MA Mundo Agrario, abril - julio 2026, vol. 27, núm. 65, agosto-noviembre 2026, e330. ISSN 1515-5994
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET)
Centro de Historia Argentina y Americana

Artículos

Las Salas-Cobo: rupturas y continuidades en torno a la administración de una empresa familiar, Argentina, 1910-1943

Sofía Roizarena
CONICET, Universidad Nacional de Rosario, Investigaciones Socio Históricas Regionales (ISHIR), Argentina
Cita sugerida: Roizarena, S. (2026). Las Salas-Cobo: rupturas y continuidades en torno a la administración de una empresa familiar, Argentina, 1910-1943. Mundo Agrario, 27(65), e330. https://doi.org/10.24215/15155994e330

Resumen: Nuestro articulo comprende el derrotero de una empresa familiar argentina que durante más de medio siglo —de 1910 a 1966— estuvo liderada por mujeres. El análisis recae sobre la familia Salas-Cobo, ligada a la producción ganadera, especialmente a la explotación vacuna en las provincias de Córdoba y de Buenos Aires, áreas constitutivas de la región pampeana. Consideramos que el estudio de caso aquí planteado guarda relevancia ya que permite evidenciar los cambios que se fueron suscitando en los modos de administrar esta unidad productiva en diversos momentos, algunos de repliegue y otros de repunte de la actividad primaria. Para ello, fue fundamental la utilización de un corpus documental constituido por juicios de sucesión, registros contables y catastrales. Finalmente, la periodización permite sondear y poner en diálogo trayectorias vitales que se desenvolvieron en contextos en los que los mandatos sociales sufrieron diversas transformaciones, logrando un mayor predominio de las mujeres en el espacio público.

Palabras clave: Mujeres, Empresa Ganadera, Empresa Familiar, Gestión, Propiedad.

The Salas-Cobo family: ruptures and continuities in the management of a family business, Argentina, 1910–1943

Abstract: Our article covers the history of an Argentine family business that was led by women for more than half a century, from 1910 to 1966. The analysis focuses on the Salas-Cobo family, which was involved in livestock production, particularly cattle farming in the provinces of Córdoba and Buenos Aires, areas that make up the Pampas region. We believe that the case study presented here is relevant because it highlights the changes that took place in the management of this productive unit at different times, some involving a decline and others a rebound in primary activity. To this end, it was essential to use a body of documents consisting of succession trials, accounting records and land registry records. Finally, periodisation allows us to explore and compare life trajectories that unfolded in contexts in which social mandates underwent various transformations, leading to a greater predominance of women in the public sphere.

Keywords: Women, Livestock Enterprise, Family Business, Management, Ownership.

Introducción

El presente artículo analiza el derrotero de una empresa familiar argentina que, durante la primera mitad del siglo XX, estuvo liderada por tres generaciones de mujeres. Centrado en la trayectoria de la familia Salas-Cobo —propietaria de una extensa unidad productiva orientada a la ganadería vacuna en las provincias de Córdoba y Buenos Aires—, el estudio se propone reconstruir y examinar las formas que adoptó la administración femenina de esta empresa, específicamente, entre 1910 y 1943. La relevancia del caso reside no solo en la singularidad de su conducción, sino también en las transformaciones que estas mujeres introdujeron en los modos de gestionar la propiedad, intervenir en el proceso productivo y proyectar la continuidad económica de la firma a lo largo de contextos variables, marcados tanto por etapas de repunte como por momentos de repliegue de la actividad primaria.

El trabajo se articula alrededor de un conjunto de interrogantes que buscan iluminar dimensiones poco exploradas de la historia empresarial argentina desde una perspectiva de género. ¿Qué relación establecieron estas mujeres con la propiedad de la tierra? ¿Cómo se insertaron en los procesos de producción y cuáles fueron sus estrategias de conducción? ¿De qué manera se vincularon con la estructura empresarial y con los distintos niveles de decisión dentro de la firma? ¿Qué continuidades y rupturas pueden advertirse entre las gestiones de Inés Salas de Cobo (1910-1921) y Dolores Cobo (1921-1943)?

A partir de estas preguntas, el objetivo central es examinar cómo la gestión femenina incidió en la organización, la administración y la proyección de la empresa Salas-Cobo durante un período clave de su consolidación. Lejos de limitarse a constatar la presencia de mujeres en posiciones de responsabilidad, el análisis sostiene que sus intervenciones modelaron prácticas específicas de conducción, modalidades de administración patrimonial y estilos propios de toma de decisiones. En este marco, proponemos la hipótesis de que la informalidad jurídica que caracterizó a la firma no fue simplemente un rasgo organizativo heredado, sino que estuvo estrechamente imbricada con las prácticas de gestión desplegadas por sus administradoras.

Consideramos que este estudio de caso aporta, de manera acotada pero significativa, al diálogo entre dos campos historiográficos que habitualmente han permanecido tangencialmente vinculados: la historia empresarial y la historia social. La perspectiva adoptada no busca —como ha señalado Scott (1986/1990)— incorporar figuras femeninas a un relato que seguiría siendo estructuralmente androcéntrico, sino problematizar cómo se construyen, legitiman y disputan las posiciones de autoridad en los espacios económicos. El género, entendido como categoría relacional, permite iluminar normas culturales, expectativas de comportamiento y jerarquías simbólicas que condicionaron, pero también habilitaron, determinadas trayectorias empresariales. A través del caso Salas-Cobo es posible observar el modo en el que las mujeres negociaron y resignificaron su accionar dentro de ese marco normativo, con el fin de sostener una empresa de considerable escala en un momento en que su participación pública era crecientemente visible, pero todavía fuertemente regulada social y jurídicamente.

