistentes.

Una vez obtenidos los campos -vía compra directa o bien adquiriendo los derechos posesorios de los crianceros y realizando los correspondientes juicios de usucapión- los "nuevos productores" cercan la propiedad con alambrado perimetral. Ponen en producción el campo incorporando ganado vacuno -no crían caprinos-, el cual queda al cuidado de un "encargado" -campesinos sin tierra de la zona o bien peones de origen mendocino- que reside en forma permanente en el puesto. Las formas de contratación del trabajo varían, en algunos casos se paga- como en el pasado- con animales, y en otros se paga un salario mínimo y se le permite al peón que tenga sus propios animales. Los propietarios visitan periódicamente la explotación pero no suelen tener contactos con los productores vecinos.

De acuerdo con los relatos de los crianceros y técnicos, en muchos casos estos "nuevos ganaderos" desconocen la capacidad de carga de los campos y los sobreexplotan, por lo que en los años secos (2008-2009), se vieron obligados a faenar buena parte de la producción. Para los campesinos de La Humada estos productores son "individualistas" y "egoístas":

Y estos últimos años que habían venido buenos, o sea, hubo un, cómo es, hubo una temporada que, unos años atrás que se fundieron algunos. Porque hoy, hoy por hoy no, es todo más, han venido los años lloviendo lo justo más... pero y fue la que los entusiasmó también, a invertir... a invertir, a cerrar con alambre y a traer animales. (...) Hoy por hoy no, hoy no tienen problemas. Traen vacas, este hombre ha traído vacas de Córdoba, que no sé donde las tendría, bueno. Y y así, hay mucha gente que ha traído vacas de distintos lados (productor de la zona de La Humada)
Como hay campos que han pasado a manos a manos privadas, o sea, a otros dueños. Ya no son descendientes de acá (...) la gente que viene de afuera, la que compra campos y cosas por el estilo más de lo que uno produce. Viene con el empleado y... y listo. Le echa, le echa vacas (productor de la zona de La Humada)
Acá teníamos uno que bueno (...) Vino con inventos nuevos, inventos precarios podrían ser, yo no lo, o sea, le faltó muy poco para hacer las cosas bien y bueno y por no hacerlas bien se le cayó todo. Y era de Pico también, era, y bueno pero él ya trataba de ser... egoísta (productor de la zona de La Humada)

Desde la perspectiva del poder político, la "llegada" de estos agentes a la zona es un "avance" ya que se capitaliza el espacio rural y crece el "movimiento" en los pueblos:

Ha habido algún avance, se notan algunos campos ya alambrados con perforaciones ya que hicieron. El movimiento, se ha visto (...) hay una perforadora que va para La Humada para tratar de perforar esa zona de gente que no tiene agua y entonces ha habido un movimiento... mucha gente de Mendoza (maestro, ex intendente).

De este modo, la organización espacial campesina en base a los circuitos pastoriles en los campos abiertos desarrollada desde hace más de un siglo, así como las estrategias de reproducción social se están desarticulando. En este escenario la imposibilidad de acceder al espacio de pastoreo para algunas familias produce tensiones y conflictos. En los últimos cinco años se están produciendo diferentes modificaciones en la organización espacial de la región que implican los siguientes procesos de cambio productivos y en las lógicas socio-territoriales. A continuación reflexionamos en torno a esos procesos.


Parcelamiento de los predios con alambrado

Un productor mendocino que adquirió los derechos posesorios de un criancero del paraje Chos Malal instaló un alambrado sobre una de las áreas de pastoreo común de un grupo de familias. Asimismo los alambres vienen avanzando en el perímetro de la región que bordea a ambas zonas de estudio, en espacios -"campos libres"- donde antes se pastoreaba a los animales y se utilizaba el "talaje". En este contexto de "cercamiento" se están produciendo modificaciones en los sistemas productivos y en los circuitos de pastoreo. Al mismo tiempo, se han registrado conflictos cuando los animales de los campesinos han ingresado en esa explotación en la que reside un empleado y se dificulta la devolución, práctica que entre campesinos era habitual.


