MA Mundo Agrario, abril - julio 2025, vol. 26, núm. 61, e275. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET)
Centro de Historia Argentina y Americana

Artículos

La trampa primario exportadora y sus impactos sobre la seguridad alimentaria y nutricional en Brasil, Paraguay y la Argentina

Yamila Goldfarb

Associação Brasileira de Reforma Agrária / Universidade Estadual Paulista “Júlio de Mesquita Filho”, Brasil
Cita sugerida: Goldfarb, Y. (2025). La trampa primario exportadora y sus impactos sobre la seguridad alimentaria y nutricional en Brasil, Paraguay y la Argentina. Mundo Agrario, 26(61), e275. https://doi.org/10.24215/15155994e275

Resumen: Este trabajo es parte de una investigación de postdoctorado en la que se discutieron las estrategias de los movimientos sociales rurales para la comercialización de su producción en el contexto de primarización de sus economías. El objetivo de este artículo en particular es analizar la opción primario exportadora especializada y cómo esta se relaciona con los índices de Inseguridad Alimentaria y Nutricional. El análisis parte de Brasil, pero se apoya también en otros dos países del Cono Sur latinoamericano, Paraguay y la Argentina, ya que también viven ese contexto de especialización primario exportadora. La hipótesis es que dicho proceso conduce al desabastecimiento interno de alimentos de los países, además de generar impactos en el conjunto de la economía, dada la desindustrialización resultante. La investigación se basa en datos del Observatorio de la Complejidad Económica (oec.world) del Banco Mundial, además de índices socioeconómicos de cada país estudiado. El trasfondo teórico es un diálogo con la teoría de la dependencia y con la noción de Pacto del Agronegocio desarrollada por Guilherme Delgado (2010 y 2022). También se realizó trabajo de campo en Brasil, la Argentina y Paraguay: fueron visitados los mercados centrales y se entrevistó a miembros de los movimientos sociales. Se concluye que no sólo hay un agravamiento en los índices de inseguridad alimentaria, sino también que esta opción de economía política afecta negativamente el desarrollo social y económico de los países como un todo.

Palabras clave: América Latina, Patrón Primario Exportador, Seguridad Alimentaria y Nutricional, Dependencia.

The primary export trap and the impacts on food and nutritional security in Brazil, Paraguay and Argentina

Abstract: This work is part of a postdoctoral research in which the strategies of rural social movements for the commercialization of their production were discussed in the context of primarization of their economies. The objective of this particular article is to analyze the primary specialized export option and how it relates to the Food and Nutritional Insecurity indices. The analysis starts from Brazil but is also supported by two other countries in the Latin American Southern Cone, Paraguay and Argentina, since they also experience this context of primary export specialization. The hypothesis is that the process leads to internal food shortages in the countries, in addition to generating impacts on the economy as a whole, given the resulting deindustrialization. The research is based on data from the Economic Complexity Observatory (oec.world) of the World Bank, as well as socioeconomic indices of each country studied. The theoretical background is a dialogue with the theory of dependency and with the notion of the Agribusiness Pact developed by Guilherme Delgado (2010 and 2022). Field work was also done in Brazil, Argentina and Paraguay when central markets were visited and members of social movements were interviewed. It is concluded that not only is there a worsening in the rates of food insecurity, but also that this political economy option negatively affects the social and economic development of the countries as a whole.

Keywords: Latin America, Export Primary Standard, Food and Nutritional Safety, Dependence.

“Nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena;
nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza
para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos.
En la alquimia colonial y neocolonial, el oro se transfigura en chatarra,
y los alimentos se convierten en veneno”
Eduardo Galeano
Las venas abiertas de América Latina

Introducción

Lo1 que Galeano describe en Las venas abiertas de América Latina (1971) es de una actualidad asombrosa. Surgieron nuevos actores, dinámicas espaciales y contrapesos geopolíticos. Pero la gran lógica de saqueo de las riquezas naturales de nuestro continente, la de explotación y violencia contra nuestras poblaciones siguen no sólo vigentes, sino mejoradas y profundizadas. La especialización primario exportadora a la que han sido empujados los países latinoamericanos es una vena por la que fluye la posibilidad de la soberanía energética, alimentaria y territorial de nuestra región. Tomaremos tres países como ejemplo: Brasil, la Argentina y Paraguay, dado que tienen una pauta exportadora concentrada en productos primarios y de bajo valor agregado, lo que permite la comparación entre ellos.

El análisis de cómo esa especialización productiva impacta en la soberanía alimentaria se presenta como un camino fértil para aquellos que buscan comprender las causas de la desigualdad en nuestros países. Para ello, observaremos el campo productivo de los tres países, intentando captar en qué medida esta especialización va en detrimento de la producción de artículos básicos y qué representa realmente para las cuentas de los países en cuestión.

La hipótesis es que la opción por una especialización productiva agroexportadora, sumada a las políticas de reducción de la regulación estatal de la oferta de alimentos, lo que incluye políticas de acopio, instrumentos de control de precios y de garantía de renta para los productores, a las que estos países fueron sometidos durante los años del neoliberalismo, fueron responsables del aumento de la situación de vulnerabilidad de la población en la región. Esas características, en períodos críticos como los de crisis económica y la pandemia del COVID-19, hicieron aumentar significativamente los índices de Inseguridad Alimentaria y Nutricional, o, mejor dicho, el hambre o el riesgo de hambre.2

La metodología utilizada se basa en el análisis de los datos del Observatorio de la Complejidad Económica (oec.world), así como en el de los índices socioeconómicos de cada país estudiado, generados por los ministerios de Hacienda/Economía, y en el de datos sistematizados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ese análisis se realiza desde el diálogo entre la teoría marxista de la dependencia a partir de las interpretaciones de Jaime Osorio y Ruy Mauro Marini y la noción de Pacto del Agronegocio desarrollada por Guilherme Delgado (2010 y 2022). El trabajo se basó también en investigaciones de campo en Brasil, la Argentina y Paraguay, en las que pudieron visitarse los mercados centrales de abasto de las capitales de cada país.