La elección del período 1910-1943 responde a razones tanto empíricas como analíticas. Por un lado, coincide con los años de mayor intervención directa de Inés Salas de Cobo y de su hija Dolores Cobo en la conducción del establecimiento. Por el otro, se trata de décadas atravesadas por transformaciones relevantes en materia productiva, jurídica y también fiscal. Durante esos años es posible hallar fluctuaciones del mercado ganadero, redefiniciones sobre la propiedad de la tierra, políticas provinciales contra el ausentismo y la emergencia de nuevas formas de intervención estatal. Si bien la administración posterior —a cargo de Agnese Macchi di Cellere Cobo entre 1943 y 1966— completa la cronología general de la empresa, el presente artículo se focaliza en las dos primeras etapas, que permiten observar con mayor nitidez los procesos de configuración inicial de esta estructura empresarial.1

La reconstrucción de estas trayectorias administrativas implica un desafío metodológico significativo vinculado a la naturaleza de las fuentes disponibles. La presencia femenina en los archivos —particularmente en aquellos de carácter institucional— aparece frecuentemente desdibujada por las propias prácticas de producción documental, criterios de conservación y lógicas que privilegiaron tradicionalmente la voz masculina. En consecuencia, la búsqueda de estas mujeres requiere articular un repertorio heterogéneo de materiales dispersos y fragmentarios. En ese sentido, el trabajo se nutre de expedientes judiciales, juicios sucesorios, registros contables, catastros, documentación administrativa, prensa local e incluso correspondencia privada o testimonios orales. Cada uno de estos conjuntos documentales aporta dimensiones específicas y complementarias, y su articulación permite suplir silencios y vacíos en los que, no obstante, es posible captar huellas relevantes de la acción femenina.

En particular, los expedientes judiciales revisten un interés central para este estudio. Tal como advierten Leyes (2022) y Barriera (2019), la documentación judicial no debe leerse de manera transparente, ya que en ella se inscriben mediaciones múltiples —jueces, fiscales, peritos, abogados— que modelan la representación de los protagonistas, reformulan conflictos o introducen capas adicionales de interpretación. Lejos de constituir un obstáculo, esta complejidad constituye una vía privilegiada para captar tensiones, estrategias y lógicas de acción que otros registros no permiten reconstruir con la misma densidad. Para este trabajo se examinaron expedientes de testamentaría, juicios sucesorios y actuaciones de la Corte Suprema de Justicia de la Nación vinculadas al litigio con la provincia de Córdoba durante el gobierno de Amadeo Sabattini, en el contexto del incremento del impuesto territorial y del reforzamiento de las políticas contra el ausentismo (Roizarena, 2025). Estos materiales permiten analizar cómo se activaron recursos legales, cómo se defendieron derechos de propiedad y qué estrategias se desplegaron frente a escenarios de conflictividad fiscal.

Desde este enfoque, el artículo se organiza en torno al examen articulado de tres dimensiones: la relación de las administradoras con la propiedad de la tierra, su inserción en el proceso productivo y su participación en la estructura empresarial. Al poner en diálogo estas esferas —públicas y privadas, formales e informales, jurídicas y productivas— buscamos comprender con mayor precisión los lugares que estas mujeres ocuparon dentro de la empresa y las formas concretas en que su intervención modeló el rumbo de la firma entre 1910 y 1943.

En suma, este trabajo procura ofrecer un aporte que, permita abrir nuevas preguntas y matices sobre la articulación entre género, empresa y poder en contextos históricos específicos. El caso de las Salas-Cobo constituye, en ese sentido, un observatorio privilegiado para explorar cómo las mujeres actuaron, negociaron y disputaron espacios de decisión en un ámbito tradicionalmente masculinizado, y cómo esas decisiones repercutieron en la configuración de una empresa rural de larga duración en la Argentina del siglo XX.

Normativa, propiedad y gestión patrimonial de las tierras familiares

Desde las postrimerías del siglo XIX, la familia Salas-Cobo estuvo asociada a la compra de tierras públicas, no sólo en la provincia de Buenos Aires, de donde eran oriundos, sino particularmente en el sur de Córdoba. Estas tierras, sirvieron de base para el desarrollo de una ganadería extensiva, con especial atención en la cría y el perfeccionamiento de la raza Hereford, perpetuándose la actividad al menos por cinco generaciones. Claro está, que esta trascendencia en el tiempo atravesó cambios coyunturales fundamentales, y si bien, en esta instancia nuestra intención no radica en dar cuenta de la totalidad de las gestiones que franqueó la empresa familiar, si queremos detenernos en dos períodos, en los que, si bien cada uno presenta especificidades propias, un elemento común sobreviene: la presencia de mujeres en la administración y posesión de la unidad productiva.

Ahora bien, si buscamos rastrear y reconstruir los vínculos iniciales de la familia con el mercado de tierras, debemos remitirnos al hermano de Inés Salas, Miguel Tomas Salas (ver Figura 1), quien, en el último cuarto del siglo XIX, logró adquirir una considerable cantidad de hectáreas en el sur de la provincia de Córdoba. Entre 1874 y 1875, Miguel Tomas Salas adquirió 186.559 hectáreas repartidas en los departamentos de Unión y Marcos Juárez, y 90.721, bajo la firma Salas y Cernadas.2 A saber, estas transacciones se vieron favorecidas por un cambio en la dinámica de los remates de tierras ficales.

De acuerdo con los estudios de Caldarone y Ferrari (1992), éstos se realizaban, originariamente, en la ciudad de Córdoba, pero luego fueron trasladados a Buenos Aires, en donde se registró la intervención de importantes propietarios —de dicha jurisdicción— actuando en el mercado de tierras de Córdoba durante el período 1873- 1880 (p. 32). Uno de los principales alicientes a la compra de tierras en esta provincia, se debe a que eran adquiridas a un precio menor que el pactado en operaciones entre particulares. Asimismo, el precio de venta de las propiedades fiscales y la falta de interés en el mercado local influyeron en el mantenimiento del bajo precio de la tierra, en comparación con la provincia de Buenos Aires, donde la legua se cotizaba a precios superiores en un 400% (Caldarone & Ferrari, 1992, p. 32).

En 1892, Miguel Tomás Salas falleció sin haber dejado descendencia, por lo que sus propiedades fueron remitidas a su padre, Basilio Salas del Sar quien, a su vez, decidió cederlas a su yerno, el esposo de Inés Salas, Juan Francisco Cobo Lavalle, para que pueda continuar con su administración y explotación.3 Siguiendo los planteos de Selva Olmos (2014), desde mediados del siglo XIX y hasta las primeras décadas del siglo XX, la explotación agropecuaria tendía a recaer enteramente en los varones de la familia dejando al margen a las mujeres que integraban el grupo (p. 172).

Figura 1
Genealogía familiar de los Salas-Cobo
 Genealogía familiar de los Salas-Cobo
Fuente: Genealogía de elaboración propia a partir de registros bautismales, actas de matrimonio y defunción.