Disminución de la superficie de pastoreo

Como consecuencia del parcelamiento de los campos se está achicando la superficie de pastoreo "común", lo que supone un incremento de la presión sobre el suelo y la sobreexplotación del monte. Al mismo tiempo demanda nuevos requerimientos de alimentos alternativos. Asimismo, está alterándose la forma de reproducción de los animales ya que se vuelve cada vez más necesario adquirir reproductores, que en el pasado, con el campo abierto y el intercambio de ganado limitaba la consanguinidad. De este modo se están generando nuevas formas de manejo de la producción ante la reducción del factor tierra. Estos procesos están promoviendo también una reducción en los planteles de ganado implicando una menor participación de los agentes (residentes y no residentes en el puesto) en el sistema de producción. El achicamiento de los campos y menor "talaje" puede generar en el corto plazo enfrentamientos entre vecinos. La diferencia en la cantidad de animales de las familias está produciendo tensiones entre los que más caprinos tienen y los que menos, pues los acusan de quitar espacio de pastoreo al resto. Este proceso es percibido como la "codicia" de algunos que carecen de un "espíritu solidario" y no dejan monte al resto.


Sobrecarga de los campos con vacunos

La menor superficie obliga a optimizar e intensificar el uso del monte disponible, volviéndose la producción vacuna una alternativa sólo para los productores más acomodados, pues deja mayores ingresos que la caprina. Este proceso se está produciendo especialmente en La Humada donde las condiciones socioeconómicas de los productores permiten el acceso y manejo de este tipo de ganado. Al mismo tiempo, la sobrecarga de los campos con vacunos es generada por nuevos compradores quienes, por lo general, por provenir de otros espacios desconocen la receptividad del campo.


Menor acceso a los recursos del monte

En relación con los dos anteriores procesos, el "achicamiento" de los campos está reduciendo las actividades de caza y recolección llevadas a cabo por los grupos domésticos para la obtención de alimentos para el autoconsumo, insumos para la producción pastoril-artesanal y productos intercambiables (pieles, plumas, huevos, ramas, entre otros) que posibilitan la generación de ingresos extras. Asimismo las nuevas legislaciones protectoras de la fauna silvestre -la ley 1194- restringen la actividad de caza de subsistencia sólo a los períodos de captura temporaria y/o control (12).


Corte e interrupción de caminos y/o acceso al agua

Las inversiones de empresas y privados en los lotes que bordean a las zonas de estudio, están produciendo el cierre de caminos irregulares (huellas) que unen puestos y ojos de agua. Este proceso se manifestó recientemente en el Sur de la zona de Chos Malal, donde foráneos, empresas forestales o petroleras han adquirido la compra por compra diversos lotes. En este marco a determinadas familias se les ha impedido acceder a sus puestos o bien se les han encerrado las aguadas o se les ha limitado la circulación con amenazas y uso de violencia.


Conflictos y solidaridades entre vecinos

Ante los procesos de cambio productivo y territorial mencionados están creciendo las confrontaciones por el uso de los recursos, especialmente, en los espacios de pastoreo de uso colectivo entre diferentes familias. La discusión entre dos primos de la zona de Chos Malal llevó a un enfrentamiento que culminó con la muerte de un joven criancero y la prisión del agresor. El hecho, ocurrido en 2007, se menciona permanentemente en los relatos:

Y se pelearon los dos pibes, tanto el que falleció como el otro eran muy buenos... eran vecinos y nos hemos criado juntos. Eso viene de antes, de familias... (...) porque eso era trasmitido de los padres. Que no dejes que los animales vengan para acá... que esto otro y se terminaron peleando (productor y artesano del paraje Chos Malal).
Ese campo que dicen que lo han comprado, dicen que tenía dueño y que quería hacer un camino... se pelearon por eso! (criancera de Chos Malal).
La madre del pibe que mataron se fue... tienen un peón ahí... ellos se fueron... se fueron a Puelén... todos se fueron! 'Ta el padre del asesino nomás.... El es el culpable... siempre estaban peleando... (...) La otra familia del muchacho que mató este ... eran muy buenos...eran vecinos con todos (criancera de Chos Malal).