Una mirada sobre el Cono Sur

Como se desprende de los datos del Observatorio de la Complejidad Económica,3 las principales exportaciones de Paraguay, Brasil y la Argentina están compuestas, en su mayoría, por productos poco o nada procesados.

Tabla 1
Principales Exportaciones - 2021 - Mil millones de USD
Principales  Exportaciones - 2021 - Mil millones de USD
Fuente: Observatory of economic complexity.Organización: Yamila Goldfarb

Paraguay exportó principalmente a Brasil (3560 millones de dólares), la Argentina (2650 millones), Chile (1010 millones), Rusia (757 millones) e India (235 millones). La Argentina exportó a Brasil (11.200 millones de dólares), China (5930 millones), Estados Unidos (4550 millones), India (4190 millones) y Chile (3930 millones), mientras que Brasil exportó principalmente a China (88.300 millones), Estados Unidos (30.200 millones), la Argentina (12.000 millones), Países Bajos (9290 millones) y Chile (7140 millones) (Observatorio de la Complejidad Económica). Se observa la importancia de China como gran fuente de demanda de productos primarios, además de la del comercio intrarregional.

Al mismo tiempo, y precisamente sobre esto queremos llamar la atención, las importaciones se caracterizan por un mayor procesamiento y tecnología incorporada:

Tabla 2
Principales Importaciones - 2021 – Mil millones de USD
Principales  Importaciones - 2021 – Mil millones de USD
Fuente: Observatory of economic complexity.Organización: Yamila Goldfarb.

Las principales importaciones de Brasil en 2021 procedieron de China (53.800 millones de dólares), Estados Unidos (39.300 millones), Alemania (12.400 millones), la Argentina (11.200 millones) e India (6770 millones). En el caso de la Argentina, procedieron principalmente de China (12.600 millones de dólares), Brasil (12.000 millones), Estados Unidos (6410 millones), Alemania (2680 millones) y Paraguay (2650 millones). Y en el caso de Paraguay, también de China (3730 millones de dólares), Brasil (3060 millones), Estados Unidos (1550 millones), la Argentina (1130 millones) y Chile (437 millones). Una vez más, se aprecia la importancia de China como socio comercial.

Lo que los tres países estudiados tienen en común es, justamente, una política exportadora mayoritariamente centrada en productos primarios con poca tecnología agregada, a la vez que importan mayoritariamente productos intensivos en tecnología.

Según el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur, elaborado por Patrícia Lizarraga (2022), la participación de los productos industrializados en las exportaciones de la Argentina alcanzaba el 35 % (en 1989) y Brazil el 59 % (en 1993). Hoy, estos porcentajes son significativamente menores: 15 % en la Argentina y 27 % en Brasil, resultado de décadas de implementación del neoliberalismo y del pacto de economía política con el sector agroexportador. El caso paraguayo muestra una constante hegemonía de las exportaciones de productos primarios o de poco valor agregado, con la soja, la electricidad y la carne bovina como los tres principales rubros. De toda la carne producida en el país, apenas el 1 % queda para consumo interno (Lizarraga, 2022).

Aunque hemos tenido algunas décadas de industrialización impulsadas especialmente por el proceso de sustitución de importaciones (entre los años 1950 y 1970), sobre todo en Brasil, la Argentina y México, esto no ha confrontado con los intereses de los sectores primarios exportadores de los países latinoamericanos. En todo ello, "surge un modelo mixto, en el que la sustitución de importaciones ocurre concomitantemente a la diversificación de las exportaciones de integración regional, teniendo los productos primarios un papel relevante en la recaudación de capital y en la financiación del sector manufacturero" (Tarifa Lopes, 2020, p. 191).

La década de 1980 trajo consigo el abandono de los proyectos de industrialización, fruto del neoliberalismo y su apertura económica (que facilitó la adquisición de bienes de capital y maquinaria extranjera). Trajo también la idea de las ventajas comparativas que reforzaron el modelo primario exportador de la región, a la vez que desmantelaron la capacidad de autosuficiencia de los países.

Resulta de ello que el cultivo de los productos tradicionales que históricamente han conformado la dieta de estas poblaciones muestra una reducción década tras década, mientras que las commodities de exportación muestran un aumento tanto en superficie como en cantidad. El Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur (Lizarraga, 2022) analiza la producción de los principales alimentos tradicionales y de las principales commodities producidas en algunos países de América del Sur. En la Argentina, mientras que el maíz y la soja mostraron un gran aumento en la cantidad producida per cápita (Kg por habitante), las papas y los granos registraron una caída. En 1996 se producían 600 Kg de soja per cápita en el país; en 2019 había 1200 per cápita. Por su parte, la producción de porotos rondaba los 30 kg per cápita en 1996 y se mantuvo igual en 2019. Las papas cayeron de 75 kg per cápita a 50 kg en el mismo período. En Brasil, mientras que en 1996 se producían unos 160 kg de soja per cápita, a finales de la década de 2010 la producción había alcanzado los 450 kg per cápita. Por otro lado, la producción de arroz y de porotos disminuyó levemente: de 40 kg a casi 30 kg per cápita y de alrededor de 15 kg a menos de 10 kg per cápita, respectivamente. Paraguay registró un increíble aumento, pues pasó de unos 450 kg de soja per cápita a unos 1300 kg en el mismo período. Los porotos aumentaron en los primeros años y luego cayeron abruptamente: de alrededor de 600 kg per cápita a unos 400 kg.