Ahora bien, esto no constituía únicamente una práctica consuetudinaria e informal en la que, la costumbre ubicaba a los varones administrando y participando del proceso de explotación de las propiedades rurales. Sino que, esto podemos hallarlo regulado por la normativa vigente. Dicho de otro modo, al momento en el que Salas del Sar le otorga las propiedades rurales al esposo de su hija y no a ella, éste no infiere la ley, ya que, desde la promulgación del Código Civil argentino en 1869, la situación de desamparo legislativo que las mujeres padecían fue profundizado por este marco legal. En los artículos 55, 56 y 57 de dicho código, se establece que las mujeres casadas son incapaces respecto de ciertos actos o del modo de ejercerlos, aunque pueden adquirir o contraer determinadas obligaciones por medio de los representantes necesarios que la ley les concede, en este caso, sus esposos. En ese sentido, de acuerdo al artículo 1.226, “la esposa no podrá reservarse la administración de sus bienes, sea de los que lleve al matrimonio, o sea de los que adquiera después por título propio. Podrá sólo reservarse la administración de algún bien raíz, o de los que el esposo le donare” (Código Civil y Comercial de la Nación [CCCN], art. 1,226)

No obstante, de acuerdo al artículo 1.227 del Código,

si la mujer después de celebrado el matrimonio adquiriese bienes por donación, herencia o legado, los donantes y el testador pueden imponer la condición de no ser recibidos y administrados por el marido, y la mujer podrá administrarlos con su licencia, o con la del juez, si el marido no se la diere, o no pudiere darla.4

De esto se infiere que la sanción del Código Civil legitimó la incapacidad total y absoluta de la mujer casada hasta la derogación de dicha incompetencia con la Ley 11.357, en 1926. En parte, el análisis del contexto jurídico permite explicar el motivo por el cual Inés Salas no fue beneficiaria del patrimonio de su hermano, hasta el fallecimiento de su esposo en 1910, ya que la condición de viudez, de acuerdo a nuestra lectura, confirió mayores derechos que la otorgada por el matrimonio.5 Esta misma situación se replicó también con la hija de Inés Salas, Dolores Cobo. El vínculo de Cobo con los inmuebles rurales se dio recién en 1921, tras el fallecimiento de su madre. Para ese entonces, su estado civil ya se había modificado de casada a viuda, por lo que, rápidamente le permitió disponer de los bienes atribuidos tras el juicio sucesorio, en el que el patrimonio de su madre se dividió en partes iguales entre Dolores y su hermana menor.

Sin embargo, esta situación se trastoca con la tercera administración, concerniente a la hija de Dolores Cobo, Agnese Macchi di Cellere, quien hereda recién en 1943, aun cuando estaba casada. La modificación en las formas de vinculación con la propiedad la introduce la reforma del Código Civil. Hacia 1926, se amplió la capacidad de las mujeres respecto a la patria potestad, administración y disposición de los bienes propios y el régimen de bienes gananciales en el matrimonio. Aunque no se igualaron completamente las atribuciones de las mujeres solteras, divorciadas o viudas, con aquellas que estaban casadas, se dispuso que éstas últimas sin necesidad de autorización marital o judicial, podían “ejercer profesión, oficio, empleo, comercio o industria honestos, administrando y disponiendo libremente del producido de esas ocupaciones."6 Así, se volvieron conquistas demandas que se reclamaban desde al menos dos décadas atrás.

Si bien en los tres casos, tanto la abuela, la madre y la hija pudieron disponer de sus bienes y participar de su administración, las primeras dos lo pudieron hacer gracias a su condición de viudez, la cual como hemos planteado, al menos en el primer cuarto del siglo XX, proporcionaba mayores derechos y libertades a las mujeres argentinas que el hecho de estar casadas; mientras que, en el último caso la disposición fue rápida ya que el Código había sido reformado, garantizándoles el pleno ejercicio de sus bienes.

Los trabajos de Zeberio, Bjerg y Otero (1998) y Zeberio (2001), ofrecen una clave interpretativa especialmente productiva para pensar la dinámica patrimonial y las tensiones que atraviesan a la familia Salas-Cobo. El análisis de los conflictos sucesorios y de las disputas por la propiedad en la pampa argentina revela que la herencia no es un simple mecanismo jurídico, sino un terreno de negociación donde se ponen en juego expectativas, afectos, jerarquías y modos de ejercicio del poder dentro de las familias. Estas perspectivas permiten comprender mejor cómo, en el caso de las Salas-Cobo, la informalidad en la estructuración jurídica de la empresa no fue un accidente ni una anomalía, sino el resultado de arreglos familiares que privilegiaron la continuidad del patrimonio y la cohesión interna por encima de la formalización legal estricta. Desde esta mirada, la actuación de las mujeres en la gestión cotidiana del establecimiento se enlaza directamente con las lógicas históricas de administración patrimonial en donde la autoridad económica se ejerce muchas veces al margen —o en los intersticios— de los marcos normativos formales.

Mujeres en el proceso de producción ganadera

Desde la década de 1990 se advierte una progresiva incorporación de la perspectiva de género en diversos campos de la historiografía, no obstante, su impacto en la historia empresarial ha sido todavía limitado y desigual. Tal como señalan Barbero y Lluch (2014), un repaso por los principales balances historiográficos del área permite constatar que la relación entre mujeres y empresa no ha ocupado un lugar específico ni sistemático dentro de los estados de la cuestión de la historia empresarial argentina. Esta ausencia no implica la inexistencia de aportes, sino más bien su carácter fragmentario y periférico, lo que pone de relieve la necesidad de profundizar los enfoques que interroguen las dinámicas empresariales desde una mirada atenta a las relaciones de género y a las formas diferenciadas de participación y visibilidad de los sujetos económicos femeninos.

Un modo particularmente fecundo de abordar esta problemática lo constituye el análisis de las empresas familiares. En consonancia con una definición ampliamente difundida en la historiografía reciente, entendemos por empresa familiar a aquellas unidades productivas jurídicamente independientes en las que la propiedad y la gestión se encuentran controladas por una o varias familias a lo largo de, al menos, dos generaciones (Fernández Pérez & Lluch, 2015). Lejos de concebirlas como estructuras homogéneas o simples vehículos de reproducción del capital, los estudios han destacado su carácter dinámico y relacional, subrayando la capacidad de agencia de los grupos familiares y la inscripción de sus estrategias económicas y patrimoniales en entramados sociales, políticos y normativos más amplios. En este sentido, el abordaje de trayectorias familiares resulta clave para iluminar procesos de largo plazo —como la consolidación de élites, la construcción de redes transgeneracionales o la adaptación a cambios institucionales— y permite, asimismo, pensar la empresa familiar como un espacio ambivalente, pero potencialmente habilitante, para el despliegue de la agencia femenina.