Dicho conflicto volvió a poner a la luz el tema de los lotes fiscales. La mayoría de los crianceros del paraje hasta hace tres años desconocía la situación jurídica de las tierras. En las interpretaciones sobre la "cuestión de las tierras" circulan diferentes discursos:

¿De las tierras? Nada (risas) nada se sabe de las tierras de acá...Hasta hace unos poco años que vinieron a mover estas tierras... que son de la provincia... Claro son de la provincia y viene y alambra cualquiera! Claro... Don Barros... y son de la provincia...Antes no había nada... Y este... este Barros dicen que es un avivado... (criancero de Chos Malal nacido en 1948)
Yo tenía un vecino que decía que era dueño del campo... entonces yo le digo si todo es de Dios... dame una tierra a mí, porque Dios te la dio... te la prestó a vos...Abrió los ojos grandes... que va a dar si no lo ha visto él...porque Dios le preparó este lugar y aquí está... En esos años, mire lo que hablé dije yo: si hay un Dios aquí, aquí voy a estar...Y este Dios está (productor de Chos Malal)
A la gente... nunca le pudieron asegurar bien el campo... siempre... siempre estamos con que nos van a correr... ¡no nos corren! Hace poco nomás vos sabes que anduvieron levantando firmas... una piba de acá de la zona... capaz que la conocés... que está en el concejo...que le diéramos la firma que las tierras iban a pasar al municipio de La Humada!!! Sí!!! Algunos firmaron.... Nosotros le dijimos que cómo íbamos a firmar... que por más que sean de la municipalidad que haya entrado el Juan Infante... este que ganó...Y que sabe bien que los puesteros somos todos de acá y que ¿adonde se van?... A vienen y nos desalojan... ¿adonde nos vamos?... (campesina de Chos Malal).

De este modo, desde la lógica de los crianceros, la propiedad de la tierra no aparecía -hasta hace tres años- como una "necesidad". La tierra era concebida como algo "dado", como un derecho adquirido de generación en generación por vivir y trabajar en ese lugar. Sólo se transformó en una necesidad acceder a la titularización cuando a la superficie de pastoreo reducida, se sumaron nuevas formas de uso, manejo, apropiación de los recursos.

En este contexto algunas familias comenzaron a organizarse, con apoyo de organizaciones universitarias, para denunciar públicamente la situación que padecen. En una reciente reunión en la que participaron unas cuarenta personas de la zona de Chos Malal y La Humada se plantearon distintas estrategias de acción ante el "avance del alambrado", las cuales variaban desde pedir una audiencia con el gobernador para iniciar juicios de usucapión en forma comunitaria hasta el pedido de más tierras para pastoreo común.

De este modo, el nuevo campo social, no sólo produce modificaciones en las formas de manejo del ganado, organización de la producción y construcción social del espacio sino también en las formas de sociabilidad y estrategias de resistencia colectivas. Este proceso, que se está gestando en la región, como ya hemos señalado, tiene un desarrollo similar en otros espacios donde el avance productivo se ha generado con anterioridad o a un ritmo más acelerado como en el norte cordobés, en el chaco salteño o en la patagonia septentional.

Consideraciones finales

"Si había talaje y hoy pasa el alambre ya no podemos ir"

El avance del capitalismo y de las lógicas empresariales en el agro extra pampeano es un hecho. Sin embargo el proceso de penetración del capital se viene generando con distintos ritmos e intensidades. A diferencia de otros espacios de Argentina en los que las relaciones de producción capitalistas se desarrollaron más tempranamente, en el "extremo" oeste de La Pampa donde aun existen grandes extensiones de tierra en situaciones de tenencia precaria, con unidades domésticas parcialmente mercantiles -insertas en sistemas de intercambio informales, monopsónicos y dependientes- sostenidas con fuertes redes familiares-vecinales y donde persiste un uso y control "común" de ciertos espacios, esta incursión del capital presenta un ritmo más lento.