Como se puede ver, los alimentos más presentes en las dietas tradicionales disminuyen, mientras que los productos de exportación aumentan. La soja se impone como un producto con un aumento vertiginoso en todos los países seleccionados por el Atlas.

Un ejemplo de la enorme caída de la producción de alimentos en estos países es el hecho de que Paraguay importa actualmente entre el 60 % y el 80 % de los alimentos que consume. En una visita de campo al Mercado Central de Asunción, en marzo de 2023, se pudo observar el origen importado de los productos más básicos, como ajo, banana, palta, cebolla, pimiento y tomate. Según el coordinador de logística del mercado, entrevistado para esta investigación, el 60 % de los productos que se venden allí son importados. En el Mercado Central de Buenos Aires, el segundo lugar en la distribución de ingresos lo ocupan los productos importados, con casi el 14 % del valor total. La provincia de Buenos Aires ocupa el primer lugar con algo más del 25 % del total ingresado, lo que apunta la importancia de tener producción local (Mercado Central de Buenos Aires, 2023). A modo de comparación, en el CEAGESP, que es el equivalente a los mercados centrales de Buenos Aires y Asunción, el porcentaje de lo que proviene de otros países es sólo del 4,9 %, y el principal origen es la Argentina, que representa el 2 % de los productos vendidos (CEAGESP/SEDES, 2023).

Esta apuesta de los distintos gobiernos por la exportación de commodities hace que el sector industrial tienda a disminuir su peso económico o se limite a funciones de apoyo en la llamada "economía del agronegocio" (Delgado y Leite, 2022). En 2019, Brasil volvió a tener más del 50 % de sus exportaciones basadas en productos primarios, lo que no ocurría desde 1979. De los 224 mil millones de dólares exportados en 2019, 118 mil millones (52,7 %) correspondieron a artículos básicos. En 2018, la participación fue del 49,8 %. En 2000, el valor de las exportaciones de soja representaba el 5 % del valor total exportado. En 2020 era del 16,8 %, con China como el mayor importador de nuestro grano, pues consumía el 70% del total de la soja que exportamos (Delgado y Leite, 2022). El papel de China como gran consumidor mundial es innegable. Pero, ¿qué explica esta concentración en una pauta exportadora tan primarizada y concentrada, lo que incluso nos permite hablar de un nuevo patrón exportador de especialización productiva? (Osorio, 2012).

La década de 2000 se caracterizó por un aumento del precio de las commodities, tras el aumento de demanda por parte de China, lo que sin duda incentivó su producción, acompañada de grandes estímulos gubernamentales, como políticas específicas de crédito y subvenciones. En Brasil, a principios de la década de 2000 se produjo una rearticulación de los mecanismos de política económica y social que convirtió las exportaciones de materias primas agrícolas y minerales en el buque insignia del comercio exterior brasileño, lo que se volvió una política de Estado (Delgado y Leite, 2022). El objetivo era, y sigue siendo, lograr un superávit comercial para obtener las divisas que el país necesita, entre otras cosas, para cumplir sus compromisos. Esto significa: pagar los intereses de la deuda. Lo mismo puede decirse de lo ocurrido en la Argentina y Paraguay, que también dependen del sector primario para obtener divisas. Sin embargo,

En contra de lo que sugiere el sentido común, esta especialización no mejora la autonomía en nuestras relaciones económicas exteriores. Por el contrario, acentúa la dependencia del conjunto del sistema económico respecto al sector especializado en la exportación, expulsando progresivamente a todos los demás, especialmente a las exportaciones de manufacturas. (Delgado y Leite, 2022, p. 2)

Este pacto de economía política, o sea, ese aumento de la dependencia del conjunto de la economía respecto del sector primario exportador, como bien lo definen los autores citados, tiene como objetivo, por tanto, la maximización de las exportaciones, pero, esta vez, con el abandono de la diversificación. Se deja de implementar cualquier política de sustitución de importaciones de insumos básicos y bienes de capital para la agricultura, junto con el abandono de la regulación de la producción y del abastecimiento del mercado interno. Vale la pena realizar un breve retroceso histórico para entender cómo, hoy, todo el sistema económico está completamente subordinado a la producción de ese excedente exportador basado en commodities agrícolas y minerales.

La llamada Modernización Conservadora de la agricultura, de la que debemos advertir que en Brasil se puede calificar de violenta,4 ocurrida entre 1965 y 1980, tuvo como objetivo diversificar la producción para romper la dependencia de las exportaciones de café y de las demandas urbanas e industriales. Este ciclo representa también un pacto con una gran acción del Estado, por ejemplo, a través del crédito. El final de este ciclo se corresponde, precisamente, con el inicio del ciclo del agronegocio, cuyo objetivo era exclusivamente la exportación de commodities (Delgado y Leite, 2022).