Recuperando el planteo de Olmos (2014), hacia principios del siglo XX, los inmuebles rurales solían ser explotados por los varones de las familias de hacendados —padres, esposos, hermanos e hijos—. Esto no implicaba necesariamente que las mujeres no heredaran a la par que ellos, pero si, solían ponerse en práctica mecanismos informales de compensación a partir de los cuales eran beneficiarias de joyas, inmuebles urbanos y obras de artes, mientras que, las propiedades rurales se repartían entre los varones que integraban la línea de parentesco. Asimismo, aquellas que aún conseguían hacerse con la propiedad de algún inmueble rural, posiblemente no participaban de la explotación del mismo. En ese sentido, Roy Hora (2012) estableció algunas precisiones en torno a la práctica del arrendamiento, adoptada frecuentemente entre aquellas mujeres —viudas y solteras— que habían sido favorecidas en los procesos de transmisión formal del patrimonio con hectáreas rurales. Una de las principales causas que explica la elección de estas dinámicas de explotación se debe a que, por lo general, las mujeres pertenecientes a familias terratenientes se encontraban alejadas de la administración in situ. En esta misma línea, cabe destacar que, además, ceder en arrendamiento parte de los lotes, garantizaba una cuota de ingresos constante en el tiempo, lo que conllevó a la minimización de riesgos —una preocupación que logró inquietar al sector terrateniente en su conjunto, por varias décadas (Sábato, 1988)—.

Tomando esto en cuenta, el análisis del juicio sucesorio de la familia Salas-Cobo permite matizar estas caracterizaciones generales y complejizar el lugar de las mujeres en la gestión de la propiedad rural. En el caso de Inés Salas de Cobo, si bien la práctica del arrendamiento estuvo presente, los registros disponibles indican que esta modalidad no se orientó principalmente al alquiler de tierras a terceros, sino que funcionó como un mecanismo contable mediante el cual se arrendaban tierras de su propiedad a la sucesión de su esposo, en el marco de los reordenamientos patrimoniales derivados de la partición de bienes.

Dicho esto, la disminución de los ingresos por arrendamiento observada en los años posteriores al fallecimiento de su marido debe interpretarse, en este sentido, como resultado de cambios en la administración de la sucesión —tales como la reducción de la hacienda o la reorganización de los circuitos productivos— más que como evidencia directa de un viraje hacia la explotación productiva directa por parte de la propietaria. Empero, estas operaciones ponen de relieve la participación activa de Inés Salas de Cobo en la articulación y gestión de los distintos patrimonios familiares, evidenciando su capacidad para intervenir en decisiones económicas relevantes dentro de un entramado jurídico y administrativo complejo.

A juzgar por las fuentes7, Inés Salas de Cobo heredó el 50% más un tercio del 50% restante de las propiedades ubicadas en el sur de la provincia de Córdoba, cuyo establecimiento denominó “Laguna del Monte” (ver Figura 2), y la misma fracción de los campos situados en Buenos Aires —partidos de Luján, Mercedes y Bragado—. Cabe señalar que, parte de su patrimonio, fue cedido como donación a la comunidad de Irala, en la jurisdicción de Bragado, para la construcción de un tramo de línea férrea. Sin embargo, preservó las hectáreas ubicadas en los otros dos departamentos bonaerenses, las cuales conformaban la unidad productiva “Cabaña Esperanza”. En ambos inmuebles, encontramos la convivencia de lo que podríamos caracterizar como dos modos de explotación. Uno de tipo indirecto, basado en el arrendamiento a través de un canon fijo anual. Inicialmente esta actividad ocupaba un gran porcentaje de las hectáreas que constituían ambas unidades, pero, tal como el Gráfico 1 refleja, esta práctica comenzó a decrecer durante la administración de Inés Salas de Cobo.

Figura 2
Tierras de Inés Salas de Cobo en Córdoba
Tierras de Inés Salas de Cobo en Córdoba
Fuente: Mapa oficial de la Provincia de Córdoba en el que se muestran las propiedades de Inés Salas de Cobo. Recuperado del Atlas de Cartografía Histórica de la República Argentina del Instituto Geográfico Nacional, enero de 1919.

Además, si bien los datos que disponemos nos permiten reconstruir exclusivamente el lustro 1910-1915, este es representativo de la diferencia de precios entre los lotes de Córdoba y los de Buenos Aires. Para los primeros, la renta se fijaba en $4 por hectárea, mientras que, para los segundos, era de $15 por hectárea.8

Gráfico 1
Hectáreas en arrendamiento
Hectáreas en arrendamiento
Fuente: elaboración propia, a partir de los datos almacenados en el expediente Cobo don Juan Francisco, su juicio ab intestato. Juzgado de 1ra Instancia en lo Civil de la Capital de la República, noviembre de 1915, Argentina.

Luego de 1912, una vez concluida la sucesión, Inés Salas de Cobo decidió trasladar el plantel que había heredado, desde las estancias en la provincia de Buenos Aires hacia las propiedades que disponía en el sur de Córdoba. Esta estrategia se dio, a su vez, en un contexto de alza del precio del ganado en la región (ver Gráfico 2), el cual comenzará a mostrar signos de desaceleración durante la I Guerra Mundial.

Gráfico 2
Precio de novillos expresado en M/N
Precio de novillos expresado en M/N
Fuente: elaboración propia, a partir de los datos almacenados en el expediente Cobo don Juan Francisco, su juicio ab intestato. Juzgado de 1ra Instancia en lo Civil de la Capital de la República, noviembre de 1915, Argentina.