Ello posibilitó que los grupos domésticos encontraran intersticios para desarrollar otras formas de producción espacial material-simbólicas -expresadas en la organización interna y sentidos de los puestos-, un modo de vida tradicional y ciertos manejos de los recursos alternativos. Sin embargo la penetración del capitalismo y de las nuevas lógicas territoriales lentamente avanzan y la manifestación más clara de este proceso es el acceso a la propiedad de la tierra, y su cercamiento, en los espacios hoy "aptos" para el desarrollo de la ganadería vacuna y la explotación de petróleo. De este modo las diferentes territorialidades y lógicas socio-productivas están entrando en colisión y crecen las confrontaciones por el control y apropiación de esos recursos.

Estos cambios alteran los procesos productivos-reproductivos, redefinen las estrategias de vida de los crianceros y los sentidos de lugar. Las diversas formas de combinación de prácticas que se desarrollen en el futuro ante las nuevas condiciones impuestas, dependerán de la forma en la que los campesinos resignifiquen su pasado y de la posición que ocupen en el campo social actual. En este contexto nos preguntamos si los grupos domésticos pueden garantizar la reproducción y persistir -insertos y subsumidos en las relaciones de producción capitalistas- o más bien está profundizándose el proceso de descampesinación.

Coincidimos con Paz (2006) en que antes que volver a las viejas discusiones campesinistas-descampesinistas, resulta más rico debatir sobre las nuevas estrategias puestas en acción y los distintos mecanismos de adaptación-resistencia al régimen de acumulación vigente. Entender esas lógicas y la combinación de prácticas del presente permite analizar los diferentes reacomodamientos de los grupos domésticos a las nuevas condiciones y, en muchos casos, encontrar tendencias -que lejos de conducir a la descampesinización- estarían indicando procesos de persistencia de estos sectores.

El caso que hemos analizado demuestra que lejos de asumir una actitud pasiva y contemplativa de los cambios que se están generando en la región oesteña, los grupos domésticos se organizan y luchan por permanecer en el lugar y por preservar formas de producción espacial y territorialidades alternativas. ¿Serán esas fuerzas suficientes como para "frenar" el avance del capital o bien coexistir con estos nuevos agentes en un contexto de expansión capitalista? Habrá que esperar unos años para saberlo, sin embargo la historia demuestra para situaciones similares que el campesinado sobrevive.

Notas

(1) Integrado por los departamentos Chalileo, Chicalcó, Curacó, Limay Mahuida y Puelén, el espacio semiárido occidental de La Pampa tiene una baja participación en el conjunto de la población provincial, con el 4,6 % del total de los habitantes y concentra las jurisdicciones de la provincia con mayores hogares con necesidades básicas insatisfechas (INDEC, 2002).

(2) La lluvia anual en este sector de la provincia alcanza los 200 milímetros y se concentra en la época estival. Los cambios de temperaturas diarios y estacionales repercuten en la oferta forrajera haciéndola variar cíclicamente. No obstante, existen lugares donde la presencia de "ojos de agua" posibilita la generación de pastizales (INTA, 1980).

(3) El área integra la Payunia, un paisaje de basaltos construido por el accionar de los derrames lávicos provenientes del volcán Payún-Matrú. Las aguas fluviales y nivales se infiltran en las grietas de disyunción y descienden hasta encontrar niveles impermeables en los terrenos cubiertos por basalto, apareciendo luego en los bordes de las mesetas en forma de vertientes que dan origen a manantiales y arroyos. Con precipitaciones promedio de 170 milímetros entre la vegetación dominante de la meseta se destacan el arbustal bajo muy abierto de distintos tipos de jarillas, además de vegetación halófila.

(4) Esta amplia región se extiende entre la porción sur de la Cordillera Principal y el extremo austral del Bloque de San Rafael, que esporádicamente aparece en medio de un continuo campo volcánico. En este desierto se localizan puestos dispersos de campesinos que practican la cría de caprinos y realizan artesanías. Parte de las tierras de la región (500.000 hectáreas) pertenecen a la Reserva Provincial El Payún, área protegida de la provincia de Mendoza.

(5) Realizamos -entre los años 2002 y 2009- observaciones participantes y entrevistas en profundidad a crianceros, comerciantes, pastores evangélicos, técnicos y funcionarios que de forma directa o indirecta participan en las tramas sociales de la unidad de estudio.