Con la crisis cambiaria de 1999, el gobierno de Fernando Henrique Cardoso cambia su política de comercio exterior y vuelve a la estrategia de 1994: generar saldos de comercio exterior a cualquier precio para compensar el déficit de la Cuenta Corriente. Se produce una fuga de capitales y la balanza de pagos entra en negativo. Se recurre a los sectores primarios exportadores para generar un saldo comercial. La agricultura capitalista vuelve a ser priorizada en la política macroeconómica exterior y en la política agraria exterior (Delgado, 2010).

Este esfuerzo de relanzamiento va a encontrar un contexto internacional favorable en la década de los años 2000, con una gran demanda por los feedgrains (soja y maíz en especial), azúcar, alcohol, carne de vacuno y celulosa, además de productos minerales. Estos pasaron a dominar la pauta exportadora de Brasil durante esa década. El valor medio anual de las exportaciones pasó de 50.000 millones de USD en la década de 1990 a 200.000 millones de USD en la década de 2010 (Delgado, 2010), y en 2021 el valor había alcanzado los 280.400 millones de USD.

Según datos del Banco Central de Brasil, los productos básicos pasaron del 25 % de las exportaciones al 45 % en 2010. Los productos básicos más los semimanufacturados pasaron del 44 % (1995-999) al 54,3 % (2008-2010). Por su parte, las exportaciones de productos manufacturados cayeron del 56 % al 43,4 % (Delgado y Leite, 2022).

Entre 2003 y 2007, esta opción de exportación primaria tuvo más éxito, y convirtió la cuenta corriente nacional en superavitaria. Sin embargo, a partir de 2008 el déficit de la balanza comercial retornó bruscamente, como puede verse en la Tabla 3.

Tabla 3
Evolución y composición de las Transacciones Exteriores Corrientes en la década de 2000 - Miles de millones de USD
Evolución y  composición de las Transacciones Exteriores Corrientes en la década  de 2000 - Miles de millones de USD
Fuente: Instituto de Estudos para o Desenvolvimento Industrial – IEDI.Organización Yamila GoldfarbObservaciones: El saldo de la "Cuenta de Transacciones Corrientes" es la suma algebraica de los saldos de las Balanzas Comercial, de Servicios y de Transferencias Unilaterales.

El saldo promedio de las cuentas de servicios es negativo en todo momento. Ello es el resultado de la remuneración del capital extranjero que entra en Brasil por pago de intereses, beneficios y dividendos. El sector primario es llamado para cerrar esta brecha, pero esto no es sostenible.

La vía primaria de las exportaciones no resuelve el desequilibrio externo, pero es coyunturalmente una fuente de solvencia de la balanza de pagos. Pero resulta absolutamente inviable como solución estructural al desequilibrio externo, entre otras cosas porque la persistencia del déficit en el cuatrienio 2008-2011 evidencia un costo de remuneración al capital extranjero que no puede ser compensado por los saldos comerciales generados por las ventajas comparativas de las exportaciones primarias (Delgado, 2010, p. 116).

Vemos, entonces, que entre 1990 y principios de la década de 2000 tuvieron lugar tres procesos de reacomodamiento del sector primario de la economía: el cambio en el comercio exterior ya mencionado; el pacto entre el Estado y la economía del agronegocio para promover la valorización económica del sector con promoción y protecciones diferenciadas (como exenciones fiscales, por ejemplo); y la reconfiguración del sistema económico para producir y distribuir excedentes del sector primario, "a expensas del conjunto de la economía y de la sociedad, pero sin revelar explícitamente sus métodos" (2010, p. 12). En otras palabras, la forma en que ese sector es promovido, subvencionado, y la distribución de los beneficios y la socialización de lastres no se hacen explícitas al conjunto de la sociedad. En realidad, se camufla, se oculta, ya que de hecho es una gran trampa para el conjunto de la sociedad brasileña, como veremos.

Lo que ocurre es la articulación de la acumulación de capital en el sector rural como política de Estado por medio de la expansión de las cadenas agroindustriales, del sistema público de crédito y del mercado de tierras, junto con la expansión de los mercados mundiales de commodities. Lo que comúnmente se denomina expansión del agronegocio es la profundización del capital financiero en la agricultura (Delgado, 2010).

La valorización del mercado de tierras, incluyendo la caída de los precios de las commodities, será una consecuencia de este proceso y tendrá graves consecuencias para las poblaciones rurales de América del Sur con la intensificación del proceso de acaparamiento de tierras (estrangeirização de terras o land grabbing).

El diagnóstico macroeconómico y ambiental de ese período revela indicadores empíricos críticos que conviene destacar para caracterizar mejor cualitativamente el proceso en curso, así como la rápida financierización de la agricultura, convirtiendo activos reales como commodities y tierra en blancos de inversiones especulativas que dan nuevos significados a la dinámica de esa economía agraria nacional. (Delgado y Leite, 2022, p. 2)

Impactos de la especialización primario exportadora

Uno de los indicadores empíricos que los autores llaman críticos es empleado aquí como índice de inseguridad alimentaria, o riesgo de hambre. El proceso de especialización primario exportadora tiene un impacto negativo en las estrategias de desarrollo rural basadas en la sostenibilidad, la agroecología, y que pretenden alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional nacional o combatir la desigualdad. El análisis de los indicadores en los países en cuestión apunta más bien a lo contrario: un agravamiento de las desigualdades. El análisis, por tanto, de la economía política de los sistemas agroalimentarios de los países del Cono Sur nos lleva a observar que se perpetúa una situación de dependencia y de vulnerabilidad asociada.