Y este hecho, de alza del precio de los novillos al menos en la antesala de la Gran Guerra, nos permite introducir el segundo modo de explotación practicado, el cual fue de tipo directo, basado en una ganadería extensiva. Y sobre esto, resulta imperioso considerar algunos señalamientos. A saber, desde nuestra historiografía han surgido, desde finales de la década del noventa y particularmente desde los albores del nuevo siglo, diversos estudios que avanzaron en el análisis del sector de grandes propietarios. Un contrapunto puso en debate la literatura clásica tendiente a concebir al grupo como meros rentistas —en el sentido ricardiano de la expresión—, y habilitó nuevas interpretaciones (Hora, 2001; Barsky & Gelman, 2001; Graciano, 2003; Sesto, 2005). Así, se avizoró que, el aprovechamiento de las ventajas para la producción ganadera, “implicó un largo proceso acumulativo de incorporación y adaptación de tecnologías e innovaciones incrementales” (López, 2006, p. 99). Esto se suscitó atendiendo, no sólo a la demanda del mercado interno, sino especialmente al mercado externo. Por lo que, se requirió el perfeccionamiento y refinamiento de la raza vacuna, aplicando mejoramientos genéticos e incorporando conocimientos zootécnicos vinculados a la salud animal y a los cuidados sanitarios. Así, la innovación tecnológica se convirtió en la matriz del mejoramiento productivo. En ese sentido, emerge desde el sector ganadero un nuevo sujeto, el cual Carmen Sesto (2005) refirió como una vanguardia. Estos productores —de tipo schumpeterianos— no se encontraban vinculados con la minimización de riesgos, por el contrario, se erigieron en promotores de la especialización productiva. El dinamismo del grupo logró modificar por completo el capitalismo rural bonaerense, transicionando hacia una estancia reformadora (Sesto, 2005).9

Dicho esto, y retomando el análisis de la gestión de Inés Salas de Cobo, notamos que, en las parcelas bajo explotación directa, continúa un proceso de similares características al reseñado en el párrafo anterior. A saber, de los ejercicios administrativos10 se desprenden gastos vinculados con el mejoramiento de la infraestructura —corrales, reparación de aguadas y alambrados—, con la sanidad del plantel —productos fitosanitarios, gastos de vacunación— y con la crianza y el engorde de los ejemplares. Sin embargo, un porcentaje importante de los gastos mencionados, lo conforma la adquisición de toros en ferias y exposiciones, lo cual permite comprender el compromiso que su gestión tenía con el genetismo y el mejoramiento de la raza. Consideramos que esto no sólo se vincula con las demandas del mercado, sino también con una tradición familiar, que se inscribe dentro de este proceso de vanguardia estudiado por Sesto (2005), iniciado por Miguel Tomás Salas en el último cuarto del siglo XIX11, el cual constituye un elemento característico e identitario del grupo familiar. En otras palabras, el estudio de la familia Salas-Cobo implica necesariamente analizar la formación del plantel Hereford en Argentina y cuenta de ello lo da la inscripción de los ejemplares en el Herd Book Argentino de pedrigree.

En otras palabras, si bien desde finales del siglo XIX, las estancias de la familia experimentaron el mejoramiento del plantel, han sido enfáticos los intentos por continuar con esta práctica durante la primera mitad del siglo XX. En relación con este diagnóstico, resulta pertinente señalar que, si analizamos parte de la gestión de Inés Salas de Cobo, los principales ingresos que obtuvo su administración, provienen del producto vacuno, más que del arrendamiento (ver Tabla 1), siendo el período 1912-1913 el de mayor diferenciación en la composición del ingreso: el 81,10% corresponde a la venta del ganado, mientras que el 18,90% se condice con los ingresos por arrendamiento.

Tabla 1
Ingresos obtenidos por actividad, expresados en pesos M/N
PeríodoArrendamientoProducto vacuno
1910-1911$424.500,00 m/n$1.225.363,56 m/n
1911-1912$406.475,00 m/n$1.298.681,18 m/n
1912-1913$314.475,00 m/n$1.346.343,12 m/n
1913-1914$255.675,00 m/n$1.164.351,59 m/n
1914-1915$178.320,00 m/n$749.942,88 m/n
Fuente: elaboración propia, a partir de los datos almacenados en el expediente Cobo don Juan Francisco, su juicio ab intestato. Juzgado de 1ra Instancia en lo Civil de la Capital de la República, noviembre de 1915, Argentina.

Para el período que se inicia con la administración de Dolores Cobo (1921-1943), se observa la continuidad de los dos modos de explotación previamente descritos, cuya gravitación relativa varió en función de las condiciones y demandas específicas de cada coyuntura. Es decir, su gestión estuvo signada por el modo en el que la demanda del mercado externo afectó su producción. A saber, hacia 1921 habrá un cambio de exigencias de los mercados compradores, retornando el interés comercial por la carne enfriada, chilled, y manteniéndose al margen la producción de carne congelada, la cual lideró la demanda durante los años de la I Guerra Mundial (Prebisch, 1922, p. 389). Esta situación generó un marcado descenso del precio del congelado como consecuencia del amplio stock y la falta de demanda. La crisis se volvió cada vez más palpable por lo que la Sociedad Rural, principal espacio de representación de los grandes propietarios, comenzó a presionar al Estado nacional. Siguiendo a Noemí Girbal Blacha (2016), de las cuatro leyes que el gobierno de Marcelo T. de Alvear sancionó para 1923 intentando presentar una posible respuesta a la problemática, la más importante de ellas propuso establecer un precio mínimo para la producción exportable y un máximo para la que circulase en el mercado local. No obstante, la animosidad de los frigoríficos impidió la puesta en práctica de dicha regulación (p. 22).

Es en este marco de incertidumbre generado por la recesión económica que Dolores Cobo se ubicó al frente de la administración y el gerenciamiento de algunas de las propiedades. Cabe señalar que, el proceso sucesorio se dirimió entre las dos hijas de Inés Salas de Cobo. La mayor de ellas, Dolores, fue beneficiaria de la cabaña “La Esperanza” —Buenos Aires— y tras la división de Laguna del Monte —Córdoba—, fundó en las 21.000 hectáreas heredadas la estancia “Tuyuti”, establecimiento que se erigió como tal en mayo de 1923.12 Mientras que, su hermana Inés, prosiguió con la administración de “Laguna del Monte.” No obstante, aquí nos interesa comprender la gestión de la primogénita, analizando las decisiones que Dolores Cobo tomó, dando habidas cuentas de un gran dominio y experticia para el análisis de la situación, y el modo en el que la demanda del mercado externo contribuyó a modificar sus estrategias productivas. Durante su gestión, notamos un proceso creciente de especialización tendiente a identificar cada uno de los establecimientos con un tipo de producción específica.