(6) Desde los estudios culturales se concibe a la región como una significación colectiva, integrada por un conjunto de símbolos asignados a un espacio concreto.

(7) "Los lugares dan carácter al espacio y encarnan las experiencias y las aspiraciones de los individuos, ya sea individual o colectivamente" (Nogué, 1989: 69). El espacio -desde esta mirada- tiene un sentido más abstracto e indiferenciado que se convierte en lugar cuando los sujetos le otorgan significados y valores.

(8) En el año 1977 las Direcciones de Turismo, Cultura y Promoción de la Comunidad, pusieron en funcionamiento el Mercado Artesanal. Este sistema, consistía en visitar periódicamente a los artesanos, aprovisionarlos de materias primas y comprarles la producción, para que luego sea vendida en los centros Artesanales de Santa Rosa, Santa Isabel, General Acha y Capital Federal. Asimismo tenía previsto, la participación en ferias y encuentros de artesanos y el funcionamiento en Talleres Artesanales en distintas localidades. A fines de la década del '90, la interrupción de las visitas, con el consiguiente desabastecimiento de los insumos extralocales y la inseguridad de venta de la producción, así como también las nuevas exigencias en calidad de las artesanías, produjeron una disminución de la actividad, si bien algunas familias (especialmente las mujeres) la siguen realizando en los tiempos libres.

(9) Diferentes factores asociados con el proceso de apropiación de los recursos y el asentamiento espontáneo, explican este diferencial acceso a los títulos de propiedad en ambos espacios. Mientras en La Humada las tierras permanecieron durante décadas en manos fiscales y luego el Estado facilitó el acceso a la venta o transferencia a productores de la zona; en Chos Malal las tierras, luego de las campañas militares, se vendieron a titulares registrales residentes en Capital Federal. A fines de los años '80 una orden judicial instó a las familias a desalojar el lugar, pero la negación a firmarla y la organización comunitaria de los grupos domésticos del paraje presionaron al Estado provincial para que compre las tierras. Entre 1997 y 2003 la provincia compró los lotes donde se concentraban la mayor cantidad de puestos pero nunca les otorgó los títulos de propiedad a las familias, persistiendo, de este modo, la inestabilidad y el temor a un nuevo despojo.

(10) Algunas de las casas de los entrevistados presentaron problemas estructurales con el desarrollo de fallas y fracturas verticales. Es posible que su construcción no haya contemplado las grandes variaciones térmicas diarias que existen en estos lugares y que los movimientos de dilatación y contracción originaran líneas de ruptura.

(11) En el caso de La Pampa Viglizzo (1999) ha registrado un desplazamiento de las isohietas desde el sueste hacia el sudoeste que implica entre 100 milímetros más para cada área. De este modo, donde en 1980 precipitaban 600 milímetros actualmente están lloviendo 700 milímetros anuales.

(12) La ley Nro. 1194 De conservación de la fauna silvestre establece: "queda terminantemente prohibida la caza y pesca en cualquier forma, tiempo y lugar de toda clase de animales silvestres y el aprovechamiento o destrucción de sus nidos, crías, huevos o guaridas, como así también el comercio, industria y tránsito de sus cueros, pieles y productos o subproductos, salvo las siguientes excepciones: caza y pesca deportiva; caza y pesca comercial; caza y pesca con fines culturales y todo lo que de ello se desprenda; captura temporaria o de control; y captura de ejemplares vivos para el fomento, inicio o mantenimiento de criaderos" (ley Nro. 1194, pag1). De acuerdo al artículo 16 se considera "captura temporal o de control, la que se realice sobre aquellos animales que por sus hábitos o aquellas poblaciones de especies silvestres, cuyo aumento numérico las torne en algún momento dañinas o perjudiciales para el ambiente o las actividades económica y la salud pública. La autoridad de aplicación regulará la actividad" (op. cit. 3).

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Fecha de recibido: 4 de febrero de 2010.
Fecha de publicado: 25 de noviembre de 2010.

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