La inseguridad alimentaria moderada o severa en América Latina y el Caribe (ALC), es decir, el hambre o el riesgo de padecerla, ha aumentado considerablemente. La inseguridad alimentaria, medida por la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria5 (FIES, por su sigla en inglés), aumentó de 26,2 % a 31,1 % entre los trienios 2014-2016 y 2016-2018. Este aumento significa 32 millones de personas más que los 155 millones que experimentaron inseguridad alimentaria en la región entre 2014 y 2016. Las cifras para 2021 son aún peores: el 40,6 % de la población se encontraba en un estado de inseguridad alimentaria moderada o grave en América Latina y el Caribe. Esto representó 267,7 millones de personas. El promedio mundial en 2021 era del 29,3 % de la población (FAO et al., 2023).

Según el informe de la FAO,6 en el trienio 2014-2016 la prevalencia de la población con hambre (Inseguridad Alimentaria Severa) en Paraguay fue de 8,3 %. En el trienio siguiente, 2019-2021, la cifra se elevó al 25,3 %. Un aumento significativo. La Argentina, por su parte, tuvo un 37 % de su población en inseguridad alimentaria moderada o severa en el mismo trienio. Esto también representa un empeoramiento en comparación con el trienio 2014-2016, cuando 19,2 % de la población total se encontraba en esta situación. En el caso de Brasil, también se produjo un empeoramiento en los mismos períodos analizados por la FAO, pues se pasó del 18,3 % al 28,9 %.

Por su parte, la malnutrición por exceso de peso llama la atención e indica graves cuestiones en los entornos alimentarios de América Latina, que causan problemas de salud pública7 muy relevantes. La tasa en la región es una de las más altas del mundo, y sigue aumentando. La prevalencia de sobrepeso en niños menores de 5 años aumentó de 6,2 % a 7,5 % entre 1990 y 2018, lo que significa que cuatromillones de niños en la región viven con esa condición (FAO et al., 2023). En adultos, la prevalencia de sobrepeso y obesidad aumentó de 42,7 % a 59,5 % entre 1990 y 2016, lo que se traduce en 262 millones de personas en la región.

Específicamente, la Argentina y Paraguay son los países de América Latina y el Caribe que presentan las peores tasas: 12,9 % y 12 %, respectivamente. La media mundial es del 5,7 % para los niños de hasta 5 años. En 2021, Brasil tenía un 7,3 % de niños menores de 5 años con sobrepeso.

La obesidad,8 otro indicador importante de problemas en nuestro sistema alimentario, presenta cifras aún más alarmantes. Tanto en el mundo como en la región, este indicador ha crecido aún más rápido que el del sobrepeso. Mientras las tasas de sobrepeso en el mundo y en la región casi se duplicaron entre 1975 y 2016, la obesidad casi se triplicó, con un crecimiento de entre 5 % y 13 % en adultos a nivel mundial, y de entre 7 % y 24 % en la región. De los 105 millones de adultos con obesidad en América Latina y el Caribe en 2016, 62 millones eran mujeres y 43 millones eran hombres (FAO, FIDA, OPS, PMA y UNICEF, 2023). En la Argentina, el 28,3 % de la población adulta padecía obesidad; el 22,1 % en Brasil y el 20,3 % en Paraguay. Cabe destacar que el promedio mundial es de 13,1 %, y para América Latina y el Caribe, de 24,2 %.

Se sabe que la inseguridad alimentaria y nutricional es en gran medida el resultado de las dificultades para acceder económicamente a alimentos sanos, por lo que en tiempos de crisis estos índices tienden a aumentar. Por ello, la FAO insiste en la necesidad de políticas a corto y largo plazo con objetivos claros de mejorar la nutrición y aumentar la resiliencia de las familias, y reducir el impacto de los choques económicos en la población, con especial énfasis en los grupos que viven en la pobreza y son más vulnerables a las crisis.

El estudio de la FAO señala, entre otras cuestiones, la necesidad de medidas que permitan hacer frente a la desaceleración de la economía, como las políticas anticíclicas. En cuanto al sector agroalimentario, el estudio señala:

Las políticas del sector agroalimentario que van en esta dirección son las destinadas a promover la producción nacional de alimentos a través de facilidades financieras para la adquisición de insumos y mejoras de equipamiento, fortalecimiento de los servicios de apoyo y extensión rural, e incentivos a la innovación tecnológica y al marketing. Estas medidas deben ir acompañadas de políticas estructurales que ayuden a diversificar las opciones económicas en las zonas rurales, la inclusión de jóvenes y mujeres, la inversión en infraestructura, investigación y capacitación. (FAO, OPS, PMA y UNICEF, 2019, p. 14)

Sin embargo, América Latina parece ir en la dirección contraria. La opción por la especialización productiva agroexportadora, sumada a las políticas de reducción de regulación estatal del abastecimiento de alimentos (que incluye políticas de acopio, instrumentos de control de precios y garantías de renta para los productores), han sido responsables del aumento de la vulnerabilidad de la población en la región que, en períodos críticos como la crisis económica y la pandemia del COVID-19, ha incrementado significativamente los niveles de Inseguridad Alimentaria y Nutricional.