Para el caso de Tuyutí, el mejoramiento de la raza Hereford siguió constituyendo la principal actividad. Cabe señalar que, es a partir de 1924, cuando comenzarán a aparecer los primeros síntomas de mejora, quedando atrás los vestigios ocasionados por la crisis ganadera. Dentro de la lógica empresarial y tejiendo nuevas redes, a partir de ese año, la estancia Tuyutí pasó a integrar la Asociación Argentina Criadores de Hereford, un espacio de sociabilidad que le permitió intercambiar experiencias con otros estancieros y propietarios de cabañas. Asimismo, tal como hemos anticipado, su gestión, al igual que la de su madre, se caracterizó por continuar el proceso de mejora de la raza vacuna. En mayo de 1923, cuando “Tuyutí” es fundada, contaba con 20.142 cabezas de ganado, 79 cabezas de ganado Hereford N.° 1, 704 cabezas de ganado Hereford N.° 2, 593 cabezas de ganado Durham mestizo y 275 yeguarizos.13 Al finalizar su gestión, dos décadas después, la orientación de la estancia era evidente, convirtiéndose en un bastión fundamental del perfeccionamiento y la reproducción del ganado Hereford (ver Gráfico 3).

Gráfico 3
Plantel Hereford de la estancia Tuyutí
Plantel Hereford de la estancia Tuyutí
Fuente: elaboración propia, a partir de los datos almacenados en el Primer diario de la estancia Tuyutí, luego de la división de Laguna del Monte (mayo de 1923) y en el expediente Cobo de Macchi di Cellere Dolores. Sucesión. Juzgado de Primera Instancia en lo Civil de la Capital de la República (1943).

En esa misma línea, de acuerdo a los datos recabados por el Censo Nacional Agropecuario de 1937, la provincia de Córdoba contaba con 2493 cabezas de ganado Hereford “puros”, siendo la tercera provincia productora más importante del país, y 196.920 cabezas de ganado Hereford “mestizos”, ubicándose por debajo de Corrientes, Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe.14 A saber, la participación porcentual de la cabaña Tuyutí en estas cifras que expresan el total del valor provincial, corresponde al 17% de los primeros, y alrededor de un 15% de participación en los segundos.

Por otra parte, granja “La Esperanza” se erigió en un nicho clave para el desarrollo tambero y la producción aviar. Y en este punto quisiéramos hacer algunos comentarios al respecto. De acuerdo con Regalsky y Jáuregui (2012), el estudio del sector lácteo ofrece algunas aristas originales. En primer lugar, porque si bien las ramas vinculadas con la producción de alimentos ocuparon un espacio mayoritario en la estructura industrial hasta 1914, para ese entonces asistimos a un periodo de gran expansión del subsector lácteo asociado a una fuerte proyección exportadora. Si bien esto encontrará un embate hacia 1930, a diferencia de otras ramas, logró retomar el crecimiento volcándose hacia el mercado interno. De acuerdo con los datos arrojados por el Censo Nacional Agropecuario de 1937, y siguiendo la reconstrucción realizada por ambos autores, las dimensiones típicas de un tambo oscilaban entre 100 y 150 hectáreas. De los establecimientos, solo el 25% era propietario, mientras que el resto implicaba prácticas de arriendo o aparcería. Éstos contaban con una disponibilidad de 60 a 80 vacas lecheras. Tomando en consideración estas cifras, la granja “La Esperanza”, para ese mismo período, estaba constituida por 4640 vacas lecheras, 4139 aves de corral y 2417 hectáreas, desbordando significativamente las dimensiones de un tambo promedio. Asimismo, durante estos años se constituyó un proceso de integración vertical hacia adelante, instalando una cremería, la cual no era explotada por la gestión de Cobo, sino que la cedían en alquiler. No obstante, la materia prima era abastecida por su propia granja, y el transporte de leche también corría por su cuenta. Para ese entonces, el establecimiento disponía de 3 camiones con tanques de aluminio para transportar 2.500 litros cada uno, y uno con una capacidad superior, de 5.000 litros.

A su vez, es preciso destacar, tal como lo señalan Regalsky y Jáuregui (2012), que el grueso de la producción lechera —que no se destinaba hacia el sector industrial— era remitido para el consumo directo, por lo que estimaba que “un 50% de la producción láctea nacional se vendía al público como leche fluida” (p. 506). Y en ese sentido, la disponibilidad de 17.000 botellas de vidrio de un litro y medio inventariadas en la granja “La Esperanza”, avizoran la posibilidad de pensar al establecimiento como una unidad productiva que, además, participaba de la venta de leche para consumo interno.15

Por otro lado, es preciso mencionar que la práctica del arrendamiento fue sustituida en la gestión de Dolores Cobo por la aparcería, poniendo a disponibilidad 4.065 hectáreas. A diferencia del canon fijo que había establecido la administración de Inés Salas de Cobo, el pago ascendía al 20% sobre el maíz y el 21% sobre el trigo.16 Varios factores resultaron determinantes al momento de fijar esta alícuota. Entre ellos pueden mencionarse tanto las condiciones inciertas de los mercados como las reiteradas inclemencias climáticas que afectaron a la región.17 Asimismo, considerando los vínculos de lealtad que se habían consolidado entre los arrendatarios y la propietaria —fruto de contratos sostenidos durante largos años—, así como las relaciones previamente cimentadas con los trabajadores de su propia explotación, es posible que la modificación contractual también respondiera a determinadas concesiones orientadas a preservar esas redes y asegurar la continuidad del establecimiento.

Además, de acuerdo a las fuentes consultadas,18 se estableció esta modalidad como consecuencia del mal estado en que se encontraron las tierras del sur de Córdoba durante la segunda mitad de la década del veinte, y con ello la falta de interés de la plaza en pagar un canon fijo para acceder a trabajar hectáreas en una zona con características riesgosas.

De este modo, hemos intentado representar, a partir de una serie de estrategias productivas, las prácticas impulsadas por Inés Salas de Cobo primero, y su hija después, en los establecimientos que ambas administraron. Tal como se pudo comprobar, todas las inversiones giraron en torno al agro, sin hallar registros de compras o adquisiciones en otros rubros. Es más, durante la gestión de Dolores Cobo, la tierra siguió siendo considerada por la propietaria como un activo lo suficientemente seguro, incluso en aquellos momentos en donde el fisco provincial ejerció mayor presión tributaria sobre los grandes propietarios.19 Pese a las dimensiones crecientes que las estancias comenzaron a detentar, resulta imperioso reflexionar acerca del modo de administrar esta empresa familiar, tarea que llevaremos adelante en el siguiente apartado.

Estructura empresarial

Uno de los principales interrogantes que vertebró parte de nuestro análisis, estuvo signado por el tipo de empresa que la familia Salas-Cobo constituyó en torno a la propiedad rural. Y en ese sentido, si bien este es un acercamiento preliminar, algunos elementos merecen nuestra atención.