En los últimos años, las economías del Cono Sur intensificaron un proceso de reprimarización, en otras palabras, una dependencia cada vez mayor de actividades económicas vinculadas al sector agropecuario y minero. Estos sectores concentran la mayor parte del comercio exterior en la región y están estructurados en la superexplotación de la naturaleza y de los trabajadores y trabajadoras para atender las demandas del mercado externo. […]
La producción de commodities posee una integración cada vez más intensa con las cadenas productivas internacionales, sobre todo de origen chinas, con un altísimo uso de tecnología y sistemas informatizados en un vínculo inseparable de la especulación financiera. (Lizarraga, 2022, p. 30)

La opción por la exportación de productos primarios, con poca o ninguna elaboración y uso intensivo de recursos naturales, es la gran apuesta para el ingreso de divisas y el equilibrio de la balanza comercial, pero no tiene en cuenta otra serie de factores, como reducción de las áreas cultivadas con alimentos,9 devastación ambiental, conflictos con comunidades y pueblos por sus territorios, dependencia y vulnerabilidad frente al mercado externo y reducida gama de productos.

Incluso cuando parece haber algún indicio de diversificación de la pauta exportadora, como puede ser considerada la creciente producción de eucalipto en Paraguay, esto no cambia el cuadro contradictorio, ya que esa producción no sólo no es alimento, sino que, en gran parte, se utilizará como carbón vegetal para secar las hojas de soja. Eso ocurre en uno de los países con mayor producción de energía eléctrica del mundo.

Este cuadro nos lleva a reflexionar sobre cuál es el sentido de una inserción en el mercado internacional de forma tan subalterna. Más aún, teniendo en cuenta que ni siquiera desde el punto de vista económico es interesante. Sólo parece serlo porque hay una gran campaña mediática dirigida a ello.

Desde el punto de vista económico, hay una forma de medir la dependencia económica que se muestra relevante. Se trata del factor de crecimiento del déficit de servicios y rentas pagas al exterior. En otras palabras, hay que examinar todas las transacciones que el país realiza con el exterior, no sólo la balanza comercial. Se trata de analizar el registro contable de todas las transacciones económicas entre el país y el resto del mundo durante un período determinado.

Como podemos ver en la Tabla 4, la balanza de transacciones de Brasil es negativa.

Tabla 4
Transacciones Corrientes - Brasil - Miles de millones de dólares
Transacciones Corrientes - Brasil -  Miles de millones de dólares
Fuente: Instituto de Estudos para o Desenvolvimento Industrial – IEDI.Organización: Yamila Goldfarb.* Ingresos y gastos relativos a la prestación de servicios en transacciones: Principales clasificaciones: Transporte (bienes y personas); Viajes internacionales (viajes de negocios o turismo de hasta un año de duración; estudio y salud no dependen de la duración); Seguros (bienes y personas); Seguros financieros (costos de intermediación financiera); Computación e información; Royalties y licencias (uso autorizado de activos intangibles y derechos de propiedad - libros, películas, patentes, franquicias); Alquiler de equipos (alquiler o leasing); Servicios gubernamentales (embajadas y consulados, por ejemplo); Comunicaciones (correos y servicios de telecomunicaciones); Construcción; Servicios relativos al comercio; Servicios empresariales, profesionales y técnicos (ferias y exposiciones internacionales); Servicios personales, culturales y recreativos (películas, acontecimientos deportivos, conciertos...); Servicios diversos (cuenta residual).** Se trata de ingresos y gastos asociados a las rentas del trabajo y del capital en las transacciones entre residentes y no residentes (personas o instituciones). Rentas del trabajo: salarios percibidos/pagados en contratos de corta duración o estacionales. Rentas del capital: beneficios, dividendos e intereses.*** Esta cifra incluye también la Transferencia Unilateral de Renta, que consiste en rentas que no tienen como contrapartida la adquisición de un bien, la prestación de un servicio o la utilización de un factor de producción. Pueden ser gubernamentales o privadas.

Como puede observarse, aunque el saldo de la balanza comercial sea positivo, el saldo total de las cuentas del país es deficitario. Por lo tanto, cabe reflexionar sobre la validez o no de impulsar un superávit de la balanza comercial a cualquier precio, concretamente: costo social y medioambiental.

El saldo de las transacciones corrientes externas, que no se limita únicamente al intercambio comercial, revela la verdadera balanza de divisas, con déficits profundos. En la Cuenta de Servicios y Rentas, que corresponde a la prestación de servicios y otras transacciones, entre las que se incluyen las principales partidas de gasto neto de la agricultura (seguros, fletes, intereses, beneficios, asistencia técnica, patentes/regalías, etc.), la serie histórica presentada muestra una larga trayectoria de déficits. Un déficit que no ha hecho más que aumentar, incluso con el superávit de la Balanza Comercial. El dato global de la Cuenta Corriente Total, que expresa el comercio entre países en bienes, servicios y transacciones financieras, muestra claramente la desigualdad de los intercambios. El déficit en cuenta corriente es un indicador preciso respecto al empobrecimiento de la economía brasileña y su dependencia de inversiones, tecnologías y servicios de otros países. (Mitidiero y Goldfarb, 2021, p. 11)

En 2022, Brasil, la Argentina y Paraguay presentaron exactamente el mismo problema: según datos del Banco Mundial, ese año la Argentina tenía un déficit por cuenta corriente, y cerró la balanza de pagos en 3787 mil millones de dólares negativos; Brasil, en 56.000 millones de dólares negativos y Paraguay, en 2713 mil millones de dólares negativos (Banco Mundial, 2023). Así que vemos que el esfuerzo exportador no parece estar dando los resultados necesarios.

Además, este modelo de explotación impacta directamente en el uso de los recursos naturales, particularmente de la tierra, lo que aumenta sus costos; a su vez, ello incrementa la presión sobre áreas de preservación ambiental y áreas de pueblos y comunidades tradicionales que históricamente mantuvieron la calidad ambiental de sus territorios. Frente al hecho de que casi la mitad del área agrícola del país son pastizales degradados,10 la presión criminal sobre los territorios tradicionales se ha incrementado enormemente en los últimos años. Prueba de ello es el aumento de conflictos por la tierra que, justamente, afectan territorios consolidados de pueblos y comunidades tradicionales (CPT, 2022). En la Argentina y Paraguay, la realidad no es diferente, con la presencia constante de conflictos entre el agronegocio y las poblaciones campesinas, pueblos tradicionales e indígenas.

Si analizamos las características del comercio exterior desde una perspectiva de largo plazo, como propone Victor Tarifa Lopes (2020), vemos que esa es una característica típica no sólo de Brasil, sino también de los demás países analizados, que demarca fuertemente el carácter dependiente de nuestras economías.

La especialización primaria de Brasil en su comercio exterior no es un fenómeno reciente, sino un proceso que perdura, por lo menos, desde hace dos siglos, siendo la reciente situación de "reprimarización" nada más que un retorno al patrón "normal" del comercio brasileño. Con esto, se argumenta que el comportamiento encontrado evidencia la inserción periférica de Brasil en la División Internacional del Trabajo (DIT), a través de la exportación de productos primarios, que, al reproducirse durante un largo período, ha condicionado el actual perfil productivo y comercial del país. (Tarifa Lopes, 2020, p. 176)

La concentración en pocos productos también debe ser considerada en el análisis. Entre 1997 y 2019, Brasil exportó más de 7.000 productos11 diferentes. Sin embargo, los 10 principales representaron el 48,25 % del total; los tres primeros: soja (incluso triturada, excepto para siembra), aceites crudos de petróleo y mineral de hierro y sus concentrados (excepto piritas de hierro tostadas, sin aglomerar) representaron el 31,28 % del total. Como bien señala Tarifa Lopes (2020), sólo tres productos representaron prácticamente un tercio de nuestras exportaciones.

Consideraciones finales

Lo que podemos deducir de todo esto es que la elevación de la capacidad exportadora de los países suele ser presentada como una cualidad positiva de la economía y del desarrollo. Sin embargo, sólo es posible sostener esta perspectiva aislando las cifras del comercio exterior -en particular, las exportaciones de bienes y servicios- del comportamiento del resto de la economía; por ejemplo, del deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de la población. O sea, hay una estrecha relación entre este deterioro y el aumento de la capacidad exportadora (Osorio, 2012).

Como afirma el mismo autor, lo que tenemos en América Latina son nuevas formas de organización reproductiva que reeditan, bajo nuevas condiciones, los viejos signos de la dependencia y del subdesarrollo. Para el autor, existe un nuevo patrón exportador de especialización productiva, a partir del fin del patrón industrial que prevaleció entre los años cuarenta y mediados de los setenta. En la mayoría de las economías, explica Osorio (2012), el nuevo patrón exportador implicó una importante destrucción de industrias. Este nuevo patrón ve el fin de la industrialización como un proyecto de mayor autonomía, aunque permanecen industrias importantes en algunos países, como en Brasil y México. Sin embargo, en estos casos las industrias son subsumidas y sometidas al nuevo proyecto exportador liderado por cadenas globales bajo la dirección de empresas transnacionales.

Este nuevo patrón exportador es denominado como especializado porque se basa en ejes, ya sean agrícolas, mineros e Industriales (en este caso actividades de ensamblaje y maquila) o de servicios, en los que las economías de la región tienen ventaja comparativa, como producción de petróleo y derivados, soja, ensamblaje de automóviles, extracción y procesamiento de cobre y otros minerales, maquinarias electrónicas, call centers, etc. En torno a eses ejes se concentran también los avances tecnológicos que afectan a la región (Osorio, 2012).

Esos polos productivos forman parte de grandes cadenas globales de valor, bajo la dirección de empresas transnacionales, lo que explica, en gran medida, el déficit de la balanza de pagos brasileña.

Sin embargo, hay que considerar en el análisis que, aunque podemos registrar que en las últimas dos décadas ha habido, de hecho, un enorme aumento del volumen y del valor del comercio exterior brasileño, y que éste se compone ahora mayoritariamente de productos primarios con menor valor añadido y menor rentabilidad, éste, como hemos visto, no es un proceso exactamente nuevo.

Por supuesto, no existe una relación directa entre exportación manufacturera y desarrollo económico. La extracción y explotación de commodities primarias también implica ciencia, empleo de tecnología, innovación y uso intensivo de capital. Sin embargo, es precisamente el control del excedente generado en las cadenas de producción lo que mantiene la desigualdad. No sólo eso, sino también las llamadas externalidades, según la jerga empresarial, que no se contabilizan y que se reflejan en la destrucción del medio ambiente y en los conflictos sociales (Delgado y Leite, 2022).

Hay, por lo tanto, dos grandes grupos de factores que explican la falta de desarrollo vinculada a la primarización de las economías.

En primer lugar, el hecho de que los países en cuestión, así como sus empresas, participan poco en los llamados nodos más rentables. En otras palabras, hay poca participación de los sectores nacionales en los sectores intensivos en tecnología. El caso de la soja es ejemplar, con el suministro de semillas e insumos, así como el control de la comercialización (y, por tanto, el control de la formación de precios) en manos de unas pocas empresas multinacionales.