Tal como mencionamos, y en diálogo con el Censo Nacional Agropecuario de 1937, la participación de la estancia “Tuyutí” en el total de animales de la raza Hereford señalados para la provincia de Córdoba, establece una representación aproximada que oscila entre el 15% y el 17%. Esto no solo es significativo de la especialización que la empresa ganadera de las Salas-Cobo adquirió conforme el paso del tiempo —luego de haber impulsado con compromiso un proceso de mejora y refinamiento del bovino—, sino que nos interesa particularmente por las dimensiones y el alcance de la estructura productiva. A saber, a diferencia de otros establecimientos que para la época habían ingresado en el Registro Nacional de Sociedades, mediante una constitución formal materializada en sociedades anónimas (SA), o sociedades de responsabilidad limitada (SRL), tanto la estancia “Tuyutí” como la granja “La Esperanza”, mantuvieron administraciones civiles —al menos en las gestiones aquí desarrolladas—. Recién los primeros registros formales de estos establecimientos, los encontramos en 1956, bajo la firma COMAGRO S.A, inscripta en el Registro Público de Comercio.20

Siguiendo el derrotero administrativo y las estrategias productivas implementadas por parte de Salas y de Cobo, notamos que en ambas gestiones existió un compromiso creciente por resguardar y perpetuar como elemento identitario de la familia, la reproducción de la raza Hereford, aun cuando el proceso iniciado por esa vanguardia ganadera en las postrimerías del siglo XIX, había mostrado signos de diversificación. Esto puede ser leído e interpretado como parte del mandato social de época que recayó sobre las mujeres. No obstante, madre e hija, asumieron un rol fundamental en la preservación y reproducción de un legado que definió al grupo familiar. Tal es así que, hemos planteado con anterioridad que, el estudio de la familia Salas-Cobo conlleva necesariamente la exploración del plantel Hereford en Argentina.

En esa misma línea, creemos oportuno señalar que, como han demostrado múltiples estudios (Dalla Corte, 1994; Bonaudo, 2006; De Paz Trueba, 2009; Caldo, P. 2011), los modos de habitar el espacio público a principios del siglo XX, distaban enormemente si se trataba de varones o mujeres. Es más, la definición de lo público y lo privado imprimió un sesgo particular que se materializó no sólo en la división sexual del trabajo, sino también en la puntualización de los ámbitos de poder (Jelín, 1994).

Así, por lo general, las trayectorias femeninas tendieron a asociarse con la esfera privada. Luego, el análisis crítico se profundizó, incorporando a este binomio, un nuevo espacio, el doméstico (Murillo, 1996). Y en este punto, el hecho de que una empresa familiar haya permanecido en el ámbito de la informalidad durante un poco más de medio siglo, favorece reflexiones que deben ser inscriptas en un contexto más amplio de acción. Así, pensar lo formal como una posibilidad dentro de la arena pública, y lo informal como representativo de lo que acontece dentro del espacio privado, opera como modo de entrada para intentar responder por qué en un contexto de creciente formalización, la empresa familiar, propiedad de Salas-Cobo, continuó funcionando como una administración civil.

Si bien, esta es una hipótesis que se encuentra aún en exploración, ha sido cotejada y puesta en diálogo con testimonios y epistolarios de trabajadores de los establecimientos. Del relato de ellos, se desprende un elemento común, la caracterización de la administración de Cobo: “tranqueras adentro éramos una familia ampliada."21 Ante esto, consideramos que, analizar la estructura empresarial desde una perspectiva de género, transversalizando el análisis con las formas de habitar lo público y lo privado, en la primera mitad del siglo XX, le otorga relevancia a la investigación, favoreciendo un acercamiento más fidedigno al modo en el que Salas y Cobo pensaron la empresa familiar.

Conclusiones

Tal como hemos referido, los estudios abordados desde una perspectiva de género contribuyen a iluminar dimensiones de procesos pasados en clave femenina, habilitando interrogantes específicos acerca de los lugares que ocuparon las mujeres. El análisis pormenorizado de la gestión de Inés Salas y Dolores Cobo implica, además, preguntarnos qué rol desempeñaron dentro de la empresa familiar y cuál fue específicamente la participación que detentaron dentro de la explotación productiva. Así, consideramos que el mismo se vuelve significativo en tanto, avanza sobre un área de vacancia, como lo es la historia de las mujeres dentro del mundo de los negocios, y porque recupera, a su vez, una periodización que también merece mayor atención.

En este sentido, el análisis de la cultura jurídica vigente entre fines del siglo XIX y la reforma del Código Civil de 1926 resulta central para comprender las condiciones que habilitaron —o limitaron— el acceso de las mujeres a la administración de sus bienes. Lejos de operar como un marco neutro, el ordenamiento jurídico estableció jerarquías de género que restringieron la capacidad civil de las mujeres casadas, al tiempo que otorgaron a la viudez un estatuto diferencial, habilitándola como una instancia de relativa autonomía patrimonial. Como muestra el caso analizado, la condición de viuda no solo implicó un cambio en la situación familiar, sino también una reconfiguración del vínculo con el patrimonio, que permitió a las mujeres ejercer funciones de gestión y toma de decisiones vedadas en otros momentos del ciclo vital. Atender a estas mediaciones normativas permite, así, comprender la agencia femenina no como excepción, sino como una posibilidad históricamente situada, producida en la intersección entre derecho, familia y propiedad.

Estimamos que algunas prácticas desplegadas por Inés Salas y Dolores Cobo, se inscriben dentro de los mandatos socio-culturales de la época, ponderando el peso del género por sobre las decisiones económicas. En ese sentido, si bien hemos concluido que las estrategias impulsadas sobre la administración de los establecimientos ganaderos hallan correlato dentro de una tradición familiar más amplia, insistimos en que una administración de curso civil, no formalizada, encuentra causa posible de explicación en el modo en que estas mujeres se vincularon con el espacio público y privado de la primera mitad del siglo XX.

Reponer el estudio de este caso, favoreció una mayor comprensión con respecto a las estrategias impulsadas, habilitando otras formas de gestión de la unidad productiva, por fuera de tesis más clásicas como la del arrendamiento. A saber, el vínculo entre mujeres y explotaciones rurales de tipo capitalistas revistió mayor complejidad.

Asimismo, el estudio de este caso permite repensar a la empresa familiar no solo como una estructura de reproducción patrimonial y de continuidad de jerarquías sociales, sino también como un ámbito desde el cual las mujeres pudieron desplegar formas concretas de agencia económica y administrativa. En el seno de organizaciones atravesadas por lógicas tradicionales y fuertemente generizadas, las mujeres de la familia Salas-Cobo lograron apropiarse de los márgenes que ofrecían tanto el entramado normativo como los vínculos familiares para intervenir activamente en la gestión del patrimonio rural.

Lejos de una oposición tajante entre domesticidad y negocios, la experiencia analizada muestra cómo ambas esferas se articularon, habilitando trayectorias que desbordaron los roles domésticos prescriptos y permitieron a estas mujeres habitar espacios históricamente masculinizados. En este sentido, el artículo contribuye a la historiografía sobre empresas familiares y mundo rural al visibilizar prácticas de gestión femenina que, sin cuestionar abiertamente el orden social vigente, lo tensionaron desde adentro, ampliando las formas históricamente reconocidas de participación económica de las mujeres.

Si bien, aún es necesario seguir profundizando este tipo de análisis, consideramos que nuestro trabajo constituye un aporte con múltiples derivas, proponiendo el estudio de la estancia en tanto unidad de producción, de configuración de relaciones sociales, de prácticas de dominación y de experiencias culturales atravesadas por el género, la clase y el capital.

Fuentes

Entrevista del diario “La Nación” a Stefano Pablo di Campello, director de la Cabaña Tuyutí. Recuperada de: https://www.lanacion.com.ar/economia/tuyuti-nombre-propio-de-la-raza-nid1075534/

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Notas

1 La administración de Agnese Macchi di Cellere Cobo (1943-1966) configura un tercer período significativo en la historia del establecimiento. No obstante, su examen no se incluye en este artículo porque forma parte de una investigación doctoral en curso, aún en etapa de recopilación y análisis de documentación. Incorporarlo en esta instancia implicaría presentar un estudio parcial e inconcluso, que desbordaría tanto los objetivos específicos como el recorte analítico propuesto para este trabajo. Por ello, se opta por delimitar el análisis a los dos primeros períodos, cuyos materiales han sido trabajados con mayor exhaustividad.
2 Mensuras de la Dirección de Catastro, Córdoba, (1874-1875).
3 Entrevista del diario “La Nación” a Stefano Pablo di Campello, director de la Cabaña Tuyutí. Recuperada de: https://www.lanacion.com.ar/economia/tuyuti-nombre-propio-de-la-raza-nid1075534/
4 Código Civil (1869), Ley 340.
5 Se sugiere revisar Código Civil (1869), Título VIII, Capítulo III, Sucesión de los cónyuges, desde el artículo 3.570 al 3.576.
7 Cobo don Juan Francisco, su juicio ab intestato. Incidente sobre rendición de cuentas de la administradora doña Inés Salas de Cobo. Juzgado de 1ra Instancia en lo Civil de la Capital de la República, 10 de noviembre de 1915, Argentina.
8 Cobo don Juan Francisco, su juicio ab intestato. Incidente sobre rendición de cuentas de la administradora doña Inés Salas de Cobo. Juzgado de 1ra Instancia en lo Civil de la Capital de la República, 10 de noviembre de 1915, Argentina, folio 18.
9 Las inversiones realizadas bajo la gestión de Inés Salas y Dolores Cobo se mantuvieron de manera consistente dentro del ámbito rural, un rasgo distintivo frente a otros empresarios de la época que diversificaron sus capitales hacia el sector financiero o inmobiliario. En su caso, incluso allí donde hemos hallado compras de inmuebles rurales, estas operaciones refuerzan la hipótesis de que consideraban la tierra como un activo lo suficientemente seguro para preservar y orientar sus inversiones. En la testamentaria se registran, además, acciones en La Negra Maschwitz, vinculadas a la actividad ganadera y a un proceso de industrialización vertical hacia adelante —particularmente a través del frigorífico—, lo que evidencia que su horizonte de acción permaneció anclado en las lógicas y dinámicas del sector agropecuario.
10 Cobo don Juan Francisco, su juicio ab intestato. Incidente sobre rendición de cuentas de la administradora doña Inés Salas de Cobo. Juzgado de 1ra Instancia en lo Civil de la Capital de la República, 10 de noviembre de 1915, Argentina.
11 De acuerdo con los estudios de Antonio Martin, la formación del plantel comienza en 1881, cuando Miguel Tomás Salas importa desde Inglaterra varios reproductores, con los que funda sus estancias “La Esperanza” y “Santa Isabel”, ambas en la provincia de Buenos Aires. En ese entonces, trae 7 toros y 45 vientres, que son inscriptos en el I Volumen del Herd Book Argentino. Estas adquisiciones provenían particularmente de las cabañas “Felhampton Court” de Johon Hill, “Croone Court” del Earl of Coventry, “The Leen” de A. P. Turner, “Marlon Lodge” de J. B. Green, entre otras. En 1905, obtiene su primer Gran Campeón (Mocovi 12 – Herd Book Argentino 2330).
12 Primer diario de la estancia Tuyutí, luego de la división de Laguna del Monte, mayo de 1923.
13 Primer diario de la estancia Tuyutí, luego de la división de Laguna del Monte, mayo de 1923.
14 Censo Nacional Agropecuario, Ley N.°12.343, Tomo II, Ganadería. p. 34.
15 Cobo de Macchi di Cellere Dolores. Sucesión. Primer Cuerpo. Juzgado de Primera Instancia en lo Civil de la Capital de la República. 1943, Argentina.
16 Peritaje realizado por Adolfo Bullrich y Cía ante el litigio protagonizado entre Dolores Cobo y la Provincia de Córdoba, 1941.
17 Peritaje realizado por Adolfo Bullrich y Cía ante el litigio protagonizado entre Dolores Cobo y la Provincia de Córdoba, 1941.
18 Sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en la causa “Cobo de Macchi di Cellere, Dolores c/ Provincia de Córdoba”, 21 de julio de 1941, p. 255.
19 Sugerimos ver: Converso, F. (2008). El impuesto a la propiedad de la tierra. Córdoba, 1914-1943. Revista Escuela de Historia, 7(1). https://portalderevistas.unsa.edu.ar/index.php/reh/article/view/401
20 La inscripción en el Registro Público de Comercio se realizó bajo el número 1.178, del folio 186, del libro N.° 50, tomo A de Estatutos Nacionales.
21 Entrevista a Adelina Suarez, hija de Juan Suarez y Adelina Vallejos, trabajadores del establecimiento Tuyutí, entre 1923 y 1973.

Recepción: 26 noviembre 2024

Aprobación: 10 marzo 2026

Publicación: 1 agosto 2026



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