En segundo lugar, está el hecho de que las estrategias de actuación de estas empresas son siempre altamente expoliativas, con la acción conjunta de los Estados y las élites nacionales. Este modelo de inserción externa, fuertemente apoyado en la productividad de los recursos naturales y en la captación de la renta de la tierra, contiene serios límites al desarrollo. La producción y distribución del excedente económico, en tales condiciones, provocan trampas productivas (sobreexplotación de los recursos naturales) y distributivas (concentración de la riqueza y de la tierra), de tal manera que restringen el crecimiento económico a la reproducción de patrones de subdesarrollo (Delgado, 2010).

Esto se traduce en la ausencia de un proyecto de soberanía para los países. Lo que se produce y cómo se produce, lo que se comercializa y en qué condiciones (infraestructura logística, exenciones fiscales, crédito subsidiado), y hacia dónde se comercializa no forman parte de un proyecto que garantice la seguridad alimentaria y nutricional, la seguridad energética, la sostenibilidad ambiental y, mucho menos, la justicia social. Veremos si los vientos que soplan del sur nos llevan a nuevas formas de superar esta forma subordinada y dependiente de integración internacional.

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Notas

1 Este trabajo forma parte de una investigación de posdoctorado realizada en el Programa de Desarrollo Territorial para América Latina y el Caribe de la Unesp. Contó con el apoyo de la Pró-reitoria de Pós Graduação – PROPG.
2 José Raimundo Sousa Ribeiro Junior realiza un importante debate sobre la conceptualización del fenómeno del hambre con el fin de problematizar las principales definiciones y formas de mensuración para que dicho fenómeno pueda ser comprendido en toda su extensión e intensidad. Para más información, véase Ribeiro Junior, José Raimundo Sousa. Fome como processo e a reprodução social capitalista. Boletim Paulista de Geografia, nº 105, ene-jul. 2021. Recuperado de https://publicacoes.agb.org.br/boletim-paulista/article/view/1992/1678
4 Para entender el período conocido como Modernización Conservadora del campo como un período marcado también por la violencia extrema, véase Goldfarb, Y. (2020), As violações de direitos humanos das populações camponeses: entre passado, presente e futuro. En E. Teles e R. Quinalha (Orgs.), Espectros da ditadura: da Comissão da Verdade ao Bolsonarismo. São Paulo, Autonomia Literária.
5 La inseguridad alimentaria medida por el indicador de la FIES se refiere al acceso limitado a los alimentos, para las personas o los hogares, debido a limitaciones de dinero u otros recursos. La gravedad de la inseguridad alimentaria se mide empleando los datos obtenidos mediante el módulo de la encuesta FIES, que consta de ocho preguntas que piden a los encuestados un reporte sobre las condiciones y experiencias típicamente asociadas con el acceso limitado a los alimentos. Con el propósito de monitorear anualmente los ODS, las preguntas refieren a los 12 meses previos a la encuesta.

La FAO proporciona estimaciones de inseguridad alimentaria en dos niveles diferentes de gravedad: inseguridad alimentaria moderada e inseguridad alimentaria grave. Las personas afectadas por la inseguridad alimentaria moderada se enfrentan a la incertidumbre sobre su capacidad para obtener alimentos y se han visto obligadas a reducir, en ocasiones a lo largo de un año, la calidad o cantidad de alimentos que consumen, debido a la falta de dinero u otros recursos. La inseguridad alimentaria grave se refiere a situaciones en las que las personas probablemente se han quedado sin comida, han pasado hambre y, en el caso más extremo, han pasado días sin comer.

6 FAO, FIDA, OPS, WFP, UNICEF. Panorama regional de la seguridad alimentaria y nutricional - América Latina y el Caribe 2022: Hacia una mejor asequibilidad de las dietas saludables. Recuperado de https://www.fao.org/documents/card/es/c/cc3859es
7 La alimentación no saludable es uno de los cuatro principales factores de riesgo para desarrollar enfermedades no transmisibles, junto con la actividad física insuficiente, el tabaco y el consumo nocivo de alcohol. El estudio citado señala que 11 millones de adultos murieron en el mundo, en 2017, por causas asociadas a una alimentación inadecuada. De ellos, alrededor de 600.000 vivían en América Latina y el Caribe. Entre los factores de riesgo dietéticos que ayudan a explicar este resultado están la baja ingesta de cereales integrales, frutos secos, semillas y verduras, junto con un alto consumo de sodio.
8 El índice de masa corporal (IMC) es la relación entre el peso y la altura que se utiliza habitualmente para clasificar el estado nutricional de los adultos. Se calcula dividiendo el peso corporal en kilogramos por la raíz cuadrada de la altura corporal en metros (kg/m2). Las personas con un IMC igual o superior a 30 kg/m2 son obesas.
9 A modo de ejemplo, el caso de Brasil: según el IELA (2020), en 1988 tenía el 24,7 % de su área ocupada por la agricultura con el cultivo de los principales productos de la canasta básica, como arroz, porotos y mandioca; en 2018, esta área cayó al 7,7 %.
10 Según MapBiomas, Brasil tiene 154 millones de hectáreas de pastizales, de las cuales el 53 % están degradadas. Recuperado de https://mapbiomas.org/pastagens-brasileiras-ocupam-area-equivalente-a-todo-o-estado-do-amazonas, consultado el 29/01/2023.
11 La nomenclatura utilizada es la Nomenclatura Común del Mercosur (NMC).

Recepción: 26 Febrero 2024

Aprobación: 27 Agosto 2024

Publicación: 01 Abril 2025